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Annabella Potter, la tía de Harry — capítulo 23
Capítulo 23
Bella:
Me desperté de golpe, me había quedado dormida cuidando de Remus. Giré apenas para verlo convertido en un humano nuevamente. Aún era de noche y la luna seguía escondida detrás de alguna nube, es por eso que por seguridad de todos y especialmente por la suya, no deshice el hechizo de las raíces que lo sujetaban, en cambio hice aparecer unas mantas para cubrirlo del frío.
-Enseguida vuelvo.-besé su mejilla y volví a tomar con firmeza mi varita, comenzando a correr por la espesura del bosque, debía encontrar a Harry. Cuando me aleje bastante, casi llegando a la cabaña de Hagrid, sentí un frío helador, que traspaso mi piel hasta llegar a todo mi interior, eso solo significaba algo. Dementores. Me aferré más a mi varita mirando para todos lados en caso de ver alguno. Sus característicos sonidos, llenaron mis oídos al punto de hacer que escuchase los gritos de Alice y Frank, cuando eran torturados. Me obligue a mí misma a seguir.
Nuevamente el frío apareció, pero con él, apareció una figura negra, enorme, el olor putrefacto que despedía, me dieron arcadas. Me aferré más a mi varita y espere a que estuviese lo más cerca posible para poder conjurar el hechizo.
-¡Expecto Patronum!- la figura de un gran lobo plateado, salió corriendo de mi varita, pasando por detrás de mí hasta chocar contra el Dementor, que tenía la boca abierta. Cerré los ojos y caí de rodillas, al suelo. De nuevo los gritos mis amigos, invadieron mis oídos, haciendo que se me formase un nudo en el pecho y la garganta.
-Bella.-escuché a alguien susurrar mi nombre. Voltee agitando mi cabello hacía a unos arbustos.- Bella…- detrás de un grueso detecte la figura de…
-Sirius.-exclamé emocionada, aflojé el agarre de mi varita y corrí a abrazarlo.-Perdón, perdón, perdón. Debí creerte, debí haberlo hecho. Perdón, perdón, perdón.-él me cubrió con sus brazos, acomodándome el cabello.
-Bellita, no tengo mucho tiempo. Quiero que sepas que no importan las cosas que pasaron en el pasado. Me comporté como un loco gritándose de esa forma, pero de alguna manera hice que me creyeras, ¿verdad?-asentí.-Bien, eso era lo que quería.-tomó mi rostro entre sus manos y me miro a los ojos.-Hace meses que te estuve siguiendo como un perro y no podía evitar ver el parentesco que tienes con James, eres igual a él.-
-¿A dónde iras?-pregunté tomando sus manos.
-Debo estar lejos por un tiempo, al menos hasta que me dejen de buscar.-baje la vista apenada.-Pero estaré en contacto contigo todo el tiempo, lo prometo.-sonreí y volví a abrazarlo.
-Gracias por volver.-le susurré al oído. Él besó mi frente, para luego llamar al hipogrifo de Hagrid.
-Nos veremos pronto, pequeña Potter.-los vi desaparecer en la inmensidad de la noche. Dejé de mirar al cielo y recordé que debía volver con Harry.- ¡Por cierto, está en la enfermería!-me gritó antes de perderse del todo.
Seguí atravesando el bosque hasta que pude ver la gran estructura del castillo ante mis ojos.
*-¡Nox!-*guardé mí varita y apreté el paso para poder cuanto antes a la enfermería. Para cuando llegue a los pasillos, me encontré con Dumbledore.
-Magnifica noche, ¿no crees, Bella?-preguntó, apoyado en uno de los ventanales, mirando la luna.- Estoy enamorado de esa luna.-comentó, con voz risueña.- Esta noche, más de una vida se salvó y todo gracias a Harry.-
-¿Cómo está ahora?-pregunté acercándome.
-Por el momento, bien. Está con el señor Weasley y la señorita Granger. Ve a verlo, te necesita.-asentí y salí de ahí.
Suspiré al llegar a la entrada de la enfermería. Abrí la puerta y sentí tres pares de ojos, que me miraba. Harry estaba con Hermione, sentados en la punta de la cama de Ron (quién tenía una gran herida en la pierna, causada por Sirius)
-Profesora.-habló Hermione, poniéndose de pie.
