"Los mellizos Potter" — capítulo 97
Capítulo 12:
El Torneo de los tres magos
Los carruajes atravesaron las verjas flanqueadas por estatuas de cerdos alados y luego avanzaron por el ancho camino, balanceándose peligrosamente bajo lo que empezaba a convertirse en un temporal. Pegando la cara a la ventanilla, Harry podía ver cada vez más próximo el castillo de Hogwarts, con sus numerosos ventanales iluminados reluciendo borrosamente tras la cortina de lluvia. Los rayos cruzaban el cielo cuando su carruaje se detuvo ante la gran puerta principal de roble, que se alzaba al final de una breve escalinata de piedra. Los que ocupaban los carruajes de delante corrían ya subiendo los escalones para entrar en el castillo. Los cuatro saltaron del carruaje y subieron la escalinata a toda prisa, y sólo levantaron la vista cuando se hallaron a cubierto en el interior del cavernoso vestíbulo alumbrado con antorchas y ante la majestuosa escalinata de mármol.
-¡Caray!-exclamó Ron, sacudiendo la cabeza y poniéndolo todo perdido de agua.- Si esto sigue así, va a terminar desbordándose el lago. Estoy empapado... ¡Ay!
Un globo grande y rojo lleno de agua acababa de estallarle en la cabeza. Empapado y farfullando de indignación, Ron se tambaleó y cayó contra Harry, al mismo tiempo que un segundo globo lleno de agua caía... rozando a Hermione. Estalló a los pies de Harry, y una ola de agua fría le mojó las zapatillas y los calcetines. A su alrededor, todos chillaban y se empujaban en un intento de huir de la línea de fuego.
Harry levantó la vista y vio, flotando a seis o siete metros por encima de ellos, a Peeves. Su cara, ancha y maliciosa, estaba contraída por la concentración mientras se preparaba para apuntar a un nuevo blanco.
-¡PEEVES!-gritó una voz irritada.- ¡Peeves, baja aquí AHORA MISMO!- McGonagall acababa de entrar apresuradamente desde el Gran Comedor. Resbaló en el suelo mojado y para no caerse tuvo que agarrarse al cuello de Hermione.- ¡Ay! Perdón, señorita Granger.-Tabatha la ayudó a enderezarse.-Gracias, Potter.-
-No se preocupe, profesora.-dijo la castaña jadeando y frotándose la garganta.
-¡Peeves, baja aquí AHORA!-bramó McGonagall, enderezando su sombrero puntiagudo y mirando hacia arriba a través de sus gafas de montura cuadrada.
-¡No estoy haciendo nada!-contestó Peeves entre risas, arrojando un nuevo globo lleno de agua a varias chicas de quinto, que gritaron y corrieron hacia el Gran Comedor.- ¿No estaban ya mojadas? ¡Esto son unos chorritos!-dirigió otro globo hacia un grupo de segundo curso que acababa de llegar.
-¡Llamaré al director!-amenazó McGonagall.-Te lo advierto, Peeves...-el Poltergeist le sacó la lengua, tiró al aire los últimos globos y salió zumbando escaleras arriba, riéndose como loco.- ¡Bueno, vamos!-ordenó bruscamente la profesora a la empapada multitud.- ¡Vamos, al Gran Comedor!
Los mellizos, Ron y Hermione cruzaron el vestíbulo entre resbalones y atravesaron la puerta doble de la derecha. Ron murmuraba entre dientes y se apartaba el pelo empapado de la cara.
El Gran Comedor, decorado para el banquete de comienzo de curso, tenía un aspecto tan espléndido como de costumbre, y el ambiente era mucho más cálido que en el vestíbulo. A la luz de cientos y cientos de velas que flotaban en el aire sobre las mesas, brillaban las copas y los platos de oro. Las cuatro largas mesas estaban abarrotadas de alumnos que charlaban. Al fondo del comedor, los profesores se hallaban sentados de cara a sus alumnos. Los chicos pasaron por delante de los estudiantes de Slytherin, de Ravenclaw y de Hufflepuff, y se sentaron con los demás de su casa al otro lado del Gran Comedor, junto a Nick Casi Decapitado.
