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Historia 145455 — capítulo 1

Capítulo 1:

Muchos años después de la repentina desaparición de los reyes de Antaño, mi amada Narnia, volvía a ser sometida por el peligro y la maldad. Apenas recordaba cómo era que Cair Paravel, había sido derrotado.

Flashback:

Tranquilidad, eso me tenía alterada. No hacía ni una semana, habíamos recibido el ataque de un grupo de extraños. Hacía exactamente siete días que no había novedades y la tranquilidad reinaba.

Mientras estaba en mi habitación, reacomodando unas cosas, un fuerte estruendo hizo vibrar todo el castillo. Desesperada salí al balcón, en el patio principal, habían una enorme roca, mire hacía un costado y parte de una columna se desmoronaba.

-¡Nos están atacando!-gritaban mis hombres desde abajo. Ingresé en mi habitación y rápidamente tome mis armas.

Los pasillos del castillo estaban atestados de narnianos que corrían para proteger sus vidas.

-¡Cierren la cámara de los reyes!-ordene a varios faunos.

Cuando logré salir, varios de mis hombres se enfrentaban a unas personas enmascaradas.

-¡Cuidado, mi Lady!- me gritó uno de mis soldados. Sentí el grito de alguien viniendo hacía mí, pero lo detuve antes.

Por más de media hora, estuvimos combatiendo pero nos ganaban en números.

-¡Retirada!-grité mientras montaba en Angus y ayudaba a varios de mis soldados.

Los que logramos escapar, nos internamos en el bosque. Me detuve en una de las colinas que daban al frente de Cair Paravel.

Ver como mi hogar se derrumbaba, me partía el alma. Ahí era donde había pasado los mejores quince años de mi vida, junto a mi familia.

Las rocas seguían cayendo sobre las columnas del castillo. El fuego se expandía quemando todo a su paso. Simplemente no pude contenerme y comencé a llorar.

-Era algo que indudablemente iba a suceder, hija mía.-a mi lado apareció mi padre.

-¿Qué puede hacer?-pregunté mirándolo.

-Lo único que te queda por hacer es mantenerte al margen de todo y mantener a los pocos narnianos que nos quedan. La ayuda llegara pronto y tú debes estar para cuando llegue.- asentí lentamente mientras él se marchaba.


Es al día de hoy que sigo esperando la ayuda. Han pasado mil años desde la invasión de los Telmarinos.

Había vuelto a adquirir mi inmortalidad, convirtiéndome en una joven de 16 años, otra vez. Esta vez había cambiado mucho, ya no poseía mi rojizo cabello ni mis azules ojos. Ahora mi cabello era negro y mis ojos color ámbar o verdes, dependiendo del estado en que me encontrase. Según Aslan, era para protegerme.

Pasaba la mayor parte del tiempo metida en la ciudad de Telmar, y no porque me agradase ese lugar, sino porque había conseguido la forma de filtrarme en el castillo y extraer información, valiosa información.

Hoy era un día particularmente importante, la reina Prunaprismia, daría a luz.

Ingrese por mi habitual pasaje y me escondí en la sala de reuniones. Debía ser una niña la que naciese, debía serlo.

El tiempo pasaba y la luna fue saliendo. En la habitación solo había una persona, Lord Miraz, hermano menor de difunto Caspian IX y tío del futuro rey de Telmar, Caspian X. El deseaba con toda su alma que su heredero fuese un varón, ya que lograría deshacerse de su sobrino y poder tener el puesto de rey.

La puerta volvió a abrirse, dejando ver al General Glozelle.

*-*Lord Miraz.- murmuro, ese momento era elemental para la vida de todos.

*-*Ha sido un varón.-cerré los ojos y solté un silencioso suspiro, estábamos perdidos. Caspian, estaba perdido.

- Los cielos nos han bendecido.-comentó Miraz, con la vista puesta en la ventana.- Conoce sus órdenes General Glozelle.-

-Si, Mí lord.-en la sala solo quedábamos dos personas, Miraz y yo. Salí de mi escondite y comencé a correr por los pasillos. Salí al patio del gris palacio, tape mi cabeza con mi capucha y a paso rápido lo atravesé, hasta dirigirme a una casa abandonada, en donde escondía a Angus, cada vez que tenía que espiar. Espere a que los soldados hagan su habitual ronda para poder salir. Una figura encapuchada, paso al galope por al lado de la ventana.

-Vamos, muchacho.-monté en Angus y rápidamente salimos por la puerta de atrás. Tuve que apurarme al ver que el puente comenzaba a ser levantado. Golpee las costillas de Angus, exigiéndole que se apresurara.

- Vamos, chico, tú puedes.- murmure. Ambos ingresamos en la desolada llanura narniana, dejando atrás la cuidad de Telmar. Mi capa ondeaba con el viento, las patas de Angus, comenzaron a chapotear por el río, al punto de tener que nadar.

Al llegar al otro lado de la orilla, ambos estábamos completamente empapados.

- Lo has hecho bien, Angus.- palmee su cuello suavemente. Levanté mi vista, colocándola en la gran estructura de piedra que se alzaba ante mí. Fuegos artificiales adornaban el oscuro firmamento, el aire traía los gritos de la celebración, en honor al pequeño príncipe. Angus, resoplo fuertemente.

- Así que pasó.-gire para encontrarme con Vendaval.

