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Annabella Potter, la tía de Harry — capítulo 30
Capítulo 30
Remus:
Bella había caído inconsciente en mis brazos, su blanca camiseta se había manchado de sangre, cuales gotas formaban un charco en el suelo. Estaba completamente pálida y fría, sus parpados pronto se tornaron negros como dos grandes ojeras. Poco se fue debilitando hasta que tuve que flexionar mis rodillas y caer con ella al suelo.
-Annie, Annie.-di suaves golpes en su mejilla, pero no había signo de que se moviese. Me estaba comenzando a asustar, había perdido a mí último mejor amigo hace unos pocos minutos, no podía perderla a ella, no tendría nada más por que vivir.
-¡Remus!-voltee desesperado encontrándome con Tonks, ella tenía los ojos llorosos. Pobre, debe de estar así por Sirius.- Debemos llevarla de inmediato a San Mungo.- no sé de donde saqué la fuerza y tomé a Bella en brazos, manchando mi camisa con su propia sangre.
-¡Tía!-Harry había vuelto a ingresar a la Cámara de la Muerte.- ¡Tía!-gritaba corriendo hacia nosotros.
-¡Vete!-me ordenó Dora.- ¡Yo lo detengo!- articulé un gracias y desaparecí con el amor de mi vida en brazos.
En menos de lo que se tarda en decir "Boggart", me aparecí en el hospital de magos. Una mujer de aspecto serio y aburrido, se paró rápidamente de su asiento con los ojos inmensamente abiertos.
-¡Por Merlín! ¿Qué ha pasado?-exclamó mientras le hacía una señal a dos mago para que me ayudasen con Bella.- ¿Qué le ha pasado, señor?-volvió a preguntar, esta vez colocando una de sus finas manos en mi hombro.
-Fue… fue el maleficio Sectum.-musité mirando cómo se llevaban a mi esposa.
-¡Rápido! ¡Cuarto piso, Daños producidos por hechizos!-le ordenó a los dos magos que nos sabían a donde ir.- Señor, será mejor que se relaje. Ella estará siendo atendida por los mejores sanadores de toda Inglaterra, pero necesitamos tiempo.-asentí varias veces. La recepcionista volvió a ocupar su lugar para atender a la fila que se había formado de nuevos pacientes.
Tuve que sentarme en una butaca cuando comencé a sentir que me comenzaba a temblar todo el cuerpo. Annie perdió mucha sangre.
-¡Remus!-sentí la voz de Tonks, desde la entrada.- ¿Cómo está?-preguntó luego de darme un abrazo.
-Se la llevaron al cuarto piso, no… no sé nada, no me han dicho nada desde hace unos veinte minutos.
-Tranquilo, todo saldrá bien. Ella es una mujer fuerte y puede con todo.-me animó ella, mostrándome una leve sonrisa.
-¿Dónde está Harry?-
-Lo dejé en la Madriguera, Molly dijo que vendría en cuanto Bill llegase y se quedase con los chicos.-asentí con la cabeza apretándole el hombro suavemente.- ¿Quieres algo para bajar los nervios?-negué con la cabeza y volví a sentarme en la butaca.
Hoy sin duda había sido el peor día de mi vida, Sirius había muerto, no sé si Bella vivirá. La verdad es que estoy confundido, tengo mucho miedo.
..*
Las horas fueron pasando, aún no teníamos noticias de ella. Los sanadores pasaban pero no decían mucho. Alcancé a escuchar a uno que decía que tenían que preparar algunas opciones para que el cuerpo de Bella generase más sangre. Conforme pasaba el tiempo, yo estaba demasiado nervioso y exigía al menos una noticia.
-¿Remus Lupin?-habló una sanadora, que terminaba de bajar las escaleras. Con Tonks nos pusimos rápidamente de pie.- ¿Es usted el marido de Annabella Potter Black?-preguntó enarcando una ceja.
-Sí, sí, lo soy.-respondí medio tartamudeando.