-Buenas noches.-saludó el fantasma sonriéndoles.
-¡Pues cómo serán las malas!-contestó Harry, quitándose las zapatillas y vaciándolas de agua.- Espero que se den prisa con la Ceremonia de Selección, porque me muero de hambre.
-¡Eh, Harry! ¡Tabatha!-los mellizos voltearon y vieron a un niño rubio correr hacia ellos.
-Hola, Colin.-saludó la pelirroja, arreglándoselas para sonreír mientras intentaba escurrir el agua de su túnica.
-¿A que no saben qué, Tabatha?-preguntó, con mucha exaltación en su voz.- ¿A que no sabes qué, Harry? ¡Mi hermano empieza este año! ¡Mi hermano Dennis!
-¡Qué bien!-exclamó la chica Potter. Harry solo sonrió y sacudió su desprolijo cabello, para sacarse la mayor cantidad de agua posible.
-¡Está muy nervioso!-explicó Colin, casi saltando arriba y abajo en su asiento.- ¡Espero que le toque Gryffindor! Crucen los dedos, ¿eh, chicos?
-Sí, de acuerdo.-accedió Harry. Cuando Colin se retiró, el azabache se volvió hacia Hermione, Ron y Nick Casi Decapitado.-Los hermanos generalmente van a la misma casa, ¿no?-comentó.-Digo, nosotros elegimos estar en Gryffindor, pero… ¿siempre van juntos?-
-No, no necesariamente.-repuso Hermione.- La hermana gemela de Parvati Patil está en Ravenclaw, y son idénticas. Uno pensaría que tenían que estar juntas, ¿verdad?
-¿No creen que sobre una silla en la mesa de profesores?-observó la pelirroja, soltándose el cabello.
-¿Dónde está el nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras?-preguntó Hermione, que también miraba en la misma dirección.
-A lo mejor no han podido encontrar a nadie.-comentó Tabatha.
-No hay caras nuevas.-dijo Harry, mirando la mesa.- Pero, sigue sobrando un lugar.-disimuladamente, contó con el dedo.- Hay un espacio que es para Hagrid, otro para McGonagall. Dumbledore está ahí. También Sprout. Flitwick…
-¿Creen que haya un nuevo profesor, pero llegué tarde?-preguntó la pelirroja.
-¡Que se den prisa!-gimió Ron, al lado de Harry.- Podría comerme un hipogrifo.
No había acabado de pronunciar aquellas palabras cuando se abrieron las puertas del Gran Comedor y se hizo el silencio. La profesora McGonagall marchaba a la cabeza de una larga fila de alumnos de primero, a los que condujo hasta la parte superior del Gran Comedor, donde se encontraba la mesa de los profesores. Aquellos alumnos de primero no parecía que habían navegado por el lago, parecían haberlo pasado a nado. Temblando con una mezcla de frío y nervios, llegaron a la altura de la mesa de los profesores y se detuvieron. El único que no temblaba era el más pequeño de todos, un muchacho con pelo castaño desvaído que iba envuelto en el abrigo de piel de topo de Hagrid. El abrigo le venía tan grande que parecía que estuviera envuelto en un toldo de piel negra. Su carita salía del cuello del abrigo con aspecto de estar al borde de la conmoción. Cuando se puso en fila con sus aterrorizados compañeros, vio a Colin Creevey, levantó dos veces el pulgar para darle a entender que todo iba bien
La profesora McGonagall colocó un taburete de cuatro patas en el suelo ante los alumnos de primero y, encima de él, un sombrero extremadamente viejo, sucio y remendado. Los de primero lo miraban, y también el resto de la concurrencia. Por un momento el Gran Comedor quedó en silencio. Entonces se abrió un desgarrón que el sombrero tenía cerca del ala, formando como una boca, y empezó a cantar. Luego de que todas las estrofas hubieran sido recitadas, el Gran Comedor estalló en aplausos.
-No es la misma canción de cuando nos seleccionó a nosotros.-comentó Harry, aplaudiendo con los demás.
