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Historia 143311 — capítulo 1

1.El tren de Hogsmeade.

Un rubio platinado caminaba por los pasillos de la estación King's Cross; tenía el cabello demasiado peinado y portaba un traje azul marino. Sus increíbles ojos iluminaban los suelos de la estación a medida que éste marchaba, como si tuviera autoridad sobre ellos. Caminaba con prisa, mucha prisa. Su equipaje tamboreaba sobre el carrito como una enorme campana de iglesia.

Detrás de él, un hombre que se le parecía, llevaba a su mujer tirándole por el brazo mientras la empujaba suavemente.

-¡El próximo año te compraré un despertador muggle, muchacho! -le gritaba el hombre a su aparente hijo-. ¡Siempre tarde, siempre tarde! ¡A ver si alguna vez aprendes!

-¡Lucius, cálmate! Los muggles te están mirando -lo regañó Narcisa.

-¡Pues… que miren!

Lucius estaba eufórico. ¡Otra vez había sucedido lo mismo! Su hijo se quedaba dormido y debía de ser él quien arreglara todo como siempre ocurría. Estaba harto ya de aquella estación, estaba harto de Draco y, por sobre todo, estaba harto de la escuela a la que mandaba a su hijo.

-¡Si llegamos tarde y el tren ya se ha marchado, te quedarás en casa! -le dijo Lucius. Pero Draco no lo escuchaba, estaba ensimismado en sus pensamientos.

Otro año en esa mugrosa escuela, y para colmo debo soportar los alaridos de mi padre. ¡Cómo quisiera que se callara! ¡Ja! Acabo de ver a Granger y a sus sucios padres muggles. No soy el único que me he quedado dormido.

-Granger -susurró Draco cuando éste y una castaña de grandes ojos almendra llegaron al unánimemente a la plataforma 9 ¾. La joven miró al rubio con algo de desprecio y, jalando las ropas de sus padres, les dijo:

-Vamos, llegaremos tarde.

-Pero, querida -murmuró su madre-, no seas maleducada. ¿No nos vas a presentar a tu amigo?

-Él es Malfoy, y no es mi amigo -dijo ella, con altivez. Algo que enfadó al muchacho que la miraba-. Vamos. Corran en dirección a la pared, ¡el tren me va a dejar!

Sus padres, que conocían la pasión desenfrenada que tenía Hermione por la puntualidad y que sabían que para ella llegar tarde era uno de los delitos más graves, no chistaron y corrieron a la par hasta la pared de la plataforma. La castaña los siguió inmediatamente.

-Vamos, Draco -protestó Narcisa, llegando donde se encontraba su hijo-. ¡Apresúrate!

Draco corrió enfadado y traspasó la pared. La estación, entonces, le pareció algo más oscura y atestada de gente que antes. Y por más que hizo un esfuerzo sobrehumano intentando caminar por medio de aquella muchedumbre de magos que hablaban y otros que gritaban, no pudo ver a ningún tren. Parecía que toda la gente estaba abandonando la estación y cada vez se dispersaba más y más.

El rubio llegó a distinguir a la castaña con su misma expresión de desesperación e impotencia y se acercó a ella lo más que pudo.

-¡Granger!

Hermione se dio vuelta y lo miró fijamente.

-¿Cómo llegamos a Hogwarts ahora?

-No lo sé -su mirada estaba como perdida, y parecía que en cualquier momento iba a llorar-. Es que no puede ser. ¡No puede ser! ¡Perdí el tren! ¡Lo perdí!

-No seas melodramática, Granger -Draco hizo un gesto de disgusto-. Eres patética.

-¡Cállate, imbécil!

Draco bufó y al pasar por su lado la golpeó con su hombro. Hermione lo miró aún más con repudio. Narcisa y Lucius pasaron también por al lado de ella y llegaron a su hijo.

-¡Es todo! -exclamó entonces el señor Malfoy-. ¡Te quedarás en casa a trabajar conmigo!

