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La chica de un Merodeador — capítulo 28
Sin dudas aquel había sido el mejor fin de semana de sus vidas. El sábado la noticia del nuevo compromiso entre un par de leones desato una ola de felicitaciones y grititos de emoción, sobre todo porque se trataban de los mismos James Potter y Lily Evans, aquellos que nunca habían sido capaces de estar en un mismo lugar sin gritarse. O al menos había sido así hasta el año pasado. Esa misma noche se había festejado una fiesta de doble compromiso y todos levantaron en brazos a James y Donovan mientras las chicas reían en un rincón.
El domingo, por otro lado, tuvo lugar a un estresante regreso que estremeció a todos los chicos de séptimo que no había estado en Hogwarts las dos últimas noches.
-¿Ataques?- pregunto James mirando a Dumblendore con los ojos como platos- ¿Hubo tres ataques a los estudiantes mientras nosotros estábamos fuera?
Lily, Remus, Brandon, Amelia, Marcus y Rachel tenían los ojos como platos y estaban lo suficientemente desorientados como para no hablar y dejar que el capitán de los merodeadores lo hiciese.
-Exacto señor Potter- asintió el director mientras su rostro no reflejaba ninguna emoción- La señorita Dorcas Meadowes, de slytherin, el señor Félix Williams, de ravenclaw, y el señor Gian Faguet, de gryffindor, están en este momento en la enfermería.
-¿Gian?- James se ahogo con su propia voz y Lily le tomo la mano con fuerza- ¿Cómo pudieron atacar a un chico como él? Gian nunca ha hecho nada malo, si me dice que fue a Elliot puede que lo comprenda, pero Gian…
-¿Qué es exactamente lo que ha sucedido?- pregunto Remus, codeando a su mejor amigo para que guardara silencio.
-Por lo que me han contado los tres estudiantes mencionados ha sido un ataque sorpresa mientras ellos estaban paseando por los pasillos en la noche no mucho antes de que el toque de queda empezara- explico Dumblendore- Iban a sus salas comunes, raramente en solitario, y ya no recuerdan nada. Ahora, estamos intentando que las cicatrices se vayan de sus cuerpos, pero Poppy no está segura de que eso sea posible.
-¿Cicatrices?- se horrorizo Rachel y Marcus le paso los brazos por la cintura para que no se tambaleara-¿Qué les han hecho?
-Han escrito en sus brazos las palabras "sangres sucias"- murmuro el director y en sus ojos apareció un brillo amenazadora- Ahora, prefectos y premios anuales, les he citado aquí porque quiero dejarles en claro las nuevas reglas que deberán de poner en rigor desde este momento. Luego de que la cena termine nadie puede salir de sus salas comunes sin su compañía o al menos de la de un grupo elevado de personas, siempre todos con el mismo destino y una prudente autorización adelantada a sus jefes de casas. Las rondas, desde este momento, son obligatorias para todos y se harán por casas, ya no más mezclados.
-¿Dónde están los prefectos de slytherin?- pregunto Brandon, quitándole las palabras de la boca a Marcus- Ellos también tendrían que estar aquí.
-Ellos ya fueron notificados de esto en la mañana antes de que ustedes llegaran al colegio nuevamente ya que ha habido una discusión entre los estudiantes de slytherin con la señorita Meadowes.
-¿Qué ha pasado con Dorcas?- pregunto James frunciendo el ceño. Él claramente conocía a la chica y le tenía aprecio, todos en el colegio lo sabían.
-Últimamente ha tenido muchas discusiones con sus compañeros de casa, de las que los prefectos estaban parcialmente enterados y no habían fomentado la paz como es correcto en estos casos. Como corresponde he sancionado a los prefectos de slytherin por lo que toda esta semana ellos tendrán rondas mientras ustedes pueden dormir tranquilos, aunque espero que estos comentarios no incentiven problemas con sus compañeros.
James, Marcus y Brandon se miraron.
-Claro que no, director- dijeron los tres chicos y los demás les miraron horrorizados.
-¿Qué ha sucedido?- Sirius salto sobre ellos apenas pusieron un pie en el pasillo- ¿De qué iba todo ese misterio?
