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Historia 140176 — capítulo 4
Seguimos a la profesora que se llamaba McGonagall a una habitación vacía fuera del vestíbulo. Todos nos tuvimos que apretujar entre nosotros. A mi derecha estaba Hermionie, pero a la izquierda, ese chico. Quise preguntarle su nombre, pero la profesora McGonagall hablo:
-Bienvenidos a Hogwarts —dijo la profesora McGonagall—. El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco, pero antes de que ocupen sus lugares en el Gran Comedor deberéis ser seleccionados para sus casas. La Selección es una ceremonia muy importante porque, mientras estén aquí, sus casas serán como su familia en Hogwarts. Tendrán clases con el resto de la casa que os toque, dormiréis en los dormitorios de sus casas y pasaran el tiempo libre en la sala común de la casa.
»Las cuatro casas se llaman Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Cada casa tiene su propia noble historia y cada una ha producido notables brujas y magos. Mientras estéis en Hogwarts, vuestros triunfos conseguirán que las casas ganen puntos, mientras que cualquier infracción de las reglas hará que los pierdan. Al finalizar el año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la copa de la casa, un gran honor. Espero que todos ustedes serán un orgullo para la casa que os toque.
»La Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de pocos minutos, frente al resto del colegio. Os sugiero que, mientras esperáis, os arregléis lo mejor posible.
—Volveré cuando lo tengamos todo listo para la ceremonia —dijo la profesora McGonagall—. Por favor, esperad tranquilos.
Salió de la habitación.
Hermionie comenzó a decirme un montón de encantamiento que podrían servirnos en la supuesta prueba. Yo le decía que la mitad de los que me dijo no los sabía o me salían mal. Luego me callé, porque sinceramente, no paraba de hablar y me sentía incomoda. Estaba muy nerviosa. Decidí disculparme con ella y me dirigí hacia mi izquierda.
-Siento lo del tropezón-dije-. ¿Cómo te llamas?
El chico volteó, sorprendido de que el hablara, pero respondió con amabilidad-. Wade Miller.
Casi me atraganto, pero me calmé. Lo bueno, ese no era mi verdadero apellido. Decidí rotundamente, no decirle a nadie mi apellido real, algo me decía que era mala idea. Luego averiguaría en la biblioteca, o mejor, con Hermionie quien era Black.
-¿Y tú?-me preguntó Wade.
-Elizabeth.
-¿En qué casa crees que te pongan?
-No lo sé, pero espero que no sea mala. Gryffindor parece la mejor opción. Aunque no veo porque las demás sean malas.
Asintió-. Mi padre estuvo en Slytherin y mi madre en Gryffindor, así que no lo sé. Mi hermano estuvo en Slytherin y mi hermanita solo tiene seis años.
-Yo soy adoptada. Vivo con unos…muggles horrendos.
En eso, pasaron unos fantasmas. Di un respingo, pero no eran malos. Solo me había asustado.
Me ruboricé al darme cuenta de que había caído más cerca de Wade y me agarraba.
-Este…lo siento-dijo.
—En marcha —dijo una voz aguda—. La Ceremonia de Selección va a comenzar.
La profesora McGonagall había vuelto. Agradecí en silencio su regreso. Uno a uno, los fantasmas flotaron a través de la pared opuesta.
—Ahora formad una hilera —dijo la profesora a los de primer año— y síganme.
Estaba congelada. Tenía demasiado miedo por lo siguiente. ¿Y que si mi casa no me gustaba? ¿Si no era bienvenida? Me puse detrás de Hermionie. Sin darme cuenta, entramos en el Gran Comedor.
Nunca había visto algo tan enormemente asombroso. Tenía, según Hermionie, un techo encantado. La comida era increíble y se veía deliciosa. Copas y manjares que no había visto en mi vida llenaban las mesas. Adoraba ese lugar. Era mejor que la pobre ración de comida que me daban en casa.
La profesora McGonagall ponía un sombrero puntiagudo de brujo encima de un taburete. Era un sombrero muy viejo, raido y sucio.
