Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,776 de 95,911 páginas identificadas · 90,161/90,521 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 142758 · de

Historia 142758 — capítulo 4

La joven se acercó a nosotros y sorprendente mente, me abrazó. Su contacto me emitió de nuevo un nuevo escalofrío que me recorrió por todo el cuerpo. Me quedé observándola, sin saber que hacer.

**-          Hola Cael

  • saludó la joven una vez que se separó de mí- hoy irás al Delio, ¿verdad?**

-          Hola Uliah, hoy no puedo, tenemos visita - dijo  dirigiéndose a mí.

-          ¿Qué es el Delio? - pregunté.

-          El Delio es una fiesta que se realiza cada siete días, nosotros y demás ángeles solemos ir frecuentemente - me aclaró Cael

-          ¿Y si viene también Denisse?

-          Le tenía pensado enseñar un poco la región mas tarde si a ella le apetecía - me miró con su mirada tan brillante, seguramente esperando mi aprobación.

-          Claro, no tengo nada mejor que hacer, y si me enseñas esto mucho mejor - sonreí. Cael me devolvió la sonrisa, y de nuevo hizo que me azorara. Desvié la mirada hacia Uliah, que nos miraba.

-          Bueno, si os apetece mas tarde, podéis acercaros al Centro. Así presentarías a Denisse. ¡No todos los días se ve a un humano! Así después asistiríais al Delio

-          ¿A ti te apetece, Denisse?

-          Sí, claro.

-          Bien, pues nos vemos allí chicos - dijo Uliah - ahora me tengo que ir, ¡nos vemos mas tarde! - nos guiñó un ojo y salió de la sala, perdiéndose por los pasillos.

Nos quedamos de nuevo solos, sentados en los sofás.

-          Eh, yo voy a prepararme - dijo el muchacho - y será mejor que tú también. ¿Sabes dónde está tu habitación?

-          Sí, se iba por aquel pasillo - señalé una de las entradas de la sala - Cael, pero primero me gustaría bañarme. ¿aquí hay baños, verdad?

El joven empezó a reírse.

-          Sí, Denisse, aquí también hay baños. Cada habitación tiene uno. En cuanto a la muda, no te preocupes. Ilienah puso ropa en el armario de tu cuarto. Más o menos es de tu talla.  Será mejor que vayas a ver y mires.  Quedamos aquí dentro de media hora.- se despidió con un gesto y se fue.

Le hice caso y  me dirigí a mi habitación. Observé con mejor detalle la sala, y puse fijarme que  únicamente estaba amueblada por una cama con edredones blancos, que se encontraba empotrada a la derecha de la habitación, y un armario blanco empotrado en la pared paralela a la puerta de entrada y salida del  pasillo. El suelo estaba formado por la misma especie de moqueta que en la Sala Central, pero esta vez blanca. Las paredes estaban formadas por aquellos pequeños cristales que dejaban entrar la luz del día, haciendo la sala verdaderamente luminosa. A la izquierda de esta se encontraba una puerta dorada, normal y corriente, en la que antes no había reparado,  dónde seguramente daría al baño.

Me dirigí al armario, dónde empecé a sacar la ropa que me habían puesto, y colocando la en la cama. En total eran dos vestidos, uno corto y ajustado blanco, como el que llevaba Uliah y otro hasta por las rodillas y más suelto, también blanco. Por lo demás eran tres pantalones y dos camisas, todos iguales. Cogí una de las camisas y un par de pantalones y me dirigí a la puerta dónde se encontraba el baño. Este era igual que los baños terrícolas, exceptuando que en vez de bañera había una gran piscina redonda central, semejante a un jacuzzi , llena de agua caliente. Dejé la ropa en el posadero y me desvestí. Desnuda, empecé a meterme poco a poco en el agua caliente. Me sumergí una vez me acostumbré y me relajé. Por una vez desde que llegué a aquel extraño lugar me olvidé de todos mis problemas. Me acerqué al extremo de la piscina y cogí un pequeño tarro de cristal relleno de una sustancia espesa, seguramente el gel para el cabello y el cuerpo. Me senté en el extremo de la piscina y cogí el tarro, dónde seguidamente eché aquella sustancia en la palma de la mano.  Comencé a enjabonarme el cabello, dándome suaves masajes, y por último el cuerpo. Finalizada, me tiré de nuevo en la piscina, dónde me aclaré con el agua caliente. Una vez bañada,  salí de la piscina y me dirigí hacia dónde se encontraban dobladas en el posadero dos toallas blancas. Las cogí y empecé a secarme, y, finalmente, dejé las toallas en su lugar para empezar a vestirme. Aquella mujer que había mencionado antes Cael, llamada Ilienah, había acertado milagrosamente con la talla de mi ropa, pues me quedaba perfecta.