-Canta una canción diferente cada año.-dijo Ron.-Tiene que ser bastante aburrido ser un sombrero, ¿verdad? Supongo que se pasa el año preparando la próxima canción.
La profesora McGonagall desplegaba en aquel momento un rollo grande de pergamino.
-Cuando pronuncie sus nombre, se pondrán el sombrero y se sentaran en el taburete.-dijo dirigiéndose a los de primero. -Cuando se les anuncie la casa a la que pertenecerán, irán a sentarse en la mesa correspondiente.-luego de unos breves silencio, en donde extendió el largo pergamino y se acomodó lo anteojos, comenzó a llamar.- ¡Ackerley, Stewart!-un chico se adelantó, temblando claramente de la cabeza a los pies, e hizo todo lo que la profesora había ordenado.
-¡Ravenclaw!-gritó el sombrero. El chico se quitó el sombrero y se fue a toda prisa a sentarse a la mesa de las águilas, donde todos lo estaban aplaudiendo. Harry vislumbró a Choque recibía con vítores al nuevo integrante cuando se sentaba. Durante un fugaz segundo, Harry sintió el extraño deseo de ponerse en la mesa de Ravenclaw.
-¡Baddock, Malcolm!
-¡Slytherin!-la mesa del otro extremo del Gran Comedor estalló en vítores. Malfoy cuando aplaudía Malcolm se reunió con ellos.
-¡Branstone, Eleanor!
-¡Hufflepuff!-
-¡Cauldwell, Owen!
-¡Hufflepuff!-Cedric fue el encargado de darles la bienvenida a los nuevos miembros de su casa.
-¡Creevey, Dennis!-el pequeño Dennis avanzó tambaleándose y se tropezó en el abrigo de piel de topo al mismo tiempo que el propietario de la prenda entraba furtivamente en el Gran Comedor a través de una puerta situada detrás de la mesa de los profesores. Les guiñó un ojo al cuarteto mientras se sentaba a un extremo de la mesa de los profesores, y observó cómo Dennis Creevey se ponía el Sombrero Seleccionador.
-¡Gryffindor!-gritó el sombrero.
Harry aplaudió con los demás de la mesa de Gryffindor cuando Dennis, sonriendo de oreja a oreja, se quitó el sombrero, lo volvió a poner en el taburete y se fue a toda prisa junto a su hermano.
-¡Colin, me caí!-exclamó de modo estridente, arrojándose sobre un asiento vacío.- ¡Fue estupendo! ¡Y algo en el agua me agarró y me devolvió al bote!
-¡Tranquilo!-repuso Colin, igual de emocionado.- ¡Seguramente fue el calamar gigante, Dennis!
-¡Vaya!-exclamó el chico.
-¡Dennis!, ¡Dennis!, ¿has visto a ese chico y a esa chica? ¡El del pelo negro y las gafas! ¡La pelirroja!, ¿los ves? ¿A que no sabes quiénes son, Dennis?
Los mellizos se miraron una fracción de segundos y luego siguieron con la selección.
-¡Vamos, deprisa!-volvió a rogar Ron, frotándose el estómago.
-¡Por favor, Ron! Recordad que la Selección es mucho más importante que la comida.-le dijo Nick, al tiempo que una chica se convertía en miembro de la casa Hufflepuff.
-Por supuesto que sí, si uno está muerto.-replicó el pelirrojo.
-Espero que la remesa de este año en nuestra casa cumpla con los requisitos.-comentó el fantasma, aplaudiendo cuando el nuevo alumno llegó a la mesa de Gryffindor.- No queremos romper nuestra racha ganadora, ¿verdad?
-¡Pritchard, Graham!
-¡Slytherin!
-¡Quirke, Orla!
-¡Ravenclaw!
Por último, con Whitby, Kevin (Hufflepuff), la Ceremonia de Selección dio fin. La profesora McGonagall tomó el sombrero y el taburete, y se los llevó.
-Se acerca el momento.-dijo Ron tomando el tenedor y el cuchillo y mirando ansioso su plato de oro.
