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Rivales — capítulo 15

Capítulo 15. Tormentosa espera.

—¡¿QUÉ?! ¡No puede ser!

Ron y Harry entraron al salón cinco minutos antes de que sonara la campana. Venían conversando de mucho y poco, y no estaban totalmente conectados con las buenas nuevas del curso.

Seamus, Dean, Neville y Lee conversaban entre ellos mientras exclamaban cosas sin sentido, cuando vieron al pelirrojo, no pudieron aguantarse.

—¡Dime que es mentira, Weasley! —Ese era Dean, que miraba atónico a Ron. Este no entendía el por qué, y cuando dejó su mochila dentro de la silla, se acercó a ellos con algo de curiosidad.

—¿Sobre qué?

Todos se miraron. Neville, que parecía menos sorprendido, se acercó al pelirrojo y dijo:

—Sobre tus andanzas con Granger. Ya sabes, besos y todo.

Lavender.

Ron no pudo evitar girar sobre si y mirar a la rubia que se cruzaba de brazos mientras masticaba goma de mascar. Tenía una sonrisa de venganza en su rota y herida boca, causada por Hermione.

¿Qué podía decir contra eso? Los ratones se habían comido su lengua y no podía dejar de pensar en las tantas veces que maldijo a Hermione, que la miró como un estropajo, que la odió y juró vengarse de ella. Sus palabras se las había llevado el viento, y sus amigos eran testigo de eso.

Seamus, al ver que Ron se condenaba solo, soltó un silbido y ronquido sordo que hizo que la mayoría del curso de girase a verlo.

—¡TE GUSTA GRANGER! ¡HERMIONE! ¡TU ENEMIGA!

Bien. Lo había gritado a los cuatro vientos, mientras todos se juntaban para saber lo inesperado. Intentó divisar para ver si estaba Hermione, pero sus compañeros le tapaban.

—¿Qué?

—¿Cómo?

—¿Tú y Hermione?

—¿Es una broma, Weasley?

Todos preguntaban a la vez y él no sabía realmente que decir.

—Hey, denle espacio —Pedía Harry, empujando a todos.

—Pero queremos saber si es cierto.

—¡Sí, dilo de una vez pelirrojo!

Ron miró a la multitud y suspiró. ¿Qué más daba?

—¡Está bien, sí!

Hubo más gritos. Más bulla. Más silbidos. Palmadas en la espalda. Más preguntas.

Nadie podía creer lo que acababa de confirmar Ron. Es que… ¡ella era su enemiga! ¡Su rival! ¡La arpía! Y de pronto era su… ¿novia?

La mayor parte de las chicas se habían retirado del círculo para acercarse al pequeño grupo de Hermione. La castaña tenía las mejillas un poco coloradas e intentaba esquivar las preguntas más vergonzosas. Las más sorprendidas de todo el rollo eran Victoria y Hannah que no paraban de decir: ¡Oh dios mío! ¡Cómo no lo imaginé antes!

Katie lo sabía, a pesar de que Hermione nunca se lo confirmó, aquella pelea en el baño con Lavender, le respondió un par de preguntas que tenía la morena en la cabeza.

Después de la tormenta de preguntas sin respuesta, todos se calmaron e hicieron lo que normalmente hacían todos los días. Ron y Hermione suspiraron con resignación. Ellos sabían que esto iba a pasar en cualquier momento, pero no sabían que fuera tan exclusivo. Se miraron a hurtadillas y sonrieron; había que tomarlo con humor.

La única que no se lo había tomado con humor era Lavender. Daba brinquitos en su asiento muy enfadada. De pronto miraba a Ron y le lanzaba la más terrible de las miradas, pero el pelirrojo la esquivaba o le respondía con una mirada peor.

En el recreo las murmuraciones habían seguido. Ron y Hermione no pudieron ir a su lugar secreto… porque ya no era secreto. Lavender no solo soltó la bomba, sino que dio más detalles, algunos que ni Ron y Hermione estaban enterados que habían hecho.

