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Imprimacion a dos caras. — capítulo 11
[11]. Especial.
Y es ahí donde me doy cuenta de que tan importante era él en mi vida, cuando todos se encontraban a punto de morir. Tarde, era muy tarde para darme cuenta de ello.
Amigos, primos, hermanos y mi vida entera, todos a punto de morir por una sola causa, defender una vida.
Todos los presentes se me quedan viendo estupefactos ante mi aparición, los lobos rugen y gruñen ante mi presencia, claro, estaba en peligro.
-Lo siento- susurro para ellos.
-Pero miren a quien tenemos aquí, una humana- la voz de ese señor de piel blanca hace que me quede helada y me devuelve al mundo de nuevo.
"Vamos Alexandrine, no es hora de tener miedo" me grito mi mente.
Todos me miraban, incluso la pequeña niña que mi hermano cargaba, Renesmee, todos con preocupación en la cara, los vampiros que estaban en el bando de los Cullen me miraron con pena, lo sabía, había firmado mi sentencia de muerte.
-Aro, será mejor que a ella no la toquen- hablo diplomáticamente Edward, cuando sabía que estaba a punto de tirársele a uno de ellos.
-Mi querido Edward es solo una humana- la voz del vampiro de ojos rojos que estaba envuelto de ropas obscuras me miraba extasiado.
-Ella es parte de la manada, ninguno de ellos dejara que la toques- Edward, sabía que traducía algo que mi hermano decía.
-Nadie le ara nada… ven acércate querida- el vampiro de ojos rojos extendió su mano hacia a mí, abrí los ojos de par en par y mire a Edward, este me dio una sonrisa torcida y asintió, mire hacia mi hermano y hacia Seth.
Según yo había ido solo para decirle a Seth que lo amaba, pero ahora estaba en peligro gracias a mi gran y torpe idea.
Di unos pasos insegura mirando hacia la fría nieve que cubría parte de mis tenis, apreté mis puños por el miedo y el nerviosismo. Mi hermano gruño y ladro, él quería que estuviera a su lado y la verdad es que yo también quería estar al lado de mi hermano, pero las clases de Leah me habían servido, no tenía que ser cobarde.
Cuando estuve enfrente del vampiro Edward se puso a un lado de mí, claro, por seguridad.
-Dame tu mano- lo mirepor unos segundos mirando esos ojos. Le tendí mi mano.
Su fría piel hizo que me diera escalofríos, estaba congelada, se sentía incluso más fría que la de los Cullen. Soltó con suavidad mi mano y me miro curioso.
-Fascinante, es totalmente fascinante, no veo absolutamente nada- miro a Edward y después a mí.
-Aro ve los pensamientos, es como leer la mente con solo tocarte- explico para mi Edward, asentí.
No sabía que decir, y tampoco sabía eso ya que jamás me dijo nada Edward, tal vez era porque nunca había estado en un lugar junto con él.
-Querido Eleazar, ¿Podrías decirme que don tiene aquí la señorita?- mire hacia donde se dirigía la mirada del vampiro.
-Ella tiene dones, es una especie de esponja, absorbe cada don que allá ahorita, pero al ser humana ella no se da cuenta de eso, es… maravillosa- el vampiro castaño de ojos dorados me miro maravillado, parecía como si fuese algo… especial.
-Una reliquia, me pregunto si…-
-Aro, ninguno de los aquí presentes…-empezó Edward.
-Tranquilo mi querido Edward, creo que ya sé cómo podría funcionar todo aquí-
La mirada de Edward se fue endureciendo al pasar los segundos.
-¡Jamás, ellos no dejaran que te la lleves!- rugió Edward apretando los dientes.
-Para dejar todo en paz sin ninguna batalla, es conveniente que esta chica vaya con nosotros, así podríamos entrenarla, será como unas vacaciones-
¡Querían llevarme con ellos!
Escuche aullidos y gruñidos de desesperación, sabía que mi hermano estaba a punto de aventárseles encima para acabar con ellos, y sabía que los demás lo seguirían, también sabía que los Cullen ayudarían… una cadena en reacción.
-Si yo voy con ustedes… ¿Puedo poner mis condiciones?- hable porprimera vez.
-Claro querida, lo que menos queremos es que tú te sientas prisionera cuando no es así- la sonrisa del vampiro, Aro, de ojos rojos me hacía estremecer.
Agache la cabeza ante lo que estaba a punto de decir.