"Los mellizos Potter" — capítulo 95
Capítulo 10:
"¿Vestido o túnica?"
El señor Weasley los despertó cuando llevaban sólo unas pocas horas durmiendo. Usó la magia para desmontar las tiendas, y dejaron el cámping tan rápidamente como pudieron. Al pasar por al lado del señor Roberts, que estaba a la puerta de su casita, vieron que tenía un aspecto extraño, como de aturdimiento. El Muggle los despidió con un vago Feliz Navidad.
-Se recuperará.-aseguró el señor Weasley en voz baja, de camino hacia el páramo.- A veces, cuando se modifica la memoria de alguien, al principio se siente desorientado... y es mucho lo que han tenido que hacerle olvidar.
Al acercarse al punto donde se hallaban los trasladores oyeron voces insistentes. Cuando llegaron vieron a Basil, rodeado de magos y brujas que exigían abandonar el cámping lo antes posible. Antes de que saliera el sol cogieron un neumático viejo que los llevó a la colina de Stoatshead. Con la luz del alba, regresaron por Ottery St. Catchpole hacia La Madriguera, hablando muy poco porque estaban cansados y no pensaban más que en el desayuno. Cuando doblaron el recodo del camino y La Madriguera apareció a la vista
-¡Gracias a Dios, gracias a Dios!-la señora Weasley, que evidentemente los había estado aguardando en el jardín delantero, corrió hacia ellos, todavía calzada con las zapatillas que se ponía para salir de la cama, la cara pálida y tensa y un ejemplar estrujado de El Profeta en la mano.- ¡Arthur, qué preocupada me han tenido, qué preocupada!-le echó a su marido los brazos al cuello, y El Profeta se le cayó al suelo.
-Escenas de terror en los Mundiales de Quidditch.-leyó Tabatha en voz baja. El artículo iba acompañado de una centelleante fotografía en blanco y negro que mostraba la Marca Tenebrosa sobre las copas de los árboles.
-Están todos bien.-murmuraba la señora Weasley como ida, soltando a su marido y mirándolos con los ojos enrojecidos.- Están vivos, niños...
Y, para sorpresa de todo el mundo, tomó a Fred y George y los abrazó con tanta fuerza que sus cabezas chocaron.
-¡Ay!, mamá... nos estás ahogando...-se quejaron.
-¡Pensar que los reñí antes de que se fueran!-dijo la señora Weasley, comenzando a sollozar.- ¡No he pensado en otra cosa! Que si los atrapaba Quien-ustedes-saben, lo último que yo les había dicho era que no habían tenido bastantes TIMOS. Ay, Fred... George...
-Vamos, Molly, ya ves que estamos todos bien.-le dijo el señor Weasley en tono tranquilizador, arrancándola de los gemelos y llevándola hacia la casa.- Bill.-añadió en voz baja.-Recoge el periódico. Quiero ver lo que dice.
Una vez que hubieron entrado todos, algo apretados, en la pequeña cocina y que Hermione hubo preparado una taza de té muy fuerte para la señora Weasley, en el que su marido insistió en echar unas gotas de whisky, Bill le entregó el periódico a su padre. Éste echó un vistazo a la primera página mientras Percy atisbaba por encima de su hombro.
-Me lo imaginaba.- resopló el señor Weasley.- Errores garrafales del Ministerio... los culpables en libertad... falta de seguridad... magos tenebrosos yendo por ahí libremente... desgracia nacional… ¿Quién ha escrito esto? Ah, claro... Rita Skeeter.
-¡Esa mujer la tiene con el Ministerio de Magia!-exclamó Percy furioso.- La semana pasada dijo que perdíamos el tiempo con nimiedades referentes al grosor de los calderos en vez de acabar con los vampiros. Como si no estuviera expresamente establecido en el parágrafo duodécimo de las Orientaciones para el trato de los seres no mágicos parcialmente humanos...
-Haznos un favor, Percy.-le pidió Bill, bostezando.-Cállate.
-Me mencionan.-dijo el señor Weasley, abriendo los ojos tras las gafas al llegar al final del artículo de El Profeta.