Como besarse frente a dirección. Luego toqueteándose en secretaría. Otro fue que la profesora McGonagall los había regañado por ser tan demostrativos.

Ron se preguntaba en que momento él y la castaña se habían reproducido para que esos hiciesen cosas así, porque él no recordaba ninguna de ellas.

Tenía que conformarse con mirar a Hermione desde un lugar donde nadie lo viera. Al final del salón, en un rincón, teniendo a Harry delante de él como guardia. Escuchaba que sus amigos le hablaban y se burlaban de él en los tiempos que el pelirrojo se mataba de rabia por la chica nueva, maldecía por aquel ser humano vil y cruel.

—Es que en serio, aún no me lo creo, ¿estoy soñando? ¿Ron y Hermione? ¿Intercambiando saliva? ¿Besos con lengua?

—Lee, ya —Pedía Ron, algo cansado.

—¡No! ¡No puedes afirmar que tienes algo con Granger y luego pedirnos que dejemos el tema! ¡Tenemos que ver ese beso!

—¡Sí! —Chillaron todos.

—Chicos, no…

—¡Hermione! ¿Puedes venir un momento?

—¡No la molesten a ella!

—Uy, Weasley defendiéndola.

Ron miró a Harry y este solo pudo encogerse de hombros.

Hermione se acercó sigilosamente, como no estando segura de lo que sus pies estaban haciendo. Cuando llegó junto a Harry, Ron vio en su rostro arrepentimiento.

—No queremos ser groseros, ¿vale? Pero estamos que reventamos con esto.

—Parecemos viejas cotillas, pero esto es una noticia demasiado para nuestro estómago.

La castaña no entendía nada, pero era tan respetuosa que los miraba con atención.

—La idea es que se den un beso, ¿entiendes?

—Dean, déjala en paz.

—Tranquilo, hermano, que no te la estoy quitando. Solo un beso, Hermione, uno.

Hermione no dijo nada, miraba a Ron y a Harry como pidiendo auxilio. El pelirrojo se puso en pie y tomó con firmeza la mano de la castaña. La condujo fuera de allí, no sin antes gritarles "¡Váyanse a la mierda!" a todos. Salieron cogidos de la mano, siendo vistos por todos y cada uno de los estudiantes. La mayoría, que no eran sus compañeros, miraban boquiabiertos sus manos entrelazadas.

Es que nadie podía creerlo. Todo el mundo sabía de ese odio sin justificación de los dos, y verlos de las manos, tan cerca, era como para impresionarse de verdad.

Como su lugar secreto no era secreto, y como su relación tampoco estaba bajo cuatro candados, demostrarles al resto lo que pasaba, no era gran cosa, así que se arriesgaron a salir al patio, mientras todos los ojos se posaban en ellos.

—Falta que salgamos en televisión —Bromeó la chica. Ron sonrió y se sentaron en unos banquitos bajo la sombra de un árbol. Estuvieron lo bastante alejados de todos como para conversar en privado.

—¿Qué piensas de esto?

—¿De cómo reaccionaron? —Ron asintió— Bueno, fue algo inesperado por todos, ¿qué esperabas?

—Supongo que de todos modos, se iban a enterar.

—¿Te molesta?

—No, ¿a ti?

—Tampoco.

Ron miró a su alrededor. Había mucha gente que no prestaba atención, así que no dudo en hacerlo. Se acercó y la besó con dulzura.

Cuando se separaron había mucha gente observándolos. Como si todo hubiese ocurrido en cámara lenta.

—Va a costar que se acostumbren.

—Puedo soportarlo —. Suspiró— Ron, ayer me dijiste…

—¿Qué?

—Que querías estar cuando yo me hiciera la prueba de… ya sabes —Miró a todas direcciones sigilosa— ¿Todavía piensas igual?

—Claro, ¿por qué cambiaría de opinión?

Hermione tardó un momento en responder.

—No lo sé.

Ron volvió a besarla, un poco más que la última vez.

