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Rivales — capítulo 8
Capítulo 8. Cambios de Hermione
Bill Weasley, primo de Ron y Ginny, hermanos de Fred y George, entró con una sonrisa en los labios por la puerta principal, luciendo un traje acaramelado que hacía juego con su pelo rojizo, muy propio de los Weasley. Detrás de él, con un hermoso vestido celeste, entró una rubia alta y muy hermosa, cuyo rostro le era muy familiar a Ronald, que en cuanto la chica y su primo se acercaron, dio un respingo y miró a Hermione, que entrecerraba los ojos y fruncía el ceño al mirarla.
—¡Hermione! ¡Es Fleur!
La castaña no apartó el rostro y pronto su expresión de incredulidad fue desapareciendo para pasar al familiar reconocimiento.
—¡Es cierto!
Bill les presentó a Fleur a todos los invitados. Era una tradición familiar muy vieja; hacer un festín para presentar a la nueva novia o novio. Aunque hacía muchísimos años que no se presentaba un novio, porque Ginny era la única chica y la única mujer aparte de la pelirroja era Sarah, hermana de Arthur y que tenía más de cincuenta años, es decir, había presentado a su novio y actual esposo hacía más de treinta años atrás, aún seguía siendo algo relativamente especial, conocer a la futura esposa o la nueva integrante a la familia.
Molly había chasqueado la lengua, murmurando cosas como: Demasiado rubia, ese vestido no me gusta, su rostro no tiene mucho maquillaje, habla raro. Cosas así.
De pronto, cuando Bill saludó a Ron, Fleur se había percatado del pelirrojo pero no de Hermione, y posiblemente haya sido por el drástico cambio de look.
—¡¿Gon?! ¡Pego si eges Gon!
Bill miró con extrañeza a su novia, Molly se había unido a la conversación también.
—¿Ron? ¿Cómo es que la conoces?
—Es nuestra profesora de baile —Contestó Hermione detrás de Fleur y la rubia se dio media vuelta para ver de dónde provenía la voz.
Casi se cae del espasmo y aparte de eso, sonrió ampliamente antes de piropear como estaba vestida la castaña. Le dio un beso en la mejilla y luego otro a Ron, y eso hizo que Molly comenzaba a hervirse por dentro.
—Dejé el pavo en el horno, permiso.
Y se fue.
Cuando conoció a Hermione, en esa misma fiesta, Molly había sido muy gentil, amable y cariñosa al recibirla. Había dicho que tenía muchas ganas de conocerla y que los chicos hablaban mucho de ella, así que su visita era bastante esperada. Luego le dio un fuerte abrazo y la dejó terminar de saludar a los demás.
Después del momento interrumpido por Bill y su novia, Hermione había vuelto a colocarse nerviosa y Ron se había puesto un poco colorado. No se podía pasar desapercibido lo que había sucedido, menos cuando ambos estaban conscientes de ello. Ni siquiera se habían tomado ninguna copa de alcohol para justificarse y eso hizo que las manos le temblasen.
Ron iba a besarla. Iba a besarla y si no fuera por la interrupción ya estarían comiéndose la boca.
Exhaló con fuerza por la boca y se echó viento con la mano. Sentía, de repente, muchísimo calor. Miró a Ron de reojo, temerosa de que él la estuviera observando pero vio que el pelirrojo se movía inquieto y no sabía si era porque deseaba irse o porque no sabía si dirigirse a ella en concreto.
No preguntó, simplemente se cruzó de brazos debajo del pecho y suspiró.
Durante un breve momento, Hermione había estado dispuesta a irse, se sentía fuera de sí, incluso tenía la sensación de que el pelirrojo estaba enfadado con ella. Guardó todo el orgullo y la vergüenza que tenía y se giró para encararlo, más él no la miró, y ella simplemente dijo lo que tenía que decir:
—Si no vas a hablarme en toda la maldita noche, Ronald Weasley, pues bien, yo… yo ya me voy.
Ni siquiera supo por qué se lo dijo. Necesitaba descargarse con alguien y ese alguien era precisamente el pelirrojo. Se giró enfadada para irse y entonces Ron atrapó su muñeca con los dedos, cerrándolos para que ella no se moviera de su lugar. La castaña se giró y lo miró a los ojos.
—No… no te vayas.
Aflojó la resistencia de su muñeca. Ron abrió su mano y ella recuperó su brazo completo. Obedeció. Se quedó allí sin más, sin hablar, sin mirarse.
—Esto es absurdo.
—¿Absurdo por qué? ¿Por lo que pasó antes de que Bill llegara? —Hermione notó que Ron estaba un poco molesto.
—Por lo que "pasó" no, porque no pasó nada.
El pelirrojo sacudió la cabeza.
