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Historia 145455 — capítulo 3

Capítulo 3:

Narradora:

Sobre las tranquilas aguas del río, un pequeño bote, se abría paso. Dos soldados telmarinos y un enano, iban a bordo.

-No deja de mirar hacia acá.-comentó uno, mirando de reojo al narniano que estaba maniatado y amordazado.

-Ignóralo y ya.-propuso el otro. El bote seguía avanzando por el tranquilo río. En los ojos del enano, se podía ver el odio y rencor, hacía sus opresores.

-Hay que dejarlo aquí.-ambos, soldados, se pusieron en pie y tomaron al enano. Justo cuando estaban por tirarlo, una flecha dorada con la punta roja, se clavó en la madera del bote.

-¡Libérenlo!-gritó Susan, tensando nuevamente su arco. Pese a tener una mordaza en la boca, el enano, no estaba muy de acuerdo con las palabras de la reina.

Sin hacer caso, los soldados, lanzaron al narniano. Peter y Edmund, se apresuraron para rescatarlo. Uno de los telmarinos, tomo una ballesta, pero Susan fue más rápida logrando derribarlo del bote, mientras que su acompañante, simplemente saltó.

El sumo monarca, se arrojó al río, tomando a Trumpkin mientras que, su hermano, tomaba la soga del bote. Una vez en la orilla, Lucy, tomo su daga y cortó las ataduras. Trumpkin, escupió toda el agua y luego miró a Susan.

-¿Qué me liberen? ¿No se te ocurrió nada más brillante?-recrimino.

-Un simple "gracias", era suficiente.-acotó la reina.

-Ellos sin tu ayuda, estaban ahogándome perfectamente.-Trumpkin, volvió a decir, señalando el río.

-Ósea, ¿Qué no querías que te salvarán?-preguntó Peter. El enano no dijo nada y solo bajo la vista.

-Pero, ¿Por qué trataban de ahogarte?-cuestiono la pequeña Lucy.

-Son telmarinos, eso es lo que hacen.-respondió, con un dejé de enojo.

-¿Telmarinos?... ¿En Narnia?-murmuro Edmund.

-¿Dónde has estado los últimos cien años?-

-Es una larga historia.-respondió Lucy, al momento en que su hermana le entregaba la espada a Peter.

-¿Díganme que esto no es verdad?-Trumpkin, alternaba su mirada entre los cuatro reyes.- ¿Son ustedes? ¿Son los reyes y reinas de antaño?-

-Soy el Gran Rey Peter, el Magnificó.-él, estrechó su mano, esperando recibir lo mismo del enano.

-Quizás debiste omitir eso último.-murmuro Susan.

-Probablemente.-siguió Trumpkin, riendo.


Alanys:

Luego de haber escuchado la sesión,  tenía planeado ir a hacerle una pequeña visita al profesor. Sabía que él, se encargaba de estudiar todo acerca de Narnia, tal vez podría ayudarme.

Comencé a recorrer los pasillos en silencio, mis movimientos eran precisos. Nunca me había dejado ver por ningún telmarino, exceptuando la vez que accidentalmente, Caspian, me descubrió.

Ingresé en la biblioteca, el profesor no estaba, por lo que decidí revisar algunos libros que estaban en los estantes. La mayoría eran sobre la Edad de Oro, narraban la vida de los reyes y reinas de Antaño. Me concentre en uno que me nombraba.

Alanys, la Esperanza de Narnia, fue la hija de Elinor, reina de las Ninfas y Aslan, el Gran León.

Cuando Jadis, La Bruja Blanca, llego a Narnia la reina Elinor murió tratando de proteger a su pequeña hija de seis años. Desde ese entonces, Alanys, tuvo que aprender a defenderse por sí misma, convirtiéndose en una guerrera.

Con la llegada de los hijos de Adam y las hijas de Eva, ella, fue quien se mantuvo al lado del Rey Peter, el Magnificó, convirtiéndose en su esposa…

Sonreí con tristeza al recordar la vez en que Peter, me propuso casamiento. Sacudí mi cabeza, no podía desconcentrarme de mi plan. El picaporte de la puerta, se movió, avisado que alguien entraría. Deje el libro que sostenía y busqué un lugar para esconderme. Me sorprendí al ver que Miraz, era quien había entrado. Sin darse cuenta de mi presencia, comenzó a revisar libros. Llevaba algo entre sus manos, pero no podía distinguir muy bien lo que era.

Pasaron varios minutos en los estuvo mirando los libros. La puerta volvió a abrirse, esta vez, el profesor, entraba.

-Tiene una gran biblioteca, profesor.- comentó, mientras sostenía un libro.

-¿Busca algo en especial, mi lord?- preguntó, el profesor.

-Creo que encontré lo que buscaba.- Miraz, se acercó al escritorio.- ¡En uno de mis soldados!- un ruido sordo me hizo levantar la vista. Él había clavado una flecha roja en una página de un libro abierto. Pero no era cualquier flecha roja, yo la conocía perfectamente.  Miraz, se sentó en la silla, apoyando sus pies sobre el escritorio.

Dígame profesor ¿Qué sabe del cuerno de la reina Susan?-

-Decían que era mágico.-contestó, mirándolo atreves de sus lentes.

