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Historia 139277 — capítulo 7
Aun un poco horrorizada y avergonzada por lo que vio, se encerró en su cuarto y aunque era viernes y realmente no quería dormir, se obligó a ella misma a acostarse y se fue quedando dormida.
Tuvo un sueño en el que alguien cuya cara no sea veía (a excepción de sus ojos grises) le gritaba: << ¡Lo perdiste esta vez! >>. Despertó sobresaltada y se incorporó rápidamente. Se deslizó a través de la habitación y abrió la puerta. Deseó no haberlo hecho.
Draco caminó semidesnudo frente a sus ojos. Solo llevaba puesto un bóxer gris, y se quedó paralizado. Había sido mucha coincidencia que ambos decidieran salir de sus habitaciones en el mismo segundo. Ninguno dijo nada, Hermione no supo reaccionar. Una aguda voz nasal cortó el silencio.
-Draco, amor… - ella se calló cuando vio a Hermione - Ah, hola, Granger - Hanna llevaba solo una camisa de Draco que le llegaba a centímetros sobre la rodilla y se veían sus largas piernas. Inmediatamente envolvió la cintura de Draco con sus brazos, como diciendo ni lo mires, ya es míoy sonreía maliciosamente*.*
Hermione los miró por un segundo y cerró la puerta. Se recostó en la puerta y sintió la bilis ardiendo en su garganta; los dos eran tan idiotas. Malfoy, después de haberla ayudado con la poción y haber sido amable, le restregaba en la cara que se había acostado con Hanna. Sentía mucho asco y… bueno, nada más.
Contó hasta diez y se relajó un poco. Se vistió y media hora más tarde salió al baño. Para su alivio, ya se habían ido y la sala estaba desierta. Hermione bajó al comedor y se encontró a Ginny y por desgracia, a Hanna a su lado. Hanna la miró de una forma que denotaba victoria o algo. Pero ¿qué había ganado? A Hermione le daba igual.
Desayunaron y salieron del castillo a recostarse bajo el sauce. Había sol, aunque también nubes y estaba haciendo un poco de frío. Hanna cotilleaba algo con sus demás amigas y Ginny, Luna y Hermione hablaban sobre centauros y criaturas mágicas que solo Luna parecía conocer.
-Me voy, debo hacer algo - anunció Hanna orgullosa. Las demás soltaron un uhhhh.
-¿Qué harás, Han? - inquirió Karen.
-Quedé con alguien. - Las demás volvieron a ovacionar.
Hanna se despidió y se alejó del jardín. Eran las 4 y el sol empezaba a bajar de su máximo punto. Hermione sentía las piernas entumecidas cuando todas decidieron irse a terminar deberes.
Se fue a su torre para tomarse algo y descubrió qué tenía que hacer Hanna. Sus griticos la delataron.
-Por Dios, que asco - murmuró Hermione y se encerró en su habitación, la cual tenía paredes gruesas que no dejaban pasar el sonido.
No tenía nada en absoluto que hacer para distraerse, así que empezó a garabatear sobre un pergamino y más tarde salió, por suerte no se escuchaban Draco o Hanna.
Los próximos días, el poco encanto y amabilidad de Draco desaparecieron tan rápido como habían aparecido. Seguía comportándose como un patán. Una noche, Hermione se estaba bañando en la gran tina y sintió pasos.
-Maldita sea - le dijo al rubio.
- ¿Quieres salir de aquí? O es que no ves que está ocupado. - Él hizo caso omiso y se desvistió frente a los ojos de Hermione, dejó a la vista su abdomen y su miembro. Ella desvió la mirada asqueada.
-Necesito bañarme, no me importa tu presencia.
-No te importa… ¿y qué tal si a mí sí? - estalló ella.
-Tendrás que aguantarme… o irte.
-Me voy, entonces - Hermione acercó su toalla y sin percatarse de si él la había visto o no, se envolvió en ella y masculló: - eres lo más extraño que conozco, Malfoy.
-Me gustas, Granger - dijo sonriendo de medio lado. Hermione se dio la vuelta y con la ira de mil dioses soltó.
-¡Si te gustara, tal vez no te acostarías con Hanna!
Ok, eso se le escapó, pero la rabia le ganó la batalla antes de que pudiera pensar bien sus palabras. Los ojos se Draco se abrieron exageradamente y su boca formó una O.