—Bien, entonces lo que "no pasó"… ¿a eso te refieres de absurdo… o es porque viniste a la fiesta?
—Todo.
—Muy bien.
La castaña lo miró con incredulidad. ¿Muy bien? ¿Eso es todo?
—¡Muy bien!
—¿Qué? ¿Vas a enfadarte ahora?
—¡No estoy enfadada!
—¡Muy bien!
—¡Deja de decir muy bien!
—¡Y tú deja de enfadarte!
—¡Que no estoy enfadada!
—¡Pues no se te nota!
—¡No voy a andar de risas por doquier solo para que veas que no estoy enfadada, Ronald!
—¡Y yo no tengo por qué tener clases de lo que tengo o no tengo que decir!
—¡Pues puedes decir todo lo que quieras a mí no me importa!
—¡Entonces deja de fastidiarme y gritarme!
—¡Eres tú el que me fastidia y eres tú el que está gritando!
Exhalaron aire. Sus rostros enrojecían con cada grito. La música de la fiesta se había reducido al mínimo y todos los invitados miraban la escena del pelirrojo y la castaña. Ginny, que estaba con Harry y Luna conversando, no podía estar más… divertida. Sonreía con cada palabra que salía de sus bocas, como si aquel fuese su regalo de cumpleaños, como si ellos fueran los payasos para entretener a los invitados.
—¿Sabes qué más? ¡Puedes irte si tanto quieres! Yo no voy a ir dejarte.
—¡Nadie te pidió que me fueras a dejar! ¡Hay muchos que quisieran ir a dejarme!
—¿Ah, sí? ¿Cómo quién? ¿Krum? Te he visto muy unida a él.
La castaña lo miró con sorpresa e incredulidad.
—¿Qué? ¡Pero sí solo hemos intercambiado saludos y…! ¡¿Qué diablos te importa de todos modos?!
—¡Por supuesto que nada! ¡¿No puedo opinar simplemente?!
—¡No, no puedes!
—¡Chicos! ¡Chicos, ya, se calman! ¡Ron, apártate!
Era Molly, se había interpuesto entre los dos porque con cada palabra que se gritaban, ellos se habían acercado más, y no quería que esto terminara en algo peor.
Se apartaron, se miraron con ganas de matarse el uno al otro pero se tranquilizaron y Hermione cogió una copa de ponche. Nunca en su vida había bebido alcohol, pero en cuanto las gotas calientes sacudieron su boca, ella se tragó todo el contenido, mareándose y sintiendo sus mejillas arder. Era una mezcla de dulce y amargo, algo que le llenó el estómago y se tomó otro.
Estaba harta. Harta de Ronald Weasley. Harta de ser reina. Harta de tener que bailar con él en unos pocos días. Harta de que faltaban otras actividades en pareja. Harta de la escuela. Harta de ser Hermione Granger y no cualquier adolescente normal. Harta de su padre. Harta de su hermano mayor que apenas y se comunicaba con ellos. No podía decir que harta con su madre, pero sí cansada, muy cansada.
En un arrebato descontrolado, la castaña se gira sobre sus talones muy enfadada y choca contra Ginny, que rebota y su pierna se estrella contra la mesa.
La pelirroja empieza a chillar y a dar brinquitos de dolor mientras Hermione procesa todo el acontecimiento.
—¡Oh, Ginny, lo siento mucho!
—Que solo venía a hacerte compañía, no soy tu rival… ¡ay!
—Lo siento mucho, Ginny, yo no quería… no te vi —La castaña balbuceaba rápidamente.
—No importa, de todas formas era hora de que me cambiaran la pierna ¿no crees?
Luna y Neville llegaron a toda prisa.
—¡Ginny! ¿Estás bien?
—Con una pierna menos, pero bien —Responde la pelirroja, con un deje de burla en la voz y un amago de sonrisa en los labios— ¿Dónde dejaron a Harry?
—Ha ido a enfriar a Ron.
Hermione y Ginny lo miran sin entender.
—Oh, ya saben, estaba muy molesto y quemaba el ambiente.
La única que suelta una carcajada es Luna.
Fuera, el viento hace de las suyas y mueve los vestidos de las chicas, le quita el sombrero a tía Muriel y desarma el hermoso adorno de la mesa de centro. Aunque hace un frío de horrores, eso no quita el envenenamiento y el calor que ejerce el cuerpo de Ronald, que camina de un lado para otro con la mandíbula apretada y los puños retorciéndole los dedos. Harry intenta calmarlo, pero eso no surge efecto alguno.
—Trato ¡Trato! ¡Por dios que trato con ella, Harry! ¡Pero es tan insoportable! ¡Tan vil! Es que la hubieras visto…
Harry no entendía la rabia de su amigo, pero creía que si seguía allí podría saberla pronto.
