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Rivales — capítulo 13

Capítulo 13. ¿Dónde estás?

La sensación de vacío se apoderó de Hermione en cuanto giró la manilla de la puerta de su propia casa. Se sentía exhausta y algo atolondrada, como si la garganta le quemase y estuviera a punto de echarse a llorar. Intentó con todas sus fuerzas no desesperarse, pero se le hizo demasiado difícil una vez que entró completamente.

Lo que veían sus ojos no tenía ningún sentido. Miró a todas direcciones, buscando al causante de todos los destrozos que veía frente a ella.

Sillones desgarrados, objetos de vidrio, tirados y rotos por el piso. La televisión estaba en el suelo pero parecía intacta de daños y las paredes parecían arañadas con uñas demasiado largas. Su corazón bombeaba muy fuerte, avanzó unos pasos y se detuvo, soltando un sollozo.

¿Quién había causado esto?

Empezó a revisar todas las habitaciones. La cocina no podía estar peor que la sala, así que con mucho cuidado de no tropezar y caer de bruces, empujó la puerta y entró al cuarto de piano.

Casi se cae del espanto cuando vio a su padre sentado en el piano… con una botella de whisky en la mano. Parecía aturdido y alejado del mundo, y ella deseó salir corriendo en ese mismo momento. Pero era su papá, no podía hacer eso.

Avanzó hasta él, no a tan poca distancia porque reconocía tenerle un poco de temor, así que intentó aclararse mucho la garganta para decir:

—¿Qué es todo esto, papá? ¿Dónde está Lucas?

El señor Granger levantó la cabeza con enfado, agitó la botella de whisky en su mano y se llevó un sorbo a la boca.

—Lucas se ha ido. Dijo que… que te lla-llamaría en cuanto pudiera. Y si te refieres a… a e-esto… pues, soy el dueño de casa y hago lo que quiero.

Estaba totalmente borracho, y la castaña nunca en su vida había visto a su papá… en esas condiciones.

—¿Acaso tú… hiciste todos estos destrozos?

Su padre asintió, demostrando cada vez más lo acabado que se encontraba.

—Y puedo decirte ahora mismo que te largaras… si quiero.

Ella miró a todos lados de la habitación y vio más arañazos en las paredes. Intentó no gritar de impotencia. En vez de eso, se giró y encaró a su padre.

—Tú no te atreverías… Papá, nunca has bebido tan…

Pero entonces no tuvo tiempo de absolutamente nada. Solo sintió como el vidrio de la botella se incrustada en su mejilla izquierda y ella chillaba del dolor, cayendo al suelo. Todo se había vuelto tan borroso, que estuvo a punto de entrar en pánico. El calor que emanaba su cara, el dolor y la sangre que caía a borbotones por su mano. Vio los vidrios rotos de la botella en el suelo y ella derrumbándose también.

 Había ruido a su alrededor pero no podía prestar atención, más que el impacto, ella le temía a la sangre.

—¿Qué pasa aquí? ¿Papá? ¿Hermione? ¡Hermione! —Unos brazos la giraban y la estrechaban a un pecho que muy en el fondo de su cabeza conocía. Cerró los ojos y se dejó llevar. Escuchaba como gritaban, como balbuceaban, pero ella ya estaba del otro lado. Ya no sentía nada porque estaba a punto de desmayarse.

…

Cuando abrió los ojos, una nube blanca le cubría la visión, pero solo por el ojo izquierdo. Parpadeó repetidas veces antes de que volviera a enfocar su vista en alguna cosa.

Agitó sus manos. Su pecho subía y bajaba con demasiada frecuencia. De pronto sintió un chasquido, como un movimiento muy cerca de ella, pero en cuanto intentó levantar la cabeza, un dolor insoportable la hizo pegarse a la almohada.

—Hola, ¿cómo estás?

Conocía esa voz, era la voz de Lucas. ¿Qué hacía aquí si se suponía que se había ido? Intentó nuevamente levantar la cabeza, hasta que él se puso en pie y la miró. A pesar de la mala vista que tenía ahora, pudo distinguirlo. Alto, delgado, ojos castaños y una sonrisa perfecta. Hizo afán de sonreír pero no le resultó del todo.

—Molida —Respondió, exhalando aire por la boca.

De pronto una pila de imágenes se le vinieron a la cabeza, e hizo que el dolor aumentase aún más. Su padre sobre el piano. Una botella de whisky con aquel líquido caliente y luego el vidrio estrellándose en su mejilla. Ella cayendo y perdiendo la conciencia, mareándose por la sangre que caía de su cara.