-¿Dónde?-balbuceó la señora Weasley, atragantándose con el té con whisky.- ¡Si lo hubiera visto, habría sabido que estabas vivo!-
-No dicen mi nombre.-aclaró.
-¿Puedo leerlo, señor Weasley?-pregunto Tabatha. El hombre le pasó el periódico. La pelirroja se aclaró la garganta y acomodó el papel entre sus manos.- Si los magos y brujas aterrorizados que aguardaban ansiosamente noticias del bosque esperaban algún aliento proveniente del Ministerio de Magia, quedaron tristemente decepcionados. Un oficial del Ministerio salió del bosque poco tiempo después de la aparición de la Marca Tenebrosa diciendo que nadie había resultado herido, pero negándose a dar más información. Está por ver si su declaración bastará para sofocar los rumores que hablan de varios cadáveres retirados del bosque una hora más tarde.-
-Vaya, francamente...-dijo el señor Weasley exasperado.- No hubo ningún herido, ¿qué se supone que tendría que haber dicho? Rumores que hablan de varios cadáveres retirados del bosque...desde luego, habrá rumores después de publicado esto.
Exhaló un profundo suspiro.
-Molly, voy a tener que ir a la oficina. Habrá que hacer algo.
-¡Iré contigo, papá!-anunció gravemente Percy.- El señor Crouch necesitará todas las manos disponibles. Y podré entregarle en persona mi informe sobre los calderos.
Salió aprisa de la cocina. La señora Weasley parecía disgustada.
-¡Arthur, te recuerdo que estás de vacaciones!-dijo, colocando su mano, sobre la de su esposo.- Esto no tiene nada que ver con la oficina. ¿No se las pueden apañar sin ti?
-Tengo que ir, Molly.-insistió.- Por culpa mía están peor las cosas. Me pongo la túnica y me voy...
-Señora Weasley.-habló de pronto Harry, sin poder contenerse.- ¿No ha llegado Hedwig o Phoebe trayéndome una carta?
-¿Sus lechuzas, cariño?-contestó un tanto distraída.- No...no, no ha habido correo.
Tabatha, Ron y Hermione miraron a Harry con curiosidad. Él les dirigió una significativa mirada.
-¿Te parece bien que deje mis cosas en tu habitación, Ron?-preguntó, con un claro mensaje para ellos.
-Sí, claro...subo contigo.-respondió Ron de inmediato.-Chicas...
-Vamos con ustedes.-se apresuró a contestar Hermione, y los cuatro salieron de la cocina y subieron la escalera.
-¿Qué pasa, Harry?-quiso Ron en cuanto cerraron tras ellos la puerta de la habitación de la buhardilla.
-Hay algo que no les he dicho.-explicó el azabache.- Cuando desperté el domingo por la mañana, la cicatriz me volvía a doler.
La reacción de Ron y Hermione fue muy parecida a como se la había imaginado en su habitación de Privet Drive. La castaña ahogó un grito y comenzó de inmediato a proponer cosas, mencionando varios libros de consulta y a todo el mundo al que se podía recurrir, desde Albus Dumbledore a la señora Pomfrey. Ron se había quedado atónito. La única que parecía serena era Tabatha. Ella solo se sentó en la cama y se masajeo la zona donde se encontraba su cicatriz.
-Pero... él no estaba allí... ¿o sí?-preguntó el pelirrojo.- ¿Estaba por allí Quien-tú-sabes? Quiero decir... la anterior vez que les dolió y era porque él estaba en Hogwarts, ¿no?
-Estoy seguro de que esta vez no estaba en Privet Drive. Ni mucho menos aquí.-dijo Harry.-Pero yo había estado soñando con él... con él y Peter... ya saben, Colagusano. Ahora no puedo recordar todo el sueño, pero sí me acuerdo de que hablaban de matar... a alguien.-
-A nosotros.-soltó la pelirroja, sin siquiera pensarlo.
-¡Sólo fue un sueño!-afirmó Hermione, sacudiendo la cabeza de arriba abajo, para darle ánimos.- Una pesadilla nada más.