Salí del cuarto de baño, dónde me dirigí de nuevo al armario. Escogí como calzado unas sandalias blancas de mi número.

Una vez  preparada, ordené y coloqué todo en su sitio, dejando mi antigua ropa en el armario, al igual que la que había sacado.

De nuevo, me dirigí de nuevo a la sala principal, dónde me esperaba Cael. Iba vestido con una camisa y unos pantalones blancos. Me acerqué y lo saludé. Empezó a observarme de arriba abajo con la mirada sin decir nada, lo que me incomodó bastante.

-          Ilienah acertó con la ropa, como puedo observar - dijo finalmente. Afirmé con la cabeza

**-          ¿Quién es Ilienah?

  • pregunté.**

-          Es el espíritu de mi casa. - contestó sin dar mas explicaciones - bueno, ¿nos vamos?

-          Sí, claro.

Seguí a Cael por los pasillos, hasta acabar en dos puertas doradas, iguales que las que había en La Sala Central. Salimos hacia el exterior, dónde quedé impactada, e impresionada. Me encontraba en una urbanización con edificios increíblemente grandes, al igual que la casa donde me hospedaba. Eran todos blancos, y estos quedaban suspensos en el aire. El suelo no era alquitrán, ni nada parecido. Estaba formado por un material blanco, semejante al algodón, pero increíblemente denso. Eran nubes. Estas eran sólidas, lo que permitía andar por ellas, y no como en la Tierra, que estaban formadas por vapor de agua.

Había buen día. El cielo era de un azul intenso, e increíblemente luminoso.

Aquel lugar era hermoso.

-          Empezaré enseñándote el Centro, donde quedamos  antes con Uliah ¿prefieres ir andando o volando?

-          ¿Aquí no hay transporte público? - pregunté. Empezó a reírse, con su usual carcajada que  hacía sentirme extrañamente pequeña.

-          Aquí no existe los automóviles, Denisse. No lo necesitamos. Para eso tenemos alas, para desplazarnos sin ningún problema. Como puedes comprobar aquí no hay carriles, ni nada semejante a los caminos que tenéis allí, en la Tierra.

-          Cierto.

Empezamos a andar. Nos encontramos con más ángeles paseando, que, al igual que todos los que conocí anteriormente, eran pálidos, rubios de ojos dorados, altos,  esbeltos, e increíblemente hermosos. Muchos niños, al igual que adultos, paraban a observarme. Estaba claro que sabían quién era, a pesar de que no me habían visto nunca. Más de un niño pequeño se acercó a hacerme preguntas como "por qué era tan baja de estatura", "por qué mi pelo o mi piel era más oscuro que el de ellos" o "por qué tenía los ojos verdes". Obviamente, no sabía que contestar, y sus respectivos padres, al igual que Cael, se reían acerca de las preguntas que me formulaban los pequeños.

-          Creo que ya eres famosa, Denisse - se burló Cael. Sonreí por el comentario.

Finalmente llegamos a una gran plaza blanca redonda. Allí multitud de ángeles, aparentemente jóvenes, charlaban amistosa mente. Muchos estaban sentados en el suelo, formando pequeños grupos.

- ¡Cael, Denisse, aquí! - una voz femenina gritaba nuestros nombres. Era Uliah , que nos esperaba con otras cinco personas más.