El profesor Dumbledore se puso en pie. Sonreía a los alumnos, con los brazos abiertos en señal de bienvenida.
-Tengo sólo dos palabras que decirles.-habló, y su profunda voz resonó en el Gran Comedor.- ¡A comer!
-¡Obedecemos!-dijeron Harry y Ron en voz alta, cuando por arte de magia las fuentes vacías de repente aparecieron llenas ante sus ojos. Nick Casi Decapitado observó con tristeza cómo ellos llenaban sus platos de comida.
-¡Ah, esto está mejor!-exclamó Ron con la boca llena de puré de patata.
-Tienen suerte de que haya banquete esta noche, ¿saben?-comentó el fantasma.- Antes ha habido problemas en las cocinas.
-¿Por qué? ¿Qué ha sucedido?-preguntó Harry, con la boca llena con un buen pedazo de carne.
-Peeves, por supuesto.-explicó Nick, moviendo la cabeza, que se tambaleó peligrosamente.- Lo de siempre, ya saben. Quería asistir al banquete. Bueno, eso está completamente fuera de cuestión, porque ya lo conocen: es un salvaje; no puede ver un plato de comida y resistir el impulso de tirárselo a alguien. Celebramos una reunión de fantasmas al respecto. El Fraile Gordo estaba a favor de darle una oportunidad, pero el Barón Sanguinario... más prudentemente, a mí parecer... se mantuvo en sus trece.
-Sí, ya nos pareció que Peeves estaba enfadado por algo.-comentó Tabatha en tono enigmático.- ¿Qué hizo en las cocinas?
-¡Oh, lo normal!-respondió Nick, encogiéndose de hombros.- Alborotó y rompió cosas. Tiró cazuelas y sartenes. Lo encontraron nadando en la sopa. A los elfos domésticos los sacó de sus casillas...
¡Paf!
Hermione acababa de golpear su copa de oro. El zumo de calabaza se extendió rápidamente por el mantel, manchando de color naranja una amplia superficie de tela blanca.
-¡Hey!-reprochó la pelirroja.- ¡Ya bastante tengo con que la lluvia haya empapado mi túnica, como para que me la ensucies con jugo!- pero Hermione no se inmutó por ello.
-¿Aquí hay elfos domésticos?-preguntó, clavando los ojos en Nick Casi Decapitado, con expresión horrorizada.- ¿Aquí, en Hogwarts?
-Claro que sí.-respondió el fantasma, sorprendido de la reacción de Hermione.- Más que en ninguna otra morada de Gran Bretaña, según creo. Más de un centenar.
-¡Si nunca he visto a ninguno!-objetó la chica.
-Bueno, apenas abandonan las cocinas durante el día-explicó Nick.-Salen de noche para hacer un poco de limpieza... atender los fuegos y esas cosas... Se supone que no hay que verlos. Eso es lo que distingue a un buen elfo doméstico, que nadie sabe que está ahí.
Hermione lo miró fijamente.
-Pero ¿les pagan?-preguntó.- Tendrán vacaciones, ¿no? Y... y baja por enfermedad, pensiones y todo eso...
El fantasma se rió con tantas ganas que la gorguera se le bajó y la cabeza se le cayó y quedó colgando del fantasmal trocito de piel y músculo que todavía la mantenía unida al cuello.
-¿Baja por enfermedad y pensiones?-repitió, volviendo a colocarse la cabeza sobre los hombros y asegurándola de nuevo con la gorguera.- ¡Los elfos domésticos no quieren bajas por enfermedad ni pensiones!
La chica miró su plato, que estaba casi intacto, puso encima el tenedor y el cuchillo y lo apartó de ella.
-Vamos, Hermione.-dijo Ron, rociando sin querer a Harry con trocitos de budín de Yorkshire.-Oh, lo siento, amigo.-tragó.- Porque te mueras de hambre no vas a conseguir que tengan bajas por enfermedad-
-Esclavitud.-dijo Hermione, respirando con dificultad.-Así es como se hizo esta cena: mediante la esclavitud.
Y se negó a probar otro bocado.
