← Project Evans · de
Project Evans — capítulo 6
Capítulo VI, Indeseable
—¿Está bien, Capitán? —Preguntó una voz distorsionada.
El susodicho volteó hacia su interlocutor, ninguno podía ver su expresión puesto que los visores impedían tal cosa. Sin embargo, se había quedado fijo en un solo punto, como una estatua, por un buen rato y era eso lo que le había animado a preguntar.
—Sí ¿Qué decías?
—Nos preguntábamos —Dijo uno más—. ¿Qué hacemos en este comedor?
El Capitán no respondió. Los tres estaban en una mesa del comedor de Hufflepuff y la gente normal les miraba con curiosidad. Moony y Padfoot tenían la intriga de saber que mosca le había picado a su superior para querer almorzar en aquel lugar, era la primera y única vez que sucedía… y eso no podía presagiar nada bueno.
Se dieron cuenta de que, en un segundo, el hombre se puso en guardia, levantando la mirada sobre sus hombros y estirando un poco el cuello. Ambos voltearon y vieron desfilar a tres singulares chicas. Cada paso era distinto como la propietaria, uno altivo, otro despreocupado y uno más gracioso, grácil. Lily llevaba el cabello recogido en una trenza sirena que descansaba sobre su hombro derecho, Mary lo tenía corto y sujeto con un broche, el de Andrómeda caía sobre sus hombros con gracia y se movía con su andar. Las tres melenas eran esponjosas y brillantes.
—Ahí va mi destino —Les dijo al ponerse de pie, denotando un entusiasmo que jamás le habían visto.
Moony y Paddy se miraron, quizá con incredulidad.
Con paso decidido, el Hechicero se abrió camino hasta donde las féminas parloteaban sobre algo aparentemente interesante. Lily parecía un poco distraída, pues su mente se encontraba en otro lado, con un chico de ojos verdes. ¿Estaría él cerca? Con tanto Hechicero cubierto de pies a cabeza no podía saberlo. Mary y Andrómeda callaron abruptamente de un momento a otro, lo que llamó su atención, ambas parecían asustadas.
—¿Sucede algo? —Preguntó extrañada.
Un carraspeó distorsionado le hizo dar un pequeño salto en su lugar y volteó lentamente, encontrándose con la imponente figura de aquel que le había salvado de una muerte segura. No podía ver su cara pero el recuerdo de los rojos ojos le hizo temblar bajo la piel.
—Buenas tardes, señorita Evans.
Lily tragó en seco, temerosa.
—Buenas… tardes.
—¿Quisiera… —Musitó él, su porte orgulloso era regio y le daba un toque atemorizante—. … almorzar conmigo?
Casi todo el comedor se quedó en silencio. Lily perdió el color que siempre mantenía y bajó la mirada.
—Ya… ya he almorzado —Mintió. Mary y Andrómeda le miraron sin fingir su asombro—. Lo siento.
—Entonces, será en otra ocasión —Respondió en un tono que sonó duro—. Qué tenga… una linda tarde.
Miró a los lados antes de moverse y, en cuanto lo hizo, todos los demás volvieron a sus actividades. Él se marchó con paso rígido y apresurado, pasando de largo la mesa donde Moony y Padfoot estaban. Estos le siguieron unos segundos después.
La pelirroja no despegó la mirada de la amplia espalda hasta que desapareció tras una puerta automática. Arrugó la frente con confusión. ¿Qué rayos había sido eso? ¿No que la cercanía entre Hechiceros y Muggles estaba prohibida?
—¡Merlín, le gustas! —Exclamó Mary detrás de ella, aún estaba en shock—. ¡Le gustas al Capitán!
Lily se hundió en su lugar y seguidamente se refugió detrás de ellas, la gente le miraba sin disimular y cuchicheaban demasiado alto.
—Pues a mí me da miedo —Respondió irritada.
—Pero Lily, es el mayor mando en Hogwarts, es como… ¡como el presidente! —Añadió Andrómeda.
—¿Y eso qué? Es aterrador.
—No te lo niego, da algo de miedo… pero es una gran oportunidad.
—¿Oportunidad para qué? —Replicó.
