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Historia 13868 — capítulo 1
Dedicado a Alex, quien fue quien me introdujo en el mundo de una de mis bandas favoritas: Rhapsody. Dedicado también a JsProngs por ser partícipe de mis manías. A CamFelton por ser como es y a Asil Black por darme ánimos. (Muchas gracias!) A silverstar666 (quien dudo lea) esto por revelarme el fantástico mundo de Gackt. A Fer, por dejarme ver la vida desde otro aspecto y sacarme de las malditas depresiones. Por estar allí cuando lo necesité y por ser tal y como es.( Sigue siendo así, eres un amor )
Y, por último, a SR por estimularme a seguir siendo como soy y a no desanimarme a la hora de escribir. Por asegurarme que ser soñadora es una ventaja y que mi imaginación no la tienen muchos. Por decirme que no soy extraña por mis gustos y aficiones, ni por mis anhelos y fantasías.
Especialmente dedicado a ti, SR, disfruta.
Legendary Tales.
1.- Emerald
Las enormes orbes verdes se abrieron con lentitud y pesar, tratando de enfocar el lugar en donde se encontraba.
Todo era color escarlata, hasta que se dio cuenta que era su propia sangre que nublaba su visión. Dolorosamente, trató de levantarse del frío césped hasta quedar sentando en medio de una multitud de cuerpos muertos.
Todo era sangre.
Y la muerte bailaba torno a los cadáveres.
La tierra lloraba silenciosamente por la sangre inocente que había sido derramada, murmurando tiernas palabras de consuelo a los cuerpos inertes, susurrando canciones tristes que relataban antiguas batallas entre las fuerzas del Abismo contra la Divina Alianza.
Una densa neblina bailaba en son de trompetas invisibles, dando un toque tétrico, pero victorioso de alguna manera, al que alguna vez fue un bosque encantado.
El bosque de los unicornios estaba destruido.
La nieve había perdido ya su color blanco, puro, para tornarse tan rojo como los ojos del asesino que había sido el causante de los gritos de agonía y tortura. Rojo, para que no se perdiera la sinfonía de las gotas de sangre que brotaban de cada herida de los maltrechos cuerpos.
La mitad de la Orden del Fénix había sido masacrada en ese ataque sorpresa, comandado por el mismo Lord en persona. Ni él mismo sabía quienes estaban vivos… y quienes no.
La luna misma se había vuelto color escarlata, y las estrellas brillaban con furiosa lucidez, señalando que una nueva era había comenzado.
La profecía había sido cumplida.
En medio de un jardín donde cadáveres surgían como rosas negras, un chico de ojos esmeralda se erguía con inquietante tranquilidad, sus ojos verdes oscurecidos por una insaciable sed de venganza.
En sus ojos había el poder de una lluvia de miles de flamas.
Junto a un antiquísimo roble estaba recargado un chico de ojos miel, que miraba expectante y burlesco la escena frente a sus ojos. Sonreía con ironía y detallaba al frágil cuerpo que brotaba de entre los cuerpos.
Harry Potter estaba vivo aún y el Lord haría lo que quisiese con él.
"Potter "Siseó Voldemort, deslizándose hacia el sin importarle pasar por sobre los cuerpos de los caídos.
"Mi Lord" contestó el chico con gran sarcasmo, escupiendo sangre a los pies del Señor Oscuro.
Este lo miró divertido.
"Ahora estás en mis manos. ¿Lo sabes, cierto?"
"Mejor muerto" replicó fríamente el Gryffindor.
Riddle deslizó elegantemente su mano en uno de los bolsillos de la túnica, sacando una labrada varita de ébano color negro. Sin vacilar, colocó la punta de esta sobre la legendaria cicatriz en la frente del muchacho.
"¿Seguro?" Al estar tan cerca, Voldemort podía oler la suave fragancia de vainilla combinada con el inconfundible olor a sangre que emanaba del cuerpo joven, resistiendo la tentación de pasar sus dedos por el largo cabello negro.
"Púdrete, idiota."
"Desmaus."
Y el cuerpo del Niño-Que-Vivió cayó sin resistencia en su pecho.
Luego, sonrió.
"Ahora eres mío, Harry Potter."
Un segundo después, el valle estaba desierto.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
Abrió los ojos con pesar, con cansancio. Las esmeraldas habían perdido completamente su acostumbrado brillo alegre y decidido, para volverse marchitas.
Tan frías como lo era ahora su dueño, como lo era ahora Harry Potter.
Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, se encontró mirando lo que alguna vez habían sido huesos humanos. Sorprendido, levantó la mirada para observar su entorno.
Era una oscura sala, un calabozo parecía ser. Se dio cuenta de que, si entornaba la vista al máximo, podía ver sangre seca en cada rincón de esa mazmorra y un repentino pánico lo invadió por sorpresa.
Sus muñecas sangrantes luchaban por librarse de los punzantes grilletes que lo apresaban sin piedad, en un desesperado intento de salvar lo que le quedaba de vida. Sentía en cuerpo cansado, en especial los hombros, al estar con todo el peso del cuerpo sostenido por los grilletes de las muñecas.
Trato de recordar el motivo por el que se encontraba en ese lugar, por el cual se encontraba prisionero. Y sin poder evitarlo, lloró.
