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-¿Sabes que todos te odiarán después de esto? -Me da igual Malfoy... ya he elegido. — capítulo 3

-¿Hoy no te vas a citar con Granger?- preguntó Theodore Nott a un rubio mientras tomaban una copa de whisky de fuego, una de las más fuertes y una de las mejores bebidas para pasar una lluviosa tarde en el mundo mágico.

-Hace una hora que debería haber llegado.- contestó el rubio después de acabar su tercera copa con el fuerte líquido. Empezaba a tener un dolor de cabeza tremendo, pero era la única manera de olvidar que Granger volvía a llegar tarde.- ¿Dónde diablos se ha metido?- se limitó a murmurar.

-Es extraño… creí que Granger siempre llegaba puntual.- dijo el moreno como si estuviese recordando algo.- Al menos en Hogwarts lo era.

-Eso no justifica que llegue tarde.- volvió a discutir el rubio dejando ver su clara molestia.- No es tan difícil mandar un patronus o una lechuza.

-Puede que se haya quedado dormida o que esté enferma. No me mires con esa cara.- se defendió Theodore ante la mirada sarcástica de su amigo.- Sabes perfectamente que Granger debe de haber tenido alguna buena razón para llegar tarde. Y ahora dime… ¿Qué tal fue cuidar del hijo de Potter?

-Fue… extraño.- contestó el rubio volviendo a llenar su copa.- La verdad es que el mocoso era bastante tranquilo, aun así no deseché la idea de ordenarle a algún elfo quedarse con él.

-¿No lo hiciste?- preguntó el moreno y el rubio negó con la cabeza.- Vaya… eso es impresionante. ¿Quién diría que tú, Draco Malfoy prefirió cuidar del hijo de Potter, antes que pasar un buen rato con Grangeren su habitación?

-En ese momento no me convenía hacerla enojar.- respondió el rubio dando un trago al amargo líquido y entonces sonrió.- Aunque lo mejor sucedió cuando Potter llegó a recoger al niño… después de eso aproveché muy bien el tiempo.

-Aun así no cambiarás jamás.- oyó que murmuraba su amigo haciendo que riera. Se mantuvieron un rato en silencio, haciendo que sólo se oyeran las gotas de la lluvia en los cristales de las ventanas, hasta que el moreno decidió que ya era hora de marcharse a casa.- Seguro que tendrá una buena excusa para no haber venido.

-Claro… es Hermione Granger.- citó el rubio relajando su expresión.- ¿Cómo no iba a estar ocupada?- ante esa pregunta tan obvia los dos amigos rieron hasta que el moreno formuló una pregunta que el ojigrís mismo llevaba preguntándose desde hacía mucho tiempo.

-¿Por qué Granger? Es decir… de todas las brujas nacidas de muggles que estudiaron en Hogwarts, le elegiste a ella… ¿Por qué?

-No lo sé…- contestó el rubio encogiéndose de hombros y dejando su copa en una de las lujosas mesas de la sala.- Supongo que nadie elije la persona de la que enam…

-¿Enamorarse?- acabó por decir el pelinegro a la vez que se llevaba una mirada reprobatoria del rubio.- Jamás creí que te oiría decir una cosa así. Espera a que Blaise se entere.

-Yo no he dicho eso.- respondió rápidamente haciendo que Nott riera y murmurara por lo bajo.- Es tarde, iré a que Granger me dé una explicación. Y Theo… como menciones algo de esto a Blaise, te mandaré a San Mungo.

-Tranquilo Draco… tu secreto está a salvo con migo.- dijo y se despidió mientras reía por la amenaza de su amigo.

-Más te vale Nott…- dijo el ojigrís una vez que su amigo se hubo marchado. Antes de salir a buscar a Granger a su casa, decidió acabarse la copa. Ya no recordaba cuantas había ingerido, pero a diferencia de cualquier otra persona, parecía que el alcohol no le provocaba ningún malestar. Todo lo contario, lo calmaba siempre que se encontraba de mal humor.

Ordenó a los elfos que limpiaran el estropicio, que él junto con el pelinegro habían provocado y se metió en la lujosa chimenea justo para desaparecerse a casa de Granger. Legó en menos de cinco segundos, pero no parecía que hubiese nadie, al menos en la sala de estar. Se paró enfrente de unas pocas fotos muggles. En ella aparecía Granger junto con sus padres, antes de que les borrase la memoria. También había barias con Potter y Weasley, en las que parecía estar feliz. De repente, un ruido en el piso superior captó su atención, así que sin pensárselo dos veces se dirigió hacia arriba.

-¡Granger!...

  • gritó mientras empezaba a subir por las escaleras, pero nadie contestaba.- ¡Sé que estás aquí!… ¿Granger?- volvió a preguntar al llegar a su puerta y entrar sin permiso, algo no muy raro en él. Le sorprendió no ver a nadie en la cama, pero ésta estaba desecha, lo que significaba que la castaña había estado en ella no hacía mucho.- ¿Granger?- pero sólo recibió como respuesta otro ruido como el que había oído segundos antes, esta vez se dirigió al cuarto de baño que tenía la castaña en su habitación y finalmente allí la encontró.- Granger…

Ella volteó dejando ver su no muy buen aspecto de ese momento.

-No entres aquí…- dijo ella inmediatamente, antes de volver a sentir las náuseas.

-¿Estás enferma?- preguntó él dándole su espacioy al parecer eso a ella le hizo gracia.

-Eso es evidente… ¿Por qué estás aquí?- preguntó ella yendo hacia la cama en el momento en que perdió el equilibrio y de no ser por unos fuertes brazos ya se habría dado de bruces contra el duro suelo.