-¿Pueden contarnos?- pregunto Peter extasiado- ¡Oh, claro qué vais a contarnos! Somos merodeadores y merecemos saber esto.
Hestia y Valerie asintieron.
-Será mejor que vayamos a la enfermería- murmuro James y sus ojos se cruzaron con los de Sirius, diciéndole todo sin palabras.
Brandon se acerco hasta Hestia y le beso la frente.
-Prométeme que desde ahora siempre saldrás acompañada a donde quiera que vayas- murmuro mientras apoyaba ambas manos sobre sus hombros y su profundos ojos de color cielo se clavaban en los chocolate de ella.
-Bran, sé cuidarme sola- murmuro la castaña mientras se apartaba y tomaba una de las manos del chico entre las suyas- Pensé que ya lo sabías.
-Lo sé, Hest, sé que eres una chica sumamente capaz- volvió a murmurar, entrecerrando los ojos- Pero las cosas han cambiado ahora.
-¿Cómo que han cambiado?
-Lo verás cuando lleguemos a la enfermería.
Todos caminan rápidamente, pero en silencio. Rachel con los ojos llorosos y Marcus mirándole con preocupación. James con el ceño fruncido y Lily sin expresión alguna en el rostro. Amelia se retuerce los dedos y Remus le mira sobre su hombro sin saber qué decir para consolarle. Sirius molesto y Valerie aferrada a la mano de su novio sin comprender. Hestia echando humo y Brandon fulminándole con la mirada.
Pronto todos llegan a la enfermería y las puertas seden ante ellos. Tienen ese poder después de todo, son prefectos.
Lo primero que ven es la imagen de Dorcas Meadowes recostada sobre una de las primeras camas. La joven chica rubia de slytherin ve con dolor la venda que está en su brazo derecho y la acaricia con las puntas de sus dedos.
Más allá está Félix Williams, el golpeador de ravenclaw, hablando quedamente con Minna, Ainara y Leah. Sus ojos están distantes y mueve el brazo derecho suavemente, diciendo con su expresión que le duele demasiado aquello.
Finalmente está Elliot Faguet sentado en la cama de su gemelo, Gian, quien duerme con el brazo derecho inmóvil a un lado de su cuerpo. La expresión del gemelo despierto es dura y a la vez triste mientras contempla con dolor el brazo vendado de su hermano.
-¿Qué ha sucedido?- Valerie suelta la mano de Sirius rápidamente y en un segundo está parada al lado de los gemelos. Sus ojos azules analizan a cada uno de ellos y su mano acaricia suavemente el rostro del Faguet dormido y luego mira delicadamente a los tres sobre las camas- Entonces es verdad sobre los ataques…
-Lamentablemente es así- asiente Félix quedamente e intenta esconder el brazo entre las sábanas con un movimiento rápido, pero eso solamente hace que le duela aún más y que las tres águilas que están alrededor de él se alarmen.
-Quédate quieto- le reprende Minna y con cuidado le ayuda a taparse- Debes tener más contemplaciones ahora, Fel.
Dorcas alza la vista y se encuentra con los cuatro merodeadores ahí, parados en la esquina de su cama, mirándole con el dolor dibujado en el rostro. Ellos le conocen desde que conocer a Regulus, el hermano menor de Sirius. Los cuatro recuerdan haber visto las sonrisas correspondidas de los dos apenas siendo unos niños y las lágrimas escondidas cuando todo se vio obligado a terminar.
-Sirius- murmura quedamente la pequeña rubia y el chico avanza hasta quedar sentado al lado de ella. Ambos se miran en silencio durante unos segundos y luego el azabache le coloca un mechón de cabello detrás de la oreja- Que alegría poder verte de nuevo.
-Estás echa un asco, Dorcas- le sonríe, pero la felicidad no llega a sus ojos. Aquella niña, porque para él siempre va a ser una niña, ha dejado de asimilarse al recuerdo que florece en su cabeza todos los días. Ya no sonríe y sus brillantes ojos verdes no transmiten luz. Sirius no lo dice, pero sabe por qué. He inmediatamente se pone de mal humor- Mira como has quedado.
