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Aveces... no hay próxima vez — capítulo 10
Caminaban bajo un brillante sol en el cielo, después de una larga y tensa audiencia, una mujer rubia de facciones demacradas y a su lado un joven de cabello platinado. Meditaban acerca de los planes que tenían para cambiar el aspecto de esa mansión tan descuidada y sobre el futuro del muchacho: — ¡Ahora, podrás volver a Hogwarts!— comentó la mujer, entusiasmada. — ¡Creo que es una mala idea!— respondió el muchacho con seriedad— Nadie querrá volver a ver mi cara por esos lados. —Debes terminar con tus estudios hijo, ¡no puedes quedarte atrapado en casa para siempre! —Tengo que meditarlo, no quiero volver a ese lugar y ser odiado por todos. —Dejare que lo medites, pero… ¡no tardes en hacerlo! ¡Las cosas no cambiaran a pesar de que hayamos sido absueltos!, ¿lo sabes, o no?— Draco miro a su madre fijamente, esperando no haberla desilusionado; ésta evito su mirada, y cabiz baja siguió caminando. Al cabo de 20 minutos de caminata, llegaron a unas viejas y devastadas verjas. El muchacho pronuncio la contraseña y entraron cautelosamente, dando pasos firmes. Su madre camino hasta la entrada de la mansión, mientras él se encargaba de realizar unos hechizos de protección. Se deslizo hasta la puerta, miro alrededor y luego entro detrás de su madre. Dejaron sus chaquetas en el perchero y tomaron asiento en aquellos sillones tan confortantes. Draco, mediante magia, prendió la chimenea para calentar aquel lugar tan lúgubre y frío. Se quedaron contemplando las llamas toda la tarde, no tenían apetito, ni ánimos. Desde la ventana, entraba una fresca ventisca junto a un aroma a césped húmedo. Narcisa acariciaba el cabello sedoso de su único hijo. Extrañaba aquellos momentos en donde lo peinaba con sus largos dedos y le daba besos en las mejillas, dejándole marcas de labial. Recordaba esos trajes de seda cara, los cuales siempre terminaban embarrados con golosinas que su pequeño robaba a hurtadillas de la cocina; lo hacían ver más adulto. Amaba aquel pequeño de cabellos platinados, que brillaban como diamantes bajo la luz del sol. Aquel niño inocente, que la respetaba en todo momento. La invitaba a cenar, pagando con golosinas en forma de galeons y sickles, pero al final todo lo que consumían terminaba siendo pagado por ella. Toda esa inocencia, se encontraba perdida u oculta en algún lugar de ese nuevo ser, desde el momento en el que decidió unirse a esos malditos mortifagos. Habían arruinado, no solo su vida sino la de su hijo. Draco alejo la mano de su madre y se paró para contemplar la ventana. Se había vuelto parte de la rutina, el observar a través de ella. De pronto a lo lejos diviso un pequeño punto que crecía a medida que se acercaba al lugar. Aguzo la vista para poder distinguir aquella figura y al caer en la cuenta de lo que era, abrió de inmediato la ventana. Por ella, a una velocidad inexplicable, entro una lechuza color cobrizo. No la reconocía. Después de dejar al animal que se posara donde quisiera, le tomo la pata y extrajo de ella una carta:
