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Las Crónicas de Narnia III: Lady Katherine — capítulo 1

El sonido se hacia cada vez más agudo, era insoportable en mis oídos, sentía como si fueran a sangrarme los tímpanos. De repente un golpe seco hizo que me vaya hacia adelante, sentí que maletas se caían cerca de mí. Abrí los ojos lentamente, la luz que entraba por la ventanilla se oscurecía por la lluvia. 

Una voz aguda y exaltada me hizo reaccionar; una mujer cuarentona de cabello pelirrojo, muy natural. Su nariz era sumamente fina y un poco alargada. Siempre la recordaré por su atuendo, seguro pertenecía a la aristocracia inglesa, su vestido era entallado en la cintura y con mangas largas.

-Niña, niña ¿Estas bien?-dijo gentilmente la dama.

-Emm claro, gracias- conteste mientras me sentaba adecuadamente.

-Los maquinistas de hoy no tienen cuidado; encima con esta lluvia- se sentó a mi lado- Me llamo Margaret Kynslie ¿Y tu?-

-Katherine Jones- le extendí la mano. Pero ella abrió su boca en una perfecta "O", luego se tapo la boca. Tomo mi mano entre las dos suyas. No entendía nada de lo que ocurría- Señora ¿Se encuentra bien?- Unas lagrimas empezaban a caer de sus ojos color verde.

-¡Oh Katherine! ¿Tu eres hija de Emily y Henry?-Me asuste ¿Cómo sabia el nombre de mis padres?-

Si, ellos son mis padres ¿Pero como sabe esto usted?-

-Querida yo era muy amiga de tu madre ¿Tu segundo nombre es Margaret? Es por mí. Tu madre dijo que te lo pondría-

-Si, ese es ¿pero como conoció a mi madre? ¿Usted sabe que esta…?-

-Si lo se cariño, tú eras tan pequeña. Tu madre y yo éramos alumnas del colegio St. Finbarr' ¿Tu a que colegio asistes?-

-Al colegio Experimental de Cambridge, me dirijo hacia allí, para empezar primer año de la escuela superior-

-Pero niña ¿Has perdido años por enfermedades?-

-No, no, tengo quince, en Septiembre 19 cumpliré dieciséis años-

-¿En que año naciste? Si mal no recuerdo fue en 1926. Mi niña tienes diecisiete, no quince-

De que hablaba, yo tengo quince, si me fui a Narnia y el colegio Experimental empezará, empezará… ¡Por Dios! Todo estaba en mi memoria. Hace dos años yo era alumna de ese colegio, hace dos años vivía allí en el campus, cada examen, cada vacación de verano en que volvía a Londres. ¿Es posible que haya vivido en dos mundos al mismo tiempo? Al parecer lo era.

Seguimos charlando hasta la estación de Cambridge, Margaret también bajaba allí.

Me contó que mi madre estuvo en el cuadro de honor del St. Finbarr', y que conoció a mi padre volviendo a su casa, ya que mi padre asistía al colegio del otro lado de la calle, Henson House. Al llegar a la estación ambas nos paramos y tome mi maleta junto con mi bolso de mano. La Srta. Kynslie ofreció a llevarme hasta el colegio. Acepte muy contenta. Al llegar a la escuela ofreció esperarme y que vayamos a comer, pero dolida le dije que debería arreglar mis cosas, que otro día aceptaría. Me dejo su teléfono, para que cuando necesite  "escapar" la llame.

Al llegar a mi cuarto acomode todas las cosas que traía; ropa, jabones, toallas, libros, entre algunos de ellos me di cuenta que tenia unos que me había prestado una niña cinco años menor que yo, que también asistía al mismo colegio (Se los tengo que devolver). Seguí guardando cosas, las polleras colgadas para que no se arruguen. Las camisas y remeras dobladas. Los dos pares de zapatos que tenía en la mesa de luz. Los toallones en el estante junto con los jabones y demás accesorios para el baño. 

Al casi terminar de sacar todo de la maleta note que se encontraba unas telas blancas y marfil, me hizo recordar a mi vestido el día que Rilian fue coronado. ¡Que va! Si era ese mismo. Al levantarlo vi que pesaba más, lo apoye sobre mi cama recién hecha. Al empezar a desenvolverlo note que dentro el se encontraba un cofre de madera. El mismo cofre que Aslan me había dado. Lo abrí cuidadosamente, en su interior se encontraban cuatro anillos de oro todos tenían dibujos que obviamente eran narnianos, además había cinco collares, también de oro, con las mismas formas narnianas que los anillos, cada pieza del collar formaba este. Era la joyería más exquisita de todo el mundo, no por su valor, si no de donde procedían y el diseño. 

Decidí esconder todo aquello en el único cajón que tenia llave, volví a extender mi cama ya que pronto pasaría una de las rigurosas inspectoras. Aun faltaba una semana para el colegio de las clases, tomé los libros prestados y me dirigí a devolverlos.