Hestia empuja a los tres merodeadores restantes a la cama de Gian, porque a pesar de que no están muy separadas, ella sabe que el azabache y la pequeña rubia necesitan intimidad en ese momento.
-A todos no nos afecta bien el amor, Sirio- dice haciendo una mueca, llamándole por el conocido apodo. Sus ojos viajan momentáneamente hasta Valerie, quien mira atentamente el rostro de Gian, y sonríe tímidamente- Ella es perfecta para ti, les he visto juntos. Siempre supe que terminarían enamorados uno del otro…
-Dorcas… Cuéntame que ha sucedido por favor.
-Lo haría, pero no lo recuerdo muy bien- dice mientras flexiona las rodillas y se las abraza con el brazo ileso. Sus ojos verdes están tristes y apagados- Sentí un golpe en la espalda y luego todo se puso negro… Cuando desperté ya estaba aquí y con esto tatuado de por vida en mi piel- lentamente, haciendo una mueca, se quita la venda y ante los ojos de Sirius aparecen las palabras que Dumblendore ya había mencionado.
Sirius recorre con cuidado las letras. Están rojizas y parecen grabadas a fuego, resaltando demasiado sobre la blanca piel de Dorcas.
-¿Sabes quién pudo haberte hecho esto?- jadea, devolviendo los ojos grises a los verdes.
-¿De mi casa? Cualquiera- hace una mueca- Últimamente las cosas están muy aceleradas por allí, ya sabes, ha habido muchas muertes de muggles y gente desaparecida.
-¿Estás enterada que hay mortifagos en Hogwarts?
-Lo sé- vuelve a hacer una mueca mientras se coloca el vendaje- Por esa misma razón he intentado cuidarme mucho en los pasillos, pero parece que ya sabían mi rutina y mis lugares mejores escondidos.
Sirius inmediatamente se tensa y gruñe, furioso. Dorcas seguramente es la chica más tranquila que conoce y ve totalmente injusto lo que le está pasando. Sobre todo porque tiene una vaga idea de quién pudo haber sido.
-Regulus…
-Ya lo he pensando, no te preocupes.
-Si ha sido él quiero que sepas que pienso matarlo.
Dorcas sonríe tristemente.
-Creo que es hora de que les dejemos descansar- Valerie besa dulcemente la mejilla de la rubia y se coloca a lado de Sirius, atrapando su mano- Pichona, cualquier cosa avisamos, ¿vale? Estaremos aquí barriendo traseros en un segundo.
-Gracias Val- asiente la ojiverde y la cazadora sonríe.
Todos salen de la enfermería en un segundo, con las imágenes clavadas en las pupilas de sus ojos.
-Gian…- Rachel se lleva las manos a la boca y ahoga un sollozo- Es solo un niño, no puedo creer que hayan hecho una cosa como esa.
-Lo han hecho apropósito- gruñe James- Saben que si algo le pasa a Gian, Elliot estará tan mal como él y eso directamente afecta a toda su familia.
-De no ser por Dorcas… Apostaría cualquier cosa a que esto lo han hecho solamente por el quidditch- gruñe Hestia y Brandon gira el rostro para verle, con una ceja alzada- Gian y Félix son unos de los mejores golpeadores, sin incluirnos a Val y a mí, y justo en este momento está en disputa la copa de quidditch y las últimas posiciones.
-Algo tiene que haber pasado… Algo ellos tienen que haber visto algo que no tuvieron que haber visto o una cosa como esa- murmuro Lily mientras se apretaba fuertemente a la mano de James- Es increíble que no recuerden nada.
-Cosa que fácilmente pudieron haber hecho con un hechizo- asintió Remus. Ambos prefectos se miraron- Lils, ¿crees que puedes usar tu Legeremancia para meterte dentro de la cabeza de ellos?
-Sabes que no me sale muy bien y no lo haría sin su permiso- advirtió- Pero puedo intentarlo.
-Tenemos que descubrir que es lo que está pasando- gruño Sirius- No puede ser que nos estén ganando en nuestro territorio. Me siento herido como un merodeador.
-Tranquilo, bebe- le consoló Valerie acariciando su mano entrelazada con el pulgar- Nosotros podremos con esto.
