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Project Evans — capítulo 5

Capítulo V, Un sentimiento maravilloso

En cuanto cruzó la puerta, supo que nada volvería a ser lo mismo. Esa habitación estaba especialmente en penumbras, la oscuridad era tal que no podía ver más allá de su nariz y pronto no pudo distinguir si tenía los ojos abiertos o cerrados. Era consciente de la respiración de James a su lado y de los latidos de su propio corazón, más no de donde estaba. Poco a poco y con mucha lentitud, pequeñas lucecillas fueron emergiendo de la lobreguez del lugar. 

Una luciérnaga paso volando cerca de su rostro y revoloteó alrededor de ella. La miró embelesada por unos instantes, siguiéndole el vuelo como un minino. El azabache sonrió divertido y extendió su dedo, al instante, el insecto se posó en el con mucha familiaridad.

—¿No estaban extintas por el cambio en el ambiente? —El chico negó suavemente. Lily ladeó la cabeza sin entender su silencio—. ¿Por qué no ha…?

James se llevó un dedo a los labios y le pidió silencio, ella alzó ambas cejas. Los ojos verdes vacilaron un momento por la oscuridad y, después de unos segundos, un reflejo purpureo fue iluminándolo de forma casi mágica. El azabache sonrió complacido de ver que no le despegaba los ojos de encima, le hizo una seña con la cabeza, indicándole que mirara a un lado. Una pequeña exclamación de asombro, brotada de los labios de la pelirroja, provocó que se estremeciera ante lo tierno del sonido.

La mirada caramelo de Lily refulgía de expectación ante la escena que se manifestaba allí. ¿Aquellas plantas estaban brillando?

Corrió hacia ellas y se detuvo a un lado, observando las enormes hojas purpura y su brillo descomunal. Una de aquellas podía sacarle la mitad de su estatura si era estirada y medida con su cuerpo, y si la tocabas era tan suave como el algodón. Más allá, había unas plantas que parecían conformadas de pequeños tentáculos que también brillaban; una especie de dientes de león ocupaban un espacio muy grande en medio del lugar. Había todo tipo de plantas y flores, margaritas, tulipanes, azucenas, violetas, tréboles de tres y cuatro hojas, girasoles, rosas, lirios, ¡incluso césped!… ¡Y todo tenía un brillo propio!

—¡Esto es hermoso!

Enseguida se llevó las manos a la boca, pensando que todo volvería a la oscuridad por el ruido, lo que no sucedió. James rió bajito.

—No te preocupes, una vez que se acostumbran a tu presencia ya no se apagan.

—¿De verdad? —Preguntó y miró alrededor, como si no le creyera. Al notar que era cierto, sonrió—. ¡Por Dios!

El chico se sentó en el suelo y la miró dar vueltas como una pulga saltarina, soplando algunos dientes de león que soltaban pequeñas partículas que flotaban a su alrededor. Mientras la observaba, no pudo evitar pensar que aquella chica parecía fundirse con el paisaje, era como una bella flor en un prado, a la que nada podía opacar.

Lily se aventuró hacia los lirios y despertó a las mariposas que dormían en el lecho de flores, estas alzaron vuelo y algunas se posaron en su cabello después de haberse esparcido. A la sonrisa boba que esbozó le acompañó la idea de que eran como pequeños broches que adornaban esplendorosamente su esponjosa melena.

—¿Qué es este lugar?

—El invernadero —Casi suspiró, quitó su cara de tonto cuando ella le miró.

—¿Tenemos un invernadero?

—Tres en realidad —Respondió con aires de sabiondo—. El que puedes visitar, el que solo visitan agricultores y el experimental, que es donde estamos ahora.

—¿Experimental? —Replicó la pelirroja.

—El tipo de los laboratorios, Snape creo que se llama —Torció la boca en señal de desagrado, Lily se preguntó si quizá no se llevaban bien—. Está experimentando con las especies que se lograron rescatar, mejorándolas según él, para que se adapten al mundo exterior. Esto es obra suya, muy a mi pesar.

