"Los mellizos Potter" — capítulo 96
Capítulo 11:
"El final de las vacaciones y el inicio de clases"
-Ya se terminan las vacaciones, Phoebs.-murmuró Tabatha, viendo la vaga lluvia que salpicaba contra la ventana de la habitación de Ginny. No hacía frío, pero de igual manera la pelirroja vestía una sudadera liviana de mangas largas y un jean desgastado y con un agujero a la altura de la rodilla. En dos rápidos movimientos, ató su cabello en una coleta alta con algunos mechones sobresaliendo por los costados.- Ven.-su brazo adopto la forma de L, con el codo flexionado permitiendo que la lechuza se posase en él.
Al salir de la habitación, Hermione recién se estaba comenzando a preparar mientras que Ginny seguía durmiendo. Tabatha, por otro lado, comenzó a bajar las escaleras. En el piso de abajo se escuchaba los típicos sonidos de una cocina que funcionaba con magia: hechizos para hacer que la pava se comenzase a calentar, para que las tostadas estén en su punto justo, entre otros.
-Oh, buenos días, querida.-habló la señora Weasley, haciendo levitar casi una docena de tazas.- ¿Qué vas a querer desayunar?-antes de que Tabatha pudiese responder, un plato con cuatro tostadas y una porción de pastel de frutos rojos, más un frasco de mermelada y una taza de leche tibia, se posaron en la mesa.
-Gra…gracias, señora Weasley.-la mujer sonrió maternalmente, antes de seguir con el resto de los desayunos.
-¿Las chicas se están cambiando?-la pelirroja trago el pedazo de pan y asintió.
-Ajam.-volvió a morderlo, para luego cortar pequeños trocitos y entregárselos a su lechuza.
Para cuando la segunda tostada había sido devorada y una quinta iba al plato de Tabatha, la chimenea comenzó a chispear de forma insistente. La señora Weasley dejó todas sus actividades, se secó las manos con un trapo y se acercó a las llamas.
-¡*Hola, Molly!-*habló una voz. Tabatha se ahogó con la leche y casi escupe todo sobre su lechuza.
-Oh, hola, Amos.-respondió la señora Weasley.
*-Necesitaría hablar con…tu esposo.-*la pelirroja se acercó a la chimenea y casi suelta un grito de la impresión. La cabeza del padre de su novio, se había materializado en las brasas y era muy feo.- *Hola, Tabatha.-*saludó el hombre.-*Molly.-*se volvió hacia la señora Weasley.-*Acércate un poco.-*mediante susurros y palabras rápidas, le contó todo lo que debía decirle pero sin que la chica Potter escuchase.
-¡Arthur!-llamó la señora Weasley, luego de apartarse de la chimenea y mirando hacia arriba.- ¡Arthur! ¡Mensaje urgente del Ministerio!-en ese momento, Harry, Ron y los gemelos bajaban a desayunar. Al llegar al rellano del primer piso, la vieron con una expresión de preocupación.
Harry se echó contra la pared cuando el señor Weasley pasó metiendo mucho ruido, con la túnica puesta del revés, y desapareció de la vista a toda prisa. Cuando Harry y los demás entraron en la cocina, vieron a la señora Weasley buscando nerviosa por los cajones del aparador y al señor Weasley inclinado sobre el fuego, hablando con...
-Sí, está hablando con el señor Diggory.-respondió Tabatha, yendo hacia su hermano.
-¿Có…cómo es posible?-preguntó Harry. La pelirroja se encogió de hombros.
Ambos hombres hablaban muy deprisa, completamente indiferente a las chispas que saltaban en torno a él y a las llamas que le lamían las orejas.
-... los vecinos Muggles oyeron explosiones y gritos, y por eso llamaron a esos... ¿cómo los llaman...?, pocresías. Arthur, tienes que ir para allá...
-¡Aquí está!-dijo sin aliento la señora Weasley, poniendo en las manos de su marido un pedazo de pergamino, un tarro de tinta y una pluma estrujada.
-... ha sido una suerte que yo me enterara.-continuó la cabeza del señor Diggory.- Tenía que ir temprano a la oficina para enviar un par de lechuzas, y encontré a todos los del Uso Indebido de la Magia que salían pitando. ¡Si Rita Skeeter se entera de esto, Arthur...!
