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Historia 142758 — capítulo 3
- ¿Disculpa? - mi voz sonó lejana, distante, no parecía mía. Un súbito escalofrío me recorrió por todo el cuerpo, y un terror incondicional se apoderaba cada vez mas de mí, dejándome sin habla. Me volví a fijar de nuevo en las membranas plumosas sin desplegar que se encontraban detrás de la espalda de aquella criatura, en las facciones de su cara, deteniéndome en su cabello, que parecía estar formado por pequeños hilos de oro, y aquellos ojos dorados tan hipnotizadores. Y a pesar del miedo que me daba, tuve que reconocer que era verdaderamente hermoso. Mas hermoso que todo lo que había visto en mi vida. Él era la perfección personificada.
**- También es la primera vez que veo a un humano
- su voz era aterciopelada, sonaba lejana, musical, extraña - no eres exactamente como te imaginaba.**
- ¿Qué? ¿Pero tú….?
- Sí, cómo habrás supuesto, soy un Mensajero de los Blancos, o aquellos a lo que vosotros os referís como Ángeles. Mi nombre es Eihlanhon.
- Eilanon - conseguí repetir autónoma mente. Así que era un ángel. Una sonrisa apareció en su perfecta y detallada boca. Se estaba riendo de mí.
- No, es Eihlanhon…, déjalo, tus cuerdas vocales no están dotadas para pronunciar y vocalizar mi nombre. Llámame "Eilanon", si es lo único que consigues decir. Y por cierto, ¿cuál es tu nombre?
- Denisse - dije momentáneamente.
- Denisse - pronunció poco a poco mi nombre, saboreando cada sílaba que emitía- Es un nombre bastante bonito para ser humano. Bueno Denisse, ¿y que hace una criatura como tú, en un lugar como este?
- ¿Me lo preguntas a mí? ¡Soy yo la que debería de preguntártelo! ¿Y dónde estoy? ¿Esto es un sueño, verdad? ¿Y por qué estoy aquí?
- Qué curiosa eres, pequeña. Cómo se nota tu condición. - emitió una estridente carcajada - Bueno, te resolveré un par de dudas. Estás en el Cielo, cómo te mencioné antes. Este mundo se divide en varias regiones, según tu propósito, y condición. Ahora mismo te encuentras en la región de los Mensajeros, es decir, Ángeles para ti. Las demás regiones están divididos en niveles. En el superior se encuentran los más superiores, para que me entiendas, los más cercanos a Él, y Él se encuentra en el primer puesto, obviamente. ¿Por qué estás aquí? Bueno, es cierto que los mortales una vez que superan el primer nivel básico, son ascendidos a la región de Íncesis, dónde se encuentran todos los principiantes. La región de Íncesis es lo que en culturas terrícolas conocéis como El Cielo, aquel lugar dónde vuestras almas vivirán en paz y armonía después de "la muerte" durante un periodo indeterminado, y que vosotros llamáis "eterno". Allí vuestras almas quedarán para siempre. ¿Qué pasa contigo? Bueno, tú eres una excepción. Verás, ningún humano asciende con cuerpo y alma entero, se suele separar, dejando el cuerpo en el Otro Mundo. Y, además, no llega a niveles tan altos, ya que para vosotros queda altamente prohibido subir a estos niveles.
- ¿Te estás quedando conmigo, verdad? - era imposible lo que me estaba diciendo aquel hombre- si esto es una broma, no me está haciendo gracia, y va en serio.
- No me estoy quedando contigo, Denisse - apartó uno de sus largos mechones rubios de su cara y se acercó para verme mejor - Dime, ¿qué es lo último que recuerdas?
- No...no lo sé - bajé la cabeza. A su lado me sentía incómoda y pequeña, muy pequeña comparada con él.
- Venga, intenta recordar, nos harías un gran favor - hice lo que me mandó y intenté encontrar en mi cabeza las últimas imágenes que tenía de lo ocurrido
- Bueno… estaba en el coche con mis tíos Abraham y Julie, y mi hermana más pequeña, Jane. Hoy era su cumpleaños… y después tuvimos un accidente por culpa de un perro enorme de tres cabezas.
