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Historia 142758 — capítulo 6

La luz del día entraba por los pequeños cristales del pasillo. Me pregunté si aquí existiría la noche, o aquí cuanto duraba un día, si es que había. Empecé a buscar alguna sala semejante a una cocina, o alguna sala dónde tuvieran simplemente comida. Pasé por las habitaciones que tenía la casa, que más bien en vez de una casa, parecía una mansión. Todas estaban vacías, sin ningún rastro de vida. Iba a dar media vuelta en dirección a mi habitación cuando empecé a escuchar una melodía extrañamente agradable que procedía de un instrumento que me resultaba bastante familiar. Alguien estaba tocando lo que podría ser un arpa. Empecé a buscar al propietario de la música, comenzando con las salas más cercanas. Me iba acercando poco a poco, ya que la melodía sonaba cada vez mas cerca. Llegué a la habitación de donde procedía el sonido. Por suerte,  la puerta de la habitación estaba entrecerrada, por lo que me permitió empujar cautelosa mente la puerta sin hacer ningún ruido. Asomé con discreción parte de mi cuerpo y observé.

En una habitación aparentemente igual que la mía, pero más amueblada,  se encontraba tocando el instrumento un chico de aproximadamente  unos dieciséis años, pálido y rubio, con aquellos ojos dorados tan fríos e hipnotizadores. Lo conocía perfectamente. Era Cael.

A pesar de que intenté que no se notara que me encontraba observándolo, el joven paró de tocar y dirigió su mirada hacia dónde me encontraba. Nuestros ojos se encontraron, y otra vez un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, haciéndome más débil de lo que ya estaba.  Un amago de una supuesta sonrisa apareció en su perfecto rostro e hizo un ademán para que pasara. Hice lo que me pidió,  aparté más la puerta, dejándola completamente abierta y me adentré a la habitación, sin saber muy bien lo que decir.

- ¿Qué haces aquí?- dijo finalmente tras un incómodo silencio que duró apenas tres segundos. Aquella sensación que ya la encontraba como familiar se extendió por todo mi cuerpo. Otra vez tenía miedo, aunque se mostraba con menos intensidad que de costumbre.

- Lo siento - pude decir - Yo… intentaba encontrar a alguien, me preguntaba si podría comer algo, tengo bastante hambre - dije avergonzada.

- Claro, ¿Qué quieres de comer? - dijo sonriendo

- Pues sinceramente, me da igual, me conformo con una manzana.

- ¿Una? Pediré tres. Ilienah, dame tres manzanas - gritó a la nada. Extendió la palma de su mano, y de repente tres jugosas manzanas rojas aparecieron en sus manos. El joven tiró una de las manzanas hacia mí y yo la cogí torpemente en el aire.

- ¿Cómo hiciste eso? - pregunté sorprendida.

- Ya te dije que Ilienah es el espíritu de mi casa. Puedes pedirle cualquier cosa material, que ella te lo dará. Obviamente tienen que ser pequeñas, no le puedes pedir que te materialice una casa, por ejemplo. En teoría, tan solo los dueños, que en este caso somos mi padre y yo, pueden ordenarla, pero seguramente a mi padre no le importará agregarte a la lista. Así tú también mientras que te quedes en mi casa podrás pedir las cosas que quieras.

- ¿Entonces todo lo que quieras y pueda conseguir el espíritu, puede dártelo, así, de la nada?

- Así es.

- Increíble.

Quedamos otra vez en silencio. Posé la campanilla que sujetaba en el suelo y  empecé a comer la manzana.. Cael se sentó de nuevo en una pequeña butaca blanca que tenía al lado del arpa y comenzó a tocar una nueva melodía. Me quedé observándolo mientras comía. Sus dedos se iban de un lado al otro, rozando cada cuerda, transmitiendo un nuevo sonido, creando una melodía extraña que agradaba a mis oídos. De repente, un ruido que provenía del pasillo nos sobresaltó a los dos. Él dejó inmediatamente de tocar. Hizo un gesto para que me mantuviera quieta y en silencio y se levantó del sitio. Continuadamente salió de la habitación, dejándome sola. Sin hacerle caso, me levanté, tiré la manzana medio acabada en una papelera que tenia al lado de la cama y salí de la habitación. Me lo encontré en el pasillo, observando una parte de la pared,  que estaba desnuda, blanca y  sin aquellos cristalitos que formaban la pared. Estos se encontraban esparcidos por el suelo, rotos. El muchacho maldecía por lo bajo en todas las palabras malsonantes que conocía y desconocía.

-          ¿Qué pasó? - pregunté.

