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Historia 142655 — capítulo 1

Primer Capítulo

Jewieh Hospital, Forks

Un trío de enfermeras estaban reunidas alrededor de unas hojas, un expediente. Cotilleaban como nunca. Jamás habían tenido un paciente de este tipo.

-_______ _______, 25 años, intento de suicidio- leyó una.

-¿________? ¿No es esa la familia de la famosa pianista Renée ________ ?- preguntó otra sorprendida- Pero...

-Sí, de hecho, ella es la hija de Renée y es que parece que no es la primera vez que esa chica hace esta clase de cosas...- acotó la tercera.

Las otras dos soltaron gritos ahogados y no sólo por la noticia que acababan de recibir, sino porque Renée ________ estaba detrás de ellas con su imponencia natural y una mirada fría y calculadora.

-¿Cuál es la habitación de _______ _______?- preguntó ignorando olímpicamente los comentarios anteriores. El número 42B fue sólo un susurro en coro por parte de las enfermeras, aún sorprendidas e intimidadas.

Cuando Renée entró en la habitación, _______ estaba mirando por la ventana, hacia la nada. Sólo se veía el quieto y silencioso bosque de Forks, pero ella lo miraba como si allí estuviese su tesoro más preciado: libertad. Odiaba los hospitales. Estar ahí significaba que la habían salvado de morir. "Otra vez", pensó.

Escuchó el sonido de los tacos de su madre y giró el rostro para encararla.

-Vaya, qué raro. Apenas me despierto y, en cuanto he visto tu rostro, he deseado volver a quedar inconsciente.

-Qué simpática _______. ¿No crees que es muy infantil de tu parte? Tienes una edad... En fin.- continuó, haciendo un ademán.- Me he enterado que mañana te dan de alta, así que ya he preparado un auto que venga a buscarte.

_______ sólo pudo suspirar en respuesta. Nunca había encontrado otra manera de batallar con eso, ni creía encontrarla. Pero Renée ni lo notó. Ella sólo continuó su perorata, ignorando que su hija estaba hospitalizada por intentar suicidarse por tercera vez.

  • Mejor me voy, tengo una jaqueca que no me la soporto. Nos vemos mañana, _______.

-¡Vaya! Tu tenacidad por vivir es increíble, incluso cuando papá nos dejó. Corrección, te dejó...

Iba a continuar, pero su madre la interrumpió:

-Qué patética eres, ¿Alguna vez piensas en los demás? ¿En el daño que causas haciéndote eso? ¿No piensas que estás lastimando a las personas que te quieren?

-¿Quienes? ¿Tú?- ________ hablaba destilando veneno, resentimiento. Una risa ronca de su madre resonó en la habitación.- He decidido morir, porque si sigo viviendo no tengo la menor duda que te mataría.

Renée dió un paso atrás, mirando la expresión furiosa de su hija y sus últimas palabras flotando en el aire.

-Deberías agradecerme. Todo sería más fácil si no hubieses nacido.

Y salió. Dejándola sola. "Como ha sido siempre, ¿no?", pensó con amargura mientras añadía sobredosis médica a su lista de fallidos intentos de muerte.

"Todo sería más fácil si no hubieses nacido". Ya ni siquiera recordaba el número de veces que Renée había dicho esas mismas palabras. Recordó cómo su madre tuvo que dejar el piano, su pasión, para cuidar de una niña que consideraba un estorbo. Así que ________, para desagraviarla, aprendió a tocar el piano y tocaba para su madre una y otra vez, hasta que ella se cansara.

_______ volvió a girar la cabeza al escuchar el chirrido de la puerta.. Su tía, Sue, estaba ahí.

Sue Clearwater era una mujer pequeña y regordeta, con una sonrisa amable. Sus ojos café hacían sentir a cualquier desesperanzado con un poco de paz. Por eso se había convertido en religiosa. Su tía había estado con ella en los momentos que necesitó una madre. Ella era su madre.

-Tía Sue...

Sue se sentó en el mullido sillón frente a la camilla antes de hablar:

-Me pregunto cuánto tiempo habrá pasado... Fue antes del viaje a Francia, es decir, unos diez años serían hoy.- parecía perdida en sus pensamientos, pero ________ sabía que estaba pendiente a su reacción.- Cómo pasa de rápido el tiempo...

  • No pasa tan rápido. No para mí.- dijo, buscándo su caja de cigarrillos y encendiendo uno.

  • Aún eres muy joven, _______. No estás lista para morir, te falta mucho para eso.

-El tiempo que me queda de vida es sólo una molesta agonía que deseo abandonar.- respondió, dándole una calada al cigarrillo.

-Dime, hija, ¿qué pasó ese día?

La pregunta tensó el ambiente de inmediato, pero la aludida hizo caso omiso del vuelco que le dió en el estómago al recordar.

-No quiero hablar de eso... Hace tiempo que no nos vemos, tía, ¿Qué has hecho últimamente-'

Su tía notó el brusco cambio en la conversación, pero lo dejó pasar y sonrió.

-Bueno... ahora estoy en un programa con presos. Uno de ellos me recuerda mucho a ti. El número 3987. Está condenado a muerte y ha intentado suicidarse muchas veces... igual que tú. ¿_______, quieres ayudarme?- _________ soltó una carcajada tintada de sorna.

-¿Estás de broma? No puedo siquiera vivir por mí misma y quieres que ayude a otro.

-Entonces, tendrías que quedarte aquí por el próximo mes, ________. Tu madre quiere que tengas asesoría psiquiátrica- susurró Sue la última parte, causando un bufido de su sobrina.

-No me importa, es normal en ella darle la responsabilidad a otro cuando se le escapa de las manos.- no se atrevió a mirar a su tía a los ojos mientras hablaba.- ¿Qué hizo ese hombre?

Su tía miró por la ventana. Ya era crepúsculo, el sol se escondía, reflejando bonitos tonos. Suspiró.

-Esto no tiene nada que ver con el pasado. En absoluto, _________- se giró y la miró con sus ojos cafés, siempre amable.- De cualquier forma, he estado enviándole cartas a este hombre y quiero ir a visitarlo. Tú podrías acompañarme.

_________ no encontró una razón lógica para aceptar, no quería encontrar una. Sólo quiso hacer sonreír a su tía. Imperceptiblemente asintió y, como esperaba su tía le regaló una de sus enormes sonrisas.