Su vida estaba en manos del asesino del Mundo Mágico y difícilmente podría sobrevivir. Tenía la curiosa sensación de encontrarse en el Omen, la mansión Riddle.
El Omen es una estructura antiquísima, hecha en su totalidad de mármol negro. Labrada por elfos antes de la llegada de la era oscura, se erguía en una imponente colina en un lugar que un viajero difícilmente podría encontrar si su dueño no lo deseaba. Alta y fría, gárgolas, ángeles y demonios advertían a cualquiera que quisiese entrar llegaba final de su camino.
Una vez que entrabas, difícilmente salías.
Era, curiosamente, una casa circular. Era un lugar extraño, confuso, donde había más pasajes que nada más y los cuartos eran grandes y tétricos, adornados en su mayoría por cosas que más valía no tocar, si apreciabas tu vida tal y como la tenías.
Había también unas mazmorras. Debajo de la mansión, estas lúgubres estancias eran habitadas por prisioneros. Para muchos, eran un lugar curioso ya que a pesar de las múltiples torturas que ocurrían allí, jamás se escuchaba un alarido.
Cabe mencionar, pues, que el Omen era un lugar tenebroso incluso para alguien dedicado toda su vida para las Artes Oscuras.
En cada una de las habitaciones, en los cuartos y mazmorras, había algo que hacía diferente a todo el lugar.
La oscuridad era diferente.
Densa, absorbente, la oscuridad reinaba por las noches. Entonces, el silencio cubría toda la mansión y nadie se atrevía a salir siquiera de su lugar asignado, dominados por un temor inexplicable a quedarse solos en aquél lugar. De sentirse rodeados por unas tinieblas en las que podían observar, si se acercaban lo suficiente, unos rostros sin cuerpo desesperados de salir de ese lugar.
Y entonces, alguien solitario en la mansión podía sentir su temor justo antes de ser devorados por las sombras.
Después, no veías nada más que cadenas que salían de la propia oscuridad para atarte a ella; para tratar de absorberte. Sentías entonces los gritos de auxilio de los rostros que, desesperados, trataban de asirse de ti para escapar de ese infierno.
Y ellos no lograban más que sumar otro rostro a la oscuridad.
Había también un espectro vagando por la mansión. Era una dama de larga cabellera, vestida con elegantes vestidos de seda, largos hasta llegar al suelo. En cada parte de su cuerpo, había cicatrices que trazaban extraños símbolos.
Su nombre era Cailleach Bheare. Nunca hablaba realmente y su vida era un misterio. Bella, pero letal si llegabas a enfadarla.
Era un espíritu errante como todos y a la vez, como ninguno. Cailleach es una antigua diosa celta, diosa de las tormentas. Sus ojos son unas profundas lagunas celestes y tenía un rostro con rasgos finísimos. No había una palabra para describirla, más que hermosa.
Pero dentro de sus ojos, muy profundamente, había dejos de locura.
Harry Potter se encontraba recluido en las mazmorras, sin la más mínima oportunidad de salir. Encadenado a las frías paredes, moría lentamente.
La sangre escurría por las frías paredes de piedra, dibujando figuras góticas hechas con tinta escarlata hasta llegar al charco de sangre a sus pies. El sonido de las gotas al caer en su propia sangre lo estaba volviendo loco.
La vida se le escapaba de las manos.
Y junto con ella, su último rayo de luz.
Gimió débilmente a causa, en gran parte, de la increíble pérdida de sangre a la que estaba sometido. No resistiría mucho tiempo.
Entre todas esas tinieblas, una figura apareció de la nada, observándolo con algo parecido a lujuria.
“¿Lujuria?”
Después, se desvaneció.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
"¿Señor?" Bellatrix se acercaba con paso firme, pero sumiso hacia la persona que yacía sentada en un elegante sillón verde oscuro.
El la miró.
"Señor… Potter está en los calabozos. ¿Qué hacemos con él?"
Tom sonrió.
"Tráemelo."
Pocos minutos después, el cuerpo desgastado y al borde de la muerte de Potter estaba tirado en el fino piso de mármol del Omen, a los pies de uno de los más grandes maestros de las Malas Artes.
Sumiso.
Engañado.
Maldito.
"Vaya Potter… parece que tu corta estancia en los calabozos te ha hecho bien." Rió con burla.
Con cansancio, levantó la cabeza hasta poder mirar a los ojos a ese desgraciado.
"Mátame de una vez" dijo, en un susurro derrotado.
Tom hizo una exclamación de falsa sorpresa. Después, rió aún más, burlándose del chico. Se acercó lentamente a él, con una sonrisa sádica en el rostro. A pocos centímetros de su rostro, susurró:
"¿Y dónde queda allí lo divertido?"
El sujeto era un bastardo.
Y le daba terror saber que ese bastardo tenía su vida decidida con una palabra que saliera de sus labios.
“There’s a place so dark, you can’t see the end”
... Y aquí está el que probablemente sería mi despedida a los ficts… mi “obra maestra” como dijo Meche. Mi primer y quizá último TRxHP. ¿Les ha gustado el inicio? n.n
Y ahora… bueno, espero reviews. Decidan, decidan si continúo. Después de todo, la historia ya está escrita. Epitafios xD… tranquilos, que si no les gusta, la historia se queda en mi PC :P
¡Reviews!