Se puso a sollozar ahí mismo y se sintió un poco avergonzada al darse cuenta más tarde que su hermano la estaba mirando. Levantó la mano para limpiar las amargas lágrimas que querían salir de sus ojos, y empezó a suspirar para calmarse.

—A la única persona que pude avisarle de que estás aquí, ha sido a tu amiga Katie.

—Bien, ¿está aquí?

—Sí, ¿quieres que la llame? —La castaña asintió.

A pesar de los intentos de Lucas para agradarle a la castaña, ella seguía un poco molesta y sentida con él. No podía olvidar lo seco que había sido con su madre, luego de que esta lo había criado durante toda su vida. De todos modos, no podía dejar desapercibido el hecho de que se preocupó por ella y la trajo al hospital. Algo que ella hubiera hecho con él si se hubiese presentado el momento.

Pero necesitaba pensar. Pensar en cómo hablaría, porque de que necesitaban conversar, lo necesitaban.

Con Katie se sentía mucho más en casa que con su padre y Lucas, así que cuando la chica comenzó a sollozar, Hermione la frenó y le pidió que parara. La morena intentó serenarse, aunque a veces no podía evitarlo y lloraba.

Esa noche se fue a casa con cinco puntadas en el pómulo izquierdo. Lucas y Katie le dieron un "NO" rotundo cuando ella comentó sobre ir al colegio al otro día. A pesar de que protestara toda la cena, ninguno de los dos cedió y ella terminó subiendo enfadada a su habitación.

Cuando ella volvió del hospital, su padre no estaba, y aunque sentía mucha rabia contra él, no dejó de preocuparse pensando en dónde podría estar, así de borracho y perdido.

Más tarde, Katie subió a su habitación para despedirse.

—Yo pondré atención por ti, pero es importante que tomes reposo por una vez en tu vida, señorita cabezota.

La castaña soltó una risita, se despidieron con un beso en la mejilla y antes de que la morena saliera por la puerta, a Hermione se le ocurrió algo.

—¡Espera! —Katie se detuvo en la manija de la puerta. Sopesó un poco lo que iba a decir antes de soltarlo—: No se lo digas a Ron… por favor.

Katie la miró confundida, pero por la expresión de súplica que tenía su amiga, no debatió.

—Bien… no se lo diré.

Y entonces se fue.

La castaña se tumbó de cabeza en la almohada y empezó a contar todas las tablas pegadas en su techo, de otra forma, ¿cómo iba a desaburrirse?

Que Hermione llegara atrasada podía esperarse, pero que Hermione no viniera a clases… era una cosa muy distinta. Podía haber pensado que era por el duelo de la muerte de su madre, pero entonces recordaba que ayer ella si había venido. Intentó asegurarse de que su padre necesitaba compañía, para no preocuparse más de lo debido. De todas formas, estaba inquieto y miraba a cada rato hacia la puerta, como si la castaña fuera a aparecer como arte de magia por allí.

—Es extraño —Convino Harry— Te hubiera llamado, ¿le habrá pasado algo?

—Gracias por subirme el ánimo, Harry. Eres un gran amigo —Bufó.

Después se había acercado a Katie para preguntarle, pero ella le había dicho que no sabía nada y se había ido rápido hacia el baño de las chicas. Comenzaba a impacientarse demasiado con la situación. ¿Por qué no había venido? El motivo le interesaba muchísimo.

Después de la comida, la profesora McGonagall anunció que el aniversario se reanudaría el viernes por la tarde, así que ese día bailarían.

Todos se habían entusiasmado, menos Ron, que parecía más alma en pena en el salón que un alumno normal.

Esa tarde no quiso llamar a la castaña porque ya estaba convencido de que era por su madre. Así que intentó subirse el ánimo y bajar a cenar, con la esperanza de verla al día siguiente.

Pero al día siguiente Hermione tampoco fue a clases.

Se frustró mucho más, pero aparte de eso, se preocupó aún más.

Tenía la leve impresión de que Katie sabía algo de la castaña, pero que no quería contárselo. Cuando se acercaba y le preguntaba, ella respondía cortante y se iba, como si pensara que quedarse más era motivo para soltar todo.

Esto lo trastornaba. Necesitaba saber de la castaña.

En la tarde, desde el teléfono de su casa, llamó a Hermione.

Pero nadie atendió.

Alejó el teléfono molesto, después de despotricar contra la línea telefónica, volvió a llamarla, ganándose el buzón de voz.

Al día siguiente tampoco fue.

Para ese entonces ya no soportaba la incertidumbre, así que cuando salieron de clases, dijo:

—Voy a ir a ver a Hermione.

