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Annabella Potter, la tía de Harry — capítulo 11

Capítulo 11:

Punto de vista de Bella:

Luego de haber pasado por un terrible día en el Ministerio, era bueno poder descansar un poco al lado de Remus.

A la mañana siguiente, encontré una nota de él, al lado de la lámpara de mi habitación. Había olvidado por completo que hoy era luna llena y Remus, debía alejarse de mí.

-Por lo visto, me quedare sola hoy.-murmure para mí misma, mientras me levantaba.

Al bajar las escaleras, me di cuenta de que mi casa, era demasiado grande y aún más cuando uno se encontraba solo. Tuve la idea de ordenar cada habitación que había y de ir pensando cómo sería la habitación de mi futuro bebe y tal vez ir ideando un plan para que cuando Harry creciese, no me odiase por lo que hice.

Comencé con mi antigua habitación, la verdad no era tan grande como yo creía cuando era pequeña, pero de todas formas era el único lugar en donde estaba a salvo de las bromas de James y Sirius.

De un gran armario de pino, saque varias cajas que creía olvidadas. En ellas había muchas cosas que sin que yo lo quisiese, se llevaban a revivir cada momento de mi pasado.

Mientras bajaba una caja, un pequeño libro, golpeo mi cabeza para luego caer al suelo. Deje la caja sobre mi cama y tome el libro. Lo reconocía, había sido un regalo de mis padres cuando empecé primer año, recordaba que en él escribía las cosas que sentía cada vez que Remus, pasaba a mi lado.

15 de Diciembre de 1974.

Faltan diez días para el baile de Navidad, todas mis compañeras ya tienen pareja menos yo, por la culpa de James y Sirius, ningún chico se quiere acercar a mí.

Lily, varias veces les advirtió que me dejasen en paz, pero ninguno hace caso. Creo que tendré que pasar Navidad, encerrada en mi habitación leyendo o adelantando alguna tarea para después de las vacaciones. Mi mamá me mando un hermoso vestido, pero tendré que decirle que no puedo aceptarlo ya que no tengo con quien ir…

Sonreí al ver las cosas que escribía a los 13 años. Di vuelta la página y seguí leyendo.

20 de Diciembre de 1974.

Hoy en el desayuno recibí una carta, pero no era de cualquier persona, no era de mis padres, de Regulus. Era nada más ni nada menos de Remus. Él tampoco iría al baile y por eso me propuso que pasáramos el sábado juntos como amigos. En la carta no especificaba el lugar en donde debíamos reunirnos, solo decía que me quedase en mi habitación y el vendría por mí.

La primera en enterarse, por supuesto, fue Lily. Ella está muy orgullosa y me prometió que James no se enteraría de nada.

Extrañaba los tiempos en que el mundo Mágico era libre y en donde nadie temía a nada. En fin, extrañaba todo lo anterior a esto.

Mientras guardaba aquel libro, iba pensando en mi pobre Remus, jamás había visto como se convertía, pero podía asegurar que era demasiado doloroso.

Cuando cayó la noche, ya había terminado con mi labor y ahora me encontraba sentada en el sillón con un libro sobre mis piernas y una taza de té en la mesa.

De reojo miraba la luna, no faltaba mucho para que el proceso de humano - licántropo, comenzara.

-Cuando vuelvas, yo te cuidare, Remi.-me dije a mi misma, mientras iba a la cama.

Punto de vista de la narradora:

"Una vez al mes, se despertaba fuera de su cama, en algún bosque cercano, con sus ropas desgastadas y llenas de sangre, con trozos de carne entre sus dientes, con la voz ronca y sus músculos adoloridos. Le había pasado otra vez y le seguirá pasando, a menos que la Luna desaparezca…"

Esas palabras, sacadas de uno de los libros de Bella, rondaban por la cabeza de Remus, minutos antes de su transformación. Desde la muerte de Lily, Severus, olvido darle su dosis de la poción "Mata Lobos", la cual conseguía mantenerlo tranquilo y lo convertía en un licántropo, dócil.

Detrás de un manto de nubes negras, hizo su aparición la plateada Luna llena. Sus pupilas se dilataron haciendo que las venas de sus ojos se eyecten de sangre. Sus extremidades, comenzaron a crecer rasgando los hilos de su ropa. Su mandíbula, comenzó a deformarse, desplazando los dientes humanos dejando lugar para largos y disparejos colmillos. Algo quemaba en el interior de su garganta. Algo quería salir pero no podía, quería explotar y sacar el lado salvaje de un verdadero licántropo.

Un estruendoso aullido, retumbo por todas las paredes de aquella abandona casa de campo. Antes de empezar con su metamorfosis, se aseguró de bloquear todas las puertas y ventanas para evitar las ansias de alimentarse y causar algún problema.

La única testigo era la Luna, contemplaba como hasta hacía pocos segundos Remus, dejaba de ser una persona para convertirse en un licántropo. En tiempos de antaño, él, contaba con la compañía de sus amigos, pero ahora se sentía completamente solo.

Por una de las ventanas, miro y soltó un fuerte aullido que mezclaba rabia, impotencia y por sobre todo, tristeza.

La Luna, una vil espectadora, desapareció tras un manto de oscuras nubes. Remus, volvió a ser una persona. Cayó sobre sus rodillas, sus ojos eran color miel otra vez, pero está vez, estaban llenos de lágrimas. Extrañaba a sus amigos, pero tampoco podía exponer a su dulce Bella a que le haga compañía.

La noche paso dura para él, varias veces la Luna dejo de verse haciendo que Remus, sufriese más de lo debido. En tan solo un par de horas, se transformó 7 veces.

Cuando llego el bendito alba, su interior pudo guardar al lobo y liberar al humano que encarceló. Con la poca fuerza que poseía, desapareció.

Punto de vista de Bella:

Estuve toda la noche pensando en Remus. Era temprano por lo que decidí esperarlo en la sala. Corrí las cortinas dejando que el sol inunde todo. Lleve la taza de té a la cocine y comencé a preparar el desayuno, tarareaba una canción en la cocina cuando sentí algo que se desplomaba en la sala. Lo primero en que pensé fue en…

-Remus.-deje lo que estaba haciendo y salí de la cocina.

-Por Merlín.-en el suelo, se encontraba él. Me arrodille a su lado, tome su cabeza y la coloqué en mis piernas. Palmee varias veces sus mejillas, mientras lo llamaba.

-Por favor, Rems, no me dejes ahora.-trataba de controlar mis emociones, pero se me hacía difícil.

No sabía de donde había sacado fuerza, pero lo levanté mientras colocaba uno de sus brazos sobre mis hombros y lo llevaba a nuestra habitación.

Lo recosté suavemente en la cama mientras hacía que se sintiese cómodo. Lo cubrí con algunas mantas, mientras me acostaba su lado y hacía que su cabeza se apoyara en mi pecho.

-Yo voy a cuidarte, lobito.-bese su frente y lo acune entre mis brazos, tal como él hacía conmigo.