- ¿De un qué?
- De un perro de tres cabezas. ¡No me tomes por loca! Si era el mismo, también lo vi en el zoológico…
- ¿Estás segura de que fue eso lo que viste?- su expresión cambió inmediatamente. Su boca era una fina raya y en sus ojos aparecieron amenazantes chispas. Daba aún más miedo, y respeto.
- Sí, ¿Qué era eso? ¿Tiene que ver algo? Y por cierto, ¿mi familia también está aquí?
- Denisse, quédate aquí un momento, tengo que ausentarme un momento, nos veremos después - Y sin más explicaciones, dio media vuelta y salió de la salita donde me encontraba.
- ¡Pero espera! - grité. Esperé a que saliera de la habitación para levantarme de aquella extraña cama.
Observé la sala, y seguidamente salí de ella, dónde paré a un pasillo extrañamente largo. La pared, al igual que el techo, estaba formada por pequeños trozos de lo que podían ser cristal, y el suelo era igual de blanco que la habitación dónde me desperté. Los pequeños cristales dejaban entrar la luz del día, convirtiendo el corredor en un lugar verdaderamente luminoso. Era un lugar extraño dónde me encontraba. Empecé a caminar sin rumbo fijo, con el único propósito de encontrar a Eihlanhon. Terminé en dos puertas doradas, que perfectamente me sacaban tres metros y dónde daban entrada a una sala redonda increíblemente grande. Las paredes de esta y el techo estaban formadas del mismo material que el pasillo, y el suelo estaba recubierto de una especie de moqueta azul. En el centro de la sala había cuatro sofás blancos, colocados en forma cuadrangular, y en el centro de estos, una mesita pequeña. En el otro lado de la sala, había otras dos puertas doradas, dónde seguramente continuaba más pasillo. A la izquierda de la sala, había tres escritorios blancos y, a la derecha, varios estantes repletos de libros. Al lado de los estantes había dos sillones, que hacían juego con los sofás centrales. En uno de los sillones se encontraba la figura de un apuesto muchacho, de aparentemente dieciséis años. Era increíblemente igual que Eihlanhon. Su pelo era rubio platino, y su piel era pálida, muy pálida. Tuvo que darse cuenta de que lo estaba observando, pues levantó la cabeza en dirección a dónde me encontraba. Observé que tenía los mismo ojos dorados, y brillantes. Otra vez ese miedo irracional y esa incómoda sensación se apoderaba de mi cuerpo, dejándome completamente insignificante.
Era otro ángel.
Dejó el libro que estaba leyendo y se levantó del sillón.
- Así que tú eres la famosa humana que encontró Uliah - su voz sonaba igual de extraña y lejana que Eihlanhon, e hizo que mis pelos se pusieran de punta.
- Sí, esa debo de ser yo - comparada con su voz, la mía era tosca, y vulgar, no apta para criaturas como aquella. Sonrió, dejando entrever en su boca perfectamente detallada unos dientes increíblemente blancos
- Bueno, yo soy Caelum, aunque todos me suelen llamar Cael. ¿Y tú eres Denisse, cierto? Mi padre me habló antes de ti.
- ¿Eilanon es tu padre?
- En teoría, sí - sonrió de nuevo
- ¿Dónde está tu padre? Tengo que hablar con él, me tiene que aclarar demasiadas dudas.
- Ahora mismo se encuentra ocupado, tendrás que esperar - señaló uno de los sofás centrales - mientras puedes esperar ahí.
- Pero yo no tengo tiempo para esperar, tengo que saber dónde está mi familia - acabé gritando.
- ¿Tú familia? Uliah tan solo te encontró a ti en el Límite. Eh, no te pongas así, no hay razones.
- ¿Qué es el Límite? En serio, ¡no entiendo nada! ¿Y por qué estoy aquí? Y no me insinúes que me controle, porque en teoría me encuentro en un lugar completamente desconocido para mí, ¡y encima con extraños!.