Lo dijo así sin más, mientras nadie conversaba. Los gemelos soltaron silbidos molestos y Ginny miró de reojo a Harry.

—Estás preocupado —Soltó la pelirroja sin sonar como pregunta.

—Sí —Fue lo único que logró articular.

Los otros se fueron rápidamente mientras Ronald se iba al ya conocido paradero. Cuando llegó no pudo evitar pensar en la castaña.

El viaje a la casa fue una tortura. Primero empezó con paranoia, pensando en que Hermione podía haberle pasado miles de cosas. Luego recordaba que Katie le decía que no se preocupara, así que se calmaba. Después pensaba en el motivo por el que la castaña no contestaba el teléfono, pero al final siempre terminaba con un: Te calmas, idiota.

Llegó a la puerta y la tocó con suavidad. Esperó unos minutos hasta que optó por tocar nuevamente.

Haciendo un esfuerzo inmenso por no aporrear la puerta, el pelirrojo esperó y esperó hasta que escuchó que pasos se acercaban. Cuando abrieron la puerta, por un momento Ron no sabía de quién se trataba, pero luego, al enfocar los ojos, supo que se trataba de Lucas, hermano de Hermione.

—Hola

—Hola —Saludó Lucas con cordialidad. Luego achicó los ojos y lo apuntó con un dedo— Tú… eres… ¿sales con mi hermana, verdad?

Se le formó algo en la garganta que le impedía hablar y sentía que si lo hacía su voz se volvería chillona.

—Yo… sí, soy Ronald Weasley. ¿Está Hermione?

Lucas carraspeó y juntó un poco más la puerta.

—Ella no está.

El pelirrojo frunció el rostro.

—¿Se demorará mucho? Estoy muy… preocupado por ella porque no ha ido a clases.

—Sí, es que… ya sabes, el duelo y esas cosas.

Ron asintió y se quedaron en silencio.

—¿Le puedes decir que me llame cuando pueda?

—Seguro.

—Bueno, eso, adiós.

—Adiós.

Lucas cerró la puerta y Ron se alejó de la acera. Tenía la sensación de que el hermano de la castaña le ocultaba algo. No contento con eso, y mirando hacia todos lados, el pelirrojo irrumpió por arriba del portón de madera, cayendo de pie por el césped del jardín trasero. Empezó a caminar muy despacio, con el corazón agitado porque si lo pillaban le iría muy mal.

Cuando llegó al jardín, distinguió la ventana del cuarto de la castaña, y tenía tantas ganas de comprobar si realmente no se encontraba que cuando vio el árbol enorme del jardín no lo pensó dos veces, y comenzó a treparlo.

Le costó mucho hacerlo, sobretodo porque él no era experto en eso, salvo de pequeño cuando se escondía allí para no ayudar a lavar los platos. Alcanzó una rama y se sujetó con fuerza, luego con el pie derecho alcanzó el último tronco y terminó casi recostado en el árbol.

Quedaba a la perfección porque justo al lado estaba la ventana que buscaba. Con mucho cuidado y sin hacer ruido, se acercó a la ventana y empezó a mirar a hurtadillas.

Y efectivamente, Hermione estaba ahí, de espaldas, revisando algo en un cajón lleno de papeles. Ron comenzó a tocar la ventanilla despacio, pero como ella no prestaba atención, la tocó más fuerte, haciendo que la castaña se girase sobre sus talones y mirara hacia su dirección.

Sus ojos se volvieron como platos cuando lo vio, y él estaba tan aliviado de verla bien que… no se había dado cuenta de lo que tenía en la cara.

Frunció el ceño. La ventana no lo dejaba comprobar bien si se trataba de…

Hermione corrió hacia la ventana y la abrió de golpe, es ahí cuando Ron se fija en su mejilla izquierda. Amoratada, punteada y media hinchada.

—¿Qué narices haces aquí, Ron?

—Si me contestaras los llamados no estaría aquí, ¿sabes? ¿Qué pasó? ¿Quién te hizo eso, Hermione?

Se acercó y se sentó en la ventana, tomó el rostro de la muchacha con cuidado y observó la herida. Ella apartó la cara rápidamente pero el pelirrojo era más listo, así que volvió a tomar su rostro.

—Me caí.

—No, no te caíste.

—¡Te digo que me caí, Ronald!

—¡Ya, no te enojes!

Se cruzó de brazos, volvió a correr el rostro y caminó de vuelta a su cama. Ron terminó de salir de la ventana y se acercó a ella, sentándose en la cama que ya conocía.

—Solo resbalé, ¿vale? No es nada grave.

