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Historia 13868 — capítulo 2
And darkness covers all the land...
Legendary Tales.
Chapter 2: Virgins Skies. (Cielos Vírgenes)
Estando recostado sobre el frío mármol, Harry Potter observaba como su Némesis sonreía misteriosamente, y un escalofrío recorrió su cuerpo involuntariamente.
Algo nuevo se cernía sobre el.
Tom volcó su mirada castaña en el cuerpo bajo sus pies y sonrió.
“No morirás, Potter, aún no es tiempo. Estarás aquí hasta que hayas muerto para los demás.” Rió con placer “Y entonces vivirás para mi”
Harry lo miró confundido, con su piel blanca sudando sangre.
“Si, vivirás” Tom se hincó frente al chico, tomando el infantil rostro entre sus manos, manchándose de sangre en el proceso. “Pero llegará el momento, Potter, en que desearás haber muerto el día en que la Orden fue vencida. Cuando llegue ese momento, tu y yo brindaremos con sangre”
Harry levantó los ojos, desafiante, con la fe ciega que había apoderado de su alma titilando en sus ojos.
“La Orden no está muerta, Tom. Vendrán por mí... Te vencerán. Y yo te veré caer.”
Con total descaro Riddle rió a sus anchas, burlándose de la inocencia del niño. La risa cesó lentamente, hasta convertirse en una sonrisa divertida y burlona, propia de Tom.
“No volverán, Harry, te han abandonado. Con el paso del tiempo, no serás más que un recuerdo en sus memorias, mientras tú vives desgastándote por los años y la esperanza te desangra lentamente el corazón. Te repetirás cada segundo de tu existencia: Falta poco. Mañana; mañana vendrán por mí y saldré por fin de este horrible lugar” Hablaba con la burla impresa en su voz, lastimando al niño con cada palabra amarga que brotaba de sus labios y le era dirigida con unos ojos escarlata mirándolo fijamente “Pero la verdad es que estás solo. Moriste el día en que no pudiste salvar a los demás y tu vida dejó de ser importante para ellos.”
Mientras Harry se resistía a creer, Tom lo observaba fijamente, detallando el rostro que luchaba por dejar de ser infantil y el sentimiento salvaje que persistía en esos ojos, hipnotizándose por la intensidad de la mirada esmeralda y la fe que persistía, a pesar de saberse traicionado.
“No es verdad... ellos... llegarán. Los verás llegar, Tom, y entonces tu sentencia va a estar firmada” Murmuró, levantándose con dificultad del lugar donde se encontraba y mirando con odio al hombre frente suyo, retándolo con la mirada.
Y Tom suspiró.
“Veremos.”
Hizo un ademán con la mano, e inmediatamente una mujer apareció en el umbral, descubriéndose la cabeza de la capucha negra que ocultaba su rostro. Bellatrix apareció, siendo recibida por una mirada llena de odio con color esmeralda.
“Llévatelo”
La mujer tomó a Harry bruscamente del brazo, separándolo de su Señor y enterrando cruelmente sus uñas en la delicada piel. Harry gimió al sentir en contacto, más por el odio procesado a la persona que el dolor que esta le causaba, lacerando su piel con sus afiladas uñas.
Antes de que la pareja desapareciera por el umbral de la puerta, el Lord murmuró suavemente:
“Y espero, Potter, que tu esperanza se extinga pronto”
La puerta se cerró silenciosamente, ocultando unos ojos verdes que lo miraban con furia reprimida.
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Avanzaban en silencio por los solitarios pasillos, iluminados suavemente por los rayos de sol que cruzaban por los cristales. Ventanas alargadas de más de dos metros partiendo del piso destilaban elegancia junto con las pesadas cortinas de terciopelo color vino que caían con delicadeza.
Caminando lentamente por los largos corredores, Harry miraba asombrado las pinturas que colgaban de las paredes. Jamás en su vida había visto algo más hermoso que aquellos óleos, que contaban historias acerca de libertad y tristeza.
Cuando empezaron a bajar las escaleras de piedra que conducían a las mazmorras, Bellatrix habló por primera vez, con una voz cargada de burla y veneno.