-Será mejor que vuelvas a la cama.- susurró el ojigrís muy cerca de su oído, mientras aspiraba su dulce aroma a caramelo y vainilla.

-Sí… será lo mejor.- concluyó ésta, mientras se dejaba guiar. Hacía un par de días que no se sentía bien, pero apenas horas atrás había empeorado.- Aún no me has respondido.

-Habíamos quedado hace una hora y no apareciste.- respondió él, mientras la acomodaba en la mullida cama.- Podías haberme mandado una lechuza… no creo que hubiera sido tan difícil.- citó mirándola con un semblante serio, haciendo que la castaña se sintiera mal con sigo misma. Definitivamente, ese rubio lograba provocarle sensaciones que ningún otro hombre sería capaz de provocar.

-Lo siento. Sé que debí hacerlo, pero… - empezó a relatar intentando que sus ojos no se aguasen.- Empecé a sentir náuseas…

-¿Desde cuándo las sientes?- preguntó el ojigrís sentándose a un lado de la cama.

-Desde hace un par de días.- respondió ella incorporándose en una mejor postura. Odiaba estar tumbada en la cama estando despierta.

-¡¿Un par de días?!- preguntó él elevando el tono de voz.- Te creí más inteligente Granger. Estoy seguro de que si la cita hubiese sido con el estúpido de Potter o Weasley les habrías avisado.

-Ya he dicho que lo sentía.

-No importa.- oyó que susurraba él.- ¿Tienes idea de lo que puede ser?

-Bueno… yo… hace días hubo una cena en la casa de los Weasley. Ron estaba enfermo así que debió de ser él. Seguramente no sea nada grave.- acabó de decir encogiéndose de hombros.

-¿Nada grave?- preguntó él levantando una ceja, un gesto que a la castaña le pareció terriblemente sexy.- Granger… si no llega a ser por mí, ahora mismo estarías tirada en el suelo.

-¿Insinúas que no sé valerme por mi misma, Malfoy?- cuestionó ella en tono bromista.

-Sabes perfectamente que no lo he hecho.- respondió él, provocando que la castaña emitiera una pequeña sonrisa. Definitivamente, le encantaba verla sonreír… le recordaba a cuando su madre lo hacía.- Mi madre también sonreía así…

-¿La echas de menos?- preguntó inevitablemente ella, haciendo que el rubio la mirara directamente a los ojos.- Lo siento, no debía preguntar…

-Lo hago.- contestó el desviando su mirada hacia una de las ventanas de la habitación. Fuera de la casa aún seguía lloviendo y no tenía intención de menguar.- A veces siento como si ella continuara viviendo, pero no es así.

-¿Cómo… murió?- preguntó la castaña volviendo a captar su atención.

-Mi madre nunca llegó a superar que mi padre ingresara en Azkabán. Cuando ella y yo fuimos absueltos de todos los cargos enfermó.-relató el rubio sin saber por qué lo hacía.- Al principio la enfermedad era leve, pero al poco tiempo empeoró.- Siempre aparentaba ser lo menos cariñosa posible, excepto con migo y cuando…- se detuvo a respirar hondo. Si fuera por él ahora mismo se le habrían aguado los ojos, pero la última vez que lo hizo fue siendo niño antes de que el gran Lucius Malfoy le reprimiera seriamente por hacerlo.- A mi padre le concedieronun pequeño permiso para ir al funeral, no le he visto desde entonces.

-Draco… lo siento mucho.- dijo la castaña, al tiempo que lo abrazaba, mientras lo dejaba a él bastante confundido. Jamás nadie había demostrado el mínimo interés por él de la manera que ella lo hacía. Aunque ahora que lo pensaba, Granger estaba muy rara últimamente.

-No quiero tu lástima, Granger.

-No es lástima, Malfoy.- contestó cruzándose de brazos dándole a entender que se había molestado por su comentario.- No deberías ser tan frío con las personas que se preocupan por ti…- pero rápidamente se arrepintióde decirlo.

-¿Te preocupas por mí?- preguntó él encarándose a ella, quien nada más hacerlo, se sonrojó.

-Sí… me preocupo por todas las personas que conozco.- corrigió ella rápidamente, pero el ojigrís ya había escuchado la parte que le interesaba.- Todo el mundo lo hace.

-No todos.- recalcó él acercándose a ella y haciendo que se pusiera nerviosa.- Conozco a muchas personas… pero sólo me preocupo por un par.

-¿Qui… quiénes?- preguntó intentando no mantener demasiado contacto físico, pero eso era algo que él no tenía en mente.

-Creí que eras más inteligente…- susurró éste, mientras se acercaba con su típica sonrisa de superioridad a una castaña indefensa, tendida sobre la cama. Lentamente, fue acercándose a ella, hasta llegar a juntar sus bocas en un profundo beso que poco a poco se iba profundizando más.- Una de esas personas eres tú…- acabó diciendo él antes de levantarse y alejarse de donde estaba.- Haré que venga uno de mis elfos para que pase aquí la noche.

-No tienes por qué hacerlo…- dijo ella sonrojada y muy confundida.- Sólo estoy enferma.

-Por eso mismo Granger. ¿Quién me dice que no saldrás fuera con la que está cayendo?- respondió él sabiendo que llevaba razón.- Aunque… siempre podría quedarme yo.

A los pocos segundos, sólo podía escucharse las carcajadas que dejaba salir una castaña de su interior.

-¿Nunca te das por vencido cierto?- rió ella mientras meditaba la idea. Se le hacía demasiado tentador tener al gran Draco Malfoy a disposición su ya toda la noche.- Estás bien, sólo espero que no te arrepientas.