*Necesito verte pronto, quiero hablar contigo. Nos encontremos hoy a eso de las seis, en el callejón Nokturn. Procura venir solo. No me falles.*Anónimo Desconcertado, enrollo la carta y la guardo en el bolsillo. Se dirigió a la cocina, busco un poco de pan y le entrego unos trozos a la lechuza. Abrió la ventana y la dejo salir. Contemplaba aquel trozo de papel, con curiosidad. Temía que fuera una trampa, pero estaba decidido a arriesgarse. Camino con sigilo a la gran sala, intentando no hacer mucho ruido. Tomo su chaqueta y salió por la puerta cuidadosamente. El día se ponía cada vez más raro. Caminó bajo la luz del atardecer, ya que no disponía de ningún tipo de transporte. Los pájaros aún cantaban, y el cielo poco a poco se tornaba de color anaranjado. Al cabo de una hora, llegó al caldero chorreante. Entró con disimulo y con un ademán saludo al nuevo cantinero. Éste lo miro con curiosidad durante unos momentos, mientras fregaba unos trapos, y sin darle importancia siguió con lo suyo. Draco toco algunos ladrillos, y de la forma tradicional, entro al callejón diagon. Todo había cambiado, las tiendas eran más pintorescas, con luminosidad por todos lados. Ollivanders había vuelto a funcionar. Las calles contenían postes, de los cuales colgaban guirnaldas llamativas. Se sentía acogedor caminar por ese lugar. Después de un largo rato de sorpresas, con tantos cambios, llegó a una esquina; dobló por ella y caminó por un pasillo oscuro. Las tiendas de ese lugar se encontraban tapadas con enormes tablones y cintas que no permitían el paso de nadie. Al final se encontraba la única tienda que funcionaba, con mesas de madera oscura y Sillas quebradas; que se veían a través de una ventana sucia y manchada. Caminó hasta la puerta. Supuso que por la hora, aquella persona estaría en aquel lugar. Entró con cautela, mirando el lugar con impresión. Era pequeño, nada pintoresco, las paredes tenían un llamativo empapelado color marrón con grandes manchas de humedad en la parte superior; Aquellas mesas que vio desde afuera, tenían peor aspecto que el que aparentaban. En una esquina, una persona con una capa de viaje exageradamente grande para su tamaño y con un sombrero en punta, sostenía una taza pequeña de porcelana en las manos. Al no ver a nadie más en el lugar, se encaminó hasta aquella mesa para corroborar si era quien lo había citado. — ¿Disculpe?— preguntó, posando una mano en el hombro de aquella persona. Ésta se sobresaltó y luego se quitó el sombrero y los anteojos que llevaba, para que la mirara mejor. — ¿Te ha seguido alguien?— preguntó una muchacha, de aspecto enfermo, cabello corto hasta un poco más arriba de sus hombros, y tez pálida. — ¡Pansy!— exclamó el muchacho tomando asiento frente a ella — ¡Silencio!— gritó ésta, tapándole la boca con sus manos, luego se acomodó en el lugar; su mirada recorrió todo el lugar y con un ademán llamo al camarero. — ¡Tráigame 2 tés, de inmediato!, con jengibre el mío — ¡Enseguida señorita!— bufó el hombre, con una gran joroba, cabello alborotado blanquecino, y nariz ancha torcida. — No entiendo, ¿porque mandaste una carta anónima? — Nadie debe verme aquí contigo, ¿Entendido? — Pero... — Estoy arriesgando mi libertad, por ti. — ¿A qué te refieres?, ¿puedes explicarte? — Mi padre se ha enterado de la huida, me ha prohibido verte. — ¿Porque? — Dice que es una deshonra, ¡No puedo creer que lo hayan hecho! — Mi padre está decepcionado... — ¡Sé lo de tu padre!, mi padre cree que es vergonzoso todo esto. — Tu padre no sabe nada... — Draquito, no sabes lo que he sufrido, al escuchar esto. Pero es así. — ¿Ha que has venido Pansy? — preguntó secamente, mirándola con seriedad. — He venido a... Advertirte, ¡No debes volver a Hogwarts! No es conveniente. Has perdido el respeto de todo Slytherin. Draco observaba a la muchacha, muy atento, esperando que esta hiciera algo; pero no ocurrió nada. — Están esperando a que vuelvas, para darte la despedida. — ¿Despedida?