—No quiero que estés nerviosa. Todo va a estar bien.

Hermione suspiró, cerró los ojos y ahora ella besó a Ron, un beso casto y rápido.

—No sé por qué siempre que dices eso… me calmas.

—Eso es bueno, entonces.

—Espero.

…

Desde que había hablado con Hermione sobre el tema, no pudo concentrarse, una vez más. Se pasaba la mano por el pelirrojo cabello sin lograr tranquilizar su pierna, que la movía y cabalgaba todo el tiempo. Debía intentar serenarse y olvidarse un poco, pero tratándose de lo que se trataba, era bastante difícil. También lo era que Harry no supiera, y estaba convencido en no decírselo tampoco, pero quería recibir apoyo, de su amigo, de ese alguien que lo conocía tan bien.

Por eso, cuando sonó la segunda campana, Ron vio que las amigas de Hermione y ella salían del salón, así que era una buena oportunidad para confesárselo todo. Harry estaba arreglando su mochila cuando el pelirrojo se acercó.

—Tengo que decirte algo.

El moreno levantó la cabeza.

—Claro, dime.

—No acá —Miró a todas partes— Vamos fuera.

Salieron sin que nadie se diera cuenta. Para ese entonces ya todos habían ingerido bien la noticia, por lo que no hablaban mucho del tema.

Salieron al patio y se escondieron detrás de las gradas, donde nadie podía verlos y tampoco acercarse. Ron no sabía cómo comenzar, como escupir todo los nervios que sentía en ese momento, todo el apoyo que necesitaba, todo el "no lo estará" seguro de alguien.

—¿Qué pasa, Ron? Te pusiste azul.

Ron sacudió su cabeza, tomó todo el aire que podía exigir sus pulmones y miró al moreno con gafas, al borde del desmayo.

—Lo que tengo con Hermione… va más allá, quiero decir, fue más allá.

Se quedó ahí, atrapado en sus palabras.

—Ok, no entiendo bien.

—Lo que quiero decir es que… ¡Maldición! Harry, posiblemente Hermione esté embarazada de mí.

Lo explotó todo, así, sin más, y el moreno se lo quedó mirando, como esperando que dijera: *¡Yuju! ¡Sorpresa! ¡Todo es una jodida broma!*Pero Ron no iba a decir eso, de hecho, no lo dijo, y se cubrió el rostro con las manos desesperado.

—¡¿Eres idiota?!

Cerró los ojos. No podía esperar otra reacción más que esa. Cuando levantó la cabeza, vio a Harry rojo como un tomate.

—Nos dejamos llevar, Harry… pasó, de un momento a otro.

—¡Ronald! ¡Apenas y se conocen! ¿Cómo…. Cómo pudiste? ¡Cómo pudieron! ¡Es que….! ¡Por dios! ¡Es lo más insensato que me has dicho en toda la vida!

—¡De acuerdo! ¡Lo sé! ¡La embarré y ahora necesito ayuda! ¡Necesito que me digas que todo va a estar bien, así como cuando yo se lo digo a Hermione y ella se calma! Necesito afrontar mi irresponsabilidad, no quiero que me critiques más de lo que yo me he estado criticando todo este tiempo. ¡Culpándome por todo, porque si ella está… está… ya sabes, al que van a culpar será a mí!

—No, te equivocas —Interrumpió Harry— A la que van a apuntar con el dedo, a la que van a insultar, será a Hermione. La que tendrá a ese hijo, será ella, no tú. La que toma la mayor parte de la responsabilidad, será ella. La que va a estar en boca de todos, va a ser ella, no tú. ¡Así es! Lamentable pero cierto.

Eso hizo que el pelirrojo se sintiera aún peor.

—No estoy preparado para ser padre, Harry

Y por primera vez, desde que se conocían, Harry escuchó a Ron sollozar, y supo que se sentía más mal de lo que aparentaba. Así que en vez de decirle un par de verdades más, se sentó a su lado y suspiró.