—Si no fuera grave no tendrías puntos en la cara y menos el pómulo tan hinchado. ¿No confías en mí?

Ella lo miró a los ojos y él vio cierto miedo en la chica.

—No quiero darte más problemas. ¿Por qué simplemente no lo olvidas?

—Difícilmente podría olvidarlo teniendo tu mejilla hinchada frente a mí.

Hermione sacudió la cabeza.

—Bien.

—¿Vas a contarme?

—Sí.

—¿Entonces?

—Mi papá.

—¿Está aquí? ¿Quieres que lo llame?

—¡No, idiota! ¡Mi papá me hizo esto!

Ron no dijo nada. La miró estupefacto por lo que fueron largos segundos. La castaña exhaló todo el aire contenido y se tapó el rostro con cuidado, aguantándose las lágrimas.

—¿Qué tu papá qué?

Hermione alzó las manos con desesperación.

—Oh, vamos, no me hagas repetirlo

Hubo silencio, momento en que sus ojos se contemplaron. Como si hablaran entre sí sin que Ron y Hermione se percataran.

—Hermione… ¿De verdad? ¿Por qué? ¿Qué…? No lo entiendo.

La castaña empezó a contarle todo desde el principio. Ron la escuchaba atentamente, tomando sus manos y acariciándolas con sus pulgares. Aún no podía explicarse el por qué el señor Granger tomó la determinación de lanzarle eso a su hija, a pesar de que estuviera borracho… era su hija.

—Estoy muy molesta con él… por el momento no lo quiero ver.

—Hermione, tú te vienes conmigo.

La castaña alzó el rostro y lo miró confundida.

—¿Cómo?

—Que te vienes conmigo, no voy a dejar que tu padre te levante la mano de nuevo. No puede hacerlo solo porque… se tomó unas copas de más.

—Ron… yo no puedo irme —Murmuró, aunque había algo en su voz que le decía lo contrario.

—¿Qué pasará cuando aparezca? ¿Va a golpearte otra vez?

—Lucas está aquí ahora, él no va a dejar que me ponga una mano encima.

—¿Y cuando él se vaya?

Las palabras se quedaron atoradas en su boca, pero en cuanto recuperó la compostura, Hermione dijo:

—Te prometo que ahí me iré contigo.

Ron acercó su boca a la de ella y se fundieron en un beso lleno de calor. Era como sí así demostraran lo mucho que se habían extrañado. Y ninguno de los dos quería cortar aquel vínculo, no ahora.

Hermione jadeaba con el beso porque cuando movía la boca la piel ardiente de su herida se abría y tenía que parar. Ron juntaba sus frentes y susurraba que todo estaría bien, y ella… ella siempre confiaba en lo que Ron decía.

Después de cortar el beso, Hermione miró a Ron con el ceño fruncido.

—¿Vas a decirme por qué entraste por la ventana?

Ron se encogió de hombros.

—Tu hermano me dijo que no estabas, pero no me quedé tranquilo. Estaba desesperado por saber de ti.

Ella sonrió.

—Lo siento… no quería que lo supieras. Se lo dije a Katie y…

—Ella guardó muy bien tu secreto, no te preocupes —Le dio un beso casto y se separó— ¿Vas mañana? Se reanuda el aniversario y tenemos que bailar.

—Sí, iré.

—¿Estás segura que puedes bailar con esa cosa ahí?

—Espero que si… y si lo dices por lo feo que se ve, existe el maquillaje.

—Sí, se ve feo. —Hermione se cubrió el rostro y el pelirrojo le retiró las manos— La herida, no tú. Sigues siendo hermosa.

La puerta se abre en ese momento y la cara de Lucas se asoma por la madera. Ambos se voltean a mirarlo sorprendidos y algo avergonzados.

—Ya veo, estaba segurísimo de que el ruido de afuera no podía ser de un simple gato. Pedí pizza, bajen… si quieren.

Ron y Hermione sonrieron y poco después bajaron a comer pizza con Lucas.

Lucas resultó ser una persona muy agradable. En algunos gestos, Ron no podía evitar recordar a Hermione, porque eran iguales en cualquier sentido. Se vieron una película de acción mientras platicaban.

—Una siestecita no me vendría mal. Hey, Weasley, ten cuidado con mi hermana.

Lucas subió las escaleras arrastrando los pies.

Ron y Hermione encontraron oportuno tener una sesión de besos, así que no hablaron mucho.

Cuando la noche estaba cayendo, Hermione empujó a Ron y cortaron el beso.

—Es tarde, debes irte.

—No, bésame.

La castaña le dio un beso rápido antes de volver a insistir.