-¿Qué dice Ojoloco que sucedió?-preguntó el señor Weasley, que abrió el tarro de tinta, mojó la pluma y se dispuso a tomar notas.
La cabeza del señor Diggory puso cara de resignación.
-Dice que oyó a un intruso en el patio de su casa. Dice que se acercaba sigilosamente a la casa, pero que los contenedores de basura lo tomaron por sorpresa.
-¿Qué hicieron los contenedores de basura?-inquirió el señor Weasley, escribiendo como loco.
-Por lo que sé, hicieron un ruido espantoso y prendieron fuego a la basura por todas partes.-explicó el señor Diggory.- Parece ser que uno de los contenedores todavía andaba por allí cuando llegaron los pocresías.
El señor Weasley emitió un gruñido.
-¿Y el intruso?
-Ya conoces a Ojoloco, Arthur.-dijo la cabeza del señor Diggory, volviendo a poner cara de resignación.- ¿Que alguien se acercó al patio de su casa en medio de la noche? Me parece más probable que fuera un gato asustado que anduviera por allí cubierto de mondas de patata. Pero, si los del Uso Indebido de la Magia le echan las manos encima a Ojoloco, se la ha cargado. Piensa en su expediente. Tenemos que librarlo acusándolo de alguna cosa de poca monta, algo relacionado con tu departamento. ¿Qué tal lo de los contenedores que han explotado?
-Sería una buena precaución.-repuso el señor Weasley, con el entrecejo fruncido y sin dejar de escribir a toda velocidad.- ¿Ojoloco no usó la varita? ¿No atacó realmente a nadie?
-Apuesto a que saltó de la cama y comenzó a echar maleficios contra todo lo que tenía a su alcance desde la ventana.-contestó el señor Diggory.-Pero les costará trabajo demostrarlo, porque no hay heridos.
-Bien, ahora voy.-murmuró el señor Weasley. Se metió en el bolsillo el pergamino con las notas que había tomado y volvió a salir a toda prisa de la cocina.
La cabeza del señor Diggory miró a la señora Weasley.
-Lo siento, Molly.-se disculpó, más calmado.-Siento haber tenido que molestarlos tan temprano... pero Arthur es el único que puede salvar a Ojoloco, y se supone que es hoy cuando Moody empieza su nuevo trabajo. ¿Por qué tendría que escoger esta noche...?
-No importa, Amos.-repuso la señora Weasley.- ¿Estás seguro de que no quieres una tostada o algo antes de irte?
-Eh... bueno.-aceptó el señor Diggory.
La señora Weasley tomó una tostada untada con mantequilla de un montón que había en la mesa de la cocina, la puso en las tenacillas de la chimenea y se la acercó al señor Diggory a la boca.
-Gacias.-masculló éste, y luego, haciendo ¡PLIN!, se desvaneció. Harry oyó al señor Weasley despidiéndose apresuradamente de Bill, Charlie, Percy y las chicas. A los cinco minutos volvió a entrar en la cocina, con la túnica ya bien puesta y pasándose un peine por el pelo.
-Será mejor que me dé prisa.-dijo.- Que tengan un buen trimestre, muchachos, Tabatha.-les deseo a los mellizos, Ron y los gemelos, mientras se echaba una capa sobre los hombros y se disponía a desaparecerse.- Molly, ¿podrás llevar tú a los chicos a la estación de King's Cross?
-Por supuesto que sí.-asintió ella.- Tú cuida de Ojoloco, que ya nos arreglaremos.
Al desaparecerse el señor Weasley, Bill y Charlie entraron en la cocina.
-¿Alguien mencionó a Ojoloco?-preguntó el mayor de los Weasley.- ¿Qué ha hecho ahora?
-Dice que alguien intentó entrar anoche en su casa.-explicó la señora Weasley.
-¿Ojoloco Moody?-dijo George pensativo, poniéndose mermelada de naranja en la tostada.- ¿No es el chiflado...?
-Tu padre tiene muy alto concepto de él.-le recordó severamente su madre.
