Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,776 de 95,911 páginas identificadas · 90,161/90,521 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 145455 · de

Historia 145455 — capítulo 4

Capítulo 4:

Alanys:

Luego de haber recaudado la cantidad necesaria de información, puse rumbo a la casa abandonada. Al ingresar, encontré a Angus, mirando por la ventana observando a los demás caballos.

-No te desconcentres, amigo. Tenemos trabajo que hacer.- ajusté la silla de montar y abrí la puerta trasera. Tome sus riendas y comencé a tirar hacia afuera.

Cuando estuvimos listos, una patrulla de soldados, paso cerca de nosotros. Para nuestra desgracia, los telmarinos le habían perdido miedo al bosque, por lo que se animarían a ir más profundo.

-Debemos apurarnos, muchacho.-con un leve golpe en las costillas, Angus, comenzó a galopar. Me sabía de memoria las calles, pasadizos y demás lugares de Telmar, hasta se podía decir que la conocía más y mejor que sus propios habitantes.

Atravesando callejas, logre adelantarme a los soldados, encontrando una vía directa hacía el bosque. En mi mente rondaba tener que avisarle a Nikabrik y a Buscatrufas, que escondiesen a Caspian, por un tiempo.

-Estamos cerca.-le susurre a Angus, mientras bordeamos la parte de la construcción del puente.

El bosque, no era el mismo, que hace mil trecientos años. Los árboles que antes danzaban con el más pequeño rocé del viento, ahora se sumieron en un eterno sueño. Los animales que solían juguetear en los ríos, ahora temían salir de sus hogares. Ya no se oía las risueñas melodías de las dríades y ninfas. Cada vez que debía adentrarme en las profundidades del bosque, recordaba los buenos momentos que había vivido cuando los telmarinos, eran algo desconocido para nosotros.

Al llegar a un claro, algo, detuve de golpe a Angus.

-Telmarinos.-murmure, al sentir los gritos de los soldados.

-Quédate aquí.-desmonté y comencé a correr en dirección a los gritos. Debido a las altas hierbas, tropecé con algo y caí al suelo. Un soldado telmarino, yacía, entre el pasto. Parecía no moverse.

-Reepicheep.-murmure, mientras me paraba y seguía corriendo atravesando el tendal de soldados caídos.

Me escondí detrás de un grueso árbol, esperando ver algo o alguien.

-¡Reepicheep, baja tu espada!-Buscatrufas se acercó a ambos, mientras era sostenido por Nikabrik.

-¿Buscatrufas?- el pequeño narniano, levantó su vista, pero sin dejar de amenazar al príncipe.- Confió en que hay una buena razón para la interrupción.-

-No la hay, continua.-respondió el enano restándole importancia.

-Reepicheep! Él es quien hizo sonar el cuerno.- el ratón estaba perplejo.

-¿Qué?-Angus, llegó a mi lado y juntos nos empezamos a acercar.

-Entonces que lo muestre.- esa voz era demasiado familiar para cualquiera. Vendaval, se asomaba por una colina, acompañado con sus tres hijos.-Esa es la razón por la que nos hemos reunido.-

-Te puedo asegurar, que él, ha sido.-dije por primera vez. Caspian, se mostró alegré al verme.

-Te aconsejó que siempre lo mantengas contigo. Decidiremos todo en el consejo de esta noche.-Vendaval, asintió.

-¿Esta noche, Mi lady?-Caspian, parecía nervioso, al estar siendo apuntado con una espada y bajo la atenta mirada de los tres hijos de Vendaval.

-Así es. Por si no lo sabías ese cuerno, es demasiado poderoso aunque parezca ordinario. Perteneció a una de las reinas de Antaño.-lo ayudé a levantarse mientras le sonreía.

-Los espero a todos en el Prado Danzarín.-Reepicheep, hizo una leve reverencia envainando su espada. Monté en Angus y le indiqué a Caspian, que subiese detrás de mí

-Nos veremos en la noche, mi Lady.-el ratón, desapareció entre las hierbas altas seguido por demás ratones.

-Muy bien Alanys, reuniremos a los narnianos.- Vendaval, hizo una reverencia y se alejó junto a sus hijos.

-Nikabrik, será mejor que cures a Buscatrufas, los voy a necesitar en el consejo.-el enano, asintió y tomo a su compañero. Con mucha suavidad, golpee los costados de Angus, quien comenzó a caminar.