Hestia se despertó esa misma noche sobresaltada al sentir aquel aroma que tanto conocía cerca de su cama. Sus ojos castaños encontraron la pálida mano de Remus a solo unos centímetros de tocarle el rostro y la respiración se le quedo atorada muy cerca de la boca del estomago.
-¿Qué…?
-Hestia sal de la cama, es urgente- murmuro el chico con la voz apagada y la castaña alzo la cabeza para verle a los ojos sin comprender realmente que era lo que estaba sucediendo. Remus le miraba desde las alturas con el rostro totalmente pálido y la mirada pérdida, no incitándole a pensar que algo malo hubiese sucedido, sino más bien algo realmente triste y que le provocaría querer llorar. Él lo sabía y ni siquiera había abierto la boca.
Sus ojos instintivamente viajaron hasta las camas que estaban a sus lados. Solamente dormían en ellas Allison y Jessica, pero tanto de Valerie como Lily no había ni el más mínimo rastro.
Un fuerte espasmo le recorrió el cuerpo entero.
Se incorporo rápidamente y Remus le puso la chaqueta merodeadora sobre los hombros, diciéndole sin palabras que no había tiempo para alguna otra cosa.
Ambos bajaron corriendo, pero con el silencio digno de alumnos que vagaban en solitario durante las noches en los pasillos, y el frío de afuera les golpeo apenas pusieron un pie fuera de la sala común.
Hestia deslizo su mano hasta atrapar la de Remus y al ver que este no hacía comentarios sobre aquello pudo respirar en paz. <>
Bajaron pisos y se deslizaron por pasillos hasta quedar delante de la puerta de la enfermería.
Remus se detuvo y Hestia pudo comprobar que el dolor le atravesaba el rostro totalmente, como si abrir las puertas fuese a matarlo.
Dieron un paso, juntos, y una vez dentro los ojos de la castaña se abrieron como platos al ver que todos estaban allí, llorando o lamentándose como si eso fuera lo más natural del mundo. Ubico y reconoció rápidamente las cabezas de Valerie, Rachel y Sally, pero cuando vio el rostro de Lily el corazón se le partió en mil pedazos.
La joven pelirroja lloraba desconsoladamente entre los brazos de James, quien tampoco parecía feliz con aquella situación, mientras todos le miraban como si quisieran cambiar su suerte.
Lentamente ambos avanzaron y Lily alzo la cabeza hasta ellos.
Chocolate contra esmeralda, solo eso basto para que Hestia comprendiera lo que estaba sucediendo. La idea de que el brazo de su mejor amiga hubiese sido marcado rápidamente pareció la mejor opción.
-No…- jadeo y sintió las mejillas húmedas antes e largarse a llorar desconsoladamente sobre el pecho de Remus, quien le abrazo mientras llorisqueaba en silencio.
Sin duda Petunia y Lily jamás tendrían un punto en común, pero aquel día sin duda el dolor hacía ver sus rostros demasiado similares.
-Dicen que ha sido un accidente de tráfico- murmuro Remus mientras revolvía un café que estaba entre sus manos, apoyado contra la mesada de la cocina en la casa Evans- Un extraño accidente de tráfico porque no había lluvia ni ningún indicio que a los detectives les indicaran las verdaderas causas para que el auto se volteara.
-Esto es tan revuelto- jadeo Sirius, quien apoyado contra el umbral de la puerta de entrada, giro el rostro para recorrer la sala- Las chicas están muy destrozadas. No han parado de llorar desde que salimos de Hogwarts está mañana.
-Es que tú no conocías a los Evans, Sirius- murmuro Remus, ahogando un gemido de dolor- Eran personas excelentes que siempre consintieron a las chicas cada vez que estuvieron aquí. Fueron como unos padres sustitutos. Ellos sabían lo que… yo soy y jamás me cerraron las puertas de su casa.
-De verdad que fue una situación espantosa ver el rostro de Lily cuando McGonagall apareció en nuestra sala común- jadeo James, quien les daba la espalda y contemplaba por la ventana hacia afuera, donde las cuatro chicas y Skylar estaban caminando- Al principio no lo podía creer y luego empezó a llorar. Ella en verdad cree que no fue un accidente.