-Sí, bueno, papá colecciona enchufes, ¿no?-comentó Fred en voz baja, cuando ella salió de la cocina.- Dios los cría...
-Moody fue un gran mago en su tiempo.-afirmó Bill.
-Es un viejo amigo de Dumbledore, ¿verdad?-dijo Charlie.
-Pero Dumbledore tampoco es lo que se entiende por normal, ¿a qué no?-repuso Fred.- Bueno, ya sé que es un genio y todo eso...
-¿Quién es Ojoloco?-preguntó Harry.
-Está retirado, pero antes trabajaba para el Ministerio.-explicó Charlie.- Yo lo conocí un día en que papá me llevó con él al trabajo. Era un Auror: uno de los mejores... un cazador de magos tenebrosos.-añadió, viendo que Harry seguía sin entender.- La mitad de las celdas de Azkaban las ha llenado él. Pero se creó un montón de enemigos... sobre todo familiares de los que atrapaba... y, según he oído, en su vejez se ha vuelto realmente paranoico. Ya no confía en nadie. Ve magos tenebrosos por todas partes.-
..*
Bill y Charlie decidieron ir a despedirlos a todos a la estación de King's Cross, pero Percy, disculpándose de forma exagerada, dijo que no podía dejar de ir al trabajo. La señora Weasley tuvo que habérselas con el teléfono de la oficina de correos del pueblo para pedir tres taxis Muggles ordinarios que los llevaran a Londres.
-Arthur intentó que el Ministerio nos dejara unos coches.-le susurró a los mellizos en el jardín de delante de la casa, mientras observaban cómo los taxistas cargaban los baúles.- Pero no había ninguno libre... Éstos no parecen estar muy contentos, ¿verdad?
Ellos no quisieron decirle que los taxistas Muggles no acostumbraban transportar lechuzas nerviosas, y Pigwidgeon estaba armando un barullo inaguantable. Por otro lado, no se pusieron precisamente más contentos cuando unas cuantas bengalas fabulosas del doctor Filibuster, que prendían con la humedad, se cayeron inesperadamente del baúl de Fred al abrirse de golpe. Crookshanks se asustó, intentó subirse encima de uno de los taxistas, le clavó las uñas en la pierna, y éste se sobresaltó y gritó de dolor.
El viaje resultó muy incómodo porque iban apretujados e n la parte de atrás con los baúles. Crookshanks tardó un rato en recobrarse del susto de las bengalas, y para cuando entraron en Londres, los mellizos, Ron y Hermione estaban llenos de arañazos. Fue un alivio llegar a King's Cross, aunque la lluvia caía aún con más fuerza y se calaron completamente al cruzar la transitada calle en dirección a la estación, llevando los baúles.
Para traspasar la barrera, lo hicieron por grupos. Harry, Ron, Hermione y Tabatha, pasaron primero: caminaron como quien no quiere la cosa hacia la barrera, hablando entre ellos despreocupadamente, y la atravesaron... y, al hacerlo, el andén nueve y tres cuartos se materializó allí mismo.
El expreso de Hogwarts, ya estaba allí, y de él salían nubes de vapor que convertían en oscuros fantasmas a los numerosos alumnos de Hogwarts y sus padres, reunidos en el andén. Los chicos entraron a tomar sitio, y no tardaron en colocar su equipaje en un compartimiento de uno de los vagones centrales del tren. Luego bajaron de un salto otra vez al andén para despedirse de la señora Weasley, de Bill y de Charlie.
-Quizá nos veamos antes de lo que piensas.-le dijo Charlie a Ginny, sonriendo, al abrazarla.
-¿Por qué?-le preguntó Fred muy interesado.
-Ya lo verás.-respondió el mayor.- Pero no le digas a Percy que he dicho nada, porque, al fin y al cabo, es información reservada, hasta que el ministro juzgue conveniente levantar el secreto.-
-Sí, ya me gustaría volver a Hogwarts este año.-acotó Bill con las manos en los bolsillos, mirando el tren con nostalgia.
-¿Por qué?-quiso saber George, intrigado.
-Porque van a tener un curso muy interesante.-explicó Bill, parpadeando.- Quizá podría hacer algo de tiempo para ir y echar un vistazo a...
