← -¿Sabes que todos te odiarán después de esto? -Me da igual Malfoy... ya he elegido. · de
-¿Sabes que todos te odiarán después de esto? -Me da igual Malfoy... ya he elegido. — capítulo 2
El ligero canto de un pájaro despertó a Hermione de su letargo. Abrió los ojos despacio, intentando acostumbrarse a la luz que entraba por la ventana. Frente a ella se extendía un paisaje teñido de blanco, producto de la nieve de esa época y pensó que en pocos días sería Navidad.
Más tarde, su mirada fue a parar a donde se encontraba. Ella y él. Los dos. Se sonrojó un poco al pararse a pensar lo que hacía unas horas había ocurrido. En algún momento, Malfoy había agarrado las suaves y lujosas sábanas de seda de la cama y los había tapado a los dos. El fuego de la chimenea de la habitación se había ido apagando poco a poco y comenzaba a hacer frío allí dentro.
Hermione le contempló. Estaba boca abajo, y mantenía una respiración profunda, que indicaba que aún dormía. Su espalda estaba al descubierto, pálida y asombrosamente fuerte. Los ojos de la castaña fueron a parar a su cuello, surcado por una marca violácea, próxima a la clavícula. Las mejillas de la castaña volvieron a teñirse de rojo, no recordaba haber hecho eso.
Se tapó un poco más con la manta, al igual que él, pues había comprobado que esa piel fría y nívea se había erizado, aunque tal vez fuera por el contacto de los dedos de ella recorriendo su espalda. Enseguida se arrepintió de estar haciendo eso, porque Malfoy abrió los ojos y esbozó una sonrisa divertida y provocadora, haciendo que ella retirara rápidamente la mano.
-Puedes seguir tocándome si quieres, Granger.- dijo él con tono jocoso, dándose la vuelta y dejando al descubierto su pecho.
-Sólo te estaba tapando un poco. Hace frío.-se excusó ella aferrando la manta fuertemente a su cuerpo, sin dejar que él viera lo estrictamente necesario, pero él la miraba de forma intensa y provocadora.
-¿Desde cuándo te has vuelto tan pudorosa?- preguntó, haciendo referencia al intento de la castaña por taparse más con la sábana.- Ya he visto todo lo que tenía que ver. Es tarde para taparse.
-¡Malfoy!- exclamó ella realmente ruborizada, sin dar crédito a lo que ese rubio sin vergüenza soltaba por la boca. Él se limitó a reírse de forma grave, parecía divertirse mucho.- No le veo la gracia al asunto.
-Granger… tú nunca le ves la gracia a nada.- volvió a repetir aun riendo, pero al ver como ella salía de la cama y empezaba a vestirse paró de hacerlo y la miró confuso.- ¿Qué demonios haces?
-¿Acaso no es obvio?- preguntó ella irónicamente.- Estoy vistiéndome.
-Eso es más que obvio Granger. No estoy tan ciego como tu amiguito Potter.- añadió éste utilizando el mismo tono irónico de ella.
-Sabes perfectamente que Ginny viene a tomar el té todos los sábados y éste no va a ser la excepción… ¿No es hoy cuando vienen Nott y Zabini?
-Apenas es la mitad del medio día.- se quejó él haciendo que a ella le entraran ganas de reír.- ¿Por qué no vuelves a la cama y continuamos con lo de anoche?
-No puedo, Draco.- replicó ella sonrojándose con fuerza, una vez que llegó a la puerta.
Malfoy por fin empezó a pensar con algo más de claridad. ¿Granger se marchaba? Eso significaba que había pensado irse dejándolo allí sin siquiera un mensaje o una despedida algo más carnal y complaciente. Además, ¿no se suponía que eso de marcharse sin decir una palabra era lo que hacían los magos a las brujas y no al revés?
-Sé que lo estás deseando Granger...- dijo él sin moverse todavía ni un milímetro de la cama.
