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Annabella Potter, la tía de Harry — capítulo 3

Capítulo 3:

 Luego de que Remus, le pidiese disculpas, los dos se quedaron un rato abrazados. Él, podía sentir ese embriagador aroma a canela con una pizca de vainilla, proveniente del cabello de Bella. Esa sensación de nerviosismo aparecía, cada vez que la tenía cerca y podía sentir su delicada piel, acariciando su mejilla después de cada luna llena. Otra vez la sensación de apoderarse de los labios de hermanita de James volvió a hacerse presentes.

-Anni yo…-no pudo seguir hablando al ver los oscuros ojos que lo miraban, hacía que el gran hombre lobo se acobarde y termine siendo un inofensivo perrito doméstico.

-Rems, ya me pediste disculpas por tu reacción. Yo te entiendo, y en cuanto a la chica de la cual estás enamorado, debe ser la más afortunada del mundo al tener la atención de alguien como tú.- ella con su pulgar, le acarició el dorso de la mano de Remus.

"Como me gustaría que te dieras cuenta de que eres tú"- pensaba él, sonriéndole.

-Bueno, será mejor que vaya yendo a Hogwarts, para hablar con Dumbledore acerca de…Harry.- ella hizo una pausa antes de nombrar a su sobrino.

Cuando, Bella, comenzó a alejarse sin soltar la mano de Remus, él sentía la necesidad de saber a qué sabían los labios de ella.

-Anni, no era eso lo que te quería decir. Yo quería saber si a ti te gustaría tener una…- la frase quedo inconclusa cuando un Patronus, enviado por Dumbledore, invadió la habitación.

-Lamento la interrupción, pero Bella, te necesito en mi despacho en este instante. De nuevo lamento si interrumpo algo.- dijo la tan melodiosa voz del director.

-¿Qué ibas a decirme, Rems?-él, salió del pequeño trance en el que quedo y volvió en sí.

-He… yo… nada olvídalo, otro día te lo diré.-ella le sonrío y antes de desaparecer, le beso la mejilla.

-Nos vemos en la noche, tal vez no tengamos que estar aquí por mucho tiempo, bueno ya decidiré a donde iremos.-el la tomo de la mano y la abrazó.

-Me alegra que estés bien.-le susurró al oído.

Ella le dedico una última sonrisa y desapareció, apareciendo en el despacho de su antiguo director.

-Bella, que placer que hayas podido venir.-la saludo Dumbledore, con un cálido abrazo.

-¿Cómo está Harry?-preguntó apenas se separaron.

-Él está bien, anoche lo dejamos con los Dursley. Allí lo cuidaran, pero me hubiera gustado que fueses tú la que se encargase de ese trabajo, pero tomaste una decisión y lo hiciste por su bien.-un repentino silencio, se apodero de la sala, que solo fue cortado por un gran sollozo, proveniente de la morocha.

-Tranquila, estás haciendo lo correcto, tanto para él como para ti.- la animo el director, colocando una de sus manos en el hombro de Bella.

-Si tan solo… Sirius, no… no los hubiera traicionado, Harry ahora tendría a sus padres y no tendría que vivir con esos odiosos Muggle.-sollozo la joven, mientras con una de sus manos trataba de limpiarse las lágrimas.

-Las cosas nunca son predecibles, el futuro tampoco lo es. Lo único probable, es que en unos años, Quien-no-debe-ser-nombrado, vuelva y acabe lo que empezó.-la joven bajo la mirada ante la noticia.- Pero, Harry, teniendo a una tía como tú, no se dará por vencido tan fácil y luchara hasta su último aliento.-eso al menos la dejo más tranquila, pero con aún el corazón en las manos.

-Bueno, no quiero robar más de tu tiempo, pero antes de que te vayas, hay algo que te pertenece.- Dumbledore, rodeo su escritorio y abrió el tercer cajón del mueble. De él, saco una caja circular, de terciopelo negro y unas letras en dorado.

-Esto, me lo entro Lily hace unos días, dijo que yo mismo debía entregártelo en persona.- junto con la pequeña caja, venía un sobre amarillento, con la caligrafía de Lily.

-Gracias.- fue lo último que dijo antes de despedirse y desaparecer.

Apareció en la Mansión Potter, aún era temprano y faltaba para almorzar. Al entrar a su antiguo hogar, la sensación de tantos recuerdos vividos, la abrazó dándole la bienvenida de nuevo.

-Ya llegue.-susurro, mientras cerraba la puerta detrás de sí y se acomodaba en uno de sus sillones favoritos.

Antes de abrir la carta, se relajó y trato de calmarse antes de leer. Rasgo el sobre sonriendo al ver la dedicatoria que tenía escrita.

"Querida Anni:

Como sabrás, James y yo, te nombramos madrina de nuestro pequeño Harry. Ambos sabemos muy bien, que en caso de que algo malo nos pase, tú y Sirius, sabrán cuidar de él.

Pero ese no es al punto al que voy, lo que quería decirte que me encanta, no, me fascina la idea de que ahora, ambas, seamos una familia. Yo sabía desde el primer día en que te había visto subir de la mano de James, que en un futuro seríamos grandes amigas.

En fin, no quiero ponerme melosa. Es un placer tenerte como cuñada.

Te queremos, James y Lily.

Pd: Cuando Harry, crezca, tendrá a las mejores brujas como tía."

Esas palabras, se clavaron como puñales en el pecho de Bella, haciendo que involuntariamente comenzase a llorar.