-Las chicas también creen lo mismo- apunto Peter desde la mesada- Escuche a Rachel, Valerie y Hestia hablando esto cuando Skylar se llevo a Lily al dormitorio para cambiarse. Están muy convencidas que fue una cuestión de tiempo… ¿Recuerdan cuando volvimos a Hogwarts después de las vacaciones? A Lily le dijeron unos chicos de slytherin que esto iba a pasar.
-Si es verdad voy a matarlos- gruño James y se paso una mano desesperada por el rostro- Me duele tanto ver a Lily así. Siento que el tiempo pasa demasiado lento y no lo tolero.
-Ella es fuerte James- le consoló Remus posando una mano sobre su hombro- Esto le duele ahora, pero podrá soportarlo.
-¿Y si no puede?
-Tendrás que estar ahí para ella.
-Siempre- admitió sin dudar y sus ojos chocolate atravesaron el cristal de la ventana hasta posarse visiblemente en la figura de Lily.
-Fenómenos- apareció el cuerpo de un chico regordete y de mejillas rojizas por el umbral, espantando a Sirius. Los merodeadores le miraron con una ceja alzada. Conocían por fotos a Vernon, pero sin duda en persona era mucho más espantoso- Es hora de irnos, vayan a decírselo a sus novias fenómenos.
-Ten más respeto con mi novia- Sirius dio un paso, pero Remus lo detuvo antes de que llevara la mano a la varita escondida en su bolsillo.
-No vale la pena Sirius- murmuro con los ojos entrecerrados- Vayamos a buscar a las chicas.
Cuando salieron, Skylar fue la primera en alzar la cabeza. Conocían muy poco a la morena, pero que estuviera ahí, intentando ayudar a sus amigas, incitaba a que se ganara rápidamente todo su respeto.
-Chicas- dijo Skylar y las cuatro, que miraban hacía el horizonte como muñecas sin alma, se levantaron con sincronización- Tenemos que irnos.
Lily sollozo y asintió, tomando las manos de sus amigas y comenzando a caminar hasta donde estaban los merodeadores.
De ellas habían desaparecido las auras enérgicas y brillantes, dejando sombras oscuras y borrosas, que solo te dejaban ganas de querer llorar.
James abrazo a Lily sobre los hombros y le beso la frente, mientras Valerie hundía la cabeza en el cuello de Sirius y Peter abrazaba protectoramente a Rachel.
-Amigos, ¿recuerdas?- dijo Remus pasando un brazo sobre los hombros de Hestia y besándole la sien. La castaña asintió, algo tranquila.
El entierro de los Evans fue mucho más duro que cualquier entierro vivido con anterioridad, incluso el de los señores Clapton. Allí todos lloraban desconsoladamente y los que no, lo hacían en silencio. El aire era tan denso y triste, que te dejaba sin aliento.
Lily, parada junto a James, sintió a Petunia junto a ella y giro la cabeza, encontrándose con el rostro demacrado de su hermana siendo surcado por cristalinas lágrimas.
-Tuney- gimió con dolor y la joven se arrojo a sus brazos, atrapándola con fuerza entre los propios. Las Evans lloraron juntas toda la ceremonia, incluso cuando le gente ya se estaba retirando.
-Iré a vivir con Vernon este tiempo hasta la boda- susurro Petunia apartándose un poco de Lily- La festejaremos en junio, para que tú puedas asistir.
-Creo que será mejor que no vaya, Tuney- sollozo la pelirroja, llamando la atención de sus amigos y de su hermana- Créeme que amaré hacerlo, pero esto tiene que terminar aquí. Eres la única familia que me queda y no voy a exponerte. Nadie sabe que tengo una hermana y cuando salga de Hogwarts prefiero que siga siendo así.
-¿Qué estás queriendo decir? ¿Vas a dejarme?
-Nunca te dejaré- sollozo abrazándola- Siempre estaré contigo, como papá y mamá lo están con nostras en este momento. Pero ya te lo he dicho, no quiero arriesgarte y que nos vean juntas, desde este momento, va a hacer directamente eso. Será mejor que no nos veamos por un tiempo, hasta que estén las cosas seguras en mi mundo.
