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Project Evans — capítulo 4
Capítulo IV, Perfecta
Frente a él se encontraba un hombre de, aparentemente, unos setenta años de edad. Por más que su aspecto se mostrara amable y tranquilo, sabía que en el interior de aquellos penetrantes ojos azules bullía una verdad oculta, luchando por salir a la luz. Albus Dumbledore era el cerebro detrás del complejo y estructurado sistema que les regía, el supremo mando a bordo, quien dirigía desde las sombras. Su sola opinión podría derribar una montaña en cuestión de segundos y su voluntad era ley.
—Espero que sea importante, Severus —Dijo con mucha calma, cruzando los dedos sobre la mesa de cristal.
—Lo es, señor —Respondió el pelinegro.
Tomó un mando a distancia y la pantalla que estaba a su espalda se encendió, mostrando las imágenes de un grupo de eritrocitos.(*)
—Esta es la muestra de sangre de un ser humano normal —Explicó, luego apretó un botón más, se mostró otra imagen—. Y esta, es la muestra de sangre de un Inferi.
La imagen en sí consistía en unos pocos -al menos cinco- eritrocitos secos y deformados, moviéndose de forma errante y disolviéndose poco a poco. Dumbledore parpadeó de forma monótona.
—Ahora bien —Siguió Severus sin inmutarse, apretó nuevamente el botón y la imagen cambió—. Esta es la forma en la que el virus TR ataca las células.
El agente infeccioso era redondo y con picos, de color oscuro y un tenue brillo azulado. Se acercaba a la célula redondita y lisa que se alzaba orgullosa, frente a eso, esa partícula era una mosca. No obstante, luego de que se incrustara en ella, la célula adquiría le mismo brillo azulado que el agente y, de la nada, volvía a apagarse, esta vez completamente. La célula se oscurecía y se desintegraba, dando por terminada su existencia. El mayor arrugó levemente las cejas en señal de advertencia, el ojinegro comprendió que si no le daba información relevante, estaría tentando a la suerte.
—Hace unas horas estaba analizando la muestra del último individuo que arribo a Hogwarts y me encontré con que su organismo estaba infectado.
—¿Y ya te has deshecho de él?
—No, señor.
—¿Qué estas esperando? —Inquirió en tono demasiado amable, su mirada era fría—. No quiero ver ningún muerto viviente en estas instalaciones, Severus. Si lo que dices es verídico, el sujeto ya debe haber pasado el proceso de mutación y estará hambriento, caminando por los corredores.
—Eso es completamente erróneo —Apuntó Snape, curveando levemente la comisura de sus labios—. Le puedo asegurar que ella está vivita y coleando.
—¿Ella?
—Así, es.
La imagen de una chica pelirroja apareció en la pantalla, junto a sus datos y su estructura genética.
—Lily Evans, del Valle de Godric. Una de las personas que usted mismo me juró que protegería si accedía a venir —Dijo Severus secamente, dándole la espalda—. Y la cual perdió a su familia en el reciente ataque.
—No podemos abarcar todo el territorio —Intentó explicar Dumbledore—. Tienes que entender que hacemos lo que se puede. Lamento que sea una de las infectadas, hijo, si puedo hacer algo por…
—Como le decía —Terció Snape, apretando el botón para que la pantalla cambiara.
La célula de Lily se vio atacada por el agente infeccioso del virus TR, que incrustó sus púas en ella. No obstante, el brillo azulado que le provocó no se extinguió pasados los segundos, como pasaba con la muestra anterior, es más, se mantuvo estable y siguió su actividad normal. Lo mismo ocurrió con todas las demás células infectadas. Dumbledore analizó el proceso una y otra vez mientras ocurría.
—Su organismo encontró la forma de adaptarse al virus, rompiendo el ARN() del agente infeccioso y reconfigurándolo. La información de dicho proceso ya estaba implantada en su genoma(), por lo cual su información genética ha permanecido intacta.
—Quieres decir que…
—Sí, ella es inmune al virus TR y sus genes son predominantes a cualquier otro, según las leyes de Mendel. Por lo tanto, ella es…
—Perfecta para procrear —Concluyó, los ojos azules brillando de anticipación.
* * *
La mañana había llegado sin que ella se diera cuenta. La insistente voz de una mujer, que estaba segura que no era su madre, le decía algo que no quería entender. Simplemente no quería levantarse, quería seguir durmiendo. Su estómago hacía ruiditos de hambre con tanta frecuencia, incluso parecía arder… ¿Habría panqueques para el desayuno? Esperaba que sí.
—Tuney, déjame dormir un poco más —Farfulló, tapándose las orejas con la almohada.
—Lo lamento señorita Evans —Respondió la voz—. Pero el desayuno solo se sirve de las ocho a las once, y son las diez menos cinco.