— preguntó perplejo—. ¿De qué? — Del trono, De tus lujos, respeto. Quieren arruinarte socialmente... El muchacho se acercó más a la mesa, inclinando su cuerpo casi muy cerca de su amiga; mientras esta tomaba con cautela, su varita para defenderse si le hacía algo. — No entiendo, ¿Sabes?, yo he estado al lado del señor oscuro mientras ustedes se dedicaban a leer libros, dormir en sus camitas, comer como cerdos golosos... ¿Y tienen el atrevimiento de planear una emboscada hacia mí? — ¡No hiciste las cosas al pie de la letra! Tu verdadera misión era quedarte en el colegio vigilando a Potter y a sus amiguitos, no hacerte el sabio y servidor del señor de las tinieblas. Comenzaba a perder la paciencia. No podía creer como sus "amigos", si es que podía llamarlos así, estaban en su contra— ¿Explícame, como es que él me ha elegido para matar a Dumbledore? Su amiga, de repente, comenzó a reírse con malicia; la comisura de sus labios se inclinó formando una diagonal, mostrando picardía. — No puedo creer que seas tan... Inocente Draquito ¿No te diste cuenta?, El señor de las tinieblas te usó para vengarse de tu padre. Te utilizo como a una rata de laboratorio— río con satisfacción y luego le tomo las manos al muchacho— ¿Sorprendido?, te creía más inteligente. — ¿Cómo sabes todo eso? — Mi madre ha sido seguidora. Iba a ser una de las responsables de la muerte de ese viejo. Luego el señor de las tinieblas cambio los planes y te eligió a ti. — ¡No puedo creerlo! — créelo, es la verdad Draquito, ¡Fuiste un completo idiota!; Esa misión era pan comido: matar al viejo y luego huir. — ¿Por qué no la hiciste tú? — No admitió jóvenes, solo nos quería para vigilar en el colegio. Además, quiso entregarte a ti para castigar a tu familia por sus inutilidades. — ¡Es absurdo!— se agarró la cabeza con las dos manos, intentando comprender todo aquello. — ¡Ya madura!, debes ser más inteligente, es por eso que te he citado, para evitarte malos ratos. — ¿Cuando has hablado con ellos? — Hace unas semanas atrás, nos hemos juntado en casa de Nott. Han comentado acerca de tu audiencia. Por cierto... ¿Cómo ha estado? — ¡Bien, gracias por tu interés!— respondió con sarcasmo y mirándola con mala cara. — ¡No es nada! La muchacha sonrió, se levantó del asiento y fue directo a la barra del pequeño bar, con furia gritó: — ¿Señor, puede apurarse con esa orden?, ¡maldito sirviente inútil!— dijo casi en un susurro. El pequeño hombre salió de una puerta de madera, con una bandeja en las manos la cual contenía: dos tazas de té, unas galletas de anís y vainilla, y dos vasitos con agua. — ¡Lo siento señorita!, el agua ha tardado en hervir. Las cocinas hoy en día no funcionan como antes, y tengo prohibido usar magia. — ¡No me interesan sus problemas!— Volvió a su lugar, seguida por el camarero, y se sentó en la silla. Draco la observaba callado. — ¡Tenga cuidado!— gritó, luego de que el hombre casi le tirara el té encima. — ¡Tranquilízate!- le reprocho el muchacho— ¡Gracias!— agradeció, sonriéndole al hombre e indicándole que no necesitaban nada más. Tomaron en silencio, intercambiando palabras de vez en cuando. — ¡Valla, has cambiado mucho!— comentó su amiga, después de un largo rato de silencio. — La gente cambia... ¡Menos tú, sigues igual de melosa y gritona! — Cambiar de personalidad— dijo mirando el techo, como si lo que pensara se reflejara en él, y luego miro al chico— Seria un insulto a mi persona. Volviendo al tema, del cual vine a hablarte... ¡No vuelvas a Hogwarts! — No sé qué decir... — Es fácil... Di que no lo harás y así quedare más tranquila— sonrió—. ¡Piénsalo! — Quiero que sepas, que no te daré con el gusto. — ¡Hazme caso!, no te hagas de rogar. Ya no eres el príncipe de Slytherin, solo me tienes a mí. — ¡Y a millicent! Pansy lo miro incrédula y luego riendo, respondió: — ¡Estas equivocado!, millicent no estará de tu lado, su padre la amenazo para que ni se acercara a ti. Draco quedó pensativo unos momentos. No entendía absolutamente nada. Tomó un sorbo de té, que se encontraba frío en esos momentos y luego hablo. — ¡No sé qué pensar ya! — ¡No debes hacerlo, es simple! Pansy saco unos galeons de su bolsillo y los dejo en la mesa; luego colocándose sus guantes y sombrero, se levantó y añadió— ¡No vuelvas!, ¡Adiós, nos veremos en algún momento!