—Se está oscureciendo. Tu madre se preocupará.

Ronald suspiró, besó nuevamente a la castaña y se pusieron en pie.

Se despidieron con otro fogoso beso y prometieron verse al día siguiente.

Por más que Lucas insistió en que Hermione se quedará un día más en casa, no logró nada, porque ella escuchaba sus consejos mientras se terminaba de colocar el chaleco del colegio y cerraba su mochila.

—Mis intentos son en vano, ¿no?

—Por fin lo has captado —Se aliso el pelo y cruzó su bolso por encima del hombro— Nos vemos después —Besó a su hermano en la mejilla y salió de la casa.

Buscó a tientas el espejito que había tenido consigo todos estos días para examinarse la herida. A pesar de haberse echado suficiente maquillaje para taparlo, seguía reluciendo y brillando como si lo hiciera a propósito para hacerla pasar vergüenza.

Cuando llegó al colegio, podía sentir las miradas de todos puestas en ella, pero Hermione intentaba ignorarlas, esquivarlas y hacer como que nada había pasado. Una vez que subió las escaleras, no pudo más que levantar la cara cuando escuchó una voz tan chillona en los escalones.

—¿Qué te pasó en la cara, eh, Granger?

Era Lavender Brown, que la miraba sonriendo con burla y saña. La castaña intentó seguir subiendo pero las amigas de Lavender se lo impidieron.

—Déjame pasar, Lavender.

—Oh, ¿tienes miedo? —Hermione no dijo nada y todas comenzaron a reír— Dime que te pasó ahí y te dejaré pasar.

—Nada que te importe.

Cho Chang, con una pequeña barriga, empezó a reírse como histérica. Lavender la miró con esa mirada asesina y esta se calló.

—Qué triste. Así Ron menos va a fijarse en ti. Con la cara rajada y peor… siendo la reina —Rio— ¿De verdad piensas que tienes oportunidad con mi Ro-Ro?

Ro-Ro. A Hermione le dieron ganas de ponerse a vomitar.

—¿Qué tal, Lavender? ¿Podrías dejar a la gente pasar?

Cuando Hermione se giró, vio a Ginny con los brazos cruzados, mirando a Lavender con una sonrisa de ironía y algo de… ¿asco?

—Solo estábamos hablando con Hermione. Chicas, nos vamos. Un gusto, Granger —Le guiñó un ojo y se fueron.

La castaña suspiró y cerró los ojos, cuando Ginny puso una mano en su hombro ella los abrió.

—No te dejes influenciar por Lavender. Y… Ron me contó lo que pasó, lo siento mucho.

—No hay problema —Luego miró a su alrededor— ¿Dónde está?

—Esperando a Harry, creo que se ha quedado dormido. ¿Subamos?

—¿Tu salón no es abajo?

La pelirroja la miró con una sonrisa picarona.

—Deberías saber que todos los días lo olvido.

Hermione se rio, y terminaron de subir las escaleras.

…

Harry y Ron llegaron al salón cinco minutos antes de que sonara la campana. Hermione estaba rodeada de las chicas: Ginny, Luna, Katie, Hannah y Victoria. Todas comentando como podían ocultarle la herida para el baile de esta tarde. Ella no prestaba mucha atención, porque de pronto sus ojos viajaban a dónde se encontraba Ron, que rápidamente la miraba también y se sonreían.

—¿Por qué sonríes, Hermione?

La castaña sacudió la cabeza cuando escuchó que Hannah preguntaba. Pensó en una rápida repuesta, pero ella no era buena en eso.

—Solo recordé algo.

En el recreo, Ron la miró y le hizo señas para que se encontraran en su lugar de siempre. Ella, sigilosamente, se excusó para ir al baño, y corrió a encontrarse con el pelirrojo.

Cuando vio a Ron mirando por la ventana, corrió a su encuentro y lo abrazó por detrás.

—¡Hey! Pensé que ya no llegabas —Ron se dio media vuelta y la abrazó, después depositó un beso en sus labios.

—No podía decirles a las chicas que vendría a encontrarme contigo, ¿sabes? Así que tuve que excusarme, pero no me soltaban.

Se miraron a los ojos y sonrieron. Era lo único que hacían, porque era igual que si hablaran. Se besaron por un largo tiempo, sin buscar respiración alguna, solo el aliento de sus bocas.

De pronto un chasquido los hizo detenerse, pero no se separaron. Volvieron a besarse y otra vez el chasquido. Es entonces cuando se separan y se vuelven, y solo ven en el viento como alguien sale corriendo de donde se encontraba…

…descubriéndolos besándose.