La lluvia seguía golpeando con fuerza contra los altos y oscuros ventanales. Otro trueno hizo vibrar los cristales, y el techo que reproducía la tormenta del cielo brilló iluminando la vajilla de oro justo en el momento en que los restos del plato principal se desvanecieron y fueron reemplazados, en un abrir y cerrar de ojos, por los postres.
-¡Tarta de melaza, Hermione!-exclamó Ron, dándosela a oler.- ¡Bollo de pasas, mira! ¡Y pastel de chocolate!
Pero la mirada que le dirigió Hermione le recordó hasta tal punto la de la profesora McGonagall que prefirió desistir.
Una vez terminados los postres y cuando los últimos restos desaparecieron de los platos, dejándolos completamente limpios, Albus Dumbledore volvió a levantarse. El rumor de charla que llenaba el Gran Comedor se apagó al instante, y sólo se oyó el silbido del viento y la lluvia golpeando contra los ventanales.
-¡Bien!-dijo el director, sonriéndoles a todos.- Ahora que todos estamos bien comidos.-Hermione lanzó un gruñido y Tabatha rodó los ojos.- Debo una vez más rogar su atención mientras les comunico algunas noticias: El señor Filch me ha pedido que les comunique que la lista de objetos prohibidos en el castillo se ha visto incrementada este año con la inclusión de los yoyós gritadores, los discos voladores con colmillos entre otros. La lista completa comprende ya cuatrocientos treinta y siete artículos, según creo, y puede consultarse en la conserjería del señor Filch.
La boca de Dumbledore se crispó un poco en las comisuras. Luego prosiguió.
-Como cada año, quiero recordarles que el bosque que está dentro de los terrenos del castillo es una zona prohibida a los estudiantes. Otro tanto ocurre con el pueblo de Hogsmeade para todos los alumnos de primero y de segundo.-hizo una breve pausa.-Es también mi doloroso deber informarles de que la Copa de Quidditch no se celebrará este curso.
-¿Qué?-exclamó la pelirroja, quedándose sin aliento.- El…Quidditch…-
-Esto se debe a un acontecimiento que dará comienzo en octubre y continuará a lo largo de todo el curso, acaparando una gran parte del tiempo y la energía de los profesores... pero estoy seguro de que lo disfrutarán enormemente.-continuó Dumbledore.-Tengo el gran placer de anunciar que este año en Hogwarts...-pero en aquel momento se escuchó un trueno ensordecedor, y las puertas del Gran Comedor se abrieron de golpe.
En la puerta apareció un hombre que se apoyaba en un largo bastón y se cubría con una capa negra de viaje. Todas las cabezas en el Gran Comedor se volvieron para observar al extraño, repentinamente iluminado por el resplandor de un rayo que apareció en el techo. Se bajó la capucha, sacudió una larga melena en parte cana y en parte negra, y caminó hacia la mesa de los profesores.
Un sordo golpe repitió cada uno de sus pasos por el Gran Comedor. Llegó a un extremo de la mesa de los profesores, se volvió a la derecha y fue rengueando pesadamente hacia el director. El resplandor de otro rayo cruzó el techo. Hermione ahogó un grito y la pelirroja se cubrió los ojos.
Aquella luz había destacado el rostro del hombre, y era un rostro muy diferente. Parecía como labrado en un trozo de madera desgastado por el tiempo y la lluvia, por alguien que no tenía la más leve idea de cómo eran los rostros humanos y que además no era nada habilidoso con el formón. Cada centímetro de la piel parecía una cicatriz. La boca era como un tajo en diagonal, y le faltaba un buen trozo de la nariz. Pero lo que lo hacía verdaderamente terrorífico eran los ojos: uno de ellos era pequeño, oscuro y brillante. El otro era grande, redondo como una moneda y de un azul vívido, eléctrico. El ojo azul se movía sin cesar, sin parpadear, girando para arriba y para abajo, a un lado y a otro y luego se quedaba en blanco.
El extraño llegó hasta el director. Le tendió una mano tan toscamente formada como su cara, y Dumbledore la estrechó, murmurando palabras que no se alcanzaban a oír. Albus asintió, y le mostró al hombre el asiento vacío que había a su derecha.