— Dicho esto salió por la pequeña puerta dejando completamente desconcertado a Draco. Caminaba contemplando con recelo, el rotoso piso de piedras, no entendía como sus compañeros lo odiaban por haber huido; al fin y al cabo, ellos nunca hicieron nada para servir a Voldemort. Sin embargo, tenía miedo de aquellas cosas que le confesó Pansy. Escondido bajo su capa de viaje, llego por fin a la calle principal del callejón diagon. Camino una media cuadra y paró, para observar una escoba que relucía en la vidriera de la tienda de Quidditch. La observo un buen rato, recordando sus épocas de buscador; Extrañaba tanto aquello. Siguió caminando, mientras miraba las vidrieras y aquellas tiendas tan abarrotadas de gente, se acercaba la época escolar y algunos padres habían decidido ir de compras antes de tiempo. Distraído, chocó sin darse cuenta, con una persona que acababa de salir por la puerta de una tienda que el observaba ensimismado. — ¡Disculpa!— dijo, levantando al recién estampado. — ¡Fíjese por donde...!- contestó una castaña de ojos color miel, que intentaba levantarse con ayuda del muchacho. Lo miro extrañada y por instinto se apartó de él con brusquedad. — ¡Granger!— reflexionó el rubio luego de unos momentos, mirándola con sorpresa. — ¡No, Harry Potter, claro que soy Granger idiota!— respondió, mientras se sacudía la ropa. — ¡si, lo sé!— respondió intentando adoptar un aire de arrogancia, que no aparecía. Hermione lo miró confundida y luego se despidió de malas formas— bueno, no quiero perder más tiempo, asique si te importa muévete un poco así puedo salir. Draco se quedó mirándola un rato, mientras ella con pasos firmes se dirigía a un bar lleno de mesitas pintorescas. Como si un imán lo atrajera, la siguió con disimulo. Se plantó en una de las ventanas, que tenía cortinas gigantes y coloridas, al mismo tiempo que ella entraba al lugar. En la parte superior, un cartel mostraba que el bar era nada más y nada menos que una cafetería/heladería. Con esfuerzo, intentó espiar a través de la ventana tapada con cortinas. No podía creer lo que estaba haciendo, pero era inevitable. Adentro, el lugar tenía un aspecto de ser cálido, acogedor, y de tener el mejor servicio. Unas mujeres, vestidas con polleras anchas blancas con vuelos color café, camisas acomodadas por dentro de color manteca y unas capas negras; rondaban por el lugar pidiendo y entregando los pedidos. Las pequeñas mesas estaban ocupadas por distintos magos, tanto jóvenes como adultos. Hermione se encontraba en una de esas mesas, junto a sus amigos. Una sensación de celos y envidia le recorrió el cuerpo al ver a la muchacha tomada de la mano de su amigo, el comadreja, como el recordaba que lo llamaba. No entendía porque, pero estaba sucediendo y no podía evitarlo. Después de 1 hora espiando, se hartó y quiso entrar, pero luego pensó que sería demasiado sospechoso y decidió marcharse. Cuando estaba por emprender la partida a su casa, escucho su voz, ellos ya se iban del lugar y estaban por salir al umbral. Corrió hasta un pasillo que había al costado del lugar y se quedó allí escondido, escuchando la conversación de sus compañeros. — Hicieron un buen trabajo con este lugar, ¿no creen?