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Historia 145455 — capítulo 9
Capítulo 9:
Alanys:
Me había alejado de todos, solo íbamos Angus y yo, con los primeros rayos del amanecer. Sentía una gran tristeza atravesándome el pecho, no debimos haberlos dejado. Debimos haberlos ayudado.
El Altozano, ya se veía, y en la entrada se encontraban los narnianos que habían quedado. Angus iba a paso lento, sintiendo la misma tristeza que yo. ¿Cómo le diría a Marion, la esposa de Vendaval, que uno de sus hijos había muerto?
Me detuve en la entrada, esperando a los demás. No me animaba a ver a mi gente a los ojos. No quería imaginarme cómo reaccionarían los demás. Nos había costado tiempo conseguir a los narnianos, para que de la noche a la mañana, solo quédesenos pocos de lo que éramos.
Todos venía cabizbajos, Peter, era el único que mantenía la vista alta.
-¿Qué sucedió?-preguntó, Lucy, preocupada.
-Pregúntale a él.- respondió señalando a Caspian.
-¿A mí? Pudiste haber parado todo, todavía había tiempo.-reprochó Caspian.
-No lo hubiera hecho gracias a ti. Si hubieras acatado el plan. Todos esos soldados aún seguirían vivos... -
-¡Si nos hubiéramos quedado aquí, definitivamente estarían vivos! - repuso con furia.
-Tú nos llamaste ¿Recuerdas?- aclaró Peter.
-Ese fue mi primer error.- murmuro Caspian.
-No, tú primer error fue creer que podías dirigir a estas personas.- Peter, dio media vuelta, tratando de tomar mi mano.
-¡Hey! ¡Yo no fui el que abandono Narnia, dejando todo en las manos de mi esposa!-gritó Caspian.
-¡Ustedes invadieron Narnia! ¡No tienen ningún derecho de gobernarla!- El príncipe avanzó empujando a Peter, las palabras de éste hicieron que volteara.- ¡Ni tú, ni Miraz, NI tú padre! Narnia estaba mejor antes.-Caspian, soltó un grito y ambos desenfundaron sus espadas.
-¡Ya basta!-grité, colocándome entre ambos.
-¿Creen que con esto van a solucionar lo que ocurrió?-los dos fueron bajando sus espadas.
-¡Ya dejen de comportarse como dos inmaduros y piensen como hombres! ¿De que nos sirve alguien que quiere ser rey y otro que aparenta ser uno? Narnia no se va a salvar de esta forma. Estábamos mejor sin ustedes.- Peter, intentó tomar mi mano, pero lo ignoré e ingrese al Altozano.
Después de un rato, estaba, en una pequeña cámara tratando de curar pequeñas heridas que tenía debajo del corsé. Apretaba los labios soportando el dolor, pero no era a causa de una herida, sino de la forma en que había reaccionado hace un rato.
-Disculpa…- levanté la vista, encontrándome con Peter.
-Quiero estar sola.-murmure, volviendo a bajar la mirada.
-Lany… es enserio, estoy apenado por mi reacción. A veces pienso que no merezco tener a alguien como tú, a mi lado.-tal como la primera vez, su sinceridad, me conmovió.
-Debes saber que no estoy enojada, solo estoy molesta.-tomé un paño húmedo y comencé a limpiar una herida que tenía en el brazo.
-Ven, déjame ayudarte.-sin que yo dijese algo, él, tomo el paño y siguió con lo que estaba haciendo.
-Pudimos habernos ido.-murmure, mirando hacía un costado.
-Era nuestra oportunidad de atacarlos.-respondió sin mirarme.
-No, nuestra mejor oportunidad, hubiera sido si nos hubiéramos retirado antes. Tal vez todos los que quedaron, ahora estarían a salvo.-tomé sus manos, mirándolo.
-Sigues apoyando a Caspian.-sentenció.
-Yo no apoyo a nadie, solo te digo que debiste hacer caso. Si hubiéramos tenido algo sólido en que basarnos, muchas vidas se hubieran salvado.-él desvió la vista.
-Creo… creo que tenías razón.-tomé su mentón, obligándolo a que me mirase.
