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Historia 139126 — capítulo 74
Draco observó a Astoria probarse vestidos. El nacimiento de Daphne Greengrass y Theodore Nott sería celebrado por la noche con una fiesta, típico de sangre pura.
Él no estaba feliz con aquello, no creía que Daphne fuese tan inocente con respecto a la perdida del bebé. Astoria había aceptado ir bajo el argumento de que Daphne no sabía nada de todo aquello y de que su sobrino no tenía la culpa.
-Este me gusta, ¿Qué opinas?- un simple vestido corto rosa con un lazo, Draco le sonrió sin poder evitarlo, era imposible no sentirse feliz con Astoria, ella un pequeño rayo de luz andante.
-Tory, estas hermosa- Astoria lo miro con curiosidad.
-¿Qué te ocurre?
-No quiero que vayamos.
-Draco, ya te he dicho que Daphne no sabía nada.
-¿Y tu le crees? Tu hermana no ha hecho mas que maltratarte y eres demasiado buena para verlo.
-Pero ella es mi hermana.
-Tu madre es tu madre y mira lo que nos hizo, esa casa es una cueva de lobos y no voy a dejarte ir sin intentan detenerte.
-Draco, es mi familia- sus ojos se aguaron.
-Yo soy tu familia, mi madre lo es e incluso mi padre tiene afecto por ti, somos tu familia porque nunca te haríamos daño, eres una Malfoy.
La ojiverde suspiró cansinamente.
-Lo sé, pero no puedo entender como tu propia familia…- Draco la abrazo.
-Ellos no son mas tu familia, no debes preocuparte por eso.
-Supongo que no tiene caso ponerme bonita entonces- se desprendió el vestido y lo dejo caer, antes de ponerse su pijama.
Draco observó molesto su cara de desilusión, todo era un asco. Desde el principio de su infancia, sus años e Hogwarts, su época de mortífago, la pérdida del bebé, todo caía sobre sus hombros al ver que no era capaz de hacer feliz a la única persona que le importaba en el mundo.
-Tory, ¿te gustaría que nos vayamos a alguna parte del mundo? Salir de esta maldita casa y esta maldita ciudad.
-¿Irnos de vacaciones?- Draco se encogió de hombros.
-Solo marcharnos, empezar de nuevo en algún lugar donde nadie nos mire mal y donde podamos olvidarnos de todo esto.
-¿Sabes? He oído que hay un pueblo precioso, Castle Combe, es pequeño y no estoy segura de que haya siquiera algun mago, pero…
-¿Qué mejor que eso, Astoria? Solos tu y yo, sin acarrear mas historias trágicas.
-¿Cuándo nos marchamos?- preguntó emocionada por la idea. Draco sonrió al darse cuenta que tanto ella como él necesitaban deshacerse de los fantasmas que los perseguían dentro de su cabeza, sus miedos y sus almas dañadas. Escaparse y reconstruirse juntos.
-Haz las maletas, pequeña- Astoria soltó un gritito de alegría y lo beso, hacía siglos que no recordaba verla tan feliz.
Draco inhaló y exhaló varias veces sin moverse. Una vida nueva, ser alguien diferente. Lo que siempre había deseado. Caminó al estudio y sacó la mayor cantidad de galeones que considero prudente.
-¿Alguna razón para que necesites ese dinero?- preguntó Narcissa, al entrar y ver a su hijo.
-Me marcharé con Astoria- Lo miró desconcertada.
-¿Tanto dinero para unas vacaciones?- Draco la miró significativamente- no van a volver.
-Lo siento, cuando tengamos una casa podrás venir a vernos- Narcissa lo abrazó, su pequeño niño se marchaba y sentía su corazón desgarrándose.
-Quiero que seas feliz mas que nada en esta vida, Draco.
-Lo sé, por eso necesitamos irnos. Esto va a asfixiarnos.
Narcissa se secó una fina lagrima y realizó un movimiento despreocupado con la mano ante la preocupación de draco.
-¿Cuándo piensan marcharse, cariño?
-Mañana.
-¿Tan pronto?- intentó ignorar el nudo en su garganta.
-¿Por qué esperar?
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Sam se pasó una mano por el cabello rubio, era temprano pero necesitaba el trabajo de la reforma constitucional mágica del 59 si quería aprobar Leyes mágicas. Y lo había olvidado en la casa de Alexander la tarde pasada después de que él terminara por convencerla de meterse entre las sábanas.
Era inevitable, al verlo sus rodillas temblaban.
Golpeó la puerta del exclusivo departamento de soltero que Alex había recibido como regalo en su decimo séptimo cumpleaños. Esperó pacientemente, porque sabía que él era de los que tardaban en desperezarse. Al cabo de cinco minutos la puerta se abrió.
-¿Barbie?- parecía desconcertado, tenía el pelo negro revuelto y estaba en bóxer. -¿Qué haces aquí?
-Me olvide el trabajo, lo necesito para la clase de Becker o el viejo decrepito me matara. Creo que quedo sobre la mesita, lo tomó y me marchó- caminó para entrar, como siempre hacía, pero Alexander le tapó la entrada.
-¿Sabes? Tengo todo revuelto por la práctica para la clase de Evenwood, yo te lo alcanzo- asintió confundida, Alexander dejó la puerta entreabierta y pudo ver que todo estaba en perfecto orden. Se adentró curiosa.
Todo cobró sentido cuando una bonita morena salió caminando del cuarto en ropa interior.
-¡Hola!- saludó animadamente- ¿Eres otra amiga de Alex? Mira que juntarnos de esta manera, creo que quiere probar lo de estar con dos chicas. Yo ya me iba, pero si la cosa se pone buena me quedaré definitivamente.
Sam intentó que su cerebro no se hiciera puré y que su corazón no se licuara dentro de su caja torácica.
-Yo solo soy su compañera, vine por…- divisó su trabajo sobre la mesada y lo tomó- esto, ya me marchó. -Le dio la espalda.
-¡Adiós cariño!- se mordió el labio para no volver a darle a un puñetazo a semejante huequedad de persona.
Ya estaba por subir al ascensor cuando Alexander llegó corriendo.
-Ey, ¿Por qué te marchas así?- apretó los puños, arrugando un poco el maldito trabajo.
-¿Quieres que me quede a comparar tallas de sostén con tu amiga la morena?
-¿Estas celosa?- le cruzó el rostro de una bofetada para borrarle la sonrisa arrogante.
-Eres un imbécil Alexander, no me interesa lo que te revuelques con cuanta zorra se te cruce, pero me mentiste en la cara.
-Eso estuvo mal, pero ¿te he dicho lo hermosa que luces enfadada?
-¿Te he dicho que eres un rematado imbécil? ¿Al menos cambiaste las sabanas o se lo hiciste sobre las mismas que me follaste a mí?- Alexander se miró los pies descalzos, incapaz de responder eso sin ser un total cretino. Sam lo empujo para marcharse y no paró de caminar hasta llegar a la academia. La academia quedaba lejos, y normalmente solía llegar por red flu, pero al menos el cansancio la ayudo para calmar su furia.
Bendito sea Merlín si le tocaba enfrentarse a Alexander en la clase de duelo.