-¡Lily!- Petunia se arrojo a los brazos de su hermana- Extrañare verte en la boda… Cuando me embarace quiero que conozcas a nuestro hijo.
-Yo también me casare y espero tener hijos que tú puedas llegar a conocer, Tuney.
-Ya sé cómo serán… De cabello negro azabache revoltoso y tus ojos, los de mamá. Porque todos los Evans heredan los ojos de su madre…
-No te he dicho que me casaré con un azabache.
-Potter lo es- gruño, mirando al chico que le regalo su mejor sonrisa- Ya he mudado todas mis cosas para lo de Vernon.
-Nosotros pasaremos la noche en Privet Drive y luego volveremos a Hogwarts- murmuro, entrelazando sus propios dedos.
-Entonces…- Petunia se coloco el cabello rubio sobre un hombro y luego suspiro para espantar las lágrimas- Está es la despedida.
-Es un hasta pronto, Tuney- asintió Lily y abrazo a su hermana con cariño.
-Cuida a mi hermana- dijo Petunia alzando solemnemente la cabeza hacía James y solamente cuando este asintió, giro sobre sus tacones y se marcho. Sin mirar atrás.
-Mañana mismo todas tus cosas aparecerán en casa- dijo James mientras se sentaba sobre el sofá al lado de Lily, quien inmediatamente se refugió en sus brazos- Cuando volvamos podrás acomodar todo a tú gusto.
-Suena fantástico- murmuro, apoyando la mano sobre su pecho, sintiendo como su corazón latía fuertemente.
Valerie jugaba con los dedos de Sirius, quien apoyado sobre el hombro de su novia, dormía plácidamente como si no lo hubiese hecho durante años. Remus le leía un libro a Hestia, la cual parpadeaba de vez en cuando, intentando seguir el hilo de las palabras. Peter acariciaba y enredaba sus dedos entre los cabellos cobrizos de Rachel, la cual dormía con la cabeza apoyada sobre sus piernas.
Skylar sonrió.
-Es una suerte que hayan encontrado ropa de su agrado entre mis cosas y la de mi hermano- dijo la morena mientras uno de sus dedos comienza a jugar con su cabello.
-Siento mucho lo de la entrada sorpresa a la chimenea de tu casa- murmuro la pelirroja- Pero la de esta casa no posee red flu.
-No voy a negar que me lleve un gran susto porque mis padres están en Australia y Simón en Durmstrang, pero fue bueno verles… Bueno, en un momento.
-Gracias por dejar todo de lado, Sky- murmuro Lily.
-Ellos eran como mis padres, Lils- murmuro la morena suspirando- Lo hubieras hecho por mí.
-Claro que…
-¿No sienten frío?- Rachel se incorporo de repente y sus ojos desorbitados recorrieron toda la sala.
Hestia y Remus se incorporaron de repente.
-Hay mucho silencio afuera…- y un estremecimiento hizo callar la voz de Remus y que todos se incorporaran- Debemos…- las ventanas estallaron, arrojándolos a todos al suelo.
-Skylar vete a esconder- ordeno Lily- Debajo de la cama de Petunia, he hechizado ese lugar.
La morena cerró los ojos con pesar, pero salió corriendo por las escaleras apenas el silencio volvió a envolver la calle.
-Ha bajado la temperatura- murmuro Valerie y exhalo, viendo como una nube de vaho se hacía presente ante sus ojos- Y hay un olor espantoso.
-A perro mojado- asintieron los merodeadores sin darse cuenta.
-¡Querida Evans!- un grito ronco y fuerte se escucho desde el otro lado de las paredes que daban hacía el patio- ¡Hemos venido a visitarte y darte nuestras dolidas consecuencias! ¡Pensábamos que ibas en el auto cuando lo descarrilamos, querida, eso sí que fue una pérdida de tiempo!
Lily abrió la boca en un perfecto sorprendido y doloroso grito ahogado, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Rachel le apretó la mano para contenerla. Valerie y Hestia intercambiaron fogosas miradas.