“¿Extrañas mucho al perro de tu padrino, Potter?” sacudió la cabeza, todavía sonriendo. “No se como ese patético pedazo de humano logró sobrevivir en Azkaban. Debió haberse podrido en las mazmorras hace años...”
A cada palabra que salía de esos desgastados labios, el Gryffindor cerraba aún más los puños, hasta que sus nudillos se tornaron blancos. Harry bajó el rostro, ocultando con su largo cabello los ojos furiosos que daban constancia de la ira que sentía.
Fue entonces cuando de repente, Bellatrix fue empujada por las largas escaleras de piedra por la magia desprendida del chico, que miraba como en el delgado rostro formaba una mirada de espanto en sus ojos, aún con una sonrisa de burla bailando en sus labios descarnados.
El sonido del cuerpo chocando con las escaleras retumbó en los oídos del Gryffindor, que sonreía con deleite al ver a la causante de tanto dolor sentir la tragedia en carne propia. Cuando el cuerpo maltrecho de la mujer quedó inmóvil al final de las escaleras, Harry sonrió y siguió caminando hacia las mazmorras, entrando en su celda y cerrándola después.
Sentándose en la burda cama, una suave risa brotó de sus labios, misma que siguió hasta que le mandaron llamar.
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“Mi Lord” dijo con suavidad Dolohov, inclinándose ante el sillón en que descansaba su señor, con la mata de cabello castaño rojizo cubría unos penetrantes ojos amarillos* revoloteando por su rostro.
“Ordené que no se me molestara” Siseó Voldemort, con un tinte de molestia en su voz.
“Lo sé, Señor, y lo siento” Antonin se irguió, mirando al Lord. “Pero Bellatrix fue encontrada inconsciente en las escaleras con múltiples golpes y creímos conveniente avisarle.”
Una luz de alarma llegó a la cabeza de Tom.
“¿Y Potter?” preguntó.
“Eso es más extraño aún, mi Lord” Dolohov titubeó, como temiendo que alguien inadecuado les escuchase, a pesar de que en la habitación sólo estaban él y su señor “Potter al parecer caminó hacia su celda, y se encerró dentro. No ha parado de reír desde entonces.”
Tom alzó una ceja, confundido.
“Que extraño” y no dijo nada más.
Con un gesto despidió a Dolohov, que salió rápida y silenciosamente con la túnica oscura ondeando a cada paso.
Cuando la soledad volvió a la habitación, el Lord se hundió en el mullido sillón y cerró los ojos, masajeándose las sienes con pesar.
¿Potter había elegido la esclavitud concientemente?
¿Y cómo logró el niño derrotar a una de sus mejores asesinas, Bellatrix?
Con un suspiro de hastío dirigido a la estupidez de la mujer, Voldemort se levantó del mullido sillón y caminó con sigilo hacia la puerta, dirigiéndose hacia las mazmorras.
Caminando con majestad, como siempre.
Como nunca antes.
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Los mortífagos se apartaron ante la figura imponente de su señor, inclinándose a su paso. Sus rostros, escondidos por la máscara blanca, escondían una sonrisa llena de satisfacción sabiendo lo que le deparaba al chico Potter.
La cruel tortura que le esperaba.
Harry, dentro de la celda, paró de reír abruptamente al ver al dueño de la mansión acercarse a donde se encontraba él. Recordó una vez más el pequeño incidente, y sonrió débilmente. Se puso de pie con agilidad y se acercó a los barrotes, dónde la figura pálida y alta del Lord lo miraba fijamente.
“¿Ya encontraron a Bellatrix, Tom?” rió Harry. “Es una lástima que no haya muerto”
Los ojos de Tom se endurecieron, aunque una sonrisa divertida se formó en sus labios.
“Es una lástima” respondió, para sorpresa de sus hombres. “Así hubiera tenido una razón para matarte” terminó, con odio impreso en su voz.
El Niño que Vivió hizo una falsa mueca de sorpresa.
“¿Quieres matarme, Tom? ¿Acaso necesitas razones?” comenzó a reír aún más. “Si no eres un asesino, ¿Entonces que eres?”
Tom se inclinó hasta quedar paralelos. Y habló susurrante.