-¿Quién eres?-me preguntó Caspian, cuando nos habíamos alejado bastante.

-Tengo demasiados nombres, La Esperanza de Narnia, La hija del Gran León, La princesa de las Ninfas, las Esposa del Rey.- el último lo dije con cierta tristeza.-Pero soy más conocida como Alanys.-

-No puede ser.- comentó, sorprendido.

-¿Sabes quién soy?- giré para verlo.-Sé que Miraz, prohibió todo tipo de libros que contasen acerca de la Edad de Oro, ¿Cómo es posible que sepas de mí?-

-Eres Alanys, la hija de Elinor, reina de las Ninfas y de Aslan, el Gran León. A una temprana edad perdiste a tú madre a manos de la Bruja Blanca, es por ella, que te hiciste guerrera.-sonreí, jamás nadie se había sorprendido de esa forma al narrar mi historia.

-Eres y serás la Esperanza de Narnia.-finalizó.

-No creo que siga siéndolo, después de la caída de Cair Paravel, me hice cargo de los pocos narnianos que sobrevivieron. Con el correr de los años, aún, permanecíamos sin ayuda, por lo que muchos dejaron de confiar en mí y se independizaron.-aclaré

-Mi profesor, me contó toda tú historia, te describían como una gran luchadora.-sonreí mientras Angus se limitaba a ir lentamente por el campo.

_____________________________________________________________________________

Narradora:

Los cuatro reyes de Antaño y Trumpkin, dejaron atrás el inconveniente con el oso.

Los cinco llegaron a una parte que era totalmente echa de piedras y solo tenía una salida.

-No recuerdo haber visto este camino.- comentó Susan, mirando hacía todos lados.

-Es el problema con las chicas, no pueden retener mapas en la cabeza.- bromeo Peter.

-Es que nuestras cabezas, están ocupadas.- repuso Lucy.

-Ojalá le hubiera hecho caso al Q.A.-siguió Susan.

-¿Q.A?- preguntó Edmund. 

-Querido Amiguito- respondió la pequeña mirando a su hermana mayor con una sonrisa.

-No están siendo condescendientes ¿verdad?-preguntó el narniano, mirando al Sumo Monarca.

-No estoy perdido.-murmuro Peter, ignorando al enano.

-No, solo tomaste el camino equivocado.- comentó Trumpkin subiéndose  en una roca. 

-Viste a Caspian en el Bosque Tembloroso, hay que atravesar el río Rush.- protestó Peter.

-Pero si no me equivoco, no se puede pasar por aquí.-

-Eso explica todo, te equivocas.- El mayor se dio la vuelta, volviendo por donde habían llegado.

Después de un rato de haber caminado, buscando otra salida, llegaron a un gran acantilado, se podía ver la maravillosa agua de color azul. Por un momento, a Peter, le pareció estar viendo los ojos de Alanys. 

-El agua erosiona el suelo, cavando más profundo...-comenzó diciendo Susan, como si estuviese recitando de un libro.

-Ya cállate- silenció Peter, mirando hacia abajo. 

-¿Alguna manera de bajar?- preguntó Edmund.

-Sí, cayendo.- respondió el enano.

-No estábamos perdidos.-

-Hay unos bajos cerca de Beruna ¿Les gusta nadar?-propuso Trumpkin.

-Es mejor que caminar.- respondió Susan.

-¿Aslan? ¿Alanys? ¡Son ellos!- exclamó Lucy rebozando de felicidad. Los otros tres reyes, voltearon para ver.- ¿No los ven? Están a... ahí.- ella señalaba a unos matorrales que estaban enfrente.

-¿Los ves ahora?-preguntó Peter.

-No estoy loca, estaba ahí, quería que lo siguiéramos.-protesto, la pequeña reina.

-Estoy seguro de que hay muchos leones y alguna que otra persona en este bosque.- sentencio Peter.- Igual que ese oso.-

-Se reconocer a Aslan cuando lo veo.- repuso Lucy un tanto enojada.

-No me tirare a un abismo por alguien que no existe.- murmuro Trumpkin. 

-La última vez que no le creí a Lucy, quedé como.... como un tonto.- reconoció Edmund, apoyando a su hermana. 

-¿Por qué yo no los vi?- indagó el mayor.

-Tal vez no estabas mirando.-respondió la pequeña.

-Perdona Lu.- Peter, quedó desilusionado un poco, al pensar de podía volver a ver aunque sea por un minuto a su tan amada, Alanys.