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Rivales — capítulo 5

Capítulo 5. Elección al azar

Hermione había tenido un día de aquellos. Visiblemente sorprendida y anonadada por el comportamiento de la hermana de su peor enemigo, y con decir que prácticamente los chicos la querían unir al grupo, no se había tomado la molestia de estar con sus amigas, las verdaderas, quiero decir.

—No, chicas, no es el punto… —Insistía Hermione, mientras Hannah, Katie y Victoria intentaban averiguar el drástico cambio del pelirrojo, ya que la castaña les había contado todo lo que había pasado anteriormente—. Él se comportaba de una manera distinta, como… te odio pero te cuido, ¿entienden?

Las chicas la miraban absortas, la única que entendió lo que Hermione quería decir, fue Katie.

—Te refieres a que él cree que te odia pero que en verdad no, ¿es eso? —Hermione asintió avergonzada— Pero me dices que te dijo que su madre le había enseñado a ser así… por lo que, aunque fueses su enemiga, él no te habría dejado sola.

—Yo sigo creyendo que es un cretino —Opinaba Victoria—Quiero decir… aunque odie mucho a una persona… diablos, Hermione es una mujer, y debe tratarla con respeto ¡no a insultos! —Esto último lo gritó y Hermione la hizo callar con una mirada severa. Lo que menos quería ahora era que todos en el salón supiesen lo que estaban hablando.

—Weasley trata de ser alguien quien no es, muy fácil —Dijo Hannah, saliendo de sus pensamientos— Quiere intentar odiarte pero no le resulta, te insulta pero no le nace, quiere ser famoso pero no le sale. En realidad, yo creo que no quiere ser famoso.

—Eso fue bastante extraño, Hannah, que quieres que te diga…

Sus amigas siguieron opinando, mientras que Hermione se apartaba y pensaba por sí misma. No quería ahogarse en un vaso con agua. Ronald era Ronald y siempre sería Ronald. Aunque la mona se vista de ceda, mona se queda. Si Weasley era gentil con ella, era porque sí y no por alguna razón.

Se sintió frustrada de repente, ¿por qué le importaba tanto que Weasley se interesara en ella? ¡Pero si antes prefería que ni supiera que se encontraba en el salón! Mientras más desapercibida estuviera para él, mejor sería su día.

…

Más tarde, cuando tocó la campana para el almuerzo, Katie, Hannah y Victoria estaban demasiado entusiasmadas debido que a continuación empezaría el aniversario oficial, por lo que Hermione les dijo que se adelantaran, que luego ella las buscaba. No tuvo que rogarles, antes de mirar nuevamente hacia donde estaban sus amigas, las tres ya se habían echado a correr.

Desplegó una sonrisa burlona y terminó de escribir su tarea de biología. Estaba tan absorta en los pergaminos que no se dio cuenta de que el salón estaba completamente vacío.

—Hey —La castaña pegó un tremendo salto que hizo caer sus pergaminos al suelo. Miró hacia dónde provenía la voz y vio a Ronald Weasley mirarla confundido, luego se percató de que sus pergaminos estaban en el suelo, y ambos se agacharon a recogerlos.

Pudo verlo de cerca. Tenía un montón de pecas en el rostro, cuyas le hacían ver demasiado atractivo, sus labios —fijó ella— tenían forma de corazón y sus ojos de un azul brillante.

Hermione espabilo, ¿desde cuándo encontraba atractivo a Weasley?

—Puedo sola —Dijo secamente, era inevitable ser así con él, porque no sabía en qué momento podría atacarla—. Casi me matas de un susto, Weasley.

Aún su corazón latía rapidísimo, y comenzaba a pensar si era debido al susto o por otra cosa.

Escuchó que Ron soltaba una risita, alzó la vista para verlo, ¿estaba riéndose, sonriendo o burlándose de ella? No preguntó.

—Me di cuenta —Contestó, y entonces hubo silencio. No había nadie en el salón, nadie excepto el pelirrojo y la castaña. De pronto Ron pestañeó rápidamente y dijo— Tenemos que ir juntos… ya sabes, rey y reina. Van a darnos nuestra próxima actividad.

—¿Más? —Preguntó Hermione con tono aburrido, luego recordó la tarde pasada— Ah, bueno, eso es obvio… eh, sí, vamos.

