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Project Evans — capítulo 3
Bueno, un capitulo más :3 espero les guste.
Capítulo III, El chico misterioso
—¿Era por aquí? No, creo que por allá…
Bufó con desesperación. Estaba perdida… Perdida en ese inmenso lugar.
Después de que diera la muestra que él necesitaba para el laboratorio, habían charlado un poco y ahora se sentía un poco mejor respecto a todo lo que había ocurrido. Severus representaba un pequeño consuelo, una pequeña luz en aquella gran oscuridad. Le hacía sentir que no estaba completamente sola.
Pero cuando se había marchado, se había llevado con él la tranquilidad y aquel sentimiento de confort, la habitación se había vuelto a tornar solitaria. Su amigo había cambiado tanto que no se lo podía creer. Era mucho, mucho, mucho más apuesto y caballeroso. Su rostro era un poco inexpresivo pero, Merlín lo sabía, eso solo le daba un aire de misterio tan grande que engatusaba a cualquiera.
Lily deseaba su compañía.
Y eso, incluyendo un hambre voraz también, era el porqué de que se hallara en esa situación. Se aventuró al exterior de su habitación y caminó por los pasillos. Se imaginaba que debía ser muy tarde, puesto que no había absolutamente nadie por ahí. El mismo color grisáceo predominaba en todas las paredes, había muchas puertas totalmente iguales y todo era tan confuso. No sabía hacía donde ir o como volver por donde había llegado. Frente a ella había tres ramificaciones por las cuales ir. Comenzaba a desesperarse.
Dio un respingo cuando las luces se apagaron repentinamente y se encogió de miedo al verse sola y en la absoluta oscuridad. Cerró los ojos y elevó una plegaria a todos los dioses omnipresentes que conocía, rogando por que le ayudaran. Esperó a que sus ojos se acostumbraran a la penumbra y, cuando pudo distinguir algo, comenzó a tantear por las paredes. Al tocar el frío material, unas pequeñas lucecillas iluminaron tenuemente el camino, eran de un color azulado y sobresalían de los bordes entre el suelo y el muro. Suspiró aliviada y decidió seguir por un camino cualquiera, de todos modos llegaría a algún sitio ¿Verdad?
* * *
—Advertencia, ADN contaminado. Advertencia, ADN contaminado.
Se volteó bruscamente y se levantó del asiento en el cual se encontraba. Se dirigió hacia la computadora, la pantalla tenía la leyenda "Advertencia" en color rojo y parpadeaba. Apretó un par de botones y dejó de sonar la voz robótica que lanzaba el aviso. Se dobló sobre el microscopio y frunció el ceño.
—Imposible… —Murmuró—. Conéctame con Dumbledore, ahora.
—Muy bien, señor —Respondió la voz electrónica de la computadora.
* * *
Ante ella se encontraba un enorme agujero que daba hacía un espacioso lugar. Al fondo, una serie de luces tras un muro iluminaban con la misma tenue y azulada luz. Dio un paso al interior, quizá pudiera encontrar algo allí dentro… aunque como todo estaba en penumbras no estaba tan segura.
Miró hacia todos lados intentando visualizar cualquier cosa y por el rabillo del ojo pudo observar que algo pasaba por la derecha. Se estremeció. "Estas alucinando, tranquila. Aquí no hay nada" Se dijo mentalmente. Inhalo y exhalo un par de veces. Algo volvió a pasar, ahora por la izquierda.
Esta vez se asustó. Se abstuvo de gritar y comenzó a temblar levemente.
—¿Ho…Hola? —Se aventuró a decir de forma temerosa.
—Hola —Se escuchó en la oscuridad.
Dio un respingo y volteó a todos lados buscando su procedencia. Un leve movimiento le hizo enfocar hacia la franja de luz del fondo. Escudriñó allí y fue entonces que lo notó. Solo se observaba su silueta a contra luz pero no podía equivocarse, era una persona.... Allí había alguien sentado
—¿Qué haces aquí?
—Y…Yo… —Tartamudeó y tragó fuertemente—. Estoy perdida.
—¿Perdida? —Inquirió la voz.
—Sí —Respondió ella—. Yo… no conozco más que mi habitación y… bueno...
—Ya —Le cortó con una risa suave—. Vale, entiendo.
Le vio saltar de su lugar y fundirse en las sombras. No hubo ningún ruido ni movimiento después de eso. La oscuridad era tal que apenas y podía ver más allá de su nariz. Lily comenzó a creer en fantasmas.
De repente, las luces se encendieron. Se llevó una mano a los ojos para acostumbrarse a la iluminación. A partir de allí pudo ver la sala, era grande y extensa, tenía butacas y mesas distribuidas por cada rincón. Parecía una sala de estar.