-¿A qué?
Pero en aquel momento sonó el silbato, y la señora Weasley los empujó hacia las puertas de los vagones.
-Gracias por la estancia, señora Weasley.-dijo Hermione después de que subieron al tren, cerraron la puerta y se asomaron por la ventanilla para hablar con ella.
-Sí, gracias por todo, señora Weasley.-hablaron los mellizos al unísono.
-El placer ha sido mío.-respondió ella.-Los invitaría también a pasar la Navidad, pero... bueno, creo que preferirán quedarse en Hogwarts, porque con una cosa y otra...
-¡Mamá!-exclamó Ron enfadado.- ¿Qué es lo que saben ustedes tres y nosotros no?
-Esta noche se enteraran, espero.-contestó la señora Weasley con una sonrisa.- Va a ser muy emocionante... Desde luego, estoy muy contenta de que hayan cambiado las normas...
-¿Qué normas?-preguntaron Harry, Ron, Fred y George al mismo tiempo.
-Seguro que el profesor Dumbledore lo explicará... Ahora, pórtense bien, ¿eh? ¿Eh, Fred? ¿Eh, George?-
El tren pitó muy fuerte y comenzó a moverse.
-¡Díganos lo que va a ocurrir en Hogwarts!-gritó Fred desde la ventanilla cuando ya las figuras de la señora Weasley, de Bill y de Charlie empezaban a alejarse.- ¿Qué normas van a cambiar?-
Pero la señora Weasley tan sólo sonreía y les decía adiós con la mano. Antes de que el tren hubiera doblado la curva, ella, Bill y Charlie habían desaparecido.
Los mellizos, Ron y Hermione regresaron a su compartimiento. La espesa lluvia salpicaba en las ventanillas con tal fuerza que apenas distinguían nada del exterior. Ron abrió su baúl, sacó la túnica de gala de color rojo oscuro y tapó con ella la jaula de Pigwidgeon para amortiguar sus gorjeos.
-Bagman nos quería contar lo que va a pasar en Hogwarts.-dijo malhumorado, sentándose al lado de Harry.- En los Mundiales, ¿recuerdan? Pero mi propia madre es incapaz de decir nada. Me pregunto qué...
-¡Shhh!-susurró de pronto Hermione, poniéndose un dedo en los labios y señalando el compartimiento de al lado. Los cuatro aguzaron el oído y, a través de la puerta entreabierta, oyeron una voz familiar que arrastraba las palabras.
-... mi padre pensó en enviarme a Durmstrang antes que a Hogwarts. Conoce al director. Bueno, ya saben lo que piensa de Dumbledore: a ése le gustan demasiado las sangres sucias... En cambio, en el Instituto Durmstrang no admiten a ese tipo de chusma. Pero a mi madre no le gustaba la idea de que yo fuera al colegio tan lejos. Mi padre dice que en Durmstrang tienen una actitud mucho más sensata que en Hogwarts con respecto a las Artes Oscuras. Los alumnos de Durmstrang las aprenden de verdad: no tienen únicamente esa porquería de defensa contra ellas que tenemos nosotros...
Tabatha se levantó, fue de puntillas hasta la puerta del compartimiento y la cerró para no dejar pasar la voz de Malfoy.
-Así que piensa que Durmstrang le hubiera venido mejor, ¿no?-murmuró irritada, mirando de soslayo a su amiga.- Me gustaría que lo hubieran llevado allí. De esa forma no tendríamos que aguantarlo.
-¿Durmstrang es otra escuela de magia?-preguntó Harry.
-Sí.-respondió Hermione desdeñosamente.-Y tiene una reputación horrible. Según el libro Evaluación de la educación mágica en Europa, da muchísima importancia a las Artes Oscuras.
-Creo que he oído algo sobre ella.-comentó Ron pensativamente.- ¿Dónde está? ¿En qué país?-
-Bueno, nadie lo sabe.-repuso Tabatha, levantando las cejas.
-Eh... ¿por qué no?-se extrañó Harry.