Pasaron unos minutos, y una fuerte lluvia se desato sobre Inglaterra. El frío arrasaba con las hojas del suelo, el cielo se oscureció, quedando completamente negro. En el interior de la Mansión, Bella, se encontraba aún sentada en el sillón, con el rostro escondido entre sus rodillas. El pequeño regalo de Lily, permanecía apoyado en una mesa ratona.

Por una ventana, una ráfaga de aire, entro golpeándola en la espalda. Con un leve movimiento de su varita, encendió la chimenea que tenía enfrente. Leía una y otra vez, las últimas palabras de la carta.

-Cuando Harry, crezca, sabrá que tuvo a los dos mejores brujos como padres.-susurro, aferrándose más a sus rodillas.

Ella, no estaba llorando, tan solo se limitaba a ver las llamas que se movían indefinidamente de un lado al otro. El viento, rugía del otro lado de las ventanas, haciendo vibrar los vidrios de las ventanas. Esa casa, ahora se encontraba tan vacía y solitaria sin la presencia de los Potter. Bella, recordaba las mañanas en que su madre la llamaba para desayunar, luego ir a pasear de la mano de su hermano, sentarse en el regazo de su padre a escuchar alguna historia de famosos magos, discutir por puras idioteces con Sirius, pasar buenos ratos estudiando con Lily, y lo más lindo era pasar tardes enteras junto a Remus.

Se levantó del sillón y subió las escaleras hacía el antiguo dormitorio de James.

Al pisar cada escalón, se acordaba de las tantas caídas que tuvo, al perseguir a Sirius y James, y de cuantas veces Remus la ayudaba a levantarse.

Al llegar a la habitación, una enorme foto del equipo de Quidditch de Irlanda, la decoraba, ese había sido un regalo cuando James, cumplió los 14 años.

Tomo el pomo de la puerta, y lentamente fue abriendo. Un frío y desolador aire, la recibió. Esa habitación se veía tan grande y vacía, sin su presencia. Poco a poco, se fue adentrando. Tomo un viejo almohadón, también un regalo de parte de ella hacía su hermano.

La cama rugió al sentir su peso.

-Todo está, tal como lo dejaste la última vez, Cornamenta.-dijo, tomando el marco de una foto. En ella se podía observar a todo el equipo de Quidditch de Gryffindor. Ese día, ella, debuto como cazadora, ganándose el respeto de cada integrante de las distintas casas.

Faltaban pocos segundos para que el partido termine, Sirius aún se batía en el cielo junto al otro buscador de Ravenclaw, buscando la Snitch. Bella, se mantenía en su posición, marcando al cazador enemigo. El joven de la casa de las águilas, tenía en su poder una Quaffle y se acercaba amenazante al arco de Gryffindor. James, en el puesto de portero, estaba ocupado encargándose de otro cazador, que no se desidia a lanzar.

-¡BELLA! ¡Cuidado!-grito uno de los golpeadores, al ver que una Bludger, se acercaba rápidamente a la pequeña Potter. La pelota, apenas la roso, haciendo que se tambalease, pero ella, se aferró con fuerza a su escoba y se mantuvo.

El cazador de Ravenclaw, tenía en su poder nuevamente a la Quaffle. Bella, no lo dudo y también quería obtener la pelota y anotar puntos para su casa. Los golpeadores, se pusieron a su lado, protegiéndola, mientras ella se lanzaba en busca de la Quaffle. Mientras trataba de sacar del medio al jugador oponente, varias veces la Bludger, la intento atacar, y para suerte de ella, una de ellas golpeo al Ravenclaw, sacándolo del juego.

Bella, vio su oportunidad, tomo la pelota y esquivando a los demás oponentes, anotó diez punto para el momento justo en que, Sirius, atrapaba la Snitch, dando por finalizado el partido.

En la Sala Común de Gryffindor, no había estudiante que no estuviese festejando la victoria.

-¡Atención, damas y caballeros! ¡Quiero darle la bienvenida a la nueva cazadora de nuestro equipo, mi hermanita, mi Bella, mi Anni!- dijo James, señalando a su hermana, que estaba apoyada en una pared, sonriéndole.

-¡Ven aquí, Anni!-él bajo de la mesa en que estaba y se acercó a su hermana.

-Nunca en mi vida, he estado tan orgulloso de ti.-le susurró al oído mientras la abrazaba.

Recordando ese partido, se quedó dormida, abrazando el almohadón en forma de Snitch…


Hola: bueno primero que nada, gracias a mis fieles lectoras, que con cada nueva historia, ellas aparecen y me dan su apoyo. Sepan que me hacen muy feliz saber que les gusta lo que hago, las quiero aunque no las conozca. Segundo, como verán esta historia también es de Harry Potter (no me digas), en ella, voy a narrar la historia de la única hermana de James, sus aventuras en su adolescencia, las discusiones típicas entre hermanos y van a haber alguna que otras escenitas con Remus.

Bueno, no quiero adelantar nada y ahora las dejo disfrutar del capítulo.

Pd: les dejo los horarios en que pienso actualizar mis historias.

**"The Love Stronger than Death"****:**Todos los viernes.

**"Los Mellizos Potter"****:**Todos los martes

"Conquistando al Lobo (Remus y OC Weasley**)":**Todos los miércoles.

**"Annabella Potter, la tía de Harry":**Todos los lunes

**"Una historia entre dos Black":**Todos los jueves

**"Falling Skies: Hal Mason y Abril Monroe"****:**Todos los viernes.

Pd 2: Les dejo una foto de Bella, vestida con el uniforme de Quidditch.