Caminó delante de él todo el tiempo; no quería verlo a la cara porque su corazón tenía miedo y sabía que ni siquiera su mente podría explicarle el por qué.

Llegaron al gimnasio del colegio atestado de alumnos. Abucheos, cantos, porristas, carteles, paredes multicolores. Así era el aniversario en Hogwarts. Hermione lo encontró muy bonito.

Algunos tenían trompetas, gorras y serpentinas para lanzar a todos. La castaña divisó a Fred que tocaba un tambor, y a George tocar una flauta. Comenzó a sonreír, le encantaba esto.

—¡Oh, aquí están! —La profesora McGonagall se acercaba a ellos— ¡No me dieron tiempo de felicitarlos! ¡Hace mucho tiempo que los representantes del aniversario no llegaban con los formularios completos de firmas! —. La profesora estaba eufórica, les sonreía de oreja a oreja a ambos. Luego, como si alguien le hubiese hablado, dijo—: ¡Rápido, suban a la tarima!

No les dio tiempo de nada. Rápidamente, Ron y Hermione habían subido al escenario y eran observados por todos. La gente comenzó a aplaudir cuando los vieron, y Ron intentó no prestar atención, aunque se notaba visiblemente colorado.

¡El beso! ¡El beso! ¡El beso!

La castaña sentía náuseas cuando escuchó lo que querían e intentó apartar la vista de todos, algo completamente imposible. Mientras buscaba, o más bien intentaba esquivar, se topó cara a cara con Lavender Brown. La chica la miraba con más odio que Ronald cuando llegó, pero eso no le importó. La rubia apretaba los nudillos y fruncía la boca mientras Cho intentaba hablarle algo al oído, pero la rubia la esquivaba agresivamente.

El director de Hogwarts, Albus Dumbledore, subió al escenario luciendo tan espléndidamente como siempre. Tomó en sus manos el micrófono mientras la profesora McGonagall llegaba junto a él con todas las firmas en las manos.

—Queridos alumnos y alumnas… Bienvenidos al centésimo aniversario de Hogwarts —Todo el mundo aplaudió y gritó efusivamente—. Como ustedes ya saben, este año rey y reina deberán cumplir las actividades en conjunto, sin justificación de nada. Sin ir con muchos rodeos, quiero que demos un gran aplauso a nuestros representantes del colegio, a la señorita Hermione Granger y al señor Ronald Weasley.

Más aplausos, muchos más fuertes y alargados. Comenzaron a gritar cosas que la castaña y el pelirrojo no lograban entender, hasta que las voces fueron mucho más claras:

—¡A Weasley vamos a coronar! ¡A Weasley vamos a coronar y a coronar a Granger como su reina!

Mierda. Diablos. Maldita sea. Por merlín y todos los merlines juntos. A coronar a Granger como su reina. Coronar a Granger como su reina. A Granger como su reina. Como su reina. Su reina.

Hermione temblaba, no quería mirar a Weasley porque sabía que probablemente parecía un tomate a punto de reventar.

—¡Silencio, por favor! ¡Serenarse! —El director se aclaró la garganta— Eso y más se merecen nuestros reyes, debido a que… luego de muchísimas décadas, Rey y Reina han llegado con las doscientas firmas completas, algo que no se había visto desde 1960. Y gracias a eso, y al esfuerzo de nuestros dos alumnos, otorgamos doscientos puntos para el equipo —Gritos desenfrenados.

Hermione lo entendió de inmediato, recordando las palabras de sus amigas. Cuando se hablaba de equipo, se referían al colegio completo. Mientras más puntos ganara el equipo, cada curso se ganaba un viaje fuera de la ciudad o del país, según los resultados del aniversario. Si los puntos eran menos de mil, no había viaje y solo algo de dinero para juntar, y si la cifra superaba los mil, el viaje iba sí o sí.

—Queremos también —La profesora McGonagall tomó la palabra— Otorgarles un desayuno a cada curso, o más bien almuerzo,  luego de esta reunión. Y ahora… —Dijo rápidamente antes de que comenzaran a gritar otra vez— Se viene la siguiente actividad… —Momento de tensión, McGonagall sacó un papel envuelto en su bolsillo. Lo desdobló y dijo— Baile.

Todos gritaron otra vez. Hermione sentía que iba a salir corriendo en cualquier momento.

