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Historia 145455 — capítulo 2

Capítulo 2

Narradora:

No todo era como Alanys, creía. La magia del cuerno, si funciono. Los cuatro hermanos Pevensie, pasaron de estar en una estación de subte en Londres, a estar chapoteando en las cristalinas aguas de Narnia.

Luego de haber jugado un poco, decidieron investigar. Sobre la playa, se encontraban montañas con diferentes tipos de ruinas, llamando la atención del menor de los reyes.

Los cuatro comenzaron a recorrer diferentes lugares de aquel "desconocido" lugar, ubicado en alguna parte de Narnia.

-¿Quién creen que habitó  aquí?- preguntó Lucy, luego de haber observado el mar.

-Creo que nosotros.-contesto Susan, levantando una pequeña pieza de oro.

-Oye, eso es mío.- señaló Edmund acercándose junto a Peter.- De mi juego de ajedrez.-

-¿Qué juego de ajedrez?- preguntó Peter.

-No tengo un juego de ajedrez de oro solido en Finchley ¿O sí?- respondió como si fuese obvio.

-No puede ser.-Lucy, pareció entender la situación y se alejó, para luego ser seguida por sus hermanos.

-¿No lo ves?-le preguntó a Peter, luego de haber llegado a un circulo con cuatro montículos de tierra.

-¿Qué?-el mayor estaba confundido.

-Imagina muros.-colocó a Peter juntó a uno de los montículos.- Y columnas ahí.-Susan, estaba al lado de su hermano mayor.-Y un techo de cristal...-

-Cair Paravel.- termino de decir Peter.


Después de una agotadora noche, Alanys, volvió a la casa en donde se escondía. Amarró las riendas de Angus a un poste y le entrego un balde con alimento y otro con agua.

-Prometo volver antes de que anochezca.-le susurro a su caballo antes de salir cautelosamente.

Todas las personas comentaban lo contentos que estaban por la bendición de la familia real. La Esperanza de Narnia, tan solo escuchar eso pensaba que por poco perdían a Caspian.

-Ha sido una bendición para Lord Miraz y su esposa.-decían las mujeres en el mercado.

-Lamentable, la desaparición del príncipe Caspian, tan buen muchacho.-se lamentaban los ancianos.

*-Si tan solo supiesen la verdad.-*pensaba Alanys.

Ingreso por la parte trasera del castillo y comenzó a caminar sigilosamente por los pasillo, para no ser vista por los soldados o por los mismísimos lores. Llegó a donde estaba ubicado su escondite en la sala de juntas. Abriendo muy lentamente la puerta, logró deslizarse al interior para escalar una de las paredes que daban a un pequeño hueco cerca de las ventanas.

No faltaba mucho para que la sala comenzase a llenarse dando comienzo a la sesión. Apoyó su espalda contra la pared y cerró los ojos durante unos minutos. En su mente aún rondaba el asunto del cuerno, ¿Serviría realmente?

-Ya basta, Alanys, no puedes confiarte de la antigua magia narniana.-se decía a sí misma.

-¿Pero y si es cierto y ellos vuelven? No es conveniente que te ilusiones, Lany. Aslan, te dijo que volvieron, tal vez no los vuelvas a ver nunca y la ayuda que llegará sea tú padre. Tal vez sea eso.-se lamentaba en silencio.

Un fuerte estruendo hizo que se reincorporara en el hueco. Sacó apenas su cabeza para poder ver algo.  Los lores ingresaban lentamente, en la sala. Ninguno decía algo. Todos estaban serios y callados, al parecer por la misma razón. Tomaron sus respectivos lugares.  Desde las alturas,  pudo distinguir a unos pocos lores, Sopespian, Arran, Sirellen. Pero aún faltaba al que ella deseaba ver, Miraz.

-Le advertí a este consejo que si ponían su confianza en Miraz… Habría consecuencias.-comenzó lord Sopespian, luego de varios minutos de silencio.

-Veo que pensamos lo mismo.-susurró prestando atención a lo que decían los demás.

  • ¡No, no! No podemos acusar al Lord Protector sin pruebas.-defendió otro a la grave acusación.

  • ¿Hasta cuándo seguiremos escondiéndonos detrás de esa excusa? ¿Hasta que cada asiento de la cámara quede vacío?-reprochó otro.

-Cada vez, me gusta más.-Alanys, no podía dejar de sonreír. Las puertas de la sala, se abrieron de golpe. Todos quedaron en silencio al ver quien entró.

  • Señores del consejo, mis disculpas por llegar tarde. No sabía que había sesión.- se disculpó Miraz, caminando hacía su asiento.

  • No hay duda de que este ocupado en otra cosa. - comento Sopespian.

-¿Mi lord?-preguntó Miraz, sin entender del todo.

  • Desde la muerte de Caspian IX, usted se comporta como si fuera el rey. Y ahora parece que el príncipe Caspian desapareció de sus aposentos.-dijo Mridian

  • Mi más sentido pésame, Lord Miraz. Imagínese, perder a su sobrino, heredero legítimo al trono, el mismo día que recibe un hijo en bendición.-agrego Sopespian. A Alanys, cada vez le caía mejor la situación.

-Gracias Lord Sopespian. Su compasión es de gran ayuda en este difícil momento.-respondió Miraz.

-Confió en que nos dirá como pudo haber ocurrido esta tragedia.-siguió lord Sopespian.