-Hay una rivalidad tradicional entre todas las escuelas de magia.-explicó Hermione.-
-A las de Durmstrang y Beauxbatons les gusta ocultar su paradero para que nadie les pueda robar los secretos.-agregó la pelirroja con naturalidad.
-¡Vamos! ¡No digan tonterías!-exclamó Ron, riéndose.- Durmstrang tiene que tener el mismo tamaño que Hogwarts. ¿Cómo van a esconder un castillo enorme?
-¡Pero si también Hogwarts está oculto!-repuso Hermione, sorprendida.- Eso lo sabe todo el mundo. Bueno, todo el mundo que ha leído Historia de Hogwarts.
-Sólo ustedes entonces, entonces.-se mofó Ron.-A ver, ¿cómo han hecho para esconder un lugar como Hogwarts?
-Está embrujado.-explicó Hermione.- Si un Muggle lo mira, lo único que ve son unas ruinas viejas con un letrero en la entrada donde dice: MUY PELIGROSO. PROHIBIDA LA ENTRADA.-
-¿Así que Durmstrang también parece unas ruinas para el que no pertenece al colegio?-
-Posiblemente.-contestó Tabatha, encogiéndose de hombros.-O podrían haberle puesto repelentes mágicos de Muggles, como al estadio de los Mundiales. Y, para impedir que los magos ajenos lo encuentren, pueden haberlo convertido en inmarcable.
-¿Cómo?
-Bueno, se puede encantar un edificio para que sea imposible marcarlo en ningún mapa.
-Eh... si tú lo dices…-admitió Harry. Su melliza rodó los ojos.
-Pero creo que Durmstrang tiene que estar en algún país del norte.-dijo Hermione reflexionando.- En algún lugar muy frío, porque llevan capas de piel como parte del uniforme.
-¡Ah, piensa en las posibilidades que eso tiene!-dijo Ron en tono soñador.-Habría sido tan fácil tirar a Malfoy a un glaciar y que pareciera un accidente... Es una pena que su madre no quisiera que fuera allí.-
La lluvia se hacía aún más y más intensa conforme el tren avanzaba hacia el norte. El cielo estaba tan oscuro y las ventanillas tan empañadas que hacia el mediodía ya habían encendido las luces. El carrito de la comida llegó traqueteando por el pasillo, y Harry compró un montón de pasteles en forma de caldero para compartirlos con los demás. Varios de sus amigos pasaron a verlos a lo largo de la tarde, incluidos Seamus, Dean y Neville. Seamus aún llevaba la escarapela del equipo de Irlanda. Parecía que iba perdiendo su magia poco a poco, y, aunque todavía gritaba los nombres de los jugadores pero lo hacía de forma muy débil y como fatigada. Después de una media hora, Hermione, harta de la inacabable charla sobre Quidditch, se puso a leer una vez más el Libro reglamentario de hechizos, curso 4º, e intentó aprenderse el encantamiento convocador. Mientras revivían el partido de la Copa, Neville los escuchaba con envidia.
-Mi abuela no quiso ir.-confeso con evidente tristeza.- No compró entradas. Supongo que habrá sido impresionante...
-Lo fue.-asintió Ron.- Mira esto…-revolvió un poco en su baúl y sacó la miniatura de Viktor Krum.
-¡Vaya!-exclamó Neville maravillado, cuando Ron le puso a Krum en su rechoncha mano.
-Lo vimos muy de cerca, además.-añadió el pelirrojo.- Porque estuvimos en la tribuna principal...
-Por primera y última vez en tu vida, Weasley.- Malfoy acababa de aparecer. Detrás de él estaban Crabbe y Goyle.
-¿Escuchan algo molesto?-preguntó Tabatha, haciendo una mueca.-Oh, sí, Malfoy.-se volvió hacia él.-No recuerdo que ninguno de nosotros te haya invitado.-
-¿Qué es eso, Weasley?-preguntó el rubio, ignorándola, y señalando la jaula de Pigwidgeon. Una manga de la túnica de gala colgaba de ella balanceándose con el movimiento del tren, y el puño de puntilla resaltaba a la vista. Ron intentó ocultar la túnica, pero Malfoy fue más rápido: agarró la manga y tiró de ella.- ¡Miren esto!-exclamó, encantado, enseñándoles a Crabbe y a Goyle la túnica.- No pensarás ponerte esto, ¿eh, Weasley? Fueron el último grito hacia mil ochocientos noventa...-
-¡Vete al demonio, Malfoy!-gritó Ron, con la cara del mismo color que su túnica cuando la desprendió de las manos del rubio.