“Tu maldición”
El niño ensanchó su sonrisa.
“¿Y porqué no me matas?”
Unos murmullos brotaron de los labios de los mortífagos, esperando la respuesta de su señor a una pregunta que llevaba en sus mentes desde que el chico llegó. La incógnita del porqué el Némesis del Lord de ser este la clave para el final de la segunda guerra.
Voldemort sonrió misteriosamente y se giró, indicándole a un cualquiera que abriese la celda. Estando de espaldas, contestó mientras el mortífago abría la celda con torpeza.
“Porque todavía no es tiempo”
Riddle se acercó a hombre que lo miraba a través de la máscara con sus ojos plateados, sumisos ante su imponente figura. Le habló en un susurro frío, haciendo estremecer al hombre.
“Llévalo al comedor, Lucius” su voz adquirió un tono cruel “Y si lo dejas escapar, me encargaré personalmente de que tu hijo de pudra en el infierno”
La poca piel visible del hombre palideció bajo la máscara y asintió con torpeza, sin deseos de hacer enfadar a su señor.
La vida de Draco estaba en juego.
Se acercó hacia la celda, abierta ya por fin. Sacó al chico del brazo, tomándolo bruscamente, y lo condujo con facilidad hacia el primer piso. El niño sonreía aún, y esa sonrisa resultaba exasperante a más de uno.
Surgían unos inesperados deseos de borrarle la sonrisa a golpes... la piel del niño invitaba a hacerlo. Una piel blanca porcelana sumamente suave, que contrastaba con los enormes ojos verdes del mocoso.
Lucius apartó los ojos del chico, con un leve destello de deseo bajo sus ojos grises y, avergonzado de sus pensamientos, disminuyó la presión sobre la blanca piel.
Llegaron al ostentoso comedor, sentándose el Lord a la cabeza de la mesa, Harry a su izquierda y Lucius a la derecha. Cuando las velas se encendieron, apareció la suculenta cena.
“¿Y Bellatrix, Tom?” preguntó Harry, sin levantar la vista de su plato. “¿Dónde está?”
Voldemort fijó sus ojos escarlata en él mirándolo fijamente, divertido.
“¿Preocupado?”
Harry hizo un gesto de indiferencia, y murmuró:
“Debería estar muerta”
Tom rió suavemente, encantado con la respuesta.
“Tal vez. Pero, ¿Sabes?.. Es una gran asesina. Lo sabes bien” dijo con intención, mirando con fijeza como Harry endurecía su dulce mirada y sus ojos se nublaban.
“Maldito” susurró con furia.
“Lo sé...”
“Te pudrirás en el infierno”
“Será divertido”
La burla de Tom le había hastiado infinitamente. Se levantó de la mesa ante la mirada atenta y burlona de los mortífagos, y se dirigió a Tom.
“Quiero irme” farfulló con furia.
“No” contestó el Lord, sin mirarlo.
“Quiero irme” repitió, con su creciente furia.
“No”
Harry, tragándose su orgullo, murmuró
“Por favor...”
Y Tom, notando el tono desesperado de su voz, se detuvo un momento a mirar las orbes plateadas que escondían una infinita tristeza. Entornó los ojos y, sin dejar de mirarlo, mandó a Lucius que acompañase al ojiverde a su celda.
“Gracias” susurró el niño, antes de desaparecer junto con el hombre.
Cuando Lucius regresó, la cena se dio por terminada.
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Al anochecer, cuando el silencio cubrió al fin la mansión, el joven Potter abrió sus esmeraldas y miró al rededor. Se levantó con presteza y, sigilosamente, se encaminó a los barrotes.
Abrió su celda ágilmente con un pequeño alambre que encontró tirado en el piso de su mazmorra, tomó la vela que robada de la cena y con un leve movimiento de su mano, esta se prendió, iluminando el frío interior de su celda.
Adentrándose en la oscuridad naciente, deambuló por los calabozos hasta que logró encontrar la gruesa puerta de metal que ocultaba la salida. Empujó con cuidado, rogando que el estridente chirrido no alcanzase a escucharse en las habitaciones. Con la piel erizándose por el estrepitoso sonido, cruzó el umbral y respiró su nueva y breve libertad.