—Bueno… —Andrómeda se encogió de hombros—. Yo solo digo.
Mary también lo hizo y, en un acuerdo mudo, decidieron salir del comedor. Era incómodo tener todas las miradas encima y los murmullos indiscretos revoloteando por el lugar. Lily decidió ignorar todo aquello, ella no estaba interesada en tener algo con nadie en esos momentos.
No obstante, hubo momentos demasiado parecidos a ese. El Capitán parecía renuente a dejar pasar alguna oportunidad de verla y se paseaba por todo Hufflepuff con soltura. Cada que sucedía, Lily solía evaporarse como la niebla y desaparecer en el momento preciso.
—¿Ha visto a la señorita Evans? —Preguntó el hombre, dándole alcance a Andrómeda a medio comedor al día siguiente.
—Se ha tomado el día libre —Respondió esta—. Dijo que tenía algo importante que hacer.
—¿Algo importante? —Repitió… Jum. Que conveniente—. ¿No le ha dicho qué?
—Uhm, no —La castaña sonrió divertida repentinamente y suspiró—. Aunque, justo allí va.
Volteó a la dirección en la que la chica señalaba, encontrándose con la visión de la pelirroja, ataviada en un traje deportivo negro con franjas amarillas a los costados. Su característica cola de caballo se movía con su gracioso trote y llevaba pinceles, brochas y un pedazo de tela en las manos. Andrómeda lo despertó de su ensoñación con una falsa tosecita.
—Muchas gracias —Se despidió con una leve reverencia y corrió a por ella.
Lily se desapareció en un pasillo y la gente que transitaba por allí le impidió avanzar más rápido. La siguió hasta los niveles más bajos de Hufflepuff y la vio doblar en un recodo. Suspiró. A pesar de ser pequeña, la pelirroja era muy rápida y escurridiza. Dobló en la misma esquina y se encontró con un pasillo desierto.
Más allá no parecía haber nada ni nadie y no había desviaciones, ni habitaciones ni puertas. Esperó un momento pero ella no volvió a aparecer, así que dio media vuelta y volvió… quizá había visto mal.
* * *
Suspiró.
Era imposible mantenerle el paso, la chica incluso lograba evadir las cámaras de seguridad. ¿En dónde rayos se metía?
Justo en ese momento le había seguido hasta los niveles de Ravenclaw, donde se le había escapado por un pelo de rana pelona. Una puerta automática se abrió y de ella emergió un joven de cabellos negros y bata blanca, que llevaba en las manos unos documentos, los cuales leía. Ambos se detuvieron frente al otro y mantuvieron la vista fija.
—Capitán —Siseó Severus.
—Snape —Le imitó el otro.
—Oye, Sev…
Lily, que había emergido de la misma puerta, guardo silencio instantáneamente y borró su sonrisa; la tensión era casi palpable en el ambiente y aumentó mucho más con su presencia.
—¿Podría volver por un papel que me he dejado en el escritorio, señorita Evans? —Irrumpió Severus en el silencio que se formó durante unos segundos. Lily enarcó una ceja ante el formalismo y volvió sobre sus pasos a la oficina sin decir absolutamente nada.
En cuanto la puerta se cerró detrás de sí, el pelinegro bajó los papeles y miró con profundo desdén al Capitán.
—Explícate, Snape —Demandó este, con un tono cargado de furia.
—¿A qué exactamente se refiere? —Respondió el otro con parsimonia, la burla brillando en sus ojos negros.
—El código dicta que la relación entre…
—Me sé perfectamente el código, gracias —Atajó—. Y puedo vanagloriarme de respetarlo al pie de la letra.
—Aléjate de ella.
La comisura izquierda de los finos labios de Severus se elevó sutilmente y sus tupidas cejas se enarcaron en un gesto que decía: "¿O sino qué?". El Capitán apretó los puños y su lenguaje corporal no demostró nada más que hostilidad. Se inclinó levemente hacia él, amenazante.
—Estás pisando terreno peligroso.
—Peligro es mi segundo nombre —Se burló Snape al tiempo que Lily volvió a salir.
El Capitán pareció echarle una mirada rápida a la pelirroja y luego se alejó por donde había llegado a grandes y toscas zancadas.