-Les presento a nuestro nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.-prosiguió animadamente Dumbledore, ante el silencio de la sala.-El profesor Moody.
Lo normal era que los nuevos profesores fueran recibidos con saludos y aplausos, pero nadie aplaudió aquella vez, ni entre los profesores ni entre los alumnos, a excepción de Hagrid y Dumbledore. El sonido de las palmadas de ambos resonó tan tristemente en medio del silencio que enseguida dejaron de aplaudir. Todos los demás parecían demasiado impresionados por la extraña apariencia del hombre para hacer algo más que mirarlo.
-¿Moody?-le susurró Harry a Ron.- ¿Ojoloco Moody? ¿Al que tu padre ha ido a ayudar esta mañana?
-Debe de ser él.-respondió el pelirrojo, con voz asustada.
-¿Qué le ha ocurrido?-preguntó Hermione en voz muy baja.- ¿Qué le pasó en la cara?
-No lo sé.-contestó Ron, observando a Moody con fascinación.
El nuevo profesor parecía totalmente indiferente a aquella fría acogida. Haciendo caso omiso de la jarra de zumo de calabaza que tenía delante, buscó en su capa de viaje y sacó una petaca, a la cual le echó un largo trago de su contenido.
Dumbledore volvió a aclararse la garganta.
-Cómo iba diciendo.-siguió, sonriendo a la multitud de estudiantes que tenía delante, todos los cuales seguían con la mirada fija en Ojoloco Moody.-Tenemos el honor de ser la sede de un emocionante evento que tendrá lugar durante los próximos meses, un evento que no se celebraba desde hacía más de un siglo. Es un gran placer para mí informarles de que este curso tendrá lugar en Hogwarts el Torneo de los tres magos.-
-¡Está bromeando con nosotros!-exclamó Fred en voz alta.
Repentinamente se quebró la tensión que se había apoderado del Gran Comedor desde la entrada de Moody. Casi todo el mundo se rió, y Dumbledore también, como apreciando la intervención de Fred.
-No me estoy quedando con nadie, señor Weasley.-repuso.-Aunque, hablando de bromear con la gente, este verano me han contado un chiste genial sobre un trol, una bruja y un Leprechauns que entran en un bar...-a profesora McGonagall se aclaró ruidosamente la garganta.-Eh... bueno, quizá no sea éste el momento más apropiado... No, es verdad.-dijo Dumbledore.- ¿Dónde estaba? ¡Ah, sí, el Torneo de los tres magos! Bien, algunos de ustedes seguramente no sabrán qué es el Torneo, así que espero que los que lo saben me perdonen por dar una breve explicación mientras piensan en otra cosa.
Hizo una breve pausa.
-El Torneo de los tres magos fue creado como una competición amistosa entre las tres escuelas de magia más importantes de Europa: Hogwarts, Beauxbatons y Durmstrang. Se elegía un campeón como representante, y los tres campeones participaban en tres pruebas mágicas. Las escuelas se turnaban para ser la sede del Torneo, que tenía lugar cada cinco años, y se consideraba un medio excelente de establecer lazos entre jóvenes magos y brujas de diferentes nacionalidades... hasta que el número de muertes creció tanto que decidieron interrumpir la celebración del Torneo.
-¿El número de muertes?-susurró Hermione, algo asustada.
-En todo este tiempo ha habido varios intentos de volver a celebrar el Torneo.-continuó el director.-Ninguno de los cuales tuvo mucho éxito. Sin embargo, nuestros departamentos de Cooperación Mágica Internacional y de Deportes y Juegos Mágicos han decidido que éste es un buen momento para volver a intentarlo. Hemos trabajado a fondo este verano para asegurarnos de que esta vez ningún campeón se encuentre en peligro mortal.-
Los alumnos festejaron.
-En octubre llegarán los directores de Beauxbatons y de Durmstrang con su lista de candidatos, y la selección de los tres campeones tendrá lugar en Halloween. Un juez imparcial decidirá qué estudiantes reúnen más méritos para competir por la Copa de los tres magos, la gloria de su colegio y el premio de mil galeones.