Subió las mohosas escaleras que ascendían en círculo –por las cuales Bellatrix había caído-, caminando silenciosamente, siempre con la vela en alto.
Cuando por fin salió al elegante pasillo, tenuemente iluminado con la luz del ocaso, caminó silencioso, cual fantasma, hacia algún lugar.
Tal vez encontrase la salida.
Se detuvo frente a un enorme ventanal, alargado del piso al techo, mirando como el sol y los últimos rayos solares desaparecían en el horizonte, dando lugar a una noche sin luna y sin estrellas. Entonces, todo se fundió en uno y sólo existieron la oscuridad y él, de pie frente a la ventana, con una sola vela consumiéndose con una lentitud agónica.
Después de mirar unos segundos a la nueva oscuridad a través de los cristales, miró su propio reflejo en el vidrio y se giró sobresaltado.
Un frío extremo cubrió el pasillo.
Helaba.
El vaho salía de sus labios a cada exhalación, formando nubes blanquecinas que bailaban bajo sus labios y después desaparecían con serenidad-.
Miró a ambos lados, con un tinte de terror es sus ojos verdes.
Después, cerró sus esmeraldas y comenzó a contar, tratando de dominar el terror.
“Uno...”
... un viento helado sacudió su cuerpo, enviando desagradables escalofríos a su espalda...
“...dos...”
... se abrazó a si mismo, tratando de obtener algo de calor.
Pero el frío no se iba.
“...tres.”
Un aliento frío acariciaba su rostro. Con temor, abrió los ojos y su pupila se contrajo por la sorpresa.
Frente a él, cerca, muy cerca de sus ojos, había un rostro pálido y traslúcido.
Cailleach Bheare.
La dama lo miraba fijamente, con expresión serena. Sus ojos, a pesar de ser transparentes, se notaban sombríos y con un suave tinte violeta. El cabello negro ébano estaba recogido en un elegante y sofisticado mono, a juego con un clásico vestido inglés que rodeaba su cuerpo.
El espectro lo miró unos segundos más, habló
“Harry Potter” susurró con voz profunda, sin dejar de mirarlo. El niño se quedó estático, sin saber que decir o como actuar.
Cailleach sonrió, curveando sus labios pálidos y muertos y flotó alrededor del chico, situándose en su espalda. Colocó las manos en cada uno de los hombros del ojiverde acercó sus labios el oído del chico.
“Cuidado, pequeño, corre... Huye ahora que puedes. Escapa de toda esta oscuridad...” rió suavemente, e insistió “Vete”
Harry no se movió, continuó mirando hacia el frente, hipnotizado por las danzantes sombras.
La dama acarició la mejilla del niño, que como todo en aquél lugar, era frío. Después, el tacto se retiró rápidamente junto con una sobresaltada Cailleach.
Sonrió extrañamente.
Se acercó a Harry, poniendo el dedo índice en sus labios y habló con una mezcla de éxtasis y frenesí:
“Y ahora, ¡Cuidado...! Escucha: Ya se acercan.”
El espectro se desvaneció, sin dejar de reír
Potter quedó sólo, asustado, mirando a la densa oscuridad. Entonces, un viento helado sobrevino con mucha más fuerza, apagando la vela que permanecía erguida en sus manos, como única fuente de luz.
Justo antes de que el resplandor se extinguiera, unos ojos esmeralda brillaron llenos de pánico en la oscuridad.
"...And suddenly the unreal silence is broken by a lament...
A lament coming up from the deepest darkest abyss...
And from the seven gates of the dark fortress
the dead come back to life to face the Lord... this is hell..."
“... De pronto, el silencio irreal fue roto por un lamento...
Un lamento que sube del abismo más profundo, más oscuro...
Y de las siete puertas de la fortaleza oscura,
La muerte regresa para encarar al Lord... Esto es el infierno...” // The Dark Tower of Abyss.
Rhapsody //
RsMoony’s Notes: Y aquí está el segundo capítulo. ¿Alguna opinión? ...¡Es el capítulo más largo que he escrito en mi vida! ºwº
Muchas gracias por sus reviews! n.n
(Honestamente, espero no haber sido muy vaga.. =S)