-Sí... pero ¿seguro que no fue nada más?-replicó Harry, mirando por la ventana al cielo, que iba poniéndose más brillante.- No puede ser casualidad.-
-Hermano, él…él está…muerto.-murmuró la pelirroja.- Nosotros lo vencimos.-
-Es extraño, ¿no?-inquirió el azabache.- A ambos nos duele la cicatriz, y tres días después los Mortifagos se ponen en marcha y el símbolo de Voldemort aparece en el cielo.
-¡No...pronuncies...ese...nombre!-dijo Ron entre sus dientes apretados.
-¿Y recuerdan lo que dijo la profesora Trelawney al final de este curso?-siguió Harry, sin hacer casó.
-Harry, ¡no irás a prestar atención a lo que dijo aquella vieja fraude!-protestó Hermione.
-Tú no estabas allí.-contestó Tabatha.- No la oíste. Aquella vez fue diferente. Ya te lo conté, entró en trance. En un trance de verdad. Y dijo que el Señor Tenebroso se alzaría de nuevo... más grande y más terrible que nunca... y que lo lograría porque su vasallo iba a regresar con él. Y aquella misma noche escapó Colagusano.
Se hizo un silencio durante el cual Ron hurgaba, sin darse cuenta, en un agujero que había en la colcha de los Chudley Cannons.
-¿Por qué preguntaste si había llegado Hedwig, Harry?-preguntó Hermione.- ¿Esperas alguna carta?
-Le escribí a Sirius contándole lo de mi cicatriz.-respondió, encogiéndose de hombros.- Espero su respuesta.
-¡Bien pensado!-aprobó Ron, y su rostro se alegró un poco.- ¡Seguro que Sirius sabe qué hay que hacer!
-Esperaba que regresara enseguida.-dijo Harry.
-Pero no sabemos dónde está Sirius... Podría estar en África o ve a saber dónde, ¿no?-opinó sensatamente Hermione.-Hedwig no va a hacer un viaje así en pocos días.
-Sí, ya lo sé.-admitió Harry, pero sintió un peso en el estómago al mirar por la ventana y no ver a su lechuza.
-Vamos a jugar a Quidditch en el huerto, Harry.-propuso Ron.- Vamos, seremos tres contra tres. Jugarán Bill, Charlie, Fred y George... Puedes intentar el Amago de Wronski...
-Ron.-dijo Hermione, poco convencida.-Los chicos no tienen ganas de jugar Quidditch justamente ahora... Están preocupados y cansados. Deberíamos ir todos a dormir.
-Sí que me apetece jugar a Quidditch.-la contradijo Harry.- Vamos, tomaré mi Saeta de Fuego.
Hermione abandonó la habitación, murmurando algo que sonó más o menos cómo a ¡Hombres!
..*
Ni Percy ni su padre pararon mucho en casa durante la semana siguiente. Se marchaban cada mañana antes de que se levantara el resto de la familia, y volvían cada noche después de la cena.
-Es un absoluto caos.-contaba Percy dándose tono.- Me he pasado toda la semana apagando fuegos. La gente no ha dejado de enviarnos vociferadores y, claro, si no se abren enseguida, estallan. Hay quemaduras por todo mi escritorio, y mi mejor pluma quedó reducida a cenizas.
-¿Por qué envían tantos vociferadores?-preguntó Ginny mientras arreglaba con celo su ejemplar de Mil y una hierbas y hongos mágicos sobre la alfombrilla que había delante de la chimenea de la sala de estar.
-Para quejarse de la seguridad en los Mundiales.-explicó Percy.- Reclaman compensaciones por los destrozos en sus propiedades. Mundungus Fletcher nos ha puesto una demanda por una tienda de doce dormitorios con jacuzzi, pero lo tengo calado: sé a ciencia cierta que estuvo durmiendo bajo una capa levantada sobre unos palos.
La señora Weasley miró el reloj de pared del rincón. El señor Weasley seguía en el trabajo. La señora Weasley exhaló un suspiro.
-Su padre no había tenido que ir a la oficina un fin de semana desde los días de Quien-ustedes-saben.-murmuró.- Lo hacen trabajar demasiado. Si no vuelve pronto se le va a echar a perder la cena.