-No… lo siento pero mi tiempo no está en venta.
-Granger, ni se te ocurra largarte dejándome aquí.- le advirtió el rubio, pero conforme pasaban los segundos, se daba cuenta de lo humillante que le resultaba aquella situación.
-Debo irme ya o llegaré tarde. Buenos días, Malfoy.- se despidió y sin más, salió de la habitación dejándolo allí solo, desnudo, tirado sobre la cama y además muerto de sueño.
Perfecto. Granger lo había despertado con la salida del sol como si fuera un elfo doméstico esclavizado, y en vez de recompensarle por ello con un rato más de diversión, se iba sin más explicaciones. Y lo más extraño de todo, era que se había marchado sin tocarle ni una sola vez. Ella se caracterizara por ser una bruja demasiado cariñosa y todo el mundo lo sabía, aunque en ciertas ocasiones, podía llegar a ser sumamente violenta e imprevisible, pero sí que era cierto que siempre que había pasado la noche en su casa ella estaba bastante más accesible por las mañanas, sin contar con que siempre tardaba algo más en volver a casa si él le insistía lo suficiente.
Remoloneó un rato más en la cama dando vueltas. Con el ceño fruncido y molesto por no haber conseguido su objetivo de volver a dormirse se levantó con pesadez un rato después, se duchó y se vistió. Salió de allí tras hacer la cama con la varita. Sabía lo que ella odiaba el desorden al igual que él. Todavía recordaba la primera vez que ella le obligó a aprender un hechizo casero para hacer la cama, en vez de ordenárselo a uno de sus elfos.
Algo denigrante a más no poder. Suerte que nadie se enteraría de que él hacía cosas así jamás, ni de que una bruja le había convencido para hacer el trabajo de un elfo doméstico. No le costaba imaginarse lo que diría Nott o lo que se reiría Zabini.
Mientras tanto, una castaña recibía con demasiada antelación, la visita de su mejor amiga junto con su pequeño hijo.
-¡Ginny!- exclamó feliz en cuanto la vio salir de su chimenea.- Creí que vendrías más tarde.
-Sí… lo siento Herms.- se disculpó la pelirroja al librarse del abrazo de su amiga.- Lo cierto es que me ha surgido una complicación. Resulta que Harry debía haber ido al callejón Diagón para comprar los últimos retoques para el árbol, pero no lo ha hecho. He intentado dejar a James con mi madre, pero ya sabes lo ocupada que está por estas fechas.
-Y pensaste en que yo podía cuidarlo mientras tú estuvieses fuera… ¿Cierto?- preguntó rápidamente una sonriente castaña.
-¿Por favor? Prometo que te lo compensaré.- pidió la pelirroja haciendo reír a su amiga.
-Tranquila Ginny… sabes perfectamente que me encanta quedarme con James.- dijo la castaña cogiendo al niño en brazos, quien empezó a reír a causa de las cosquillas de su "tía".
-Gracias Hermione… enserio.- dijo la pelirroja y después de despedirse se volvió a meter en la chimenea, no sin antes hacer pasar vergüenza a su amiga.- ¿Por qué llevas la misma ropa que ayer?
-Es… una larga historia.- contestó una castaña muy sonrojada.
-¿Malfoy?- preguntó la madre del niño, haciendo que Hermione asintiera y las dos rieron.- Ya me lo contarás cuando vuelva y esta vez no te escaparás.
-Claro que no Ginny…- acabó de decir la castaña mientras su amiga desaparecía por la chimenea, dejándola sola con el niño.- Bueno James… ¿Qué quieres hacer?- preguntó al pequeño infante de apenas un año de edad. Naturalmente no obtuvo respuesta, sino que obtuvo balbuceos indescifrables de un niño de su edad.