-¡Oh, Evans!- una voz femenina grito desde el otro lado de la puerta de entrada- ¡Me he enterado que tienes una fiesta ahí dentro, cariño! Así que voy a pasar…- y gran porción de la parte delantera de la casa se vino abajo, mientras un par de sombras ingresaban a la sala- Espero que no te importe.
Era una mujer, obviamente lo era por su esbelta figura. Llevaba una capa negra como la noche y una máscara plateada cubriéndole todo el rostro. Como las otras diez figuras que estaban allí detrás de ella.
Todos se incorporaron con las varitas en mano.
Remus lo sintió, como si hubiese aparecido delante de él mismo con la cara descubierta y la misma sonrisa asquerosa que había visto muchos años atrás. Un espasmo le recorrió el cuerpo y Hestia le sujeto el brazo, abriendo los ojos para intentar comprender que era lo que le estaba sucediendo al castaño.
-Greyback- susurro y los merodeadores sintieron asco inmediatamente por la última cosa que atravesaba la puerta. Era enorme, peludo y sumamente apestoso.
-Reconozco ese olor- gruño el animal y sus ojos recorrieron la sala- Lupin- Remus retrocedió y los dos merodeadores azabaches se pusieron delante de él, protegiéndolo- Hay una rara mezcla aquí hoy… Sangres sucias, animagos, traidores y mi favorito… Squib.
-¡No!- chillo Valerie cuando aquel animal subió corriendo las escaleras.
-¡Valerie!- grito Hestia cuando su mejor amiga salió corriendo, pero un rayo verde le roso la oreja y James volvió a atraerle a la fila- No, James, suéltame.
-Ella podrá sola con esto- murmuro Sirius y alzo la varita, pronto para recibir un próximo ataque.
Valerie doblo, casi trastabillando, cuando la sangre se le congelo.
-¡NO!- chillo Skylar sollozando y un golpe vino desde dentro del dormitorio.
La rubia abrió la puerta de una patada.
Greyback había lanzado la cama que escondía a la morena hacía el otro lado de la habitación, dejando el hueco de la ventana mucho más grande, y sostenía a Skylar del buzo con sus negras garras. La sangre corría a chorros de la herida ocasionada por el animal y dejaba ver ríos sobre su abdomen, mojando el piso.
-Vaya, vaya, pero si es la simpática niña Clapton que ha venido a rescatar a la pobre squib… Es tan fácil hacerte separar de tus amigos, Valerie.
-¿Qué quieres?- gruño la rubia, alzando la varita.
-Primero, desearía mucho comerme a tú amiga… Pero me han ordenado darte un mensaje, así que no puedo comerme a nadie está noche.
-Deja a Skylar en el suelo y dime el mensaje.
Greyback sonrío, dejando a la vista una hilera de perfectos colmillos, y luego arrojo a Skylar a los pies de Valerie, quien inmediatamente la atrajo hacía sí misma para contenerla.
-Este no es un mensaje cualquiera, querida, te lo manda el mismo señor de las tinieblas.
La rubia abrió los ojos, ahogo un jadeo y alzo la cabeza, intentando que no viera cuanto le había afectado eso.
-¿Qué…?
-Él sabe lo que tú puedes llegar a causar, Clapton, él conoce tu secreto y si no eliges unirte a nosotros antes de tiempo iremos derribando uno a uno tus amigos hasta que finalmente los eliminemos a todos.
-Yo ya escogí mi bando…
-Pues creo que deberás decírselo tú está misma noche.
-¿Qué…?- pero sus palabras fueron silenciadas por los gritos de las chicas en el piso de abajo y cuando volvió la cabeza, Greyback ya no estaba.
-Algo sucede afuera- gimió Skylar- Vete, te precisan allí, yo estaré bien.
Valerie le mira unos segundos en silencio y luego le besa la frente, antes de salir corriendo.
Cuando sus botas tocan la superficie de la calle, sus ojos se centran en Sirius y en la mano que él le tiende y que luego la arroja a sus brazos.
Todos están en filas y los mortifagos unos metros más allá, desarmados.
-Bienvenida, señorita Clapton- es una voz fría, rasposa, que inmediatamente le llama la atención. Delante de ella, por primera vez, aparece Lord Voldemort- Estás mucho más grande desde la última vez que te he visto…
Sirius la coloca detrás de su espalda y alza la varita, una vez más. No va a perder a Valerie, no cuando aún sigue vivo para impedirlo.