—¿Mejor? —Preguntó la voz. Lily volteó y contuvo el aire. Un chico alto caminaba hasta sentarse en una butaca. Su cabello azabache estaba revuelto y le miraba divertido con unas esmeraldas verdes tan hermosas. Al ver que ella no le contestaba, enarcó una ceja—. ¿Estás bien?
Asintió vacilante. Él sonrió encantadoramente.
—No lo parece —Dijo en tono burlón—. Vaya cara que tienes —Lily soltó el aire y desvió la mirada.
—Bueno, es que me has pillado por sorpresa —Respondió con bochorno—. Además de que estaba muy oscuro.
—¿Estabas asustada? —Se burló—. Vaya que eres valiente.
—Ya, es que no sabía que había alguien aquí —Soltó indignada—. Gracias por encender la luz.
—De nada —Se apoyó en el respaldo de la butaca, tirando la cabeza hacia atrás. Lily se acercó y se sentó en otra. Él le miró por el rabillo del ojo.
—¿Qué es este lugar? —Preguntó algo cohibida y evitando mirarle.
—Una sala común —Lily le miró de reojo y se dio cuenta que tenía los ojos cerrados, así que le miró abiertamente. Él se le hacía muy familiar.
—¿Sala común?
—Sí, ya sabes —Respondió sin abrir los ojos—. Para pasar el rato.
—Ah, ya. —Le dijo y retiró su mirada de él.
De repente, ver sus manos entrelazadas sobre su regazo, se volvió demasiado interesante. ¿De dónde le conocía? ¿Dónde? ¿Dónde? ¿Dónde? Por qué estaba segura que lo había visto antes.
—¿Qué buscas exactamente? —Le escuchó preguntar, sacándole de su ensimismamiento. Volteó hacia él y se encontró con que le miraba fijamente con el ceño fruncido. Él le miró tan profundamente que su corazón palpito rápidamente. Un leve rubor cubrió sus mejillas. No había sentido algo así desde… desde…
El recuerdo de esa mirada se iluminó como si la niebla se dispersara. ¡Sí! ¡Era él! ¡El chico del lago!
—¿Disculpa? —Respondió después de varios minutos.
—Eres algo lenta —Resopló—. Que sí que es lo que buscas.
—Tenía hambre —Dijo levemente ofendida—. No he comido nada desde que llegue aquí.
—Bueno, se puede pedir algo desde la habitación —Lily no pudo evitar sentirse un poco tonta—. ¿No te lo explicaron?
—N…No —Se dio cuenta que no escucho absolutamente nada de la charla que les dieron al llegar y después solamente se había encerrado en la habitación a cal y canto. Severus tampoco le había dicho nada, quizá suponiendo que ya lo sabía, pero que estúpida había sido. Suspiró—. Estaba dormida cuando llegué —Mintió.
—Vaya, eso lo explica todo —Dijo con sorna—. Primero que nada, estas fuera del toque de queda.
—Oh, vaya… —Eso sí que explicaba realmente todo. Porque no había nadie fuera—. Espera… ¿Tan tarde es?
El chico lo único que hizo fue reír divertido. ¿Se estaba burlando?
—Tú sí que estas perdida —Lily le miró—. Ha de pasar de las once, quizá.
—Ehm… —Vaciló un momento. Él le miró expectante, se veía muy relajado a decir verdad—. ¿Podrías… podrías ayudarme a volver?
—No.
—¿No? —Repitió incrédula—. Pero… —Frunció el ceño—. ¿Pero, porque?
—No me apetece hacerlo —Dijo con simpleza. Se recostó sobre la butaca, puso los brazos bajo la nuca y cerró los ojos.
—¡¿Qué?! ¡Vamos! —Suplicó—. ¡No te cuesta nada hacerlo!
—Hmm… —Frunció el ceño y pareció meditarlo—. No.
Lily bufó indignada y se levantó de la butaca con premura. Él abrió un ojo para mirarle.
—Bueno, muchas gracias por nada —Escupió enfadada. Se volvió enfurruñada y camino hacia la salida, procurando mantener la poca dignidad que le quedaba.
—¿A dónde vas?
—Volveré yo sola —Respondió sin detenerse. Él se levantó de un salto de la butaca y le siguió.
—No podrás hacerlo sin mí —Le dijo cuándo la alcanzó a un paso de la salida.
—No te necesito, gracias —Gruñó ella. Ese chico era un idiota arrogante y presuntuoso. Él se adelantó a ella y le detuvo.
—Vamos, no te molestes —Le sonrió.