—¿Qué fue exactamente lo que hizo?
Ronald se movía para todas partes.
—Lo hizo para probarme… porque sabe que la odio y ella me odia. ¡Claro! Como soy el único que podría llegar a…
—¡Ron! ¡Me estás desesperando!
Pero su amigo no prestaba atención.
—¡Estuvimos a punto de besarnos y aun así me dice que todo es absurdo! ¡Absurdo, Harry!
Ya está. Lo había dicho y Harry entendió todo el enredo, todo el veneno, el odio… era…
—¿Estuviste… a punto…? ¡¿Estuviste a punto de besar a Hermione Granger?! —El pelirrojo hizo callar a su amigo pero el moreno estaba demasiado impresionado— ¡Es que no lo puedo creer! ¡Tú! ¡Con Hermione! —Comenzó a reírse a carcajada abierta ante la atenta mirada de fastidio que le daba su amigo.
—No es gracioso.
—De acuerdo, lo siento —Seguía riéndose otro poco— Entonces, ¿qué pasó? ¿Ella no quiso besarte? Por algún motivo estás tan enfadado, Ron.
—No es el punto… si Bill no hubiese interrumpido, entonces sí nos hubiésemos besado, pero… cuando se lo pregunté, ella hizo como si nada hubiera pasado, y llamó a todo "Absurdo" ¿te das cuentas?
Harry miró a Ron como si descubriera algo y no quisiera escupirlo de inmediato.
—Estás picado.
—¿Qué?
—Estás picado… porque Hermione no pareció importarle lo que ha surgido entre ustedes y a ti sí te importa.
—Claro que no me importa y no ha surgido nada.
—Basta ya, está más que claro.
—¿Qué cosa?
—Lo que sientes por Hermione, por ejemplo.
El pelirrojo miró a Harry.
—Yo no siento nada por ella.
Pero estaba equivocado y su mente se lo decía, pero si se confesaba con Harry, sentía que todo se iba a echar a perder.
Estuvo el resto de la noche mirando a la castaña de reojo, molesto con ella todavía, sintiendo ganas de ir y acercarla a él, que fuese el momento de ensayo y poder tocarla. ¡Diablos! ¿Cuándo todo había cambiado drásticamente?
Durante un momento sopesó la idea de hacer las paces, pero entonces la vio muy animada conversando con Fred y George, y sabía que no le convenía hablar delante de ellos dos. Luego no la vio y después supo que se había marchado a casa.
Se sintió desanimado cuando ella se fue, así que no tenía nada que hacer en la fiesta. Tomándose la última copa de ponche, subió a su habitación sin que nadie se diera cuenta y se derrumbó encima de su cama, cansado.
…
El lunes por la mañana, vio entrar a Hermione con los ojos extraños. La miró pero ella escondió el rostro. Después de un par de minutos, se percató de la extrañeza, sus ojos estaban hinchados y colorados y ella había intentado esconderlos con maquillaje.
No le habló en toda la mañana y ella ni siquiera había abierto la boca para hablarle a nadie. Sus amigas le rodeaban, pero ella no parecía percatarse.
Después de clases, en el ensayo, ella estaba igual que el resto del día. Salvo que tenía que mirar a Ronald y hacer como si nada estuviera pasando. Fleur no había intentado nada con ellos porque sabía lo que había pasado en la fiesta, así que no los atosigó.
Los siguientes días fueron iguales… o peores.
Ella cada vez lo miraba con más odio. Llegaba cada vez con los ojos más colorados. No prestaba atención en clase, no hablaba, no opinaba, ni siquiera cuando en literatura pidieron voluntarios, ella no levantó la mano, y lo hizo Ron.
Por la tarde, Hermione estaba dispuesta a estar igual que los otros días, pero Ronald no.
Mientras ella se colocaba las zapatillas deportivas, Ron se acercó con sigilo.
—¿Vas a estar molesta conmigo para siempre?
Ella levantó el rostro y lo miró a los ojos, después bajó la cara y siguió con su tarea.
—No estoy molesta.
Ron soltó una risa sarcástica.
—No, claro que no, has estado sonriéndome todo el tiempo.
—¿Qué quieres que haga? —Preguntó con amargura mientras se enderezaba.
—No sé, por lo menos grítame. Eso me hace sentir mucho mejor a que me hagas la ley del hielo.
Hermione se cruzó de brazos debajo del pecho.
—¿Así que prefieres que te esté gritando? Yo no desearía eso, sí fuera tú.
—Prefiero eso a que no me prestes atención, ¿sabes?
Lo había dicho en voz alta. Merlín. Hermione lo miró como si ella se hubiese soñado lo que dijo, y entonces la vio incómoda, descruzó los brazos y sacudió la cabeza.
—No digas tonterías, tú me odias.