Lily miró con admiración el lugar nuevamente, como si lo viera con otros ojos… ¿Severus había creado todo eso? No podía imaginárselo, por más que se esforzara. Recorrió cada rincón de aquel jardín encantado, imaginando a Severus hacerlo también… Sí James no lo hubiera hecho… ¿El pelinegro se lo habría mostrado alguna vez?

—Sigamos —Dijo James de pronto, estaba repentinamente serio—. Más adelante hay otras cosas que sé que te gustaran.

—¿Qué más hay? —Preguntó ansiosa.

James resopló por tener que decirle lo siguiente.

—Estamos en el piso de experimentación ambiental., Snape ha recreado diversos hábitats… aquí hay de todo, por así decirlo.  

Para su desagrado, los ojos de la chica brillaron y la siguió con la mirada, ella daba pequeños saltitos, siguiendo el camino. Resopló, quizá enseñarle todo lo que había creado Snape no había sido buena idea… ¿Y si el muy desgraciado luego quería comerle el mandado? Jamás lo permitiría, primero sobre su cadáver.

La pelirroja esperó a que James abriera la siguiente puerta y se encontró de pronto en un paraíso submarino. Era como estar debajo del agua completamente, peces nadaban a su alrededor y por encima de ella. Se acercó a donde un banco de peces ángel nadaba casi con pereza. Una morena, fea y con afilados dientes, le asustó desde una piedra lejana. Una tortuga marina pasó sobre su cabeza y ella la siguió hasta donde el cristal le permitió hacerlo. Medusas brillantes llenaban un estanque completo, este era el único en oscuridad y ellas le daban una bella luz.

—¡Da la sensación de vivir bajo el mar! —Exclamó, inclinándose a una sección pequeña cubierta de arena, simulando una diminuta playa, con olitas y todo—. ¡Cómo una sirena!

Un pequeño cangrejo emergió de un montículo y caminó con su característico andar ladino, encantándola por completo. James extendió la palma frente a él dejando que se subiera a ella y lo acercó a ella, que se alejó con un pequeño chillido por las tenazas que la amenazaron.

—¿No que una sirena? —Se burló el ojiverde.

La sonrisa brillante y encantadora podría haber sido envidiada por el mismo Adonis y atravesó el pecho de Lily, haciendo que sus mejillas se enrojecieran. Ella no supo si era de vergüenza o algo más.

—Tonto.

Se alejó de él con las mejillas infladas y la frente en alto. James se apoyó en el aparador, recargando la mejilla en su mano. Un delfín se acercó a Lily y ella sonrió de forma angelical.

La joven podría parecer orgullosa y difícil de tratar, pero no podía negar que compartir su mundo con ella le hacía sentir bien, completo. Claro que no era la primera vez que convivía con una chica. Cuando era pequeño, las niñas hacían fila para recibir un beso del guapetas James Potter y se jalaban del cabello por decidir quien tendría su atención. De eso hace algunos años, antes de haber sido encerrado en aquel averno…

Sus ojos se apagaron momentáneamente, recordando algo que era difícil tener presente cuando no eres quien crees ser y a la vez sí.

—Hey, tú —Le llamó Lily, sacándole de sus cavilaciones. Alzó su verde mirada, resguardada por unas gafas de montura redonda -que realmente no necesitaba pero iban con él- y la miró. Ella estaba frente al tanque que contenía una gran variedad de corales—. ¿Esos son peces payaso?

—Vamos, pelirroja —Su sonrisa volvió a emerger, sonreír para Lily era algo que no controlaba, algo muy natural—. ¿Me dirás que no sabes distinguirlos? ¿Es que acaso no fuiste al colegio?

—Eres odioso ¿te lo han dicho? —Farfulló Lily, cruzándose de brazos.

—Es la primera vez que lo escucho, a decir verdad.