- Así que estás aquí, Denisse - era Eilhanhon, que se encontraba en una de las puertas principales de la sala, observándonos - Si te calmas, podremos mantener una larga conversación, en la que ambos resolveremos muchas dudas en mente - se sentó en uno de los sofás centrales, dónde me llamó para que me sentara. Cael hizo lo mismo. El muchacho tenía pensado quedarse con nosotros y escuchar la larga conversación que mantendríamos.
- Bueno, Denisse - empezó el hombre mas mayor - lo que te encontraste no era ningún perro corriente, era el****Can Cerbero, el Guardián del Inframundo.
Me puse terriblemente pálida al saber que una criatura del Inframundo había provocando aquel espantoso accidente, y poniendo en riesgo la vida de mi familia. Me limité a seguir prestando atención a Eilhanhon, y después preguntar las dudas que tenía acerca de todo, en general.
- Comenté con mis superiores la historia que me contaste, Denisse, y ellos y yo pensamos que no fue coincidencia que Cerbero provocara el accidente - decía Eihlanhon - verás, esta criatura tan solo vigila y protege la entrada y salida del Inframundo, ese es su trabajo. Nunca ha salido de tal puesto. Si tan solo apareció en aquel lugar, y además horas mas tardes provocó tu accidente, es tan solo porque quieren eliminar o a tu familia, o a ti.
- ¿Y por qué tendría que venir un monstruo que ni siquiera conocía su existencia a matarme a mí o a mi familia?
- Creemos que es por el motivo - proseguía el ángel - de La Guerra de los Mundos .
- ¿La Guerra de qué?
- De los Mundos. - proseguía Cael - Como sabrás, Denisse, en El Cielo tan solo entran espíritus y criaturas… como decirte… de corazón noble, o buenas, para que me entiendas. Este es un sitio pacífico. A dónde van las personas sucias o de corazón negro, es decir, malas, se van al Inframundo, donde son controladas por…
- Por nuestros enemigos, los Negros. - terminó Eilhanhon - Bueno, antes de todo, en los principios, el Inframundo y el Cielo, eran un solo mundo. Provocó la destrucción de este único mundo Luzbella, antiguamente conocido como uno de los ángeles más importantes para Él. Pero Luzbella le tenía envidia, y no aceptaba su condición como ángel que era, así que se doblegó contra su señor, poniendo también en contra de Él a muchos de los ángeles. Pero en cierto momento Él se enteró, expulsando únicamente a los esbirros de Luzbella y a este, y dividiendo su mundo en dos, quién mando a una de las dos mitades a Luzbella y a sus seguidores. Desde ese momento, a estos se los conoce como Los Ángeles Caídos. Luzbella aporta varios nombres, entre otros, en tu cultura, conocido como El Diablo…
Lo que te queremos decir, es que desde ese momento ambos mundos están en guerra, ya que "nos hacemos competencia". Ambos queremos acabar uno con el otro, ambos queremos ser únicos. Pero es imposible que un Ángel Negro entre en el Cielo, o un Ángel Blanco entre el Inframundo, por lo que no podemos acabarnos. Tan solo Ángeles Blancos y Negros podemos entrar en el Limbo, una tierra intermedia que tan solo se accede mediante un portal que hay en una de las regiones de aquí, y, seguramente dónde se provocará una terrible masacre, dentro de poco. Verás, la Guerra aún no ha empezado, se prevé que para dentro de poco, y mientras, todo este tiempo, los Ángeles Blancos nos hemos preparado con nuestras propias armas, y practicando defensa en Casas de Preparación. Bueno, como te seguía diciendo. Verás, se cree que la sangre de humano hace inmortal a un ángel. Sí, Denisse, los ángeles no somos inmortales como creéis, para nosotros no hay muerte, simplemente dejamos de existir una vez que acaban con nosotros. Y ahí entras tú. Creemos que El Diablo quiere convertir a su gente en inmortal, para que nosotros no podamos hacer nada, y por eso quiso provocar tu accidente, para que hubiera una excusa de tu supuesta desaparición en la Tierra. Pero no sabemos por qué, apareciste por aquí antes de que Cerbero te llevara con su amo, y consiguiera su propósito. Y tuviste mucha suerte, apareciste aquí de milagro, dónde Uliah te encontró en el Límite, como seguramente te explicó Caelum, y te llevo hacia nosotros. Ahora mismo te encuentras en mi hogar Denisse.