—Este baile —Continuó la profesora— Será para diez parejas. Rey y Reina están obligados a participar, por supuesto. El tipo de baile lo sabrán una vez que escojan un papel del cubículo —Había un enorme tazón en medio— ¡Rápido!, en tres segundos quiero que tomen a su pareja y venga a sacar el papel.

Todos se miraron entre sí, incluso Ron y Hermione se miraron fijamente, como si no supieran que hacer. Algunos arrastraban a sus parejas para el escenario y otros les preguntaban en el oído si querían. En dos minutos, había diez parejas en el escenario.

La profesora Minerva acercó el tazón a cada pareja, primero al rey y la reina.

—Como todos unos anfitriones, ¿quién va a escoger?

Ron instó a que Hermione sacara, ella no estaba completamente segura porque del papel que ella sacará se definiría su baile, y no le gustaba para nada. Rebuscó dentro y sacó uno, aferrándolo a su mano.

Después de que las diez parejas tuvieran su papel, la profesora Minerva los dejó desenvolverlo.

A la castaña le temblaban las manos. Cuando terminó de desdoblar el papel leyeron los dos en voz alta:

—Vals.

Se miraron.

De todas las categorías que había esa no parecía difícil. Salvo que… era un poco más romántico, por decirlo de alguna manera.

George y Katie Bell les había tocado salsa. Draco Malfoy y Pansy Parkinson tango. Seamus y Hannah merengue. Neville y Luna flamenco. Harry y Ginny, pareja que sorprendió notablemente a Ron, boleros. Luego siguió el punk, techno, lambada y cha cha cha.

Luego de que la actividad terminara, todos se fueron rápidamente a sus respectivos salones por el desayuno/almuerzo que les tenían. En cuanto llegaron, exclamaron un *¡OH!*Tan sorprendido, que Hermione supo que era como pensaba.

Las mesas llenas de comida. Papas fritas, pollo asado, puré verde, ensaladas, tarta, pastas de carne y vegetariana, gaseosas, jugos naturales, helado, torta, panqueques. Todos observaron el lugar ensimismado y se fueron a sentar sin rechistar.

El salón de Ron y Hermione había sido llenado con más comida por ser el rey y reina de ese salón.

—¡Por Ron y por Hermione! —Brindó Seamus.

—¡Y por lo mucho que se estiman! —Brindó otro y todos se largaron a reír, incluso los aludidos.

Al término de clases, Ginny y Luna se reunieron con los chicos en los pasillos, y Ron se sorprendió tanto de ver a Hermione que no logró frenar a tiempo y chocó con Harry.

—¡AY! ¡¿Dónde tienes los ojos?! —Se quejaba Harry entre risas.

Ginny parecía más que animada.

—¿No han llegado los gemelos? ¡Pero si les dije que estuvieran a tiempo!

—Solo suéltala, Ginny. Luego se lo decimos a ellos.

—Está bien —Bufó por la boca y luego se giró hacia Hermione— El sábado es mi cumpleaños, y habrá una pequeña fiesta en mi casa, estaría más que contenta que vayas, Hermione, y muy decepcionada si no vas.

Ginny sabía cómo sobornar.

Hermione no sabía que decir, la tenían entre la espada y la pared.

—E-Está bien… claro, claro que sí, Ginny.

Ron la miró a los ojos y vio que ella también lo miraba a él pero no los apartó. No supo por qué lo hizo, simplemente quiso observarla. A los segundos después, ella apartó la vista incómoda. Y aunque se sintiera de esa forma, Ronald no apartó los ojos de ella. Sus rizos caían en cascadas por su hombro, sus ojos chocolates altivos y brillantes, su boca pequeña y rosada, su nariz pecosa y pequeña también. Sacudió la cabeza, ¿qué le pasaba? ¿Por qué miraba de esa forma a Hermione Granger? ¿Y por qué la encontraba bonita?

—No es necesario que te invite, Harry, eso ya es un hecho —Dijo la pelirroja, mirando de una manera distinta a Harry, después desvió la mirada y vio que Luna hacia un puchero— Ay, Luna, no me pidas invitación porque no la necesitas.

Y aunque hablaban de la fiesta, Ron no podía dejar de pensar en lo que acababa de descubrir.

Que Hermione era bonita.