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Historia 142758 — capítulo 5
Nos dirigimos hacia el grupo que nos esperaba. Eran dos chicas, contando a Uliah, y cuatro chicos que no aparentaban mas de tener 17 años. Todos vestían ropas blancas, al igual que Cael y yo. El grupo tenía las mismas características, al igual que los anteriores ángeles que me encontré. Rubios, de ojos dorados y altos. Hasta las mujeres, que seguramente superaban el metro setenta y cinco de altura.
Comparado con ellos, me sentía tremenda mente pequeña, en todos los aspectos, hasta tal punto que estaba demasiado incómoda como para seguir allí. Pero era demasiado tarde para dar media vuelta y no tenía ningún otro sitio a dónde dirigirme. De nuevo el miedo volvió a aflorar en mi cuerpo, como horas antes tras la presencia de Eilhanhon. Era como si una parte de mí se durmiera, y ahora acabara de despertar, gritándome que huyera cuanto antes, que este sitio no era adecuado para criaturas como yo.
- Denisse, ¿estás bien? - La mirada de Cael me dio otro nuevo escalofrío. Se acercó hacia mí, e momentáneamente di un paso hacia atrás.
- Cael - conseguí decir - quiero irme a casa. Me estoy empezando a encontrar bastante mal.
- Denisse, ¿qué te pasa? Te estás comportando como si me acabaras de ver…
- ¡Por favor, llévame a casa ya! - terminé en un grito
- ¿Qué está pasando? - era Uliah, que acabó de llegar a nuestro lado - os estamos esperando…
- Será mejor que nos vallamos, dile a todos que nos vemos mas tarde - le dijo Cael. Y ambos dimos la media vuelta. Uliah se quedó allí, sin saber que decir, y sorprendida por nuestro repentino cambio de ideas.
El camino hacia su casa se hizo increíblemente largo. Andaba muy separada de él, y a medida que el hacía un intento de acercarse, yo me alejaba. Llegamos a su hogar, y cuando abrió la puerta de la entrada, corrí inmediatamente en dirección hacia mi habitación. Tropecé en el pasillo con Eilhanhon, quién se sorprendió de verme así. No le di explicaciones y seguí mi camino. Llegué a mi habitación y lo primero que hice fue cerrar la puerta. Me metí en mi cama, y empecé a llorar.
- ¡Denisse, abre! - Era Cael que aporreaba la puerta en un intento de que abriera - por favor, abre. ¿Qué te está pasando?
- Déjame - dije entre sollozos. No hizo señal en seguir insistiendo, pues dejó de aporrear la puerta.
Me quedé encerrada en mi habitación, llorando, y queriendo salir de aquí cuanto antes.
Hasta que me dormí.
Horas mas tarde me desperté, sin saber muy bien lo que hacer. Recordé lo sucedido anteriormente, y me puse a llorar de nuevo.
- Denisse, ¿puedo entrar? - esta vez era Eilhanhon, que me hablaba detrás de la puerta - por favor.
No se por qué, pero le hice caso. Me acerqué a la puerta y la abrí, dejando entrar a aquel hombre. Inmediatamente corrí hacia la cama y me tapé con las sábanas. De nuevo el miedo volvía a mi cuerpo, como cada vez que se acercaban a mí aquellas criaturas.
- Eilhanhon, ¿por qué os tengo tanto miedo? - dije con mi voz temblorosa, aún tapada con las sábanas.
- Creo que se lo que te pasó, pequeña - me dijo - creo que cuando estabas con Caelum en el Centro todavía estabas asimilando que no te encontrabas en tu mundo, que tu familia no estaba contigo. Mientras, tu conciencia no te advertía del peligro, y por lo tanto, hasta el momento que mantuvimos aquella conversación en la sala central de mi casa no nos tuviste miedo. Simplemente reaccionabas como si no hubiera pasado nada, hasta que llegaste con Uliah y su grupo y te diste cuenta de todo. No sé si me entiendes.
- ¿Quieres decir que no os tuve miedo hasta ahora porque mi conciencia se durmió una vez me dijiste que no podía volver a mi hogar?
- Algo así, pequeña.
- Pero yo sé que no me vais a hacer nada malo, pero ahora, cada vez que me acerco a vosotros…
- Para ti somos superiores, por eso nos tienes miedo. Somos mas poderosos que tú, y aunque sepas que no te vamos a hacer daño, tu cuerpo se comporta de manera diferente.
Con el tiempo se acabará pasando, ya verás…
- Ojala que tengas razón - dije sollozando - y por cierto, ¿ahora dónde está mi familia? Es decir, ¿ellos están bien?
- De tu familia no sabemos nada, Denisse, tan solo lo que nos contaste. Ya te lo dije. Lo siento mucho.
- Pero, ¿y ahora que voy a hacer? De verdad que quiero irme a casa.
- Hablé con mis superiores del tema, y cuando sepamos cómo devolverte a La Tierra te lo comentaremos en seguida. Mientras, no podemos hacer nada. Y ya te comenté que mientras podrás vivir en mi casa, mientras que no salgas de esta región. Es la única ley que debes respetar.
- Déjame otra vez sola, por favor - dije de nuevo entre sollozos.
- Esta bien, Si necesitas algo, te dejo esta campanilla en el suelo. Cuando la toques apareceré por aquí inmediatamente. Hasta luego Denisse - y salió de la habitación, dejándome completamente sola.
Pasaron horas y horas, desahogándome a través de sollozos y llantos. Hasta que me entró el hambre. Hacía tiempo que no comía, y necesitaba llevar a mi boca algo de comer. Decidí coger la campanilla por si acaso, aunque no la iba a hacer tocar, y salí de mi habitación en busca de comida.