—No voy a decirte que no estará embarazada porque hay posibilidades. Pero… es decir, ¿se acostaron una vez o más? —Ron levantó su dedo índice para indicar que una vez— Bueno, las posibilidades son escasas. No creo que… tengan tanta mala suerte. De todos modos, Ron… si esto llegara a ser cierto, tienes que ser lo suficientemente fuerte por ella, porque vas a tener que echarte a todos encima. Todos van a insultarla, todos van a hablar de ella a sus espaldas, y tú eres el único que puede protegerla… y defenderla.

—Eso es lo que yo no quiero, no quiero que nadie le haga daño.

Harry esperó unos momentos antes de hablar, se había percatado en la voz rota de su mejor amigo.

—¿Qué sientes por ella?

Una pregunta que daba qué pensar. Él no sabía si Ron estaba dispuesto a contestarla, pero entonces se aclaró la garganta.

—Muchas cosas. Es… Harry, ella se convirtió en algo esencial. De pronto ya no era una rival, de pronto ya no la odiaba. De pronto la extrañaba por las tardes, la pensaba y sonreía. De pronto me volví bobo por ella, porque, ya sabes… cursi, pensaba en ella todo el tiempo. Y lo supe, el problema no era que la odiara, el problema era que me gustaba mucho.

Lo dijo desde muy en el fondo de su corazón, y recordaba cómo se burlaba de su primo Bill cuando se enamoraba y hablaba con cursilerías.

Ron nunca había hablado de ese modo. De alguna forma… él nunca había hablado cursimente.

—¿Y lo que pasó entre ustedes? ¿En qué momento?

—El día en que dejaron a su madre al cementerio, ella se vino con nosotros a la Madriguera. Esa noche ella me visitó porque no podía dormir, yo le había dicho que fuera si tenía pesadillas. Entonces ocurrió… no pensamos, ni siquiera lo tomé en cuenta. Cuando ella se enfadó y me dijo que no nos habíamos cuidado, me cayó todo el peso de la situación.

—No puedo creerlo.

—Hoy se va a hacer la prueba de embarazo.

—Tienes que tener confianza en ti mismo. No dejes que los nervios te defraudan, y por sobre todas las cosas… si la quieres, si en el fondo lo sientes, no la pongas nerviosa. Y lo más importante, Ron, no le hagas daño.

Ron alzó la cabeza y miró a Harry.

—No está en mis planes hacerle daño.

—Me alegro.

Se abrazaron. Estuvieron un rato así antes de que sonara la campana.

…

Después de clases, mientras todos se iban, Ron se escabulló y se fue a juntar con Hermione a su ex lugar secreto. A pesar de que podían ser descubiertos por algunos, ya no les importaba.

Hermione se estaba retorciendo los dedos de las manos cuando el pelirrojo llegó. Se miraron a los ojos asustados, como si así aminoraran la tensión. Ron apresuró el paso y la abrazó, haciendo que el calor que emanaban sus cuerpos, hiciera calmar a la castaña.

Se fueron caminando en silencio. Del colegio al centro de la ciudad quedaba a unas seis o siete cuadras, así que no necesitaban un autobús para eso.

El único contacto humano que tuvieron, fueron sus manos unidas. De pronto el frío había caído y la niebla los separaba un poco. De sus bocas salía ese aliento blanquecino, y temblaban ligeramente. Más por los nervios que por otra cosa.

Entraron a la farmacia más cercana.

Hermione se detuvo a cuatro pasos del mostrador. Se giró y miró a Ron.

—No puedo hacerlo.

—¿Quieres que lo haga yo?

—No, mejor yo. Dame unos minutos.

Se quedó de pie viendo como la castaña caminaba de un lado a otro, suspirando y hablándose a sí misma. Quiso volver a abrazarla, pero no era el momento. Cuando ella detuvo su paseo, Ron la tomó de las manos.

—¿Estás preparada?

—No, pero sí.