Ambos pasaron las horas mirando los animales de un par de hábitats más. Las aves fueron las que congeniaron mucho mejor con Lily, puesto que el color rojo de su cabello atraía su atención y una de ellas intentó picotearla en una ocasión, provocando que riera a pulmón batiente. Jamás se había divertido tanto en su vida, al menos no que su memoria recordara. Definitivamente, Lily era lo que siempre había estado esperando.

Una repentina y desagradable sensación de estarse evaporando le invadió cuando Lily alimentaba a un lindo loro y le enseñaba a decir una palabra, seguramente estaría por despertar.

—Debemos irnos —Musitó con gravedad.

—¿Qué? ¿Por qué? —Preguntó ella, intrigada.

—Es tarde, si alguien nos encuentra aquí estaremos en problemas.

Ella asintió, aunque no muy convencida y acarició una vez más a su nuevo amigo, este se refregó en su mano por un momento. James la tomó del brazo y ambos comenzaron a correr contra reloj.

*  *  *

A la mañana siguiente, Lily se levantó más animada de lo normal. Tenía unas enormes ganas de saltar, lo que era muy contradictorio al hecho de que no había dormido casi nada. Después de darse una relajante ducha, se miró en el espejo y examinó sus rasgos. Su nariz levemente pecosa era respingona, quizá demasiado para su gusto; apachurró sus mejillas y las estiró un par de veces, frunció las cejas e infló las mejillas. No le desagradaban los altos pómulos de su cara, que eran angulosos, ni la larga capa sedosa de color rojo quemado que era su cabello, mucho menos el color caramelo de sus ojos.

 Su vista viajó a través de su anatomía con curiosidad, su piel era blanca y mucho más en las zonas que nunca descubría, no estaba tan delgada como lo estaban otras chicas y no tenía demasiado volumen en los lugares que atraían la mirada de los hombres… pero eso no le molestó. Estaba bien.  

Después de arreglarse un poco, se encaminó hacía la cocina del comedor de Hufflepuff dando saltitos y tarareando una canción pegajosa. A su paso, muchas personas se volvían para mirarla y sonreían por la vitalidad que reflejaba su rostro, en Hogwarts no había muchas personas con ese brillo, que podía iluminar todo un lugar con su sola presencia.

—Vaya, parece que alguien se despertó de buen humor —Comentó Mary al verla llegar. Lily le dedicó una sonrisa brillante, que le deslumbró—. ¿Te sucedió algo interesante?

—Un buen sueño —Respondió la pelirroja con simpleza, tomando un delantal y colocándolo alrededor de su cuerpo.

Sujetó bien su cabello en un apretado moño y estilizó sus manos con mucho cuidado. Durante toda su jornada nunca dejó de tararear.

*  *  *

Cada anochecer sin falta, Lily se marchaba a dormir temprano y así adquirir energías para lo que seguía. Aunque era muy extraño, no parecía necesitar demasiado descanso para poder rendir más que una persona normal.

En la madrugada, James tocaba su puerta con una sonrisa para llevarla a vivir las más fantásticas aventuras. Conocía cada vez más todo rincón de Hogwarts, excepto algunas partes a las que no había acceso. Junto a él había visto más cosas de las que pudiera imaginar, muchas de ellas solo existían en su imaginación o en libros de cuentos. Las emociones que cada noche le esperaban, eran de un mundo que jamás había conocido, un mundo completamente nuevo, a pesar de ser el suyo.

—¿Por qué jamás te he visto durante el día? —Se atrevió a preguntarle mientras exploraban el área de entrenamiento de Gryffindor.

James pareció meditarlo por un momento.

—La convivencia —Comenzó, de forma vacilante—. Entre Hechiceros y Muggles… no está permitida.

Lily se detuvo.

—¿No lo está?

—No, según el código del Hechicero, página cuatrocientos veinticinco, párrafo tres. "Todo acercamiento físico y sentimental entre un Hechicero y un Muggle queda totalmente prohibido. Un elemento solo existe para servir, cosas tales como los sentimientos pueden distraer y las consecuencias tener un alto costo. Por lo anterior, todo individuo en calidad de Hechicero deberá mantenerse al mínimo de un metro de todo habitante Muggle en el complejo.