-Ya no me llamen así, solo díganme Bella.-ellos sonrieron.-Harry, ¿podemos hablar un momento?-sus amigos le indicaron que estaba bien y juntos salimos. La verdad esto era más complicado de lo que hubiera imaginado en doce años, ¿Cómo arrancaba?
-¿Es cierto?-preguntó, cuando llegamos a la Torre de Astronomía.- ¿Eres mi tía? ¿No es una broma ni nada?-negué.
-Desde el día en que te vi en los brazos de Lily, supe que mi trabajo era cuidarte y quererte como si fuese mi propio hijo.-reí.- Con solo 19 años, fui tú madre. Ayudaba a Lily en lo que podía y ella a su vez me ayudaba a mí con cosas del curso de Aurores. Cuando nos enteramos que Quién-ya-tú-sabes, estaba detrás de ustedes juro por lo que más quiero que quería entregarme yo antes de que los encuentren.-nos quedamos en silencio.-Ven, quiero mostrarte algo.- lo llevé hasta mi habitación, donde le entregué una pequeña caja.
-¿Qué es esto?-preguntó examinándola.
-Mis más preciados recuerdos.-ambos nos sentamos en la cama y saqué la más grande de las fotos.
-¿Somos nosotros?-preguntó. Asentí.-Fue el día en que naciste, el 31 de julio de 1980.-en la foto yo era más joven (tendría 18 casi 19). Yo lo tenía en brazos y lo mecía suavemente.
Narradora:
31 de julio de 1980:
Bella se encontraba en un viejo departamento de un barrio Muggle. Sobre su cama se encontraban todos los libros con los que estudiaba para poder graduarse, finalmente, de Auror. El sol caía lentamente sobre los grandes edificios, que estaba cerca del suyo. Ella se estiró y bostezó. Los parpados le pesaban y tenía ganas de dormirse. Cuando estaba a punto de apoyar la cabeza, la puerta sonó. De mal humor se puso de pie y atendió.
-¿Sirius?-preguntó al ver a su amigo, agitado.- ¿Qué ocurre?-
-Lily, está en el hospital. ¡El pequeño Potter, ya viene!-la tomó del brazo sin dejarla pronunciar palabra y la sacó de su casa. Los dos desaparecieron en menos de lo que se tarda en decir "Quidditch"
-¡Bella!-exclamó James, al ver a su hermana, llegar.-Que bueno que hayas podido llegar.-
-¿Hace cuánto que entró?-preguntó, abrazándolo.
-Hace un rato, ya van a llamarme para ingresar.-el azabache, temblaba de la emoción.
El tiempo fue pasando, los cuatro Merodeadores y Bella, estaban sentados con la expectativa alta. Bella, sostenía la mano de su hermano, apoyada sobre su hombro.
-Señor Potter.-anunció uno de los doctores, vestido con una bata verde.-Puede pasar.- James se puso de pie, rápidamente e ingresó junto al hombre. Ahora solo quedaban cuatro personas en la sala de espera.
La noche fue cayendo y la joven Potter, se estaba durmiendo sobre el hombro de Remus.
-¡ES UN VARÓN!-anunció James, abriendo las puertas de la sala de parto, de golpe. Los cuatro se pusieron de pie lo abrazaron felicitándolo.
-¿Se puede pasar?-preguntó Bella, esperanzada.
-Claro que sí.- respondió el azabache con una gran sonrisa, plasmando un beso la mejilla de su hermana.
Annabella ingresó y se quedó sorprendida al ver aquel pequeño bebé que dormía en los brazos de su madre.
-Bellita.-susurró Lily, con una gran y cansada sonrisa.-Ven, acércate.-la joven Potter, se acercó a s cuñada y se arrodillo junto a la camilla.- ¿Y? ¿Qué te parece?-
-Es… es el bebé más bonito que he visto en toda mi vida.-comentó con ímpetu, acariciando la mejilla de Harry. El niño abrió los ojos, dejando ver las dos grandes esmeraldas que había heredado de su pelirroja madre.
-¿Quieres cargarlo?-preguntó Lily.
-¿Puedo?-ella asintió, pasándoselo con mucho cuidado. Bella lo mecía algo parecido al instinto maternal, que en ella habitaba.-Hola, bebé, hola.-con su dedo indicé, le acariciaba la frente. Harry, pareció quedarse dormido ante el tacto y tomó entre sus pequeñas manos, el dedo de su tía. Bella, no pudo contenerse y varias lágrimas cayeron de sus avellanas ojos.