Me quedé mirando el sombrero. Había algo curioso en el. Uns imple sombrero de brujo…entonces, sucedió. Se movió y una rasgadura apareció en forma de boca, el sombrero comenzó a cantar:
Oh, podrás pensar que no soy bonito,
pero no juzgues por lo que ves.
Me comeré a mí mismo si puedes encontrar
un sombrero más inteligente que yo.
Puedes tener bombines negros,
sombreros altos y elegantes.
Pero yo soy el Sombrero Seleccionador de Hogwarts
y puedo superar a todos.
No hay nada escondido en tu cabeza
que el Sombrero Seleccionador no pueda ver.
Así que pruébame y te diré
dónde debes estar.
Puedes pertenecer a Gryffindor,
donde habitan los valientes.
Su osadía, temple y caballerosidad
ponen aparte a los de Gryffindor.
Puedes pertenecer a Hufflepuff
donde son justos y leales.
Esos perseverantes Hufflepuff
de verdad no temen el trabajo pesado.
O tal vez a la antigua sabiduría de Ravenclaw,
Si tienes una mente dispuesta,
porque los de inteligencia y erudición
siempre encontrarán allí a sus semejantes.
O tal vez en Slytherin
harás tus verdaderos amigos.
Esa gente astuta utiliza cualquier medio
para lograr sus fines.
¡Así que pruébame! ¡No tengas miedo!
¡Y no recibirás una bofetada!
Estás en buenas manos (aunque yo no las tenga).
Porque soy el Sombrero Pensante.
Tragué saliva. Todos aplaudieron. Yo estaba más nerviosa ahora que había terminado de hablar. No podía aplaudir, ni moverme, a penas respirar.
La profesora McGonagall se adelantaba con un gran rollo de pergamino.
—Cuando yo os llame, deberéis poneros el sombrero y sentaros en el taburete para que os seleccionen —dijo—. ¡Abbott, Hannah!
Una niña de rostro rosado y trenzas rubias salió de la fila, se puso el sombrero, que la tapó hasta los ojos, y se sentó. Un momento de pausa.
—¡HUFFLEPUFF!—gritó el sombrero.
La mesa de la derecha aplaudió mientras Hannah iba a sentarse con los de Hufflepuff. Harry vio al fantasma del Fraile Gordo saludando con alegría a la niña.
Siguieron así. El sobrero gritaba << ¡HUFFLEPUFF!>> o << ¡RAVENCLAW!>> En eso, McGonagall gritó:
-¡Black, Elizabeth!
El comedor entero calló. La mayoría no sabía quién era mi padre, ni yo misma lo sabía. Aunque, los profesores se removieron incómodos y algunos alumnos de familias antiguas de magos parecían asustados. Los más jóvenes no parecían saber nada. Ni siquiera el propio Malfoy por suerte.
Subí a sentarme en el taburete. La profesora McGonagall lo colocó en mi cabeza.
-Mmmm…. ¿que tenemos acá?-dijo el sombrero en mi cabeza. Pude sentir la tensión del comedor-. Si…recuerdo a tu padre. El no mostraba ninguna cualidad de traición en su cabeza. ¿Qué hago contigo? Slytherin parece una buena opción. El agua que hay cerca de su sala común te encantara por las noches. Tienes muchas cualidades propicias para Slytherin.
-Por favor, no ahí. Tengo miedo de estar ahí-pensé.
-Bueno, en ese caso…. ¿Segura?
-No-dije sinceramente. Yo no creía que fuera tu casa lo que te definía, eran tus decisiones las que lo hacían.
-¡GRYFFINDOR!-gritó el sombrero.
Sentí un gran alivio. Respiré normalmente. Baje feliz y me dirigí a la misa de la izquierda. Todos aplaudían, aunque algunos me miraban recelosos, asustados o simplemente sorprendidos.
Cuando le tocó a Hermionie, me alegré de que fuera en Gryffindor, aunque pensé que iba a Ravenclaw o Hufflepuff. Iban pasando así, hasta que McGonagall llamó a Wade.
-¡SLYTHERIN!-gritó el sombrero, y supe que en un futuro, eso sería algo complicado.