—No estoy molesta —Se cruzó de brazos y volteó la cara para no mirarle.
—Entonces no quiero saber cómo es cuando sí lo estas —Dijo encogiéndose de hombros.
Lily rodó los ojos e intentó volver a emprender el paso.
—Está bien, lo siento —Se apresuró a decir e impedirle el paso.
—Apártate —Le fulminó con la mirada.
—Te ayudaré a volver —Propuso en son de paz. Lily bufó.
—No, gracias.
—Sabes que no lo lograrás sin mí —Respondió—. Hogwarts es inmensa.
—Pues prefiero perderme sola a que me acompañe tu inflado ego —Le dijo, poniendo los brazos en jarra. Él borró su sonrisa y se encogió de hombros. Ella se lo pensó un momento. Bueno, no tenía de otra… o dejaba que él la acompañara o se arriesgaba a dormir en un pasillo oscuro hasta el día siguiente. Suspiró resignada—. Ya, está bien. Llévame.
El chico sonrió triunfal.
—Claro, pero primero… —Le extendió la mano—. Demos un paseo.
—No.
—Vamos, no seas aguafiestas —Le animó.
—He dicho que no —Ese chico era increíble… ¡Increíblemente estúpido!
—¿Siempre eres así de encantadora? —Preguntó enarcando una ceja.
—¿Siempre eres así de fastidioso?
—Sí —Aceptó con gesto inocente.
—Lo imaginaba —Resopló ella.
—Vamos —Insistió—. Prometo llevarte a tu habitación luego ¿Vale?
—¿De verdad?
—Jamás rompo una promesa —Dijo, levantando la mano derecha de forma solemne. Lily le miró inquisitivamente y suspiró. Él le sonrió ampliamente y extendió su mano hacia ella de nuevo—. Vamos, ven conmigo…
* * *
—¿Falta mucho?
—Ya sabes la respuesta a eso —Respondió enfurruñado.
—Es que ya estoy cansado…
—Padfoot, no es la primera vez que nos toca hacer ronda, deja de ser un quejica.
—Yo no soy quejica —Gruñó.
—Marica —Dijo y su acompañante se detuvo. Al notar que no le seguía se volvió hacia él, estaba aproximadamente a medio metro por detrás. Se acercó a él y ambos se quedaron en silencio. Pasaron unos minutos antes de que decidiera romperlo—. ¿Padfoot?
Nada.
Retiró su visor y una tenue luz le iluminaba los ojos color miel, se vio reflejado en el visor de su compañero. Enarcó una ceja y acercó la mano derecha hacia él pero antes de llegar a tocarlo, el otro se alejó y le adelantó. Sorprendido, se volvió para verle irse caminando. Le siguió en total silencio, aquello era extraño, su compañero nunca le había impedido tocarlo, en cambio, era él quien siempre tenía que alejarse de él.
Después de un largo rato se llevó una mano a la nuca y apretó un discreto botoncito, al instante su visor se plegó, ocultándose en un apartado de su traje. Ahora caminaban por la zona de las bodegas.
—¿Pad? —Se aventuró a llamarle. Su voz, su verdadera voz, era suave y amable, a la vez que masculina. Sus facciones eran suaves y juveniles, su cabello era castaño y estaba levemente despeinado. Sin duda era muy atractivo.
Bruscamente, su compañero se volvió hacia él y, tomándole del brazo, lo estampó en la pared. Cerró los ojos y gimió por la fuerza con la que chocó contra el muro. Cuando los abrió, su compañero ya había retirado su visor también y le tenía apresado entre el muro y su propio cuerpo.
—¿Pero qué rayos te sucede, Padfoot? —Le riñó enfadado. El otro le miraba fijamente con sus ojos azules.
Tenía un largo y ondulante cabello negro, sus facciones eran más duras y atractivas que las de su compañero y tenía cierto aire de arrogancia. Al escucharle, tensó la fuerte mandíbula y ambos se miraron retadoramente por unos momentos.
—Te odio —Le dijo en un susurro. Su voz era aterciopelada y varonil, el ojimiel se estremeció al escucharle. Volteó la mirada con el ceño fruncido—. No, mírame.
—Para qué? —Le dijo con molestia. Sintió que el otro aflojaba su agarre. El pelinegro tomó su mentón son suavidad y le obligó a que le mirara.
—Moony —Su aliento acarició el rostro del castaño, quien se estremeció nuevamente. Se acercó un poco más, con cautela y sin dejar de mirarle. De repente su expresión cambió, le miró de forma indescifrable y posó su mano en la pálida mejilla, pegando su frente a la suya—. Lo siento.