-Creo, no, yo tuve la razón.-baje mis manos y volví a tomar el paño.
-Siempre la tienes.-murmuro.
-Pensé no viviría para ver el día en que Peter Pevensie, el Magnifico, admitiría que se equivocó.-bromee, dejando de lado el paño para tomarlo de la mano y acercarlo a mí.
-Todo sea por ti, mi reina.-él me abrazó por la cintura a escasos milímetros de mí. Cuando estábamos rozando nuestros labios, un grito, nos alertó.
Peter tomo mi mano y juntos salimos de la cámara. En el camino nos encontramos con Edmund.
-¿Qué está pasando?-preguntó mientras caminaba a nuestra par.
-Ya lo veremos.-respondí.
Cuando entramos a la cámara en donde estaba la Mesa de Piedra, nos quedamos sorprendidos de lo que veíamos. Dos bestias eran acompañadas por Nikabrik, había formado un circulo en el que, Caspian, estaba encandilado con la figura de una mujer que se veía atreves de un bloque de hielo. La figura de la mujer, extendía la mano, tratando de tomar la de Caspian la cual tenía un corte en ella.
-¡Alto!- gritó Peter.
Las bestias giraron hacía nosotros. La que parecía una mujer con un gran pico en su rostro, se encargó de luchar contra Peter, haciéndole un pequeño corte en la ceja. Edmund, se batía con el que parecía ser un lobo encapuchado. Y yo me lleve lo mejor, luchar contra el traidor.
-Siempre supe no eras de confiar.-murmuré, mientras, chocaba mi espada con la suya.
-Yo advertí que haría lo posible para hacer que la Reina Blanca, vuelva y se lleve a estos barbaros.- parándose sobre una roca, golpeo con el mango de su espada, mi labio. Llena de rabia y odio logré hacer que su arma, cayese al suelo.
-Larga vida a Aslan.-susurré antes de que el filo de la mía, lo atravesara. Edmund y yo, ya estábamos libres de nuestros oponentes.
Caspian todavía seguía con su mano llena de sangre, se la extendía a la mujer dentro del bloque.
-¡Vamos! ¡Dame tu mano!- insistía Jadis. Caspian no parecía querer moverse, por lo que lo tome de la camisa y lo empujé hacía un costado. Jadis se sorprendió y sonrió irónicamente.
-Alanys, Peter, corazones, lo he extrañado.- saludó con sarcasmo.- Ven, solo una gota.- relaje mi empuñadura, pero de ninguna manera me rendiría ante ella.
-Saben que no pueden tu solos.- prosiguió. Algo dentro mío rondaban preguntas, ¿Y si tenía razón? ¿Y si yo no podía sola?
Antes de que pudiera decir una palabra, el bloque de hielo se desmoronó, destruyéndose en pedazos dejando ver a Edmund con la espada en alto.
-Ya lo sé, lo tenías controlado.- dijo y se fue.
Todos llegaron a la cámara, no pude evitar taparme la boca y salir corriendo. Ver de nuevo a Jadis, me hacía recordar a mi madre.
-¡A mi hija, no! ¡No le hagas daño!-
-¡Alanys! ¡Espera!-gritaban los demás.
Salí del Altozano y me quedé parada en la entrada. Era de noche y el viento me despeinaba levemente. Solté un sollozo y para cuando quise darme cuenta, estaba llorando.
-Lany, amor, ¿Estás bien?-Peter, me abrazó mientras yo lloraba en su pecho.
-Cuando… cuando vi a Jadis, vi a mi madre y el recuerdo de su muerte, vino a mi mente.-él me abrazó con más fuerza.
-Ella ya no volverá a este mundo, lo prometo.-besó mi mejilla, mientras que con sus pulgares, limpiaba mis lágrimas.
-Eres hermosa cuando lloras.-no pude evitar sonreír, abrazándome más a él.
-Perdón, perdón. No debí haberte dicho todas esas cosas, solo… solo…-tomo mi rostro entre sus manos y me besó.
-Ya tendremos tiempo para eso.-susurró sin alejarse demasiado.