-Su esposa está a salvo.-esas cinco palabras hicieron que mi corazón diese un vuelco de alegría.- Está fuera de peligro por el momento, perdió demasiada sangre, pero aún está inconsciente. Logramos hacer que la herida se cerrase y dejase de derramar sangre. Tendrá que pasar un par de días internada, pero al fin y al cabo lo que importa es que está viva.-
-Usted acaba de hacer que yo volviese a la vida. Esa mujer significa mucho para mí, la amo desde que tengo uso de razón.-me llevé las manos a la cabeza mientras en mi rostro se dibujaba una gran sonrisa.
-¿Algo más?-preguntó Tonks, cruzándose de brazos. La sanadora asintió.
-¿Qué más?-la mujer suspiró, haciendo que me volviese a preocupar.
-Lo lamentó mucho señor.-la miré sin entender de que hablaba.- Pero su esposa estaba embarazada y…-
-No.-la interrumpí imaginándome el resto.- No puede ser.-
-La verdad lo lamentamos.-apretó con suavidad mi hombro y desapareció. Me volví a sentar en la butaca. ¡ESO ERA LO QUE ELLA ME QUERÍA DECIR ANTE DE IR A LA SALA DE LOS MISTERIOS! Ella estaba embarazada. Luego de 14 años, por fin íbamos a tener a nuestro primer hijo. El mundo se me vino abajo. Adiós a la idea de despertarme por las mañanas y ver a mi lado a un inofensivo niño durmiendo abrazado a su madre.
-Lo lamentó, Remus.-murmuró Tonks, abrazándome. Apoyé mi cabeza en uno de sus hombros y comencé a llorar. No lo había hecho desde hace un par de años, pero hoy tenía motivos para hacerlo.
..*
Narradora:
Remus estaba más que devastado con la noticia de la pérdida de su hijo. Estuvo un buen tiempo llorando en el hombro de Dora, hasta que la misma sanadora le advirtió que podía ingresar a verla. Sin pensarlo dos veces, subió corriendo los cuatros pisos hasta dar con la habitación 345. La puerta estaba cerrada y con demasiado valor, logró abrirla.
Bella se encontraba en el interior, despierta, con la mirada perdida en la ventana, tenía una de sus manos sobre su vientre, acariciándolo. Una lágrima se deslizó por su ojo, hasta perderse en la tela de las sabanas.
-Perdón.-balbuceo pasándose la mano que tenía libre por debajo de la nariz.- Perdón, perdón.-comenzó a decir mientras Remus se acercaba a la camilla y la besaba con intensidad. Él le borró las lágrimas con la yema de sus pulgares, sin separarse de ella.- Perdón…-
..*
Bella:
Había llorado por más de media hora, Remus se había quedado dormido a un costado del colchón. Mis manos acariciaban su cabello, mientras él respiraba tranquilamente. Me dolía el hecho de no poder darle un hijo. Se había sentido bien la sensación de saber que había estado embarazada de un mes y no haberme enterado. Sacudí la cabeza. Seguir pensando en eso, no me haría bien. La puerta de la habitación se abrió, dejando ver a Harry. Estaba más decaído que nunca. Remus ni se dio cuenta de que habían ingresado, pero si se acomodó en la silla. Harry se sentó del otro lado.
-Tonks me contó.-habló luego de unos minutos.- Fue mi culpa. Si le hubiera hecho caso a Hermione, Sirius seguiría vivo y tú aún estarías embarazada.-sus verdes ojos, comenzaron a aguarse.
-Le hicimos una promesa a tus padres, cuando ellos nos nombraron a Sirius y a mí como tus padrinos. Ambos juramos arriesgar nuestras vidas con tal de salvar la tuya.-él negó, pero tomé su mano.- Durante 14 años, mantuve esa promesa en pie. Haría cualquier cosa por mantenerte con vida, Harry.-apoyó su cabeza en el colchón negando.
-Aun así fue mi culpa. Voldemort jugo con mi mente.-murmuró.- Te vi junto a Sirius en una habitación. Tú estabas en el suelo, gritando de dolor mientras te torturaban.-se puso de pie y se acercó a una ventana.- Todos mueren por mi culpa y yo sin poder hacer nada por detenerlo.-
-Harry.-lo llamé acomodándome apenas en la cama.-Todos lo que estamos a tu alrededor, estamos para defenderte. Debes entender eso.-él volvió a sentarse, adoptando la misma postura que Remus.- Pero yo siempre estaré ahí para ti.-acaricie su cabeza, como cuando hacía con James.