No era una respuesta que esperara, pero no siguió preguntándole. Hermione se acercó al mostrador y algo temblorosa pidió lo que quería. La señora que la atendía, sonrió ligeramente y desapareció, en busca de lo que buscaba. Cuando regresó, Hermione dio un respingo.

—Tengo este, y este. La caja grande es más efectiva, aunque este… te da los resultados más pronto.

Se quedó un momento pensando en cual elegir.

—Prefiero el… más efectivo.

La señora envolvió la caja en una bolsa y se la entregó. Hermione pagó su compra y salió rápidamente de la farmacia con Ron siguiéndole los talones.

Se quedaron fuera mirando la bolsa un rato, hasta que Ron supo encontrar su voz entre la niebla.

—¿Dónde vamos ahora?

—No sé… no podemos irnos a mi casa porque está Lucas.

Ron pensó en Harry, pero no sabía cómo se lo iba a tomar la castaña.

—Pensemos…

—Creo que sé dónde —. Ron la miró— Verás… tuve que… necesitaba contárselo a alguien porque tenía todo el problemón en medio de la garganta, ¿vale? Así que… se lo dije todo a Katie.

No había sido el único, por un momento quiso exhalar todo el aire contenido.

—Yo también se lo conté a alguien.

No supo de dónde salieron sus palabras. ¿Cuándo le dio permiso a su lengua moverse?

Hermione abrió los ojos como platos.

—¿Có-cómo? ¿Se lo contaste a alguien? ¿A quién? ¡Oh por dios! ¿Qué piensa de mí?

—Tranquila, se lo conté a Harry. Él no dirá nada, y no piensa nada de ti, de hecho… creo que casi me estrangula.

La castaña soltó una risita nerviosa.

—Katie también casi me mata. Después de gritarme que estaba decepcionada de mí, que era una irresponsable, mala amiga por no contarle antes, por no pensar en el momento, por miles de cosas… rompió a llorar y me abrazó.

Ahora Ron soltó una risita nerviosa.

—Harry también me dio un sermón, pero terminó apoyándome.

Después de un momento, sus ojos se cruzaron levemente.

—¿Dónde vamos entonces?

—No lo sé.

—¿Te parece que al primero que conteste la llamada?

—De acuerdo.

Ron llamó a Harry y Hermione a Katie. Harry contesto al segundo timbre y Katie al tercero.

—Harry, necesito que nos ayudes urgentemente.

...

—¿Qué le dijiste a Ginny cuando no me vio?

—Que debías reforzar matemáticas —Respondió Harry mientras conducía a los chicos arriba, a su habitación.

Hermione iba muy callada, sosteniendo con mucha fuerza la bolsa en sus manos, y aferrándola a su estómago. Subió las escaleras con un temblor en los labios.

La habitación de Harry era enorme. Paredes negras y blancas. Posters de animé antiguo y un montón de disquería en un estante. Hermione quedó fascinada, pero no era momento para quedarse pegada a admirar el cuarto.

Ron interrumpió sus pensamientos. Cogió la bolsa que ella tenía en sus manos y metió la mano.

—Hermione, ¿por qué compraste tres cajas de lo mismo?

—Pues muy simple, nunca has de estar seguro con la primera prueba. El primero puede salir negativo, el segundo positivo y el tercero negativo. Si es así, gana el primero con el tercero.

—¿Por qué? —Preguntó Harry con curiosidad.

—No lo sé realmente. Mamá nunca me quiso explicar ese parte —Encogió sus hombros mientras le quitaba las cajas a los chicos—De todos modos, para asegurarme, iré la próxima semana a un ginecólogo.

Ron la miró y de pronto se encendió una luz en su cabeza.

—¡Ginny va a uno de esos! —Su emoción disminuyó de repente, atragantándose con las palabras— ¿Crees que mi hermana… haya….?

Harry y el pelirrojo se miraron boquiabiertos.

Hermione sacudió la cabeza.

—Ir a un ginecólogo no necesariamente es por eso, hay muchas cosas por las que una mujer visita a este tipo de especialista.