—¿Señorita Evans? —Dijo, incorporándose y estirando los brazos—. ¿De qué estás…?
Sus ojos se abrieron al descubrir que no estaba en su habitación y no era Petunia quien le hablaba, es más… nadie le hablaba. La voz venía de quien sabe dónde y no recordaba cómo había llegado hasta allí.
—¿Dónde…? —Murmuró—. ¿Dónde estoy?
—En Hogwarts, sobre el Atlántico Norte, a cuatro mil millas de la costa más cercana.
—¿Qué…?
Llevo las manos a su cabeza, ante la lluvia de imágenes que se agolparon en su mente. El ataque Inferi, el Hechicero salvándole, Severus, el paseo que dio con James por la noche. Todo le atacó fría y cruelmente. Jadeó sintiendo nuevamente las lágrimas en sus ojos -que estaban rojos de tanto llorar- y la cabeza le palpitaba dolorosamente. Cuanto habría deseado que todo fuera un sueño, que Petunia le despertara de malos modos nuevamente y bajara para encontrar a sus padres en la cocina, su madre preparando ricos panqueques con jarabe de maple y su padre, leyendo el periódico mientras los comía.
—Me temo que debo insistir, señorita Evans —Volvió a hablar la voz—. Se le hace tarde para el desayuno.
—Sí, enseguida voy.
Se levantó con semblante apagado e, instantáneamente, un panel se abrió frente a ella. Un traje de pantalones negros y blusa de amarillo pálido era lo que había allí, junto a unas bailarinas negras y cómodas. Tomó la ropa y se dirigió a la puerta que también se abrió automáticamente, el baño suponía. Se dio una ducha rápida y salió, lista y con el cabello seco. Lo ató en una coleta y se encaminó a los pasillos.
Esta vez sí había gente caminando de aquí allá, sumidas cada una en su propio que hacer. Un hombre con el mismo color de playera que ella estaba parado como una estatua unos metros más allá, al verla, sonrió.
—Buen día, señorita Evans —Dijo con mucha familiaridad—. Mi nombre es Amos Diggory, he sido asignado como su guía.
¿Guía? ¡Ja! ¿Y dónde estaba ayer, cuando lo necesitaba?
—Mucho gusto, señor Diggory —Sonrió levemente—. Me alegra, este lugar es inmenso.
—El gusto es total y enteramente mío, si gusta seguirme, le llevaré al comedor.
—Gracias.
Caminó a su lado, serpenteando por los pasillos. El señor Diggory era un hombre joven, quizá unos años mayor que ella. Su cabello era castaño y su complextura bien moldeada, la sonrisa parecía jamás borrarse de su amable rostro.
—Le agradará Hogwarts, es un lugar basta completo, debo decir.
—Puedo notarlo —Ironizó ella. Las puertas que en la noche habían estado cerradas ahora se abrían y cerraban y podía ver distintos rostros—. ¿Hay muchas personas aquí?
—Uno punto cinco millones.
—¿Tan pocas? —Soltó sin querer, su sorpresa ganándole a la prudencia.
—Sí —Musitó Amos, su mirada se volvió apagada de repente—. Hemos tenido muchas bajas debido a ataques.
—¿Somos… los únicos que quedan?
—Me temo —Respondió él—. Qué puede que sí.
Lily ya no dijo nada más, ambos se sumieron en un silencio en el que se comprendían. Todos en Hogwarts se comprendían a decir verdad, la pérdida era su presente y el temor a la extinción su futuro. Una luz le iluminó la cara sin aviso y cerró los ojos sin dejar de caminar.
—¡Espere! —Exclamó Diggory, tomándole del brazo.
Abrió los ojos y se encontró a un paso de una pequeña cerca de cristal, si hubiera seguido caminando habría chocado con ella y caído al vacío. Se alejó y el hombre suspiro de alivio. El ruido de voces le llenó los oídos y notó que el vacío no era un vacío en realidad, allí abajo sí que había un fondo.
El comedor parecía la plaza de un centro comercial, era el centro donde se reunían muchos pasillos en diversos pisos. Subieron a un elevador de cristal transparente y bajaron en total tres niveles. Lily no paraba de mirar a todos lados, jamás había visto un lugar parecido. Las personas allí llevaban playeras del mismo color de la suya y había un Hechicero apostado en diversos rincones, cuya labor era la vigilancia. Caminaron hacia las grandes mesas, distribuidas y acomodadas de forma conveniente para que todos pudieran sentarse, era un lugar inmenso… pero allí no cabrían uno punto cinco millones de personas ¿o sí?
—¿Hay más comedores? —Preguntó.
—Cuatro —Aclaró Diggory—. Lo conveniente es ir al más cercano a tu área. ¿No le explicaron eso al llegar?