— dijo la pelirroja, que venía tomada de la mano de Harry. — ¡Creo que será la competencia de las tres escobas!— comentó Hermione — ¡No lo creo, no hay como las exquisitas bebidas de Madam Rosmerta!— exclamó el pelirrojo que caminaba tomado de la mano de la castaña. — ¡No seas baboso Ron!— le reprochó su hermana—. Que poco tacto tienes, ¿No ves que Hermione está aquí? — ¡Tranquila Ginny, sé que lo dice bromeando!- mintió ésta sonriendo débilmente. — ¡Bien, nos vamos a comprar unas cosas, luego nos buscan! — ¡Claro! Ginny y Harry, se alejaban con rapidez, mientras Hermione sonreía con falsedad y le hablaba a su novio. — ¡Creo que no deberías hablar de Madam Rosmerta en mí presencia, ron!- recriminó la castaña, mirándolo seriamente. — ¡Pero dijiste que sabias que bromeaba!- exclamó Ron extrañado. — Sí, es verdad, pero no me gusta mostrar autoridad frente a ellos con estas tonteras, por eso no he hablado. — ¡Solo bromeaba!— insistió — ¡Ese no es el punto...! Comenzaba a ponerse furiosa, y triste. Draco desde su escondite observaba todo, sentía pena por ella. — ¡No lo entiendo!, ¿vas a reprocharme?— preguntó indignado. — ¡No!, pero te advierto. — No comiences Hermione... — Pues ya veo que no entiendes. Tus bromas a veces duelen, ¿Sabes? — ¡Son solo bromas!— replicó con frustración. — ¡Lo son para ti!— gimoteó la muchacha— ¿Por qué no quieres darte cuenta? — Voy a ver unas cosas en la tienda de Quidditch— anunció con hastío y dicho esto se encamino hacia la pequeña tienda, dejando a la muchacha con la palabra en la boca. Hermione lo miro mientras se marchaba, durante unos segundos, y una lágrima se deslizo por su mejilla; al mismo tiempo que ésta, caía sentada en el suelo. Juntó sus piernas junto al pecho y se enrollo como un ovillo a llorar. Draco sentía aquellos sollozos, y una horrible sensación de furia lo embriago de repente. Se quedó allí contemplando la escena, sin poder hacer nada; iba a ser raro que el apareciera de la nada para consolarla. Se sentía otro, ya no era ese chico arrogante que insultaba a otros y les hacía sentir mal. No entendía aquel extraño cambio en su personalidad. Tal vez el hecho de que su padre no estaba con ellos, lo había hecho renacer; les había cambiado la vida. Cerró los ojos y dentro de su cabeza, retumbo el llanto de aquella castaña. Comenzaba a dolerle la cabeza y unos recuerdos horripilantes, de su madre llorando, aparecieron de repente en ella. Observaba a la mujer, desde una pequeña abertura de la puerta. Sentía gritos de su padre. Hablaban sobre una separación. El hombre no aceptaba. Ella le recriminaba, haber estado con otra mujer: — ¡No puedes ser tan egoísta y pensar solo en ti!- gimoteo. — ¡Fue cosa de una noche!, además lo hice para conseguir algo que necesitaba el señor, esa mujer ya no existe- se quejó aquel individuo, pero luego rió con malicia. — ¡Realmente no puedo creerlo!, ¿porque en esta casa? — ¡hago lo que quiero, en donde se me dé la gana Narcisa! — ¡Nuestro hijo está aquí!— grito desesperada— ¡Me repugnas! Desde afuera, el niño de unos 10 años que escuchaba a través de la puerta sintió un golpe tras ella. Volvió a la realidad, luego de unos segundos de agonía. Se encontraba sentado en el frío suelo, al igual que esa muchacha. Se odio así mismo por tenerle lastima, no quería aceptar la realidad. Estaba preocupándose demasiado, le importaba, ¿estaría naciendo un sentimiento nuevo hacia aquella criatura, que unos meses atrás, era repugnante para él?
Disculpen la tardanza para subirlo, espero que les guste ... disfruten de el :) besos