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Historia 142758 — capítulo 1

El coche dio un giro brusco seguido de un chirrido punzante y un grito de alguien que no pude identificar. Lo último que pude ver fue un flash de luz blanca antes de caer inconsciente.

Me desperté sobresaltada, sin atreverme a abrir los ojos, en algún lugar tranquilo y mullido. Me estremecí al recordar los detalles del accidente. Intenté abrir los ojos pero no pude, los párpados me pesaban demasiado y eso me preocupó. Ahora mismo, solo veía dos posibilidades y ninguna de ellas me convencía demasiado:

Podía estar en coma, tumbada en una camilla de hospital, o podía estar muerta.

-No estás muerta-Dijo una voz aterciopelada a mis espaldas. La sorpresa me hizo abrir de una vez los ojos. Estaba en una habitación extraña, de un blanco infinito y tranquilizador, y un brillo irreal.-Por ahora-Volvió a hablar. Aun tumbada en la cama me volví para descubrir al propietario de la voz. Era un hombre de unos 40 años, tenía el pelo de un brillante rubio y los ojos eran dorados como el sol, pero a la vez fríos, su piel era tan pálida que casi podía ser blanca y daba el aspecto de ser una estatua de mármol, andaría cerca del metro ochenta de altura, aunque era difícil decirlo estando yo tumbada tan abajo.

Me miró con expresión seria durante un par de minutos y yo pude fijarme en la tenue luz que envolvía todo su cuerpo y en las dos alas plumosas que se encontraban en su espalda. De repente, un terror irracional se extendió por mi cuerpo y recuperé la capacidad de sorprenderme, aquel hombre no era como yo, no era normal. Entonces él volvió a hablar con su extraña voz, esta vez con un amago de sonrisa, dándome de nuevo la sensación de ser pequeña en comparación con él. Solo pude observarle fíjamente y sin atreverme a hablar.

-Bienvenida al cielo.