-          Ilienah - tan solo contestó. Sus manos en forma de puño reflejaban su ira.

-          ¿Qué pasa con el espir…? - Mi pregunta quedó ahogada por el ruido de más cristales de la pared paralela, que estallaban solos, creando una explosión de cristales. Grité. Cael me cogió y me abrazó, con la intención de protegerme con su cuerpo, de modo que mi cabeza daba contra su pecho. Mas estallidos de cristales rotos hicieron que me acurrucara aun más sobre mi misma, a medida que el ángel me abrazaba aún mas fuerte, protegiéndome de que me produjeran algún corte. El chico, de repente, se separó de mí. Me cogió la mano derecha y tiró de mí. Seguidamente los dos empezamos a correr en dirección a la habitación mas cercana.

Una vez llegamos, Cael cerró rápidamente la puerta.

-          ¿Qué está pasando? - dije asustada.

-           Es Ilienah. Siempre está con lo mismo - bufó-.. Verás, cuando en El Limbo un espíritu se le condena al Inframundo y este se opone, es castigado convirtiéndolo en un criado para nuestras casas. El verdadero dueño de Ilienah es mi padre, pero yo también puedo mandarle, aunque no de la misma manera que mi padre. Cada vez que mi `padre sale de la casa, Ilienah provoca estos estropicios con las cristaleras de la pared.  No me preguntes el porqué de esto. No tiene respuesta..

-          ¿Entonces cada vez que tu padre salga de la casa Ilienah provocará nuevos desastres?

-          No siempre, pero sí, y lo hace muy a menudo. Aunque no provocó tantos daños como ahora. Para mí que es porque tú te encuentras en esta casa. A ella no le gustan los extraños, ¿sabías?

-          Oh, que bien, ganándome enemigos en El Cielo, que irónico. - Dije sarcásticamente. Ambos reímos por el comentario.

-          Vaya, quién diría, ¿ahora te ríes conmigo y hace apenas minutos me tenías miedo? Sencillamente, no hay quién te entienda. - bufó.

-          Te sigo teniendo miedo, pero no de la misma manera… mas bien diría que ahora te tengo respeto. Aunque según tu padre me pasaría pronto, una vez que me acostumbrara a vosotros...

-          Creo que Ilienah ya paró, ya podemos salir.- me interrumpió de repente.

Abrió la puerta, y esperó a que yo pasara. Seguidamente la cerró y ambos pasamos por el pasillo, que ahora se presentaba en condiciones desastrosas. Me pregunté quién limpiaría este estropicio.

-          Tranquila, una vez aparece mi padre los cristales se vuelven a restaurar y a colocar en su sitio.- dijo leyéndome la mente.

-          Cael, ¿aquí existe la noche? - pregunté repentinamente.

-          ¿Qué? No, Denisse, aquí no existe la noche ¿A que viene la pregunta?  Pero si existen los días, que duran cada uno veinticuatro horas - contestó

-          ¿Y cómo sabéis cuando empieza un día y cuando finaliza?

-          Por el reloj - señaló un reloj-pulsera dorado en su muñeca que marcaban las once y media. Debajo de la hora ponía una frase, en la que podía leer perfectamente "TARDE"- dentro de media hora comenzará un nuevo día... aquí los días se dividen en tardes y mañanas.Cuando termina una tarde, empieza un nuevo día... Para ti ahora mismo serían las once y media de la noche.- se quitó el reloj y me lo dio - toma, para ti, yo tengo otro.- Le di las gracias. Cogí el reloj y me lo puse en la muñeca izquierda.- Ahora será mejor que te vayas a dormir.

-          Esta bien, hasta mañana Cael - dije.

-          Hasta mañana, Denisse- y acto seguido comencé a andar apresurada-mente por los pasillos. Llegué a mi habitación, y cerré la puerta para mi seguridad. Me dirigí al armario, dónde cogí uno de dos pijamas que anteriormente no estaban, y me lo puse. Acto seguido fui hacia la cama, dónde destapé de nuevo las mantas y me metí debajo de ellas, hasta quedar completamente tapada. Iba a empezar a dormir cuando noté el rozamiento de algo áspero entre mis piernas. Busqué con mis manos lo que me rozaba  y lo cogí. Era una hoja de papel doblada por la mitad. Lo desdoblé y miré el interior de esta. Había símbolos escritos, cuál no sabía su significado, pero algo me decía que aquello no era bueno. Doblé de nuevo el papel por la mitad, y lo guardé debajo de la almohada. Mañana les preguntaría a Cael, o a Eilhanhon sobre el significado de aquello, si es que tenía alguno. Cerré los ojos y me dormí.