-Es un niño.-conteste.-La vida de los Caspian, acabara está noche.-

- Tal vez no.-sin entender lo que decía, seguí lo que miraba. El joven Caspian, galopaba a través del río, huyendo por su vida mientras era perseguido por un grupo de soldados, comandados por el General Glozelle.

-Debó ayudarlo.-tome las riendas de Angus y comencé a galopar en dirección al grupo de soldados.

Con los años aprendí mucho sobre los telmarinos, sabía perfectamente que no se atreverían a entrar al bosque. Me había encargado de hacerles creer que había espíritus que los perseguirían hasta el fin de sus días si ingresaban. Contaba con que aún creyeran eso.

Me equivoque, por órdenes del general lo atravesaron.

-Más rápido, Angus, debemos alcanzarlos.-golpee con fuerza los costados de mi caballo, mientras aumentaba la velocidad.

Mientras nos adentrábamos más al bosque, en mi oídos se hizo presente un sonido que jamás creí volver a escuchar. El cuerno de Susan.

Angus, se detuvo bruscamente haciendo que casi caiga. No hice caso a los avisos de mi compañero y lo incite a que siga adelante. A unos metros, comenzaban las viviendas de los narnianos que había logrado sobrevivir.

Desmonté y escondí a mi caballo, bajo la sombra de unos árboles. Comencé a revisar todas las huellas que había en el suelo. Había varias de caballos, y un par que eran demasiado pequeñas.

  • Trumpkin.-murmure, caminando hacía la primera casa que aparecía ante mí.

-¡Angus!-lo llamé.

-Mientras estoy adentro, encárgate de distorsionar un poco el rastro. Ya fue suficiente con una docena de telmarinos.-él golpeo mi hombro con su hocico y comenzó a alejarse.

Tuve que agacharme un poco para poder llamar a la puerta.

-No creo que a Alanys, le guste la idea de tener que compartir su habitación con un telmarino.-se escuchó detrás de la puerta.

Nikabrik, abrió quedando en silencio al verme.

Tuve que agacharme aún más para poder ingresar, él me indicó mi habitación. Al ingresar, vi al Buscatrufas, curando la cabeza del pobre Caspian.

*-*Alanys.-me saludó con una leve inclinación.

-¿Como esta?-me arrodille junto a él, mientras corría unos cuantos mechones de cabello que caían sobre los ojos del príncipe.

- Pobre muchacho, tiene un fuerte golpe en la cabeza, producto de haberse golpeado con una rama.-contestó.

Había visto nacer a Caspian, vi como afrontó la perdida de sus padres. Solo yo sabía el verdadero motivo de su huida.

Buscatrufas salió de la habitación dejándome sola con Caspian. Acomode el paño que le habían colocado.

-Estás a salvo.-susurre antes de ir a donde estaban los demás.

-¿Quién creen que será?-preguntó Buscatrufas.

-A nadie le importa saber, es solo uno de los tantos telmarinos que nos atosigan día a día.- reprocho Nikabrik.

- ¿Dónde está Trumpkin? - pregunté ignorando al enano.

-Los telmarinos se lo llevaron.-cerré los ojos y me mordí el labio.

- ¿Él tocó el cuerno?-los dos asintieron.

Buscatrufas, sacó de una bolsa de tela el magnífico cuerno de mi cuñada. Hacía miles de años que no lo veía, pero ahora, era un constante recordatorio de que aún estoy sola.

-Hacía tiempo que no lo veía.-comenté examinándolo.

- No sé qué le ves de importante. Es solo un estúpido cuerno.-mire por unos segundos Nikabrik, y contuve las ganas de matarlo.

- Nikabrik, es el cuerno de la Reina Susan "La Benévola" ¿cierto Mi lady?-asentí lentamente.

-Lo que me preguntó, ¿Cómo es que lo tenía?-mi vista seguía puesta en el cuerno.

- No hace falta ser tan inteligente, es un telmarino, se encargan de robar las cosas de los demás, así como hicieron con Narnia.- Murmuro oscuramente Nikabrik.

- No lo creo.- argumente, dejando el cuerno sobre la mesa.

- ¿Lo hizo sonar?- Buscatrufas asintió.

- ¿Qué hará? ¿Qué ayuda llegara?- me encogí de hombros, hacía años mi padre, me había dicho que la ayuda llegaría pero no me dijo de qué forma.

- ¿Crees que llame a los Reyes y Reinas de Antaño?-traté de no ilusionarme al pensar que existiría la probabilidad de que ellos volviesen.

- Tal vez, o incluso Aslan*.-conteste conteniéndome.*

-Será mejor que me vaya, debo volver con Angus.-camine hasta la puerta, cuando sentí la mano de Buscatrufas.

-En caso de que el cuerno no funcione, prométeme que te mantendrás a salvo.-sonreí y asentí lentamente.

-Lo haré, mañana lleven al telmarino al Prado Danzarín, haremos un consejo para deliberar que hacer con él.-ellos asintieron.

Una vez que salí, di un silbido, avisándole a Angus que se acercara.

Tape mi cabeza con mi capa y emprendí el viaje de regreso a Telmar. La noche estaba en su mayor apogeo, el cielo estaba completamente estrellado, la luna brillaba plenamente.

Angus, iba a una velocidad moderada, no tenía prisa por llegar a la ciudad hasta que el sol comenzara a salir.

¿Y si el cuerno había funcionado? ¿Y si ellos volvía? No sabía que pensar, solo necesitaba despegarme y dejar de pensar por un momento en… en Peter.