-¡Yo voy a intentarlo!-dijo entre dientes Fred, con la cara iluminada de entusiasmo.
-Aunque me imagino que todos estarán deseando llevarse la Copa del Torneo de los tres magos.-habló Albus.- Los directores de los tres colegios participantes, de común acuerdo con el Ministerio de Magia, hemos decidido establecer una restricción de edad para los contendientes de este año.-los alumnos permanecieron en silencio.- Sólo los estudiantes que tengan la edad requerida, es decir, diecisiete años o más podrán proponerse a consideración.-Dumbledore levantó ligeramente la voz debido a que algunos hacían ruidos de protesta en respuesta a sus últimas palabras.-Es una medida que estimamos necesaria dado que las tareas del Torneo serán difíciles y peligrosas, por muchas precauciones que tomemos, y resulta muy improbable que los alumnos de cursos inferiores a sexto y séptimo sean capaces de enfrentarse a ellas. Me aseguraré personalmente de que ningún estudiante menor de esa edad engañe a nuestro juez imparcial para convertirse en campeón de Hogwarts.-sus ojos claros brillaron especialmente cuando los guiñó hacia los rostros de Fred y George, que se mostraban desafiantes.- Así pues, les ruego que no pierdan el tiempo presentándoos si no han cumplido los diecisiete años.
-¡Injusticia!-gritaban los gemelos.
-Beauxbatons y Durmstrang llegarán en octubre y permanecerán con nosotros la mayor parte del curso. Sé que todos tratarán a nuestros huéspedes con extremada cortesía mientras están con nosotros, y que darán su apoyo al campeón de Hogwarts cuando sea elegido o elegida. Y ya se va haciendo tarde y sé lo importante que es para todos ustedes estar despiertos y descansados para empezar las clases mañana por la mañana. ¡Hora de dormir! ¡Andando!
Dumbledore volvió a sentarse y siguió hablando con Ojoloco Moody. Los estudiantes hicieron mucho ruido al ponerse en pie y dirigirse hacia la doble puerta del vestíbulo.
-¡No pueden hacer eso!-protestó George, que no se había unido a la multitud que avanzaba hacia la salida sino que se había quedado quieto, de pie y mirando a Dumbledore.- Nosotros cumpliremos los diecisiete en abril: ¿por qué no podemos tener una oportunidad?
-No me van a impedir que entre.-aseguró Fred con testarudez, mirando a la mesa de profesores con el entrecejo fruncid.- Los campeones tendrán que hacer un montón de cosas que en condiciones normales nunca nos permitirían. ¡Y hay mil galeones de premio!
-Sí.-asintió Ron, con expresión soñadora.- Sí, mil galeones...
-No sean tontos.-habló Tabatha, tironeando de los gemelos, para hacerlos caminar.- Entrar a ese torneo será muy peligroso.-empujó a Ron para que avanzase.- Ahora, dejen todas esas cosas y apúrense. No quiero quedarme fuera de la Sala Común. Aparte, quiero cambiarme la túnica. Está muy pesada.
Los mellizos, Ron, Hermione y los gemelos salieron por el vestíbulo; los dos últimos iban hablando de lo que Dumbledore podía hacer para impedir que participaran en el Torneo los menores de diecisiete años.
-¿Quién es ese juez imparcial que va a decidir quiénes serán los campeones?-preguntó Harry.
-No lo sé.-respondió Fred.-Pero es a él a quien tenemos que engañar. Supongo que un par de gotas de poción envejecedora podrían bastar, George...
-Pero Dumbledore sabe que no tienes la edad.-dijo Ron.
-Ya, pero él no es el que decide quién será el campeón, ¿no?-inquirió Fred astutamente.- Me da la impresión de que cuando ese juez sepa quién quiere participar escogerá al mejor de cada colegio y no le importará mucho la edad. Dumbledore pretende que no lleguemos a presentarnos.