Decidió dejar al niño entretenido con Crookshanks, mientras ella preparaba su desayuno. Se había marchado muy temprano de la casa del rubio, por lo que aún no había tenido el placer de comer nada, eso añadiéndole que tampoco cenó por contentar al estúpido de Malfoy y que su mejor amiga había adelantado su visita un par de horas, sin darle oportunidad a tomar un baño y a cambiarse de ropa. No es que no le gustase quedarse sola con el hijo de Harry y Ginny, al contrario más de una vez lo había hecho cuando sus padres o su abuela estaban demasiado ocupados. Además… al niño le encantaba jugar con su gato y a éste parecía agradarle la compañía del pequeño.
Al acabar de desayunar, limpió un poco la cocina y colocó bien todos los objetos pero cuando fue a buscar al niño, se encontró a un rubio vestido con uno de sus elegantes trajes, recargado en el marco de su puerta.
-¿Qué haces aquí?- preguntó dirigiéndose a la sala de estar para estar con el niño, seguida de él.
-He venido a verte. ¿No es evidente?- contestó él con esa sonrisa de superioridad que tanto lo caracterizaba. En pocos pasos llegaron a la habitación donde se encontraba James con el gato de la castaña en brazos. El rubio se quedó bastante extrañado por encontrar allí al niño y no a su madre.- Creí que estarías con mini Weasley.
-Ha tenido que marcharse y me lo ha dejado a mi cargo.- contestó la castaña llegando al lado del niño y sentándolo en sus rodillas.- Malfoy, ahora no tengo tiempo para ti… así que te agradecería que volvieses más tarde.
-Aún sigues llevando la misma ropa de ayer.- dijo él sin prestarle la más mínima atención.- Apuesto a que ni siquiera te ha dado tiempo a darte un baño.
-¿Qué tiene que ver eso con que te largues?
-Si yo me quedo, tú podrías ir tranquilamente a darte ese baño que tanto ansías sin tener que preocuparte por el mocoso.- explicó intentando hacer recapacitar a la castaña.- Si me voy, no podrás hacerlo hasta que vuelva mini Weasley, y por lo que sabes podría ser dentro de mucho tiempo.
-Tú nunca has cuidado de un niño Malfoy…- criticó ella, por muy tentadora que le resultase su oferta, no la aceptaría tan fácilmente.- ¿Y qué me garantiza a mí que no dejarás solo al niño, mientras subes arriba?
-Me ofendes Granger. Si quisiera subir a acompañarte, habría llamado a uno de mis elfos para que se hicieran cargo de él.- explicó señalando al niño, quien miraba curioso la conversación de los dos adultos sin entender nada.- No me gustaría darle la satisfacción a Potter de ser mandado a Azkabán por haber permitido que algo le pasase al niño.
Hermione miró fijamente al rubio durante unos segundos más, para luego desviar su mirada hacia la del niño. En verdad había pensado en aceptar. No podía pasar nada malo… ¿Verdad? Malfoy se quedaría con el niño, mientras ella tomaba su relajante baño y en el caso en que decidiera subir, le ordenaría a uno de sus elfos quedarse a su cargo.
-Está bien, puedes quedarte.- decidió, pero al ver que el rubio ensanchaba su sonrisa decidió aclarar algunos puntos.- Pero no subirás bajo ningún concepto y te quedarás a cargo de James.
-Claro Granger… no iba a subir de todos modos.- dijo éste mientras tomaba asiento en uno de los mullidos sillones de piel que habían en el salón.- Aún tengo las marcas de tus uñas en mi espalda.
-Esto es serio Malfoy.- protestó ella intentando no sonrojarse, pero no lo logró.- Cuidar de un niño no es como estar con los imbéciles de Nott y Zabini.- al ver que el rubio iba a protestar se adelantó.- Tú insultas a mis amigos, así que estamos en paz.
-No hay punto de comparación.- protestó él pero fue nuevamente interrumpido.
-No dejes que se acerque demasiado a la chimenea, no debes dejar que moleste demasiado al gato… podría enfadarse y nunca lo dejes demasiado tiempo solo.