Lily se sonrojó levemente y apretó los labios.
—Sí, es cierto, lo había olvidado.
—Entonces vamos, le acompañaré por su desayuno y luego le llevaré para que escoja la actividad que más le plazca.
—Vale, muchas gracias.
Después de desayunar, Amos le guío hasta los lugares donde podría trabajar a partir de ese momento. Lily escogió ayudar con la comida, si bien no era una experta cocinando, podía defenderse. El día pasó mucho más largo mientras se entretenía. Hizo algunas amigas, como lo eran Mary Macdonald, una chica castaña de ojos marrones muy linda, que desde el primer momento había congeniado con ella. También estaba una chica llamada Andrómeda, una seductora fémina de cabello castaño oscuro y curvas marcadas. Estar rodeada de bellezas era un poco intimidante, si se lo preguntaban.
La noche cayó cuando menos se lo esperaba y lo supo porque el techo de Hogwarts estaba adaptado para parecer real, incluso parecía dar calor con los rayos de luz. Regresó a su habitación un poco cansada y se dejó caer sobra la cama, quedando dormida casi al instante.
* * *
—Perfecta.
La voz, por más distorsionada que pudiera estar, no opacaba el tono suspirado con el que había pronunciado aquellas palabras. La pantalla estaba llena de imágenes de Lily, lo que había hecho desde que salió de su habitación se recorría una y otra vez en pequeños recuadros. El Capitán tenía la cabeza ligeramente inclinada y suspiraba ocasionalmente.
—Señor, el Director quiere…
El informante se detuvo en seco, el otro hombre dio un respingo y apagó la pantalla con rapidez. Bueno… los asuntos de su superior no eran de su incumbencia, así que… carraspeó e hizo como si no hubiera visto nada.
—Perdone la interrupción, el Director solicita su presencia.
—Enseguida iré.
—Vale, con su permiso.
Hizo un respetuoso saludo y salió nuevamente. En cuanto se quedó solo, el Capitán dejó caer los hombros… quizá estaba siendo demasiado obvio.
* * *
"Lily…"
Su voz se escuchaba realmente cerca… estaba por allí.
"Lily"
Estaba en el lago, entre la niebla de la mañana. A lo lejos, la luz azulada de la campanilla se perfilaba suavemente.
—¿Papá? —Susurró, mirando hacia todos lados—. Papá…
—¡Eh, Lily!
Abrió los ojos, encontrándose de nuevo con esa habitación extraña. La voz de su padre había sonado tan cerca, tan real. Aspiró todo el aire que pudo y llevó una mano a su pecho, estaba hiperventilando.
—¿Lily? —Dio un respingo, perdiendo el color. El alma casi se le sale del cuerpo—. ¿Estás allí?
Aquella voz era distinta a la de su sueño pero sí que podía escucharla. Era amortiguada por la puerta cerrada y unos pequeños golpes le acompañaban. Se puso de pie y se acercó al sensor, que la detecto, así que la puerta se abrió. Se asomó y lo primero que vio fue la cara sonriente de James, con algunos de sus cabellos rebeldes sobre la frente. Llevaba unas gafas de montura redonda y le saludaba con la mano.
—¡Al fin! —Exclamó—. Llevo un buen rato llamándote.
—¿James? —Preguntó atontada.
—¿Sí? —Inquirió alegremente, la oscuridad no opacaba el brillo de sus ojos verdes.
—¿Qué haces aquí?
—Pues he venido a buscarte.
—¿A buscarme? ¿Para qué?
—Quiero enseñarte más lugares —Respondió con simpleza y como si fuera lo más obvio—. Hogwarts es muy grande.
Lily hizo una mueca de desconfianza, él solo sonrió.
—Venga, tenemos poco tiempo.
No le dio tiempo a responder. Tomó su mano y corrió, jalándola por el pasillo. Lily le miró y una sonrisa tenue brotó en sus labios sin querer. Mientras recorrían los pasillos desiertos y oscuros, James no dijo palabra alguna.
() Eritrocitos: Comúnmente conocidos como glóbulos rojos, son los que transportan oxígeno a la sangre :3*
() ARN: Ácido ribonucleico, es una una cadena de nucleótidos muy parecida al ADN, solo que tiene otra función e.e es difícil de explicar jaja pero esto puede alterar la función de la célula, por eso existen virus ARN.*
() Genoma: Total de información genética de un organismo :)*
Jajaja xD todo esto me hizo recordar mis días sufriendo por memorizar y entender esta información para mis exámenes de la preparatoria. :3 Me encanta esta temática... lástima que no soy doctora jaja pero saberlo no está demás n.n
Muchas gracias a IsaEverdeenpor su lindo comentario ^o^ me hizo muy feliz.
¡Un saludo muy grande! Espero les agrade el capítulo.