—Creía que tu segundo nombre era Tobias —Inquirió la chica.
—¿Tenías que arruinar mi momento? —Bufó el pelinegro. Ella sonrió—. ¿Has estado haciendo amigos?
—Ese sujeto me da miedo —Declaró con una mueca.
—Créeme Lily, entiendo perfectamente porque…
* * *
—Ese pelele me sigue a todos lados, no sabes lo difícil que es moverse por este lugar con tremendo gorila pisándome los talones.
James ladeó la cabeza, mirando al frente. Lily llevaba exactamente veinte minutos y treinta segundos quejándose de la insistente presencia de un Hechicero, que al parecer tenía segundas intenciones con ella. Su frente se arrugó ante la perspectiva de un rival. Ambos estaban sentados en la alta columna de un mirador que daba a las afueras, donde solo había oscuridad y las luces exteriores de Hogwarts como reflejo en el sereno océano.
—Deberías informarle a alguien, eso es acoso y además está prohibido que se acerque a ti.
—¿Sabes que podría decir lo mismo de ti? —Recalcó con mal fingida inocencia—. Podría acusarte.
—Lo mío es distinto —Se acomodó de forma que le miraba con una expresión de lo más socarrona—. Tú te mueres por mí.
Lily le miró con sincero asombro y luego comenzó a reír.
—¿Enserio? ¡No me digas! ¿Quién te ha engañado de esa forma tan cruel?
El azabache pareció indignarse y echó la cabeza hacia atrás, mirando al techo. La pelirroja dejó de reír y le imitó. Pensándolo bien, su relación con James sí que estaba prohibida y podía causarle problemas… incluso Severus tenía algo que ver con ella, pero suponía que eso si era distinto. El pelinegro fungía como su doctor personal, así que quizá se dedujera que su lazo era una mera comunicación doctor/paciente. James, por otro lado, era… ¿Qué era? No podía responder a aquella pregunta, llevaba noches y días enteros intentando encontrar una vertiente que le llevara a la palabra que definiera lo que tenía con él. Eran cercanos, sí, quizá amigos… pero no de una forma tan íntima.
Lily tenía un problema a la hora de expresarse. No le había contado absolutamente nada de ella, aunque él ya le había relatado la mitad de su vida. Sabía que había vivido en Londres hasta ser reclutado, no le había dado una fecha exacta de cuando ocurrió aquello pero quizá no hacía mucho, ya que los dieciocho. Tenía la extraña sensación de recibir y no dar nada a cambio, lo que le desagradaba… quizá… quizá ya iba siendo hora de...
No… Aun no estaba preparada.
—Tus ojos me lo dicen siempre —Soltó James de pronto. Escuchó su voz un poco lejana, como si le hubiera susurrado.
—¿Te dicen qué?
—Lo que sientes.
—¿Sobré qué?
La ronca risa que brotó de sus labios le hizo recordar de lo que hablaban y se arrepintió de haber perdido el hilo de la conversación. Le volteó la cara, intentando ocultar sus mejillas sonrojadas.
—Creo que te has hecho demasiadas ilusiones —Masculló—. Yo no siento nada por el estilo.
James no borró su sonrisa, pero sus ojos dejaron de brillar y ya no dijo nada más. Quizá era cierto, Lily podía no sentir lo mismo que él, sino es que nada. Pero había algo en ella, algo que no podía ignorar, era una fuerza lo suficientemente fuerte para saber que la protegería de y ante todo. La sangre en sus venas corría por Lily, sus pulmones se expandían y contraían por su aroma, sus ojos catalizaban correctamente por mirar su rostro, su corazón latía imitando al de ella…
¿Pero cómo podía hacérselo saber? ¿Cómo? Si después de pasar todo ese tiempo juntos, de abrirse completamente, ella aún seguía alzando muros a su alrededor, impidiéndole el paso. Su pelirroja tenía una historia que él anhelaba conocer, pero no sabía si estaba a un paso de llegar a escuchar.
—¿Crees que haya esperanza? —Su voz salió demasiado cargada de añoranza y de desazón, marcando su propio sentimiento. Lily ladeó la cabeza sin comprender del todo a qué se refería. James le sonrió débilmente—. ¿Crees que el mundo tenga esperanza?