Lily le miró con los ojos bien abiertos y una expresión asombrada, la forma tan automática en la que James había recitado aquel código era sencillamente impactante, cómo si se supiera todo el manual que les entregaron al llegar allí de memoria.

—Tú… —Musitó, ciñendo la mirada—. ¿Eres una especie de robot o algo parecido?

James le miró desconcertado por un momento, más luego sus labios se curvearon y comenzó a reír de forma suave.

—No, creo que no.

—Lo pareciera —Comentó, acercándose a lo que parecía ser un saco de box y empujándolo—. Tiendes a ponerte en automático.

—Si lo fuera no estaría rompiendo la principal regla del código —Apuntó él, deteniendo el saco  e indicándole que lo golpeara—. Es decir, no me habría acercado a ti.

—¿Y por qué lo haces? —Inquirió curiosa—. ¿No deberías evitarme?

—Sé que no quieres eso.

Sonrió de forma rumbosa, Lily arrugó la nariz y entonces asestó un golpe justo en el centro del saco, sacándole el aire al desprevenido azabache. Cada gesto que James esbozaba, cada movimiento de su ser, le hacía sentir algo que nunca antes había sentido. Podría ponerle muchos nombres, química, atracción, afinidad, más no alcanzaría a describir lo mucho que le agradaba estar a su lado. Podía ser molesto, presuntuoso, altanero, arrogante, tonto, cabezota… pero le ayudaba a olvidar, a vivir.

—¿Puedo pedirte algo?

—Lo que quieras, Evans —Sonrió, recuperándose del golpe.

—¿Cómo sabes mi apellido? —Preguntó extrañada, no recordaba habérselo mencionado las otras veces.

—Hice mi tarea —Respondió él, inflando el pecho con orgullo.

—¿Me has investigado? —Inquirió aprensiva—. ¡Ja! Serás un soberano acosador.

—Ya, ya, no te sulfures pelirroja —Pidió James, levantando las manos en son de paz—. ¿Qué es lo que querías pedirme?

—¿Dónde puedo conseguir pintura?

—¿Pintura? —Replicó—. En el almacén del segundo piso de Hufflepuff, justo alado de la bodega. ¿Para qué la necesitas?

Ella se alejó sonriendo de forma misteriosa.

—Eso, amigo mío, es información clasificada.

—Oh, vamos Lily, dime.

—Enséñame a pelear —Terció la chica, componiendo una pose de pelea algo ridícula. El pie derecho al frente, rodillas levemente flexionadas, puños en alto—. Entréname para ser una Hechicera.

—¿Sabes que no existen "Hechiceras", verdad?

—Seré la primera en serlo, señor presumido, ahora enséñame.

Le llamó con un movimiento de la mano. James enarcó una ceja y sonrió de forma depredadora. Se movió tan rápido que Lily apenas y tuvo tiempo de tomar aire cuando él ya estaba detrás de ella, sujetándola por la cintura, su tibio aliento golpeando con su nuca. Por acto reflejo, le tomó del brazo y haló hacia el frente, usando su peso a ventaja. El chico profirió un gemido al golpear contra el suelo.

—¡Qué mujer! —Alabó James en un suspiro desde el suelo, aunque podía sentir el dolor punzante recorrerle el cuerpo.

—J-Jamás hagas eso de nuevo —Balbuceó Lily temblorosa.

—¡Pero ha estado asombroso!

Al mirar los ojos de la chica, intuyó que algo no andaba nada bien. Estaban turbios y cristalinos, el miedo parecía haberla embargado y respiraba agitadamente. Sus cejas se juntaron con confusión.

—Hey… ¿Estas bien?  —Lily no respondió. Se levantó rápidamente y la tomó de los hombros—. ¿Evans?