-Bueno, papá piensa que tiene que compensar de alguna manera el error que cometió el día del partido, ¿no? -repuso Percy.- A decir verdad, fue un poco imprudente al hacer una declaración pública sin contar primero con la autorización del director de su departamento...
-¡No te atrevas a culpar a tu padre por lo que escribió esa miserable de Skeeter!-dijo la señora Weasley, estallando de repente.
-Si papá no hubiera dicho nada, la vieja Rita habría escrito que era lamentable que nadie del Ministerio informara de nada.-intervino Bill, que estaba jugando al ajedrez con Ron.- Rita Skeeter nunca deja bien a nadie. Recuerda que en una ocasión entrevistó a todos los rompedores de maldiciones de Gringotts, y a mí me llamó gilí del pelo largo.-
-Bueno, la verdad es que está un poco largo, cielo.-dijo con suavidad la señora Weasley.- Si me dejaras tan sólo que...
-No, mamá.
La lluvia golpeaba contra la ventana de la sala de estar. Hermione se hallaba inmersa en el Libro reglamentario de hechizos, curso 4º, del que la señora Weasley había comprado ejemplares para ella, los mellizos y Ron en el callejón Diagon. Charlie zurcía un pasamontañas a prueba de fuego. Harry le sacaba brillo a su Saeta de Fuego. Tabatha tenía un pergamino y media carta para Remus, a su lado se encontraba su lechuza, picoteando un poco de tarta de moras. Fred y George estaban sentados en un rincón algo apartado, con las plumas en la mano, cuchicheando con la cabeza inclinada sobre un pedazo de pergamino.
-¿Qué andan tramando?-les preguntó la señora Weasley de pronto, con los ojos clavados en ellos.
-Son deberes.-explicó vagamente Fred.
-No digas tonterías. Todavía están de vacaciones.-replicó la señora Weasley.
-Sí, nos hemos retrasado bastante.-repuso George.
-No estarán por casualidad redactando un nuevo cupón de pedido, ¿verdad?-dijo con recelo su madre.- Espero que no se les haya pasado por la cabeza volver a las andadas con los Sortilegios Weasley.-
-¡Mamá!-dijo Fred, levantando la vista hacia ella, con mirada de dolor.- Si mañana se estrella el expreso de Hogwarts y George y yo morimos, ¿cómo te sentirías sabiendo que la última cosa que oímos de ti fue una acusación infundada?
Todos se rieron, hasta la señora Weasley.
-¡Ya viene su padre!-anunció repentinamente, al volver a mirar el reloj.
La manecilla del señor Weasley había pasado de pronto de En el trabajo a Viajando. Un segundo más tarde se había detenido en la indicación En casa, con las demás manecillas, y lo oyeron en la cocina.
-¡Voy, Arthur!-dijo la señora Weasley, saliendo a toda prisa de la sala.
Un poco después el señor Weasley entraba en la cálida sala de estar, con su cena en una bandeja. Parecía reventado de cansancio.
-Bueno, ahora sí que se va a armar la gorda.-dijo, sentándose en un butacón junto al fuego, y jugueteando sin entusiasmo con la coliflor un poco mustia de su plato.- Rita Skeeter se ha pasado la semana husmeando en busca de algún otro lío ministerial del que informar en el periódico, y acaba de enterarse de la desaparición de la pobre Bertha, así que ya tiene titular para El Profeta de mañana. Le advertí a Bagman que debería haber mandado a alguien a buscarla hace mucho tiempo.
-El señor Crouch lleva semanas diciendo lo mismo.-se apresuró a añadir Percy.
-Crouch tiene suerte de que Rita no se haya enterado de lo de Winky.-dijo el señor Weasley irritado.-Habríamos tenido una semana entera de titulares a propósito de que encontraran a su elfina doméstica con la varita con la que se invocó la Marca Tenebrosa.
-Creía que todos estábamos de acuerdo en que esa elfina, aunque sea una irresponsable, no fue quien convocó la Marca.-replicó Percy, molesto.
-Si te interesa mi opinión, el señor Crouch tiene mucha suerte de que en El Profeta nadie sepa lo mal que trata a los elfos.- dijo enfadada Hermione.
