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Historia 142655 — capítulo 9
-Mi mamá siempre me pedía de todo y yo lo hacía de inmediato, pero los días que nevaba eran diferentes. Ella no soportaba el frío y se pasaba todo el día en la cama. Esos días yo podía ser sólo ________, no la hija de Rennée, que tocaba el piano para ella o la acompañaba para comer. Yo jugaba en la nieve todo el día y cuando se hacía de noche y los demás niños se iban a dormir, me quedaba jugando sola…por horas.
Justin la miró comprensivo.
-Me gustaba llamarlos los días de nieve. Era fácil, ser una niña y pensar que podía ser feliz si nevaba. Eso me bastaba.
________ le regaló una pequeña sonrisa sincera y él se sorprendió a sí mismo devolviéndosela. Justin no comprendía la facilidad con la que había vuelto a sonreír en sólo unas pocas horas.
-Disculpen, la hora de visitas se ha terminado- Un guardia entró. Jasper suspiró.
-Bueno, ya me voy -dijo __________.
-Espere, señorita ___________. Usted trabaja esta tarde, ¿cierto? -dijo Jasper.
-Sí, pero es una clase opcional y está nevando. Dudo que algún alumno asista.
Se giró para marcharse, pero la voz de Justin la detuvo.
-Hoy está nevando…
-¿Eh? -parpadeó sin entender.
-Hoy es el día de nieve - terminó él. _________ enarcó las cejas con sorpresa y sonrió unos segundos más tarde.
Luego, cuando estuviera de pie en medio del parque, viendo la nieve caer al suelo y a los niños pequeños jugar alegres, recordaría los hermosos días en que pensaba que con jugar en la nieve todo estaría bien. Y desearía. En el fondo de sí y aunque no lo admitiera, desearía que Justin estuviera libre para que él viera lo bien que se sentía estar en la nieve.
-Señorita…-una de las niñas la llamó. Tenía un vestidito rosa bajo el enorme abrigo. También rosa. _________ se agachó para estar a su altura.
-¿Quiere jugar con nosotras? Es que son 5 niños y sólo 3 niñas, así que seguro perdemos.
-Lo siento, cariño, pero…- Iba a continuar su excusa cuando una aterciopelada voz retumbó en su cabeza "Hoy es el día de nieve". -Está bien, juguemos.
La niña sonrió mostrando todos sus dientecitos. Minutos después, la mujer y las tres niñas reían a carcajadas, mientras los otros cinco niños se escondían de la prolífica puntería de ________.