La imagen del Inferi se repetía una y otra y otra vez ante sus ojos, los gritos de Petunia, el olor a putrefacción, el frío penetrante… Todo estaba allí de nuevo.

—Lily —Le sacudía James—. Vuelve conmigo, hey, Lily.

Enfocó la mirada en los ojos verdes y jadeó. No, no quería sentir más aquella tristeza, ese miedo intenso que la horrorizaba y la paralizaba. Se abrazó a James con fuerza y hundió la cara en su pecho, el calor que emanaba de su cuerpo logró envolverla lo suficiente como para devolverla a la realidad. ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué había de bueno en seguir sin su familia? ¿Cómo se atrevía siquiera a sonreír?

—¿L-Lily?

—Distráeme —Susurró. Sus propios demonios atacándola con la culpa de la muerte de los que amaba. ¿Por qué ella podía vivir y ellos no? No era nada, no era nadie… no lo merecía.

Sin entender mucho de lo que sucedía, el azabache colocó las manos alrededor del pequeño cuerpo de Lily. Una mano sobre su esponjosa melena y la otra en su espalda. Acarició los cabellos con un poco de torpeza, sintiendo sus mejillas arder y su palpitar acelerar por el contacto entre los dos. Esperaba que ella no estuviera escuchándolos, aunque ya lo dudaba, puesto que parecía tambor en pleno toque.

—¿Me preguntaste porque no me habías visto en el día, verdad? —Ella asintió—. Bueno, es porque durante el día yo… desaparezco.   

—¿Desapareces? —Murmuró Lily apagadamente—. ¿Cómo así?

—Bueno, no es desaparecer… es como… pues —Apretó los labios un momento, meditando las palabras que debía decir—. Yo me… me marcho.  

—¿A dónde? —Indagó la pelirroja, separándose lentamente. No había llorado pero parecía querer hacerlo aun.

—A… misiones.

Cuando se separaron por completo, ella inhaló y exhaló un par de veces, recuperándose. James decidió no preguntar y dejarla tranquilizarse.

—¿Me enseñaras a pelear?

—Por supuesto —Sonrió, tomando ahora él la pose que Lily había adoptado en un principio—. Venga, dame tu mejor golpe.

—¿Estás seguro de eso?

Ante su asentimiento, Lily se lanzó a por él.

*  *  *

Severus balanceaba un bolígrafo entre sus dedos, golpeando la superficie del papel con la parte posterior de este. El armónico repiquetear del choque era lo único que se escuchaba en toda la habitación, su negra mirada estaba fija en una de las blancas paredes, donde no había más que vacío. Tenía dos delgados dedos sobre sus labios y las piernas cruzadas con elegancia.

No podía negar que estaba distraído, desconcentrado, toda la mañana lo había estado y sus subordinados se habían encargado de hacérselo notar. A pesar de ser joven, muy joven, Snape no pensaba como uno. Sus sentimientos habían sido suprimidos con ferocidad durante su alteración cerebral y encerrados en una habitación dentro de su mente. No obstante, aún podía sentir y esa puerta se abrió con demasiada rapidez como para poder evitarlo. Sus emociones le abrumaban.

Cerró los ojos y suspiró, sosteniendo el lapicero como normalmente lo hacía y garabateando algo en el papel. No necesitaba ver lo que estaba allí, su mano tenía perfectamente grabadas las palabras y parecía moverse sola. El nombre de Lily escrito una y otra vez, justo a un lado de la palabra "respuesta".

*  *  *

—¡Me rindo! —Exclamó—. ¡Evans, me rindo!

—Eres un debilucho, James —Se burló ella, soltando su brazo de la llave que le había enseñado unos minutos atrás.

Llevaban media hora de enseñanza y el chico ya había sido derribado quince veces seguidas. James se puso de pie y movió el brazo de forma circular, intentando aminorar la sensación de ser casi mutilado.

—Se supone que tú eres el Hechicero poderoso ¿Cómo puedo haberte ganado tantas veces?