—Esperanza —Susurró ella, probando la palabra en sus labios.
La encontró floja, sin un ancla como antes la había tenido. Su madre solía referirse a esa simple unión de letras como lo más hermoso en un ser humano, como la llama que arde dentro de cada ser, el atisbo de luz que mantenía con vida el sol que se encontraba detrás de las oscuras y espesas nubes pero aún calentaba lo suficiente el planeta para consentir la vida en él.
Se dio cuenta de que la palabra esperanza había desaparecido de su vocabulario desde el incidente que la llevara a ese lugar y el significado se había desvanecido con la luz de la campanilla. Para ella la esperanza había sido poder ver caer las hojas en otoño junto a su padre, ver a Petunia llegando al altar, observar a su madre besar las mejillas regordetas de sus nietos y tenerlos muchos años más.
—Lo he olvidado —James la miró con curiosidad, más sintió un peso muerto en la boca del estómago al notar que realmente había confusión en su rostro—. He olvidado lo que significa… esperanza.
—Bueno… la esperanza es como saber que algún día el cielo volverá a ser azul o al menos eso es lo que deseas. Es tener confianza en que todo va a mejorar y la vida llenará cada rincón del universo.
—¿No es eso un poco tonto? —Lily se echó hacia atrás, recostándose sobre sus brazos. El pecho le subía y le bajaba al compás de su respiración—. Si eso fuera la esperanza… podría ver a quienes amo una vez más. Pero la vida sigue, y sé que eso no ocurrirá nunca, ellos no volverán por más que yo lo desee… la esperanza no serviría más que para causar un dolor innecesario.
El silencio punzante que se extendió después de sus duras palabras, solo sirvió para acentuar el dolor en el pecho de ambos. Ella sufría por la pérdida y él por no poder hacer nada que le ayudara. Lily apenas vio a James moverse rápidamente, y su sombra lo cubrió todo.
De pronto no podía ver nada más que su rostro sobre el de ella y sus ojos brillando con un destello verde. Eran como un cielo estrellado en miniatura, un pequeño universo, aunque ella jamás había visto las estrellas antes.
—¿Sabes lo que yo veo? —En la mente de Lily las preguntas "¿Qué? ¿Qué es lo que ves?" sonaron demasiado anhelantes, tanto que ella misma se asustó—. Yo veo la esperanza… en ti.
Las espesas cejas del color de la tinta, se juntaron en ese lugarcillo tenso de su frente que ella adoraba en secreto, y su rostro adquirió un matiz distinto, profundo, concentrado.
—Puedo percibirla en tus ojos, brillando a través de tus pupilas —Su tono era suave, como el algodón, pero lo suficientemente resuelto para hacerla enmudecer—. La escucho en tu risa, en tu voz.
Cerró los ojos momentáneamente, recordando el rostro de la chica en distintas situaciones, jugando con una niña, auxiliando a un anciano, buscando brindar ayuda en lo que podía; aunque era como mirarla a través de una tela, a través de otros ojos.
»Eres el alma más gentil que he conocido… tú eres la esperanza, Lily.
—¿Eh…?
—Eres… mi esperanza.
Por un momento el corazón le latió desbocado y golpeó las paredes torácicas de su pecho dolorosamente. El efecto de esas palabras no lo había esperado, no lo había sentido con anterioridad. James le miró intensamente, más luego desvió la mirada y se volvió a sentar en su lugar, doblando una rodilla y apoyando la frente en ella. Sus manos se enredaron en el revoltoso cabello con un poco de frustración.
Lily se incorporó un segundo después, sin atreverse siquiera a pronunciar palabra.
—Es solo que… —Dijo él, tan bajito que tuvo que esforzarse para escucharle claramente—. Cuando estoy contigo, olvido todo lo malo que hay en mi interior…
Dejó caer las manos a sus costados y suspiró. Ella tuvo la sensación de estar mirando a un niño indefenso.
»Tienes el extraño poder de hacerme sentir normal —Siguió murmurando—. A ti no te importa lo que soy, me acompañas sin prejuicios y sin temores. Eres maravillosa, Lily.
