← La historia jamás contada de James Potter y Lily Evans · de
La historia jamás contada de James Potter y Lily Evans — capítulo 3
Lily se despertó bastante temprano esa mañana. Era el primer día de clase y estaba bastante nerviosa. Como siempre, la chica se tomó su tiempo para ponerse el uniforme y asearse pues se consideraba una persona muy cuidadosa y perfeccionista y, tras terminar de arreglarse, bajó al Gran Comedor a desayunar. A esas horas únicamente habían tres jóvenes de Ravenclaw a los que no conocía y una chica de Slytherin que, junto a su grupo de amigas, siempre criticaban a Lily por ser hija de muggles. Como ella sabía que sola no le iba a hacer nada, se sentó tranquilamente en la mesa de Griffyndor a desayunar mientras repasaba los apuntes de la primera asignatura del día, la de Transformaciones.
Poco a poco comenzaron a llegar los demás alumnos y, entre ellos, Alice. Esta se sentó a su lado y se tomó unas tostadas rápidamente. Al terminar, las dos amigas se levantaron y se dirigieron al aula donde la profesora McGonagall les esperaba. Allí, estuvieron sentadas y en silencio como el resto de la clase durante veinte minutos hasta que por la puerta aparecieron dos chicos desaliñados.
-
¡Potter y Black! ¿Creen que pueden llegar a estas horas a mi clase? - Les reprochó la mujer que los esperaba de pie con cara enfadada.
-
Discúlpenos, profesora. Es que nos habíamos perdido -Dijo James burlonamente mientras se desordenaba el pelo.
La gente comenzó a reírse pues todos sabían que James Potter y Sirius Black eran, junto a sus otros dos amigos, las personas que mejor conocían aquel castillo. Mientras, el chico levantó la vista y la posó sobre Lily y, al ver que esta le estaba mirando, le sonrió. Ella, en vez de devolverle la sonrisa, lo fulminó con la mirada y se giró, pues no soportaba la actitud engreído de su compañero.
- ¡Silencio! Diez puntos menos para Griffyndor a cada uno y siéntense rápidamente. Ya hemos perdido mucho tiempo de clase.
Los dos corrieron a sentarse en los dos últimos asientos libres que quedaban que, para desgracia de Lily, se encontraban detrás de ella.
La profesora les comenzó a dar una ``pequeña´´ charla sobre la importancia de los Éxtasis y la dificultad de estos. Mientras la joven bruja escuchaba atentamente el discurso, una nota cayó encima de su mesa.
Hola pelirroja,
No entiendo cómo eres capaz de aguantar tanto tiempo escuchando a McGonagall hablar. Creo que hasta el profesor Binns se quedaría dormido en esta clase.
James
A la chica le hizo bastante gracia el último comentario pero, aunque se había prometido a sí misma que intentaría portarse mejor con él, decidió ser un poco borde pues le había molestado la arrogancia que había demostrado su compañero al entrar a clase.
No me molestes Potter, ¿no te das cuenta de que a algunos nos importa nuestro futuro?
Evans.
La joven intentó volver a concentrarse en la clase pero, al poco rato, volvió a tener el mismo papelito sobre su mesa.
¡Vamos, Lily! ¿Por qué no miras a tu alrededor? Eres la única que está atenta. Además, no entiendo que te he hecho ahora para que te pongas así conmigo.
James
Ella levantó la vista y comprobó que, efectivamente, absolutamente nadie estaba escuchando. Hasta Alice había comenzado a hacer dibujitos en un pequeño trozo de pergamino. Lily comenzó a sentirse un poco mal por cómo había respondido al chico y, cuando iba a intentar arreglarlo, sonó el timbre.
Todos los alumnos salieron de la clase y se dispersaron. Como ella tenía una hora libre y todavía no hacía mal tiempo, fue a descansar un rato con Alice a los jardines que rodeaban el castillo. Allí se encontraron a Marian y a Sophie sentadas junto al lago.
