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Las Crónicas de Narnia III: Lady Katherine — capítulo 2
Se notaba que el día anterior había llovido, como el anterior a ese, y el siguiente a aquel, pero bueno había llovido. Los charcos todavía eran posibles de saltar en las calles. Ese día el sol iluminaba con fuerza, y las nubes no lo tapaban. Con mucho cuidado para no ensuciar mis zapatos ni mi único vestido, caminé cinco cuadras hasta la casa de los Pole. Aquel vecindario era absolutamente hermoso, las casas no mayores a dos plantas de alto, jardines pequeños en las entradas, puertas y ventanas de roble hacían un paisaje digno de una postal. Al doblar a la esquina, la tercera casa esa mi destino. La Sra. Pole regaba un rosal de rosas blancas, el aroma de aquellas flores inundaba mis fosas nasales.
-¿Sra. Pole?-llame algo tímida.
-¡Katherine!- soltó la regadera y vino dando saltitos-Querida, no sabia que ya habías vuelto de Londres-
-Oh si si, esta mañana llegue desde allí. Lamento ser descortés, pero ¿Jill se encuentra?-
-¡Oh no! Esta en la casa de los Scrubb-miro los libros que llevaba en las manos- Pero si quieres yo se los puedo dar-
-En realidad es muy amable de su parte, pero ¿Cree que se enfadaría si voy a dejárselos allí y le robo unos minutos?-
-No creo querida, es muy probable que ya este volviendo-
-¡Genial! Iré allí. Un gusto verla Sra. Pole- sacudí mi mano mientras ya estaba caminando hacia donde la calle terminaba. Esa era la casa de los Scrubb, si la casa de Jill era bonita, la de los Scrubb era magnifica. El Sr. Harold Scrubb era uno de los escribanos más reconocidos en Cambridge y en Londres también. El hall de la casa estaba tres escalones más alto que el nivel de la acera. Toque el timbre, a los pocos segundos un niño de la edad de Jill salió a recibirme, seguramente era el hijo de Harold y Alberta.
-Hola ¿Te puedo ayudar en algo?-
-Hola, me llamo a Katherine. Lamento molestar, estoy buscando a Jill ¿Esta ella aquí?-
-Si, claro pasa. Estamos en el pequeño jardín en el patio trasero. Por cierto mi nombre es Eustace-
-Gracias Eustace- Recorrimos toda la sala de estar un pasillo que tenía puertas que daban a baños, cocinas, pequeñas bibliotecas, oficinas, pasamos por dos o tres escaleras; hasta llegar a la gran puerta de vidrio que daba al jardín. A unos pasos se encontraba Jill quien salió disparada.
-¡Hey! ¿Qué haces tú aquí?-pregunto muy alegre mientras me daba un abrazo.
-Vine a traerte tus libros-los mostré- Se que debí haberlos dejado en tu casa, pero quería verte-
-Esta bien ¿Cómo pasaste tus vacaciones?-
- Como siempre Jill. Será mejor que me vaya antes de que se largue a llover otra vez- Las nubes eran de color morado y otras eran grises muy oscuro.
-¿Y porque no te quedas un rato con nosotros?-interrumpió Eustace-Iremos a dentro porque si mi madre ve que estamos todos mojados nos matará.
-Claro, unos minutos más puedo quedarme- Entramos en la casa y nos dirigimos hacia el hogar, a su alrededor había ubicados sofás largos, medianos y chicos, todos en color chocolate.
-Iré a ayudar a mis primos a traer las cosas-se levanto Eustace y camino hacia el pasillo de múltiples puertas. Una vez que se alejo lo suficiente hable con Jill.
-Creo que debería irme, fue muy dulce invitarme pero es una reunión familiar y yo estaría interrumpiendo-
-Claro que no Kate-también susurraba- Yo no soy de la familia y estoy aquí, los primos de Eustace en verdad son muy gentiles-
-Sigo pensando lo mismo-me paré- Por favor despídeme de Eustace y ofrécele mis disculpas- Cuando ya estaba a dos metros de la puertas oí que alguien me llamo.
-¿Kate?-una voz gruesa pero a la vez que se notaba que hace poco había aparecido me hizo sentir escalofríos por todo el cuerpo. Esa voz era tan familiar, sentía que hace siglos la conocía. Era imposible, no podía ser… el. Al darme la vuelta, vi a cuatro niños. Una dulce Lucy con el pelo revuelto sosteniendo unas tasas con té, un maduro Edmund con los ojos abiertos como platos, una cambiada Susan, con una coleta alta mientras vestía una camisa y pollera más de una adulta que de su edad, y el, Un Peter, mi Peter, con los rubios cabellos desordenados, sus ojos azules más azules que nunca, su mandíbula caída, y sus mejillas rojas como un tomate.
-¿La conocen?-interrumpió Jill.
-Es que…que- no me salían las palabras de la boca.
-¡Esperen! ¿Kate? ¿La Kate de Peter?- fue imposible no reírnos con esa pregunta.
Lucy dejo la bandeja en la mesa ratona y corrió hacia mi- ¡Kate!-me abrazo, y yo también- ¿Que haces aquí?-
-No tengo idea-sonreí.
Nos sentamos y hablamos por horas y horas. Les conté todo lo que había pasado en Narnia y aquí también. Ellos me contaron que seguían viviendo en Londres luego de que la guerra termino. A toda esta conversación tenia enfrente de mí a Peter. Nunca me había sentido así, tenia ganas de besarlo y abrazarlo, pero por alguna razón otro sentimiento me dictaba no hacerlo. No nos sacamos la mirada uno del otro. Al dar casi las seis de la tarde, Jill veía volver a su casa, y yo al campus. Decidieron acompañarnos. Susan, Edmund, Lucy y Eustace se quedaron en la casa de Jill, fingiendo tener una conversación de la cual nosotros no entendíamos. Peter insistió en acompañarme hasta el campus.
-Así que...-iba pateando piedras.
-Así que…-suspire- Pronto volverán a Londres ¿verdad?-
-Si, en un par de días. Para empezar el colegio ¿Tu te quedarás en Cambridge?-
-Aquí vivo, y seria suicidio volver a Londres. ¿A que colegio asisten?
-Claro, claro por tu tía y tus primas. Su y Lu asisten al St. Finbarr', Ed y yo a Henson House, en frente-
-¿En serio? Mi padre y mi madre asistieron a esos colegios-
-¡Woaw!- ya habíamos llegado al Campus- Bueno aquí es- apunto a los dormitorios.
-Si así es-yo también apunte.
-Tal vez nos veamos, digo en estos días-
-Claro me encantaría verte, mm digo verlos a todos ustedes-
-Si claro, claro como en los viejos tiempos ¿no?-
-Si, exacto, seria genial. Bueno, tengo que irme-
-Claro, yo también- Nos alejamos, no llegue a hacer dos metros que sentí sus manos en mi cintura. Me dio vuelta. Lo tenía frente a frente, sentía su respiración, como latía aceleradamente su corazón. Se acerco hacia mi boca lentamente, a milímetros de distancia corrí mi cara y deje que me bese en la mejilla derecha. Bese su mejilla derecha también, tome tiempo para poder sentir su piel en mis labios, otra vez. Nos separamos, y fuimos alejándonos de a poco pero sin perder los ojos del otro.
Esa noche soñé cada uno de los momentos que pasamos juntos. Nuestro encuentro, la propuesta de matrimonio, las batallas, nuestro casamiento, cuando, cuando… perdimos a nuestro bebe. Toda una vida junto a el, y ahora acá empezando de cero.