-Tranquilo, Lucius -lo calmó su esposa-. Debe haber algo que podamos hacer. Una carta a Dumbledore, ¿quizás?

-Yo no lo escribiré a ese viejo trastornado, ¡el chico se quedará en casa como corresponde! Así aprenderá a no quedarse dormido nunca más.

-Padre -dijo Draco, harto de la situación-, ¿no hay otra manera de llegar a Hogwarts? Recuerdo que alguna vez Potter y el idiota de Weasley llegaron más tarde que nosotros porque habían perdido el tren.

-¿Y a mí eso qué?

-Que seguro hay otra manera de llegar a Hogwarts -respondió el rubio a regañadientes.

-Si hay otra forma la desconozco, ¡así que tú te quedas en casa con tu madre!

-Lucius, cálmate de una vez -dijo Narcisa, tomando el control del problema-. Hijo, ya sabremos cómo llevarte a Hogwarts, no te preocupes -la mujer giró sobre sus talones y se topó con la imagen de la castaña siendo consolada por sus padres-. ¿Esa no es también compañera tuya, Draco? Podríamos ayudarla.

-No -contestó él, fríamente-. Esa es Granger, una sangre sucia.

-Ah -musitó Narcisa, haciendo una mueca de repulsión. Pero luego sonrió y miró a su hijo, mientras tomaba el carrito del equipaje-. Volvamos a casa, ahí pensaremos cómo te enviaremos a Hogwarts.

-No -dijo Draco, con voz calma-. Debe pasar otro tren, debe haber otro que viaje a Hogwarts. ¿O no?

-Bueno, el único tren que va a Hogwarts es éste o sino deberás esperar hasta las fiestas para ir. Sin embargo -Lucius parecía pensativo, y por su rostro se había tranquilizado totalmente-… está el tren que se dirige a Hogsmeade.

-¡Perfecto! -emitió Draco, algo contento-. Tomaré ese. ¿Cuándo pasa?

-No lo sé. Quizás deberíamos esperarlo -comentó Narcisa.

-Bueno, querida, tendríamos que ir a preguntar a algún encargado por si acaso.

Y él y Narcisa desaparecieron de pronto del lado de Draco.

Entonces, el rubio se decidió a mirar a la estación. Ya toda la gente se había marchado del lugar, sólo Hermione y sus padres quedaban. Draco, de donde estaba, podía escuchar perfectamente sus lamentaciones.

-Pero es que… ¿cómo iré? ¡No puedo perder un año! ¡No puedo! -le decía ella a sus padres muggles. Draco se rió internamente. Le parecía muy divertido cómo sufría la sangre sucia porque simplemente había llegado tarde a la estación King's Cross esa mañana.

Esperando que sus padres volvieran, se sentó en una de las bancas de la estación. Suspiró, algo exasperado. Tenía claro que no podría llegar tarde a ningún lado más luego de aquella ocasión. Aún escuchaba calándole sus oídos los gritos de Lucius en la Mansión Malfoy al comprobar que él continuaba durmiendo plácidamente.

-¡Draco Malfoy eres un irresponsable! ¡Otra vez te quedaste dormido! ¡Levántate de una vez, mocoso del demonio! ¡Si te viera mi padre te metería a Azkaban! Y muchas cosas más que no recordaba con precisión.

Todavía estaba absorto en sus recuerdos cuando sintió cómo la sangre sucia se sentaba a su lado mientras se aferraba el rostro con las manos. Se la veía muy desanimada.

-¿Cómo irás a Hogwarts, Malfoy? -le preguntó con voz ronca.

-No te incumbe, sangre sucia.

-Ah… me olvidaba que se trataba de ti -dijo, con su orgullo herido.

Transcurrió un tiempo sin que ninguno de los dos hablara. Los padres de Hermione aún hablaban de probabilidades para llevar a su hija a la escuela y los de Draco no aparecían por ningún lado.

-Eres un idiota -susurró Hermione de la nada.

Draco la miró con fastidio.

-¿Cómo te atreves…?