Era como escuchar a un hermanito confesar que te admira, y aquella ternura le invadió el cuerpo con un cosquilleo. Sus brazos se cercaron alrededor de él y apoyó la mejilla contra su cabeza con cariño. Su sentido protector se había encendido de repente, como si James no fuera un fiero Hechicero, solo un chico solo y desamparado.
El azabache se había puesto tieso como una tabla y el rostro le ardía, mientras sus costillas eran atacadas por un desenfrenado martilleo. Lily le había abrazado una única vez y solo por miedo, esa era la primera vez que le abrazaba voluntariamente.
—No hay nada malo dentro de ti, tonto —Le arrulló dulcemente—. Y eres perfectamente normal, quizá te falte un poco de cerebro pero no es nada que alguien pueda notar de inmediato.
James dejó escapar una risita que sonó encantadora, aunque solo era el reflejo de su timidez y bochorno. Por un instante permanecieron de esa manera, él cobijado bajo el manto dulce de los cálidos brazos de Lily, mientras ella pensaba en las palabras que le había dedicado. Qué él la considerara tan importante le hacía sentir… diferente.
—¿Lily? —Llamó, como quien no quiere la cosa.
—¿Sí?
—Se me ha entumido el cuello…
—¡Oh! —Se alejó rápidamente, sentándose en donde había estado anteriormente y mirando como sus pies se balanceaban—. Lo siento.
—No —Respondió James, una sonrisa tensaba sus labios—. No lo sientas.
—Entonces… ¿decías que puedo denunciarlo?
—Ajá.
—¿No importa que sea el Capitán?
—¿Qué?
Lily se asustó por el repentino sobresalto, la cara de James parecía aterrada de pronto.
—Ah, uhm… —Balbuceó—. Bueno, creo… creo que es el Capitán, eso dijo Mary.
James apenas y le puso atención, su mirada vagaba inquieta por la ventana, como si pudiera ver en la densa oscuridad. Se preguntó si es que acaso tenía miedo a ese hombre, justo como ella.
—Es hora de irnos —Anunció el azabache, poniéndose de pie y, sin esperar, echó a andar—. Es mejor que descanses.
—¿Eh? ¿Pero por qué? —Replicó ella, siguiéndole—. Aún no es tan tarde…
—¿Te importa regresar sola a tu habitación? —Continuó su camino, descendiendo entre las columnas e ignorándole—. Recordé que debo hacer algo importante.
—Pero…
—Nos vemos después.
Le dedicó apenas un gesto con la mano y se perdió entre los oscuros corredores. Lily se quedó allí, mirando incrédula la salida. ¿Se había ido sin ella? ¿La había dejado allí? ¿Enserio lo había hecho? El silencio le dio la respuesta, puesto que aunque pasaron algunos minutos no se escuchó nada más.
Miró hacia todos lados, encontrándose completamente sola. Con un pie frente al otro, emprendió el paso por donde había llegado, siguiendo exactamente el mismo que James tomó. Los pasillos desiertos ya no le asustaban, tenía más confianza en Hogwarts por haberla recorrido casi por completo con él. Y aunque le había dicho que se fuera a dormir, eso era lo que menos haría. Su boca se torció, comenzando a enojarse con James.
—Idiota —Farfulló, su paso se tornó orgulloso.
* * *
Cayó sentada en el suelo, exhausta. Estaba cubierta de pintura de diversos colores, incluso en el cabello y tenía un pincel en la mano, otro en la oreja. Secó el sudor de su frente y miró satisfecha su trabajo.
—Ha quedado bien —Se felicitó a sí misma, sonriendo dulcemente.
Al menos su noche había sido productiva.
Sé que no tengo perdón de Dios pero me disculpo de todas maneras xD ¡Tres semanas sin actualizar! Pero han sido las más extenuantes de mi vida e_e demasiada tarea y examenes y uff... esto es demasiado. Los musos me abandonaron por un momento, creo que como castigo. Pero en fin, he vuelto(?)
Por favor, tenganme paciencia.
¡Un saludote a la linda Gwen! :3 Y a todos los que me leen. ¡Un beso!