-¡Pero ha habido muertos!-señaló Hermione con voz preocupada mientras atravesaban una puerta oculta tras un tapiz y comenzaban a subir otra escalera más estrecha.
-Sí.-admitió Fred, sin darle importancia.- Pero eso fue hace años, ¿no? Además, ¿es que puede haber diversión sin un poco de riesgo? ¡Eh, Ron!, y si averiguamos cómo engañar a Dumbledore, ¿no te gustaría participar?
-¿Qué te parece?-le preguntó Ron a Harry.-Estaría bien participar, ¿no? Pero supongo que elegirán a alguien mayor... No sé si estamos preparados...
-¡Tab!-los seis se dieron vuelta. Cedric venía corriendo con una gran sonrisa en el rostro.- ¡Hey! ¡Uf!-jadeo.- Te estaba llamando.-el chico sonrió.-Pero no me escuchaste.-los gemelos lo miraron con malos ojos.-Ohm… ¿podemos hablar?-
-Claro.-respondió la pelirroja.-Iré en un momento.-Harry, Ron y Hermione asintieron y entre los tres tuvieron que alejar a los gemelos.- ¿Qué pasó?-preguntó, cuando estuvieron finalmente solos.
-¿Qué te parece lo del Torneo?-Tabatha intentó descubrir que es lo que escondía la sonrisa de Cedric.- ¿No es genial?-
-No.-respondió con firmeza.- No es genial. No me gusta.-
-¿Por qué no?-
-¿Acaso no escuchaste lo de las muertes?-inquirió ella.
-Pero, pasó hace muchos años.-
-Cedric, la muerte está presente en todo momento.-replicó la pelirroja con el ceño fruncido.-Lo menos que quiero es que cometas la idiotez de meter tu nombre en ese torneo.-
-Quiero algo de emoción.-murmuró él.
-¿Sabes? Si quieres hacerlo, hazlo. Pero a mí no me vuelvas a hablar.-ella intentó irse, pero el muchacho la detuvo.
-Tab, no te pongas así.-pidió.- Te prometo que nada pasará. Aparte, no soy el único que quiere participar. De seguro, mi nombre no sale.-ella rodó los ojos y bufó.- Hey…-él colocó dos dedos bajo su mentón.-Todo estará bien, ¿sí?-acercó sus labios a los de la chica y depositó un corto beso.
-¡TABATHA!-gritaron los otros cinco.
-Solo te digo una cosa.-hablo la pelirroja.-Si te llega a pasar algo, el torneo no te va a matar, voy a ser yo. ¿De acuerdo?-Cedric sonrió y volvió a besarla.
-De acuerdo.-
-.-.-
Los seis chicos fueron hasta la entrada de la torre de Gryffindor, que estaba oculta tras el enorme retrato de una señora gorda con un vestido de seda rosa.
-¿La contraseña?-preguntó cuándo los vio aproximarse.
-Tonterías-respondió George.- Es lo que me ha dicho abajo un prefecto.
El retrato se abrió hacia ellos para mostrar un hueco en el muro, a través del cual entraron. Un fuego crepitaba en la sala común de forma circular, abarrotada de mesas y de butacones mullidos. Hermione dirigió una mirada sombría a las alegres llamas, y Harry la oyó murmurar claramente esclavitudantes de volverse a ellos para darles las buenas noches y desaparecer por la puerta hacia el dormitorio de las chicas, arrastrando a la pelirroja con ella.
-¿Qué quería Cedric?-preguntó la castaña mientras se cambiaba la ropa húmeda por el pijama.
-Solo vino a avisarme que quería participar del estúpido Torneo.-respondió Tabatha, abriendo la cama.-No entiendo como algo que mató personas pueda ser entretenido para adolescentes.-
-Yo tampoco entiendo cómo es que no sabía de la existencia de elfos en Hogwarts. Ellos van a ser los encargados de todos los banquetes, en especial del de bienvenida para las otras escuelas.-la pelirroja enarcó una ceja y se metió dentro de la cama calentita.- ¡Los explotan como…!
-¡Hermione!-exclamó Tabatha, bajo las frazadas.- ¡Ya cállate!-