—Me asusta —Ahogó un suspiro Ron.

—Verás… ay, Ron, vinimos a otra cosa.

Todos se pusieron en alerta.

—Yo voy a estar abajo. Este momento solo los incumbe a ustedes dos, en privado.

Hermione miró con un aprecio enorme al moreno.

—Gracias, Harry.

Este asintió, sonriéndoles para infundirles ánimos, y se marchó. Cuando la puerta se cerró, volvió toda la tensión. Se quedaron mirando las tres cajas, sin saber realmente qué hacer. Hermione leyó las instrucciones en voz alta y luego se quedó pensando un rato, mordiéndose el labio de vez en cuando. Ron estaba que se comía las uñas, pero recordaba las palabras de Harry: no poner nerviosa a Hermione.

—¿Qué se supone que tenemos que hacer? —Preguntó sin aguantarse más.

—Lo que tengo que hacer yo, dirás. La prueba es para mí, así que… entraré a ese baño y esperarás, ¿vale? Según las instrucciones debo esperar cinco minutos, por lo que, como son tres, serán quince minutos.

—¿QUINCE MINUTOS? ¿ESPERAS QUE SIGA VIVO EN QUINCE MINUTOS?

—Bueno, ya, cálmate. Veremos el resultado del primero en cinco minutos… si este sale positivo, Ron, por favor, no vayas a desmayarte.

—No prometo nada pero está bien.

La castaña suspiró. Tomó las tres cajas, le dio un beso corto en la boca a Ron y se metió al baño.

Ron se echó en la cama de Harry sin poder creer todo lo que estaba ocurriendo.

Fueron los cinco minutos más largos de su vida.

En algunas oportunidades veía que la puerta del baño se abría, pero solo era parte de su imaginación, la ansiedad lo tenía así. Se retorcía los dedos con impaciencia. Suspiraba y se pasaba las manos por el cabello, desordenándolo.

Después de esos cinco minutos… Hermione no salió del baño. No quiso acercarse a la puerta, porque si la castaña había decidido esperar los quince minutos… así debía ser.

A no ser que el primer resultado haya sido positivo.

En esos momentos de profundo pensamiento, Ron nunca le llegó a preguntar si su periodo estaba normal. Esperaba que sí.

Idiota, no estaría haciéndose una prueba de embarazo si su periodo estuviese normal.

Volvió a suspirar. Estaba pensando seriamente en morir de un ataque al corazón por suspirar tanto.

Pasaron otros largos cinco minutos en los que Ron casi no tenía uñas en los dedos. Caminaba de un lado para otro, imaginando miles de cosas. Teniendo los pensamientos más absurdos.

Se imaginó llevando a Hermione a la Madriguera para darles la noticia del embarazo. Imaginó a la castaña con el estómago abultado, ocultando su embarazo y enfadándose con él. Imaginó yendo al hospital desde el colegio para ver nacer a su hijo. Imaginó como la castaña chillaba del dolor y ese dolor se lo transmitía a él. Después la recostaban en una camilla y ella gemía tan alto que dolía. Alguien gritaba cosas, se intercambiaban tijeras, entonces escuchaba el llanto de un niño. Después a los dos discutiendo por el bebé, viendo como ella se agotaba y decía que no podía criar a un hijo a su edad.

Todo eso se le vino a la cabeza durante los diez minutos que restaban. Intentó reprimir el llanto. Él no quería eso.

La puerta del baño se abrió de repente, y Hermione salió tan de repente que Ron no tuvo tiempo de ver su expresión. Estaba con los ojos llenos de lágrimas y él pensó lo peor.

La espera era larga, angustiosa, desesperante que daban ganas de gritarle al tiempo. Cuando sus ojos se encontraron, Ron no supo leer lo que pensaba ella, y eso lo inquietó aún más. Justo cuando Hermione iba a hablar, Ron creía que habían dos opciones: o él moría o seguía viviendo, pero lo que Hermione le dijo, no se lo esperaba:

—No estoy embarazada.