- ¿Quieres decirme que mi sangre hace inmortal a ángeles en general? Entonces ellos me quieren para acabar con vosotros… increíble. ¿Y ahora que hago? ¿Y cómo vuelvo a mi casa?
- Verás, no creemos que haya una vuelta para que vayas a La Tierra, sinceramente. Intentaremos hacer lo posible, para tu seguridad, y para la nuestra, de intentar enviarte a tu hogar cuanto antes. Mientras te quedarás por esta región, y ante todo, te queda terminalmente prohibido salir a las afueras de esta. Te quedarás viviendo mientras en mi casa, hasta nueva orden. - Dio por finalizada la conversación. Se levantó del sofá y salió de la gran sala, dónde desapareció por los pasillos.
"No creemos que haya una vuelta para que vayas a la Tierra", aquellas palabras me retumbaban en la cabeza, provocándome un terrible dolor de cabeza, y un leve escozor en los ojos. En cualquier momento me iba a poner a llorar. Había sufrido demasiados sentimientos en un solo día en apenas minutos, y ahora mismo tan solo quería que esto fuera una terrible pesadilla y me levantara en mi cama, como todos los días. Pero no era así, me encontraba en un lugar que apenas conocía, que no sabía ni de su existencia, hasta ahora y para colmo, me veía implicada en una guerra entre ángeles en la que yo decido la destrucción de uno de los dos bandos, sin saber nada.
. Empecé a llorar, sin importante nada, ni nadie.
- ¿Es agua lo que sale de tus ojos? -Era Cael quién me habla .Me había olvidado de él por completo. Se acercó hacia mí y extendió uno de sus dedos hacia mi mejilla, tocando una de entre muchas gotas, y provocándome un terrible escalofrío por su contacto - ¿Por qué sale agua de tus ojos?
- ¿Agua? - me sequé con los dedos mis lágrimas, y por un momento las observé - esto no es agua, simplemente estoy llorando.
- ¿Llorando? ¿Qué es?
- ¿No sabes lo que es llorar?
- Si te refieres que de nuestros ojos salga agua, no, los ángeles no hacemos eso.
- Bueno, pues los humanos si lloramos, y lo hacemos por diferentes causas. Simplemente es una liberación de nuestros sentimientos. Yo ahora mismo lloro porque estoy triste.
- ¡Ah! Sí, nosotros también lloramos, pero no de esa manera. Nosotros lloramos sangre, no agua.
- ¿Sangre? ¿Lloráis sangre? Esto no es agua, es un líquido que provoca nuestro cuerpo..
- Sí, lloramos sangre, nuestra sangre. Aunque nosotros no lo llamamos así. Te diría el nombre, pero no lo comprenderías. Y bueno, ¿por qué lloras? No deberías de llorar, esos ojos verdes tan extraños y bonitos no deberían de ser ahogados por tus lágrimas- ese comentario me azoró, poniéndome terriblemente roja, y olvidándome por un momento de mis problemas. Lo miré. Él estaba de nuevo sonriéndome , con su magnífica y enigmática sonrisa. Era bello, muy bello. Terriblemente hermoso.
En ese preciso momento apareció detrás de una de las entradas de la sala una joven alta y esbelta. Al igual que Eilhanhon y Cael, la muchacha presentaba en su rostro las mismas facciones increíblemente perfectas, incluyendo aquellos ojos tan dorados. Tenía un pelo rubio platino hasta la cintura, e iba vestida con un vestido ajustado blanco, rodeado de una cinta gris. Detrás se mostraban sus alas, blancas.
En aquel momento me pregunté si era una coincidencia que todos tuvieran el mismo aspecto o era que todos los ángeles eran iguales.
- ¡Así que tú eres Denisse, la pequeña humana que rescaté! - Se dirigía a mí- encantada, yo soy****Uliah.