-¡Hola, chicas! ¿Qué tal la primera hora? Espero que haya sido mejor que la nuestra, que hemos tenido Historia de la Magia. Creo que no he visto a una persona hablar tanto tiempo sin pararse, y eso que yo conozco a mucha gente…
- Yo sí, Marian - Le cortó Alice - Conozco a una persona que te hace retumbar los oídos cada vez que abre la boca.
Marian la fulminó con la mirada y no volvieron a dirigirse la palabra en toda la conversación. Alice y ella se llevaban fatal y, siempre que podían, se soltaban pullas de ese tipo. A Lily no le caía mal. La consideraba una chica bastante simpática incluso pero, tenía que reconocer que a veces le parecía un poco cargante. Sin embargo, su mejor amiga Sophie era todo lo opuesto a ella. Sophie era la persona más tímida que Lily había conocido en su vida. Circulaban rumores que decían que cuando era pequeña la muchacha se tomó sin querer una poción silenciadora y, aunque consiguieron curarla, le quedaron algunas secuelas. Aunque la pelirroja sabía que todo eso era mentira, casi nunca la había oído hablar con ninguna persona que no fuera Marian.
-¿Sabéis donde está Annabeth? - Preguntó esta para cambiar de tema.
-
Creo que ahora está en Astronomía - Le contestó Alice de mejor humor.
-
Pues no entiendo cómo van a dar la clase por la mañana. Se supone que a estas horas no se pueden ver los astros - Comentó Marian.
-Es obvio. Utilizan una lente diurna tratada con láminas de pelos de unicornios para el telescopio. Además, también hay que tener en cuenta que… - Lily se calló al ver que su amiga ya no le prestaba atención.
Sonó el timbre y las cuatro chicas volvieron al castillo. En las siguientes clases no tuvieron tanta suerte como en Transformaciones. Casi todos los profesores les habían mandado muchísimos deberes con la excusa de que era el año de los Éxtasis y todos estaban agobiados.
Después de cenar, Lily decidió adelantar la faena y Alice, que estaba agotada, la dejó sola y se fue a dormir. Cuando consiguió terminar, ya era bastante tarde y solo quedaban dos chicos de primero que no tenían sueño y James que se había quedado durmiendo en uno de los sofás. Al principio no sabía si despertarle pero, tras mucho pensarlo, se acercó a donde él estaba tumbado y comenzó a zarandearlo.
-
¡Despierta, Potter!
-
¡Oh, Lily! He estado esperando este momento durante tanto tiempo… - Dijo James hablando en sueños.
Cuando la chica escuchó esto se quedó paralizada. ¿Estaba soñando con ella? Comenzó a ponerse muy nerviosa y, como no quería saber de que trataba el sueño, le zarandeó con más fuerza.
- ¡Despiértate de una vez!
Al final, con muchas dificultades, consiguió que se levantara. Este se colocó bien las gafas y se revolvió el pelo y, al darse cuenta de la agradable compañía que tenía, se sentó correctamente.
- Gracias, pelirroja. Seguramente mañana voy a tener dolor de espalda por haberme quedado dormido aquí.
Estaban sentados el uno al lado del otro. Ella parecía incómoda pues no podía pensar en otra cosa que no fuera el sueño de James. Él, al darse cuenta de que la chica estaba nerviosa, se levantó del sofá para no molestarla.
- Será mejor que me vaya a acostar si no quiero que me vuelvan a echar la bronca mañana - Dijo este mientras se alejaba de allí.
Cuando ya había cruzado media Sala Común, Lily, sin saber por qué, se puso de pie y lo llamó.
-¡Potter, espera! - El chico se giró sorprendido para ver quién lo llamaba - Potter, yo… yo… quería decirte que… siento haberte hablado mal esta mañana en clase.
Cuando James asimiló lo que le acababa de decir, ella ya se había ido a su cuarto.