—Estás premenstrual, Padfoot —Gruñó para esconder su nerviosismo. El otro sonrió.
—No soy una chica, Moony —Le respondió con dulzura.
—Pues actúas peor que una embarazada —Le dijo, removiéndose incómodo. El otro se alejó un poco pero no le liberó.
—¿Podrías perdonarme ya? —Le pidió con el sentimiento de culpa plasmado en el rostro—. Sé que no fue correcto intentar mutarte en mujer… pero no tienes por qué atacarme con la misma bala —El ojimiel solo bufó, lo que lo exasperó un poco más—. ¡Lo siento Moony, lo siento mucho! Es solo que, yo…
—Ya, te perdono —Le cortó—. ¿Me sueltas de una vez?
El pelinegro asintió con una sonrisa que no llegaba a sus ojos azules y le liberó. El castaño se separó de la pared y comenzó a caminar. Le siguió.
—Moony… —Le llamó.
—Me habías asustado —Comenzó el ojimiel hablando en tono casual, sabía lo que su amigo deseaba decirle, pero no quería oírlo—. Realmente pensé que me odiabas.
—Solo bromeaba —Respondió el pelinegro entendiendo la indirecta.
—Sí, tú siempre tan serio —Le dijo con ironía—. Ah, y… ¿podrías no ser tan brusco? ¿Eres un hombre de las cavernas acaso?
El otro rio a carcajada suelta.
—Vamos Moony ¿Ahora quién es el que se comporta como chica? Ambos sabemos que no eres una frágil florecilla.
—¡Y un demonio Padfoot! ¡Cállate!
* * *
—Creo que es por aquí —Dijo tanteando una pared.
—¿Crees? —Inquirió—. ¿Cómo que crees?
—Tranquila, ya lo he encontrado —Respondió con una sonrisa—. Es solo que no es fácil de ver.
—¿El qué, exactamente?
La pelirroja se cruzó de brazos y le miró retadoramente. El chico negó mientras reía levemente, la chica se veía realmente adorable cuando se molestaba.
—Mi lugar secreto —Le dijo—. Es parte de los restos del antiguo lugar.
—¿Antiguo lugar? —Replicó ella, el bichito de la curiosidad le había picado—. ¿Qué antiguo lugar?
—Uhm, bueno —Recorrió con los dedos algo invisible a la vista de ella—. Esto solía ser un centro de investigaciones hace muchos años —Explicó—. Luego comenzaron las remodelaciones y la mayor parte se unió a lo que hoy es Hogwarts. Pero esta sala fue ignorada y quedo vacía, por así decirlo. Cuando la encontré había toda clase de objetos extraños, puede que los hayan considerado "basura".
»Me encantaba venir a matar el tiempo cuando era más joven. Era divertido ver que encontraba entre las pilas y pilas de cosas. Estaba todo muy desordenado y sucio a decir verdad. Luego me ausente un tiempo en el que me era imposible venir.
Hizo una pausa para empujar algo parecido a una puerta que a simple vista solo parecía un panel más de la pared. Lily trató de imaginarse aquel lugar e hizo una mueca. El muro cedió ante la fuerza del chico y este se volvió para dejarle pasar primero. Se adentró al lugar y se encontró dentro de lo que parecía ser un armario oscuro. Estaba vacío y era de un material muy distinto al de las paredes exteriores, este era de piedra.
—Vaya, es una belleza —Expresó con sarcasmo y le escuchó reír mientras cerraba nuevamente el muro. Quedaron en una completa oscuridad.
Lily se preguntó si debía preocuparse al sentirlo acercarse, sin embargo, él solo paso a su lado y fue donde reparó en una pequeña luz parpadeante al fondo. Le escuchó teclear algo e inmediatamente una segunda puerta se abrió -aunque esta solo se deslizó-, él esperó nuevamente a que ella entrara.
En cuanto Lily puso un pie dentro, el lugar se iluminó. Era un salón muy amplio, hecho de piedra. Del techo colgaba una lámpara de araña muy hermosa y el muro izquierdo estaba forrado de libros. Era como una biblioteca hecha de puros estantes, apilados uno encima de otro y en orden, que llegaban hasta el techo. En el muro frente a la puerta, había una chimenea que al parecer había sido sellada. Una parte del muro izquierdo estaba cubierta por una tela blanca. Cerca de los estantes había dos pares de butacas y un par de mesas muy viejas.
—Como te decía —Habló el chico una vez se cerró la puerta tras él—. Cuando pude volver ya no era el único que conocía este lugar —Lily se giró a verle—. Y esa persona había puesto "algo de orden" aquí —Ironizó. Ella no pudo evitar sonreír ante la mueca de desagrado que puso.