Una mirada indignada fue lo que la pelirroja recibió en respuesta. El ojiverde se sentía en parte herido y en parte humillado. ¡Vencido por una chica! Aunque no era su culpa… tenía los conocimientos, es cierto… pero la práctica….

—¡Casi me quiebras el brazo! —Se quejó.

—Bah, llorón —Lily se puso de pie y pasó una mano por la frente, secando el sudor perlado que la cubría—. Hace calor ¿no?

James enarcó una ceja y se mostró renuente a contestar, sin embargo, la necesidad de hacerlo fue más fuerte.

—Ven —Farfulló, tomando camino hacia una puerta que se encontraba al fondo del gran gimnasio.

—¿Eh? ¿A dónde vamos? —Cuestionó Lily, siguiéndole el paso.

—Ya lo verás.

Le condujo por un pasillo oscuro, donde al final había una puerta. Abrió y le dejó pasar, Lily enarcó una ceja. Allí había una especie de piscina de agua cristalina e iluminada.

—¿Una piscina?

—Dijiste que tenías calor.

—¿Estás insinuando que quieres que entre en ella? —James bufó y tomó su mano, arrastrándola hacia la orilla—. ¡Oye! ¡No, espera!

Tomó aire justo a tiempo y ambos cayeron al agua, mojando gran parte del suelo en el proceso. El agua estaba fresca y se sentía muy bien. Abrió los ojos y lo primero logró visualizar fueron los ojos de James, fijos en ellas. Su rebelde cabello flotaba libremente, su rostro anguloso y de barbilla fuerte denotaban seriedad, su mirada era tan intensa que se sintió tan líquida como el agua. Debajo de ese verde nada turbio y brillante como las esmeraldas, había una ternura implícita, que se descubría ante ella como una revelación.

Él extendió su gran mano y juntó sus palmas, contrastando sus manos, las de ella eran pequeñas y finas en comparación con las suyas. Sus miradas volvieron a conectarse y sintió que el aliento le faltaba. Pequeñas burbujas emergieron de su boca y ella subió a la superficie para tomar aire con exageración, sus mejillas estaban rojas. James emergió unos segundos después, tenía las mejillas de un suave tono rosáceo y parecía avergonzado. Ambos se quedaron en silencio.

Para romper la tensión que se comenzaba a extender entre ellos, que no era nada cómoda a decir verdad, Lily decidió actuar rápido. Lanzó un poco de agua al aire, con la esperanza de que todo volviera a la normalidad.

—¡Oye! —Se quejó el azabache.

—¿Te asusta el agua? —Sonrió burlona—. ¿Eh, gran macho?  

—¡Ja! ¡Ahora verás!

Lily tomó aire y se hundió antes de que James pudiera hundirla. El chico nadó hacia ella, que se alejaba cada vez más y antes de poder tocarla, la pelirroja dio un giro, colocándose debajo de él, nadando en dirección contraria. Volteó a verla y ella pegó las manos a los costados de su cabeza, moviendo los dedos a forma de burla. Fingió indignarse y comenzó a seguirla de nuevo.

Aquella noche, entre giros, saltos salpicados y risas sinceras, Lily se dio cuenta que estar con James le hacía olvidar todo lo que había allá afuera, todo lo que había perdido… y comenzó a sentir, que quizá valía la pena vivir un poco más.

Primero que nada, lamento no actualizar tan pronto como esperaban, la escuela me absorbe más de lo que me gustaría e_e y eso que solo es la segunda semana de clases, no me imagino cuando esté en parciales. Así que una disculpa :/ Espero sinceramente que les agrade el capitulo ^-^ la relación entre James y Lily es algo que me ha gustado escribir, y aún falta un poco más, pero ya van avanzando xD. 

Un saludo especial a IsaEverdeen y GwenGrigoriDeVillier, son unas lectoras fantásticas chicas y me alegra, no, me hace inmensamente feliz contar con su apoyo. :3 Me inspiran a seguir.

Nos leemos en la próxima actualización ^o^ ¡Un abrazo apashurrante para todos!