-¿Algo más para cuidar al mocoso?
-Solo préstale atención.- concluyó ella y se dirigió a tomar el baño.- No tardaré.
-Eso espero…- susurró él en un tono tan inaudible que la castaña fue incapaz de oír. No le hacía mucha gracia tener que quedarse al cuidado del hijo de Potter. Si Granger tuviera un mísero elfo doméstico podría ordenárselo a él en su lugar. Pero no… ella era tan sumamente extraña que tenía que pensar al contario que todos. Hasta Potter tenía un elfo en su casa y según tenía entendido era el elfo de la familia de su madre. En ese momento se le ocurrió la brillante idea de hacer llamar a uno de sus elfos para que cuidase al niño, y así él podría hacer sus intereses en el piso superior. Aunque esa era una magnífica idea, decidió que era mejor hacerle tragar a Granger su orgullo. Ella le había dicho que no sería capaz de cuidar al niño, pues bien sí lo haría.
Desvió la mirada hacia donde éste se encontraba. Estaba jugando con el gato de Granger en la mullida alfombra del suelo, entonces fue cuando mejor lo apreció. Físicamente era igual a Potter a excepción de sus ojos que eran los de la chica Weasley y por lo que parecía, el niño sería más inteligente que su padre.
Conforme pasaban los minutos, Draco se iba desesperando. La castaña le había dicho que no tardaría en bajar, pero él ya había mirado varias veces el reloj, confirmando que llevaba más de una hora arriba. En ese tiempo ya había leído y releído El Profeta unas cinco veces, sin contar que el niño no paraba de perseguir al gato de Granger con sus torpes pasos, propios de unniño de su edad.
Los minutos seguían pasando lentamente hasta que Malfoy se cansó. Cogió al niño en brazos, quien inmediatamente comenzó a cerrar sus ojitos apoyándose en el ancho hombro del rubio y comenzó a subir los escalones hacia el piso superior donde estaba la castaña. Al llegar a la que era su habitación, tocó varias veces a la puerta y sin obtener una contestación inmediata decidió entrar.
La castaña estaba vestida con un batín de seda, naturalmente obsequiado por él, mientras se peinaba sus bucles delante del espejo, cosa que dejó de hacer en cuanto lo vio a él.
-Creí haberte dicho que no subieras…- comentó ella avanzando, aunque manteniendo las distancias.
-Dijiste que no tardarías en bajar.- recalcó el rubio dando a entender que estaba molesto.- Y has tardado dos horas.
-¿Qué le has hecho?- inquirió ella quitándole al niño de los brazos, haciendo que éste se removiera por el cambio de posición.- ¿No le habrás lanzado un hechizo… no?
-Por supuesto que no.- respondió rápidamente.- Aunque sea el hijo de Potter, yo nunca haría eso… y deberías saberlo.-odiaba cuando ella sacaba las cosas fuera de lugar y lo culpaba sin ningún motivo aparente.
-Sabes perfectamente que no hablaba en serio.- intentó arreglarlo ella, mientras dejaba al niño en la cama. Su expresión cambió a un estado se confusión en cuanto vio como él avanzaba hacia la puerta.- ¿A dónde vas?
-A mi casa Granger… tengo cosas más importantes que hacer que estar cuidando del hijo de Potter. Tampoco creo que sea de su agrado que me encuentre aquí.
-¿Desde cuándo te importa lo que piensen mis amigos de ti?- preguntó ella quedando a unos pocos pasos de él.- Soy yo la que quiere que te quedes esta vez.
-¿De veras quieres que me quede?- preguntó él como si no le hubiese hecho caso. Ella se sonrojó mientras asentía y desvió la mirada hacia la otra parte de la habitación. Él le pasó uno de sus brazos por la cintura mientras que con el otro alzaba su rostro para que le mirara y le sonrió.- Entonces lo haré si es lo que quieres.