-Señor…- dice uno de los mortifagos- ¿Puedo matar a uno de ellos? Ya sabe, como regalo por haber informado su ubicación.
Voldemort sonríe y se gira, alza la varita y de repente, el mortifago cae al suelo inerte. Los otros siguen en la misma posición.
-Ahora… Valerie, ¿qué decisión tomas? ¿Vienes conmigo y tus amigos viven o los mato a todos aquí en este momento?
Todos contienen el aliento y giran lentamente hacía la rubia, quien cerrando los ojos con dolor, da un paso al frente.
-¡No!- grita Lily y le agarra de la muñeca- ¿Qué estás haciendo, Valerie? No puedes entregarte a Voldemort.
-¿Acaso no has escuchado? No voy a sacrificarlos.
-No vamos a perder- niega James y apoya las manos sobre los hombros de Lily- Somos gryffindors, ¿recuerdas?
-No puedes dejarme- susurra Sirius, mirándole intensamente.
-¡Nadie a ir a ningún lado contigo!- chilla Hestia y se pone delante de su mejor amiga, decidida.
-Una Robinson… típico. Donde hay un Clapton, hay un Robinson. Como la noche que mate a Kendall, recuerdo haber visto a Melissa llorando sobre su cadáver un rato después.
Lily gira sorpresivamente.
-No tienes derecho a juzgar a nadie- dice, frunciendo el ceño- ¡Expelliermus!
Voldemort alza la varita y contrarresta el ataque de la pelirroja con dificultad, pero puede hacerlo.
James mira a su prometida con desesperación. Si ella pierde fuerzas, todo puede acabar en ese momento.
-¡Tom, basta de atacar a mis alumnos!- grita la voz de Dumblendore unos metros más allá sobre la calle.
Valerie se deja caer entre los brazos de Sirius y cierra los ojos.
-Cariño, todo ha acabado- susurra el azabache en su oído.
Más tare todos despiertan en una habitación de San Mungo. Y aunque quieren irse prontos, se dan cuenta que ninguno es capaz de decir que está completamente ileso. Torceduras, quebraduras, hematomas, contusiones y rasguños aparecen en lugares que no habían notado hasta ese momento, por eso cuando les ofrecen una poción para dormir sin dolor y sin pesadillas todos las aceptan enseguida, menos Lily. Ella considera que ya siente demasiado dolor en el alma como para que el del cuerpo le afecte.
Se queda con James, aunque él este dormido, largo rato, y admira como su prometido se ha debatido en duelo con todos aquellos que abrieron la boca para ofenderla a ella. Luego visita a Skylar, quien está inconsciente y muy pálida, pero con buenos signos vitales. Luego de la excursión, toma una manta de las camas que ha dejado atrás y sale a la azotea.
La muerte de sus padres, la despedida de su hermana, la calla de Privet Drive destruida, Skylar inconsciente, Valerie buscada, Dumblendore apareciendo de la nada… Son demasiadas cosas para poder soportarlas.
-¿No puedes dormir?- pregunta Rachel a sus espalda, sobresaltándola, y se coloca a su lado. Tiene el cabello limpio y brillante, sigue luciendo la misma ropa que llevaba en la noche cuando fueron atacados.
-Ha sido un día muy largo- suspira cansadamente, dándose cuenta que no se ha acordado de darse un baño.
-Tendremos que aprender a ser fuertes, Lils- murmura Rachel, mirando hacía el horizonte- Las cosas se van a poner feas desde ahora. Hemos vencido por primera vez al que no debe ser nombrado y tengo la vaga idea de que no será la última.
Lily mira a Rachel mientras una lágrima surca su mejilla. Esta cambiada, como si de la noche a la mañana hubiese envejecido años mentalmente. Se nota agotada, agotada de todo y eso le da a Lily la imagen de cómo ella misma se vería en los ojos de las demás personas.
-Tienes razón- asiente, aferrándose a la manta gris que le cubre el cuerpo- Está no será la última vez que nos enfrentemos a Voldemort.