-Dime cómo llegarás a Hogwarts -insistió.

-Si te digo, ¿dejarás de mortificarme la existencia?

-Depende de cómo sea tu respuesta.

Draco sonrió engreídamente.

-Esperaré el tren que va a Hogsmeade y desde allí iré a la jodida escuela. ¿Feliz, Granger?

Hermione apartó las manos de su rostro y miró a Draco confundida.

-¿Hay un tren que va a Hogsmeade?

-Por supuesto, sangre sucia, ¿qué creías?

-¡Deja ya de insultarme!

-Entonces, ¡deja ya de molestarme!

Hermione se erguió de su asiento y furiosa caminó hasta sus padres. Intercambió unas palabras con ellos y luego miró enojada al rubio, quien a su vez la miraba ella. La castaña se enrojeció y Draco sonrió, con superioridad.

De todas las personas que podrían haber llegado tarde hoy, me toca justamente con la sangre sucia compartir un tren entero hasta Hogsmeade. ¡Qué patético!

Los padres de Draco atravesaron nuevamente la pared de la plataforma y corrieron hacia él. Narcisa parecía contenta.

-¡El tren pasará en unos diez minutos! -dijo ella, sonriente.

Draco estuvo más aliviado. Y le pareció un pestañar de ojos cuando escuchó el rechinar de un nuevo tren que se acercaba a la estación. El muchacho tomó su equipaje y se acercó a las vías. Hermione lo imitó.

Ambos jóvenes se despidieron de sus padres y, cuando el tren estuvo enfrente de ellos, subieron presurosos a los vagones.

Como eran los únicos pasajeros de toda la estación, el tren comenzó a andar al instante y, no en menos de tres minutos, ya había abandonado King's Cross.

Draco se relajó, tenía un compartimiento para él solo. No podía pedir más. Y cuando estaba por dormirse plenamente, la castaña irrumpió a él sin descaro. El rubio la miró enfadada, Hermione, en cambio, se ruborizó.

-Lo… lo lamento. Es que… no me siento muy cómoda estando sola en un compartimiento. Aún menos sabiendo que el tren entero está vacío.

-¿Me estás diciendo que tienes miedo, Granger? -dijo Draco, con voz fría.

-¡No, no tengo miedo! -Hermione frunció el entrecejo-. Es sólo que… no me gusta estar sola. Y como eres el único del tren, bueno… ¡me da igual lo que pienses! Yo me quedo.

Draco bufó por segunda vez en ese día. La verdad es que le disgustaba la presencia de la mejor amiga de Harry Potter, tanto por su amistad al héroe de todos los tiempos como por su sangre innoble.

Hermione sacó de su bolso un libro y comenzó a leerlo. Draco en cambio miró la ventanilla del compartimiento. No pasó mucho cuando comenzó a oscurecer. La castaña cerró el libro y se frotó los ojos, rojos del cansancio. Fue ahí cuando Draco apagó las luces.

Hermione, que intentaba guardar su libro en su bolso pero que no lo lograba, prendió la luz del compartimiento.

-¿Qué haces, Granger?

-No me gusta estar a oscuras -dijo Hermione aún con la mano en el botón de encendido o apagado.

El rubio se erguió del asiento, se acercó peligrosamente a ella y retirando lentamente su mano, apagó la luz por segunda vez.

-A mi sí.

Hermione se olvidó completamente del tema, ya que tenía a Draco muy cerca suyo y eso la puso muy nerviosa, tanto que le causó un bloqueo de toda su mente. Sus respiraciones se mezclaron en el aire, y estaban a centímetros de rozar sus narices. Draco la miró de arriba a bajo y luego posó la mirada en sus ojos. Todo estaba oscuro, pero veían inexplicablemente la distancia que había entre uno y el otro.

-No la enciendas, Granger.

-Es… está bien -dijo ella, con voz débil.

Draco se apartó de la castaña y se sentó al lado de la ventanilla. Hermione suspiró, nerviosa. Nunca antes había tenido al rubio tan cerca.