Se giró para darle la espalda, más para evitar su mirada y cerró la cremallera de su bolso.
—Tal vez no te odie.
La puerta del cuarto se abrió de golpe, como siempre, interrumpiéndolos, Fleur avanzó rápidamente y comenzó a aplaudir para animar el ambiente.
—¡Vamos, vamos, que es el último ensayo! Tienen que ensayar perfectamente para mañana.
Mañana. Estaba nervioso. Sudaba cada vez que lo recordaba.
Hermione se enderezó y dejó su bolso en el suelo, después posó sus ojos en el pelirrojo, para luego apartarlos rápidamente y seguir los pasos de Fleur, con la cabeza dándole vueltas por todo, al igual que a Ron.
Ensayaron muy bien. Ambos se miraban como si estuvieran reconociéndose. Las respiraciones eran tensas y solían temblarles las manos. Hermione poco y nada hablaba y eso le pareció un tormento al pelirrojo, que echaba de menos sus quejidos, rabietas y sobre todo, el odio que le tenía, para gritarle, para mirarlo, para reclamarle. Quería que ella volviera a ser la misma de antes y si tenía que escarbar entre cielo, mar y tierra, lo haría, por ella, porque ya no podía negarse lo que estaba sintiendo, lo que su corazón le estaba gritando.
Después del ensayo, por más que se apresuró en cambiarse, no llegó a tiempo para recoger a Hermione.
Se fue a casa muy molesto, como la vez pasada y aunque Ginny intentó contarle su día, él no prestó atención y la pelirroja terminó enojándose con él.
Al día siguiente, Hermione llegó tan rara como los otros días. No habló, no miró a nadie y no participó en la clase. Sus amigas se acercaban a ella pero Hermione les decía algo y las demás se iban. Estaba sola por los recreos y a pesar de intentar acercársele, Harry no se lo permitió.
—Va a ser peor.
—Necesito preguntarle qué le pasa —Al ver ninguna respuesta por parte de Harry, Ronald suspiró— Esto me desespera.
—Dale tiempo, debe ser cosas de mujeres.
—Ojalá y se le pase pronto.
A la hora del almuerzo, Harry y Ron terminaron de comer rápidamente y se fueron a su salón. Casi todos los chicos estaban allí, incluidas las amigas de Hermione, pero ella no estaba.
Sin pensárselo mucho, se acercó a ellas vacilante. Las chicas conversaban entre sí.
—Hola, eh… yo… ¿Saben dónde está Hermione?
Todas se le quedaron mirando y fue Katie quien respondió.
—No tenemos idea, no están sus cosas, pero ni siquiera avisó.
—Estamos muy preocupadas por ella —Comentó Hannah, ganándose un codazo de Victoria.
—Por su comportamiento, quieren decir —Dijo Ron, viendo como todas asentían.
La campana sonó fuertísimo y la profesora McGonagall llegó rápidamente.
—¡Las parejas, rápido, a cambiarse!
Diablos. Si Hermione se había ido, ¿cómo iba a bailar? ¡Ella sabía que bailaban hoy!
Todos se fueron rápido. Media hora más tarde, todos estaban cambiados y listos. Ron se acercó a Harry con los nervios a flor de piel.
—Harry, Hermione no ha llegado.
—¿Qué? —Exclamó el moreno, haciendo que Ginny, Luna y Neville se sobresaltaran— ¿Qué vas a hacer? ¡Hay que llamarla, hacer algo! ¡Nos van a cancelar el aniversario!
—¡Harry, no digas tonterías! —Se quejó Ginny— Si Hermione no está es porque algo debió haberle pasado.
El cuerpo comenzó a temblarle al pelirrojo, no solo por las consecuencias que tendrían luego, sino por lo que le pasaba a Hermione.
¿Dónde estaba?
Recorrieron todo el colegio, Ron seguía con el uniforme puesto. Se toparon con Fleur en el camino.
—¡Gon! ¡Debes ig a cambiagte ahoga!
—Debería pero no encontramos a Hermione.
—¿Qué?
—Luego te explico —Y salieron corriendo.
Corrieron por todo el lugar, intentando pillar al director o a la profesora McGonagall pero se dieron cuenta de que era imposible, porque todos estaban en el gimnasio. Giraron sobre sus talones y vieron a Katie correr a toda velocidad a su encuentro, parecía súper nerviosa.
—¡Ron, necesito hablar contigo!
—¡No hay tiempo, Katie! ¡Hermione no llega y nos van a cancelar el aniversario!
Aunque ese no era su mayor preocupación, no podía decírselo a los demás.
—Ron, solo escucha…
Pero el pelirrojo comenzaba a impacientarse.
—¿Tienes algún nú…?
—¡Ron, la madre de Hermione acaba de morir!