-¡Mira por dónde!-repuso Percy.- Hermione, un funcionario de alto rango del Ministerio como es el señor Crouch merece una inquebrantable obediencia por parte de su servicio.
-¡Por parte de su esclava, querrás decir!-contestó la castaña, elevando estridentemente la voz.- Porque a Winky no le pagaba, ¿verdad?
-¡Creo que será mejor que suban todos a repasar su equipaje!-ordenó la señora Weasley, terminando con la discusión.- ¡Vamos, todos, ahora mismo...!
Tabatha se puso de pie, junto a Phoebe, el rollo de pergamino y el tintero, y enfiló hacia el segundo piso. Detrás de ella iban Hermione y Ginny. Apenas ingresó en la habitación, sacó su baúl y terminó de guardar las cosas que necesitaría para ese año.
-Mi madre fue a comprar todas nuestras cosas al Callejón Diagon.-comentó Ginny, acariciando a Crookshanks.- Y también sacó un poco de oro de sus cámaras de Gringotts.-con cierto esfuerzo, colocó todos los paquetes sobre su cama.
-Que amable.-sonrió Tabatha, guardando las últimas cosas que le faltaban.-Oh…creo que Harry se quedó con uno de mis tinteros.-hizo una mueca y cerró el baúl.-Enseguida vuelvo.-salió de la habitación y subió hasta la buhardilla. Ingresó en el preciso momento en que Ron lanzó un resoplido de disgusto.
-¿Qué se supone que es esto?-había tomado algo que pareció un largo vestido de terciopelo rojo oscuro. Alrededor del cuello tenía un volante de puntilla de aspecto enmohecido, y puños de puntilla a juego.
-Permiso, cariño.-dijo la señora Weasley, ingresando con unas cuantas túnicas de Hogwarts recién lavadas y planchadas.-Aquí tienen. Tabatha, las tuyas están sobre tu cama.-la pelirroja asintió.- Ahora lo que deberían hacer es meterlas con cuidado para que no se arruguen.-
-Mamá, me has puesto un vestido nuevo de Ginny.-protestó Ron, enseñándoselo.
-Por supuesto que no te he puesto ningún vestido de Ginny.-negó la señora Weasley.- En sus listas de la escuela dice que este curso necesitaran túnicas de gala... túnicas para las ocasiones solemnes.
-Tienes que estar bromeando.-repuso el pelirrojo, sin dar crédito a lo que oía.-No voy a ponerme eso, de ninguna manera.
-¡Todo el mundo las lleva, Ron!-explicó enfadada la señora Weasley.- ¡Van todos así! ¡Tu padre también tiene una para las reuniones importantes!-
-Antes voy desnudo que ponerme esto.-declaró, testarudo.
-No seas tonto.-repuso su madre.- Tienes que tener una túnica de gala: ¡lo pone en la lista! Le compré otra a Harry y un vestido a Tabatha...enséñasela, Harry...-
Con cierta inquietud, el azabache abrió el último paquete que quedaba sobre la cama. Pero no era tan terrible como se había temido, al menos su túnica de gala no tenía puntillas; de hecho, era más o menos igual que las de diario del colegio, salvo que era verde botella en vez de negro.
-Pensé que haría juego con tus ojos, cielo.-le dijo la señora Weasley cariñosamente.
-¡Bueno, ésa está bien!-exclamó Ron, molesto, observando la túnica de Harry.- ¿Por qué no me podías traer a mí una como ésa?-
-Porque... bueno, la tuya la tuve que comprar de segunda mano, ¡y no había mucho donde escoger!-exclamó la señora Weasley, sonrojándose.
-No pienso ponérmela nunca.-repitió Ron testarudamente.- Nunca.
-Bien.-contestó su madre con brusquedad.- Ve desnudo. Y, Harry, por favor, hazle una foto. No me vendrá mal reírme un rato.
Salió de la habitación dando un portazo. Oyeron detrás de ellos un curioso resoplido. Pigwidgeon se acababa de atragantar con una chuchería lechucil demasiado grande.
-¿Por qué ninguna de mis cosas vale para nada?-dijo Ron furioso, cruzando la habitación para quitársela del pico.