-¿Mágico?-repitió Miraz.

-Los Narnianos creían que podía llamar a sus antiguos reyes y reinas, o al menos eso dice la superstición.-prosiguió el profesor.

-¿Y qué es lo que Caspian sabe sobre esta superstición?- preguntó levantándose de su asiento.

-Mi lord, usted me prohibió que mencionara las antiguas leyendas.-aclaró el profesor.

-Eso hice.- murmuró mirando hacia la puerta, por donde ingresaron el general Glozelle con otros dos guardias.

-Le diré una cosa  si Caspian oyó sobre la gran magia… mi señor tiene buenas razones para estar nervioso.-los guardias, tomaron al profesor y lo escoltaron fuera de la biblioteca.

Mi escondite estaba lo bastante cerca de la puerta, como para escuchar una conversación entre el general Glozelle y Lord Sopespian.

-Primero el príncipe, ahora su tutor.-murmuro el lord.-Si los miembros de la casa de Miraz, no están a salvo. ¿Quién lo está?-

-¡Lord Sopespian!-se escuchó desde el interior de la biblioteca.

-No es seguro decir eso, lord Sopespian.-respondió Glozelle.

-Nada es seguro en estos tiempos, general. Hay que cuidar nuestras palabras, con el mismo cuidado que se elige a nuestros amigos.-los pasos de Sopespian, ingresaron a la biblioteca.

-¿Cuánto falta para terminar el puente?-preguntó Miraz, dejando de lado unos cuantos libros.

-La construcción continua sin retrasos.-respondió.

-Eso no es suficiente. Necesito que mis tropas ya pasen ese río.-

-¿Puedo sugerir que contribuya con más hombres? Yo no tengo muchos a mi disposición-inquirió Sopespian.

-Ve a Beruna y consigue a todas las tropas necesarias.-sin decir más, Miraz, salió de la sala siendo acompañado  por lord Sopespian y el general Glozelle.

Espere unos minutos y decidí salir de mi escondite, debía encontrar si o si a Caspian antes de que lo hagan los telmarinos.


Narradora:

Entre gruesas paredes de piedras, una pequeña bote, atravesaba las tranquilas y cristalinas aguas que llenaban una de las partes de Narnia. Los finos rayos del sol, hacían contraste con el verde de los árboles. Peter, llevaba los remos y mantenía la vista clavada en el agua. 

-Están muy quietos.-comentó Lucy, mirando hacia arriba.

-Son árboles ¿Qué esperabas?- respondió Trumpkin de una forma grosera.

-Solían danzar.- murmuró la pequeña.

-Cuando ustedes nos dejaron, los telmarinos nos invadieron. Los sobrevivientes se retiraron al bosque, y los árboles se sumieron en un sueño del que no han despertado.-narró el enano

-No entiendo ¿Cómo Aslan permitió que esto sucediera? ¿Y Alanys?-preguntó Lucy. 

-¿Aslan? Nos abandonó el mismo día que ustedes lo hicieron. Y la pobre Alanys, hizo todo lo que pudo, para luego desaparecer. No se la vio nunca más.-contesto Trumpkin.

-No nos fuimos a propósito.- aclaró Peter con tristeza.

-Eso no importa ¿O sí?-

-Llévanos con los Narnianos y lo hará.- contestó de nuevo.

Luego de remar un poco más, llegaron a una orilla en donde decidieron detener el bote. Susan, Peter, Edmund y Trumpkin, se encargaban de amarrar las sogas de la embarcación, mientras Lucy, investigaba sin alejarse del todo. No muy lejos de donde ella se encontraba, había un gran oso pardo, escarbando en la arena de la orilla

-¡Hola!-saludó la pequeña, con una gran sonrisa llamando la atención de los demás y del animal.-Está bien, somos amigos.- el oso parecía estar hambriento ya que se iba acercando rápidamente a Lucy. 

-¡No se mueva, majestad!- gritó el enano corriendo hacia el bote. La pequeña reina, se dio vuelta y empezó a correr hacía sus hermanos siendo seguida por el oso.

-¡Aléjate de ella!- Susan con  la cuerda de su arco tensada, preparada para disparar. Lucy, tropezó, cayendo al suelo mientras se cubría el rostro.

-¡Dispara Susan! ¡Dispara!- gritaba Edmund desesperado. El oso estaba a una pequeña distancia, de atacar a la reina. Una flecha de punta azul, impidió el ataque. Todos voltearon viendo a Trumpkin, con la ballesta de uno de los soldados telmarinos.

Peter ayudó a levantar a Lucy, mientras apuntaba con su espada al cadáver del oso.

-¿Por qué no se detuvo?- preguntó Susan aturdida, sin relajar la cuerda de su arco.

-Sospecho que tenía hambre.- respondió el narniano.

-Gracias.- murmuro Lucy.

-Era salvaje.- espetó el menor.

-No creo que pudiera hablar.- indago Peter.

-Si te tratan como un animal, acabas volviéndote un animal.- Trumpkin, se arrodillo junto al oso, desenfundando una pequeña daga.- Quizá Narnia les resulte más salvaje de lo que recuerden.- el ruido del filo del cuchillo penetrando en la piel del animal, hizo que la menor, escondiese su rostro en el pecho de su hermano.