—Pero está mucho mejor así ¿No? —Opinó. Él caminó hacia las butacas y se dejó caer en una.
—Le quitó toda la diversión —Fue lo único que dijo. Ella se acercó a los estantes y los recorrió con la mirada—. Él los acomodó de esa forma —Dijo. Lily volteó, él le miraba con mucho interés. Había cruzado las piernas y apoyaba el codo en el reposabrazos, a su vez, la cara en su mano.
—¿Cómo sabes que era un "él"? —Preguntó enarcando una ceja—. Pudo ser una "ella".
—¿Una ella? —Sonrió burlonamente—. No, en aquel entonces solo habíamos puros hombres aquí. Además, no creo que una chica fuera capaz de ordenar esos libros en un perfecto sistema clasificador como ese.
—¿Estás insinuando que no somos tan listas como los chicos? —Inquirió. Él ensanchó más su sonrisa—. ¿Acaso vives en la era de piedra? ¡Nosotras somos más listas! —Exclamó indignada y se volvió a los libros.
—Ya, ya, no te sulfures —Lily bufó—. ¿A caso no tienes sentido del humor? —No hubo respuesta. Él suspiró y se levantó—. También utilizó toda la basura.
—Qué? —Respondió arisca.
—La "recicló" —Dijo, señalando un jarrón que se hallaba alado de la chimenea.- ¿Ves? Las fabrico con las baratijas inservibles que había.
Ambos se acercaron y ella pudo apreciar que se trataban de flores de cristal y metal. Eran muy bonitas, pasó el dedo por un pétalo cristalino y notó que no tenía polvo. Ahora que lo notaba, en ese lugar no había polvo en lo absoluto.
—¡Hey! —Escuchó que le llamaba. Volteó y lo miró cerca de la tela que cubría gran parte del muro de la izquierda. Él le hizo señas para que se acercara y ella obedeció—. Esto es lo que quería mostrarte —Le dijo mientras tomaba un extremo de la tela y halaba.
La tela cedió ante el jalón y cayó al suelo. Lily abrió los ojos desmesuradamente y contuvo una exclamación. En el muro había una pintura.
Plasmada en la piedra, se encontraba una niña sentada al pie de un árbol con un libro en su regazo. La pelirroja le sonreía dulcemente mientras le devolvía la mirada. En el fondo había un lago medio bosquejado, solo la pequeña estaba terminada, como si fuera lo más fuerte en la mente del pintor, como si fuese lo único que no quería dejar ir, lo demás de la escena parecía haberse desvanecido de su memoria antes de que pudiera terminar el mural. Era una pintura inconclusa pero ella conocía esa escena perfectamente, al igual que ese lugar, tanto así que podía completarla mentalmente. Y supo quién era el responsable de aquella obra artística.
Acarició con cariño y nostalgia la áspera superficie.
—En cuanto te vi supe que eras tú —Le dijo el chico, sacándola de su ensoñación momentánea. Ella asintió.
—Gracias —Susurró, pero él pudo escucharle perfectamente.
—Ya —Respondió sonriente, con las manos detrás de la cabeza—. A que no te arrepientes de haber venido. —Ella le miró y esbozó una dulce sonrisa.
Su corazón se detuvo.
Un leve rubor tiñó sus mejillas y ella se volvió a la pintura para seguir mirándola con un brillo los ojos. Él se quedó observándola, había quedado prendado. ¿Cómo alguien podía tener una sonrisa tan hermosa?
* * *
—Bien, aquí estamos —Anunció cuando llegaron frente a la habitación de Lily. Ella se adelantó para que el identificador le examinara y luego se volvió hacia él.
—Lamento haber dudado de ti.
—No te preocupes —Le sonrió y un sonrojo se asomó en sus mejillas—. Ha sido todo un placer.
—Ya —Ella también sonrió—. Nos veremos luego.
—Eh, espera…
—¿Sí? —Preguntó volviéndose a él.
—No me has dicho cómo te llamas —Respondió, rascando su cabeza con nerviosismo.
—Lily, me llamo Lily —Le dijo. Él murmuró algo que parecía ser "hastasunombreesbonito" pero ella no le entendió ni jota—. ¿Disculpa?
—Eh, no… nada —Se apresuró a responder—. Me ha gustado conocerte Lily —Agregó con galantería.
—Ya —Ella rió suavemente—. Lo mismo digo… eh… ¿Cuál es tu nombre?
—James.
—Fue agradable conocerte, James —Completó—. Nos vemos después.
—Tenlo por seguro —Afirmó él en un susurro una vez que la puerta se cerró detrás de Lily.