Malfoy se rió sonoramente. Crabbe y Goyle se reían también como tontos.
-¿Así que vas a participar, Weasley?-inquirió.- ¿Vas a intentar dar un poco de gloria a tu apellido? También hay dinero, por supuesto. Si ganaras podrías comprarte una túnica decente...
-¿De qué hablas?-preguntó Ron bruscamente.
-¿Vas a participar?-repitió Malfoy.- Supongo que tú sí, Potter. Nunca dejas pasar una oportunidad de exhibirte, ¿a qué no?-
-Malfoy, una de dos: explica de qué estás hablando o vete.-pidió Tabatha con irritación.
Una alegre sonrisa se dibujó en el pálido rostro de Malfoy.
-¡No me digas que no lo saben!-dijo muy contento.- ¿Tú tienes en el Ministerio a un padre y un hermano, y no lo sabes? Dios mío, mi padre me lo dijo hace un siglo... Cornelius Fudge se lo explicó. Pero, claro, mi padre siempre se ha relacionado con la gente más importante del Ministerio...quizá el rango de tu padre es demasiado bajo para enterarse, Weasley. Sí... seguramente no tratan de cosas importantes con tu padre delante.-
Volviendo a reírse, Malfoy hizo una seña a Crabbe y Goyle, y los tres se fueron. Ron se puso en pie y cerró la puerta corredera del compartimiento dando un portazo tan fuerte que el cristal se hizo añicos.
-¡Ron!-le reprochó Hermione. Luego sacó la varita.- ¡Reparo!-los trozos se recompusieron en una plancha de cristal y regresaron a la puerta.
-Bueno... ha hecho como que lo sabe todo y nosotros no.-dijo Ron con un gruñido.-*Mí padre siempre se ha relacionado con la gente más importante del Ministerio...*Mi padre podría haber ascendido cuando hubiera querido... pero prefiere quedarse donde está...
-Por supuesto que sí.-asintió Hermione en voz baja.- No dejes que te moleste Malfoy, Ron.
-¿Él? ¿Molestarme a mí? ¡Como si pudiera!-replicó Ron tomando uno de los pasteles en forma de caldero que quedaban y aplastándolo.
-.-.-
A Ron no se le pasó el malhumor durante el resto del viaje. No habló gran cosa mientras se cambiaban para ponerse la túnica del colegio, y seguía sonrojado cuando por fin el expreso de Hogwarts aminoró la marcha hasta detenerse en la estación de Hogsmeade, que estaba completamente oscura.
Cuando se abrieron las puertas del tren, se oyó el retumbar de un trueno. Hermione envolvió a Crookshanks con su capa, Tabatha murmuró un hechizo y un techo transparente cubría a Phoebe y Ron dejó la túnica de gala cubriendo la jaula de Pigwidgeon antes de salir del tren bajo el aguacero con la cabeza inclinada y los ojos casi cerrados. La lluvia caía entonces tan rápida y abundantemente que era como si les estuvieran vaciando sobre la cabeza un cubo tras otro de agua helada.
-¡Eh, Hagrid!-gritó Harry, viendo una enorme silueta al final del andén.
-¿Todo bien, chicos?-le respondió el guardabosque, saludándolos con la mano.- ¡Nos veremos en el banquete si no nos ahogamos antes!-
-¡Ah, no me haría gracia pasar el lago con este tiempo!-aseguró Hermione enfáticamente, tiritando mientras avanzaban muy despacio por el oscuro andén con el resto del alumnado. Cien carruajes sin caballo los esperaban a la salida de la estación. Harry, Ron, Hermione y Tabatha subieron agradecidos a uno de ellos, la puerta se cerró con un golpe seco y un momento después, con una fuerte sacudida, la larga procesión de carruajes traqueteaba por el camino que llevaba al castillo de Hogwarts.