-Esa es una noticia muy inquietante.- Miraz, hizo una breve pausa, causando nerviosismo a Alanys.-Nuestro querido Caspian fue secuestrado… Por narnianos.-todos los presentes, ahogaron gritos de exclamaciones ante lo dicho.

-¡Mentira, nosotros, lo salvamos!-exclamo en voz baja,  la joven narniana.

  • ¡Estas yendo demasiado lejos Miraz! ¿Espera que culpemos del flagrante crimen a un cuento de hadas?-recrimino Sopespian.

Miraz le hizo un breve ademán a Glozelle, que aguardaba junto a la puerta. Los ojos de Alanys, se abrieron al ver a Trumpkin, siendo traído con sogas en las manos y una mordaza en la boca.

-Se nos olvida señores, que  Narnia una vez fue tierra salvajes. Temibles criaturas vagaban libres. Nuestros antepasados murieron para exterminar a estas bestias… O eso pensamos. Mientras discutíamos entre nosotros, ellos se reprodujeron como cucarachas,  haciéndose grandes y fuertes. ¡Esperando para atacar!-comenzó Miraz, probando tener razón.

Él se acercó a Trumpkin y a mano alzada lo golpeo, la mordaza del enano cayó. Los nudillos de la joven narniana, estaban blancos, debido al enorme esfuerzo que hacía para no salir de su escondite e interrumpir la sesión.

-Y se preguntan por qué los detesto.-murmuro Trumpkin mirando desafiante al lord.

-Así que ahora, yo pienso atacar también. Aunque deba destruir todo el bosque, les aseguro que encontrare al Príncipe Caspian y terminare lo que nuestros antepasados comenzaron.-anunció Miraz. Los lores, parecían estar de acuerdo. Alanys, temía que lo que quedaba de su hogar fuese destruido y los pocos narnianos, que aún confiaban en ella, muriesen.

Trumpkin, fue escoltado otra vez por los soldados. Alanys, debía esperar a que la sala se vacíe para poder salir e ir en busca de los narnianos, para contarles las nuevas novedades.

Luego de quedar ella sola, bajó rápidamente. Los pasillos del castillo, estaban vacíos. Ese era el momento justo para poder escapar sin ser vista. Esquivando soldados, lores y alguna otra persona que se cruzase en su escape, logró salir al patio principal.


Los cuatro hermanos Pevensie, entendieron que en donde estaban realmente, era nada más y nada menos, que el castillo de Cair Paravel. En la mente de Peter, rondaba la figura de Alanys. Desde que había dejado Narnia, él, se pasaba todo el día pesando en ella.

-Catapultas.-comentó Edmund, sacándolo de sus pensamientos.

-¿Qué?-preguntó sin llegar a entender del todo.

-No, esto no se derrumbó, Cair Paravel fue atacado.- por un momento, el mayor, llego a pensar lo peor.

Los cuatro se acercaron a una puerta hecha por piedras, adornada con una estatua y cubierta de una enredadera. Peter y Edmund, comenzaron a empujar una piedra que bloqueaba la entrada, encontrando una vieja puerta. La madera era tan vieja, que con solo tocarla, se caía abajo. Una vez abierta, dejó paso a una profunda oscuridad, Peter rasgo parte de la camisa de su uniforme enrollándola en una gruesa rama.

-Supongo que no traes fósforos ¿O Sí?-le preguntó a Edmund.

-No pero… ¿Esto te sirve?-respondió sacando una plateada linterna.

-¿Por qué no lo mencionaste un poco antes?- los cuatro hermanos, ingresaron, siendo iluminados por la linterna de Edmund. Bajaron unas pequeñas escaleras. Los rayos del sol, apenas se filtraban por las rendijas que había en las paredes. Lucy, quedó maravillada la darse cuenta, de lo que sus ojos veían. En aquella pequeña, habitación, había cuatro baúles, cada uno con una estatua correspondiente.

  • Vean, es increíble, todo sigue aquí.- exclamó Peter, con la misma expresión que su hermana. Lucy, fue la primera en acercarse al baúl que le correspondía.

-¿Éramos tan altos?-preguntó Lucy, tomando un vestido.

-Bueno, en ese entonces, eras adulta.- respondió Susan, con una pequeña sonrisa. 

-A diferencia de cientos de años después, cuando eres un niño.-comentó Edmund, colocándose un casco en la cabeza.

Peter, aún, no se había acercado a su baúl. Con un soplido, sacó la mayor parte del polvo que poseía un viejo escudo, con la forma de la cabeza de un león. Luego de dejarlo en el suelo, comenzó a caminar, a la estatua del rey.

-¿Qué sucede?-preguntó Lucy, al ver que su hermana buscaba algo con desesperación.

 -Mi cuerno, debí dejarlo en la montura, el día que regresamos.- suspiró. Sobre la tapa del baúl de Peter, descansaba un pequeño colgante con forma de colmillo, igual al que llevaba puesto Alanys, el día en que ellos volvieron. Guardó el collar en su bolsillo y sacó su espada.

-El gran invierno ha caído con su potente rugido…-

-Al sacudir su melena, la primavera llega.- terminó Lucy.- Todos nuestros amigos, el señor Tumnus, los castores... Lany, ya no están.- Peter, suspiro con tristeza, al acordarse de la dama con la que se casó.

-Ya es tiempo de averiguar que sucede...-


Hola mis amores, como verán este no es el capítulo original que había subido. Cuando lo vi en Potterfics, me di cuenta que no se copió todo por lo que no se subió todo, pero acá les traigo el capítulo enterito. Espero que les guste :D