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Historia 142758 — capítulo 2

El sonido del despertador empezó a sonar con su monótono y ruidoso "pi-pi": Empezaba otro día más de verano, aunque éste, era uno especial. Era el doceavo cumpleaños de mi hermana Jane, y, mis tíos, como regalo, nos invitaron a las dos al zoológico.

Me desperecé, me levanté y me dirigí a la cocina, dónde una muchacha de cabellos rizosos  rubios y ojos verdes esmeralda desayunaba tranquilamente  en la mesa. En su cara se reflejaba emoción, seguramente motivada a su felicidad. La saludé con mis felicitaciones y empecé a prepararme el desayuno, basado en una taza de leche y dos tostadas de mantequilla y mermelada de fresa. Mientras desayunaba, conseguí distinguir el ruido del coche recién aparcado de mis tíos Abraham y Julie. Mi madre, que apareció detrás de la puerta de la cocina, comenzó a apurarnos, y, seguidamente, fue a abrir a mis tíos, donde les saludó con una cálida bienvenida. Aproveché para dirigirme a mi cuarto y vestirme. Finalizada, me dirigí al salón, dónde me esperaba una pareja, ambos de pelo y ojos castaños. Los saludé. Seguidamente nos despedimos de nuestra madre y los cuatro nos dirigimos al coche, donde nos colocamos en nuestros asientos respectivos.

Media hora más tarde nos encontrábamos en el zoológico, viendo toda clase de animales. Primero fuimos a ver a los leones. A mí hermana desde pequeña son sus animales favoritos y deseaba con ansias verlos. Después nos dirigimos a ver a la los avestruces. Y así, siguiendo el recorrido que marcaba mí hermana, hasta parar a la zona de los lobos. Pasados una hora y pico, y empecé a encontrarme mal. Tenía ganas de volver a casa, pero me daba vergüenza comentarlo a mi familia, y más siendo el cumpleaños de Jane. El dolor de cabeza y las nauseas iban aumentando según pasaba el tiempo. No podía más. Sin previo aviso, me dirigí a los baños públicos, dónde me liberé del todo. Y allí, justo salir tras la puerta trasera, vi algo que no se me olvidará en mucho tiempo. Una extraña figura negra de tres cabezas, semejante al cuerpo de un perro gigante, me acechaba con sus tres impotentes miradas de rabia. Y no fue un grito lo que salió de mi boca, porque estaba tan sumamente impactada que no conseguía decir nada. Tras el grito de un niño mas pequeño que pasaba con sus padres, la figura desapareció, dejándome completamente anonada.


**Volví a la realidad tras varios segundos de confusión.****Lo que había visto tan solo había sido una ilusión. No podía ser verdad.  A veces mi imaginación me jugaba malas pasadas, y este seguramente era uno de estos momentos.**Tragué una bocanada de aire fresco y me dirigí hacia donde se encontraba mi hermana y mis tíos. Parecían preocupados.

-          ¡Denisse! - gritó mi tía al verme  - ¿A dónde fuiste, cielo?-  se acercó hacia mí y apartó uno de mis rizos rubios de mi cara. Puso su palma de la mano derecha sobre mi frente - Cariño, tienes fiebre, ¿te encuentras bien?

-          No, la verdad es que no - mis ojos, normalmente de un verde esmeralda, se encontraban apagados, sin brillo y mi rostro estaba verdaderamente pálido. Tenía muchas ganas de irme a casa, y ahora, todavía aún más. Jane me miraba verdaderamente enfadada, y disgustada. Seguramente pensaba que le había estropeado el día, aunque en aquel momento, no era mi mayor preocupación.

-          Será mejor que demos por finalizado el día, vayámonos a casa.

Era ya de noche cuando nos encontrábamos en el coche, camino a casa. Mi tío, que normalmente era el que conducía, se encontraba al volante, y mi tía de copiloto, viendo las fotos en la cámara que realizamos durante el día. Mi hermana estaba en los asientos traseros, al lado mío, con una cara de verdadero enfado. Yo, por mi parte, tenía que ir abriendo cada poco la ventanilla del coche, por miedo a marearme y volver a echarlo todo. Además, me encontraba verdaderamente cansada, por lo que el sueño me venció y me quedé completamente dormida. Todo fue bien hasta que me despertó el chillido de mi hermana. Aún estaba demasiado aturdida como comprender lo que decía. Solo capté una frase. Que una figura verdaderamente espantosa se dirigía hacia nosotros. Y así fue. El pánico cundió en todo el automóvil, y el intento por parte de mi tío de desviar el coche de la dirección por donde se dirigía aquel monstruo, o lo que fuera que venía de frente, fue inútil.

Lo único que recuerdo fue un grito de alguien que no pude identificar,  una luz blanca que poco a poco me iba absorbiendo y de nuevo aquella tres miradas de rabia  hasta quedar completamente inconsciente.