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Cazadores de Sombras: El heredero de sangre. (Simon e Isabelle fanfic) — capítulo 16
Capítulo 15
Rey de las penas
Yo he estado aquí antes, dentro de una tormenta
Con el mundo dando vueltas alrededor de mi cabeza
Siempre tuve la esperanza que tú acabarías con este reinado
Pero es mi destino ser el rey de las penas
(King of Pain - The Police)
Jem se sentía devastado. Estar atado de sus pies le impedía moverse por la celda en la que se encontraba, era de hierro y estaba todo mohoso. Le recordaba un poco a los aspectos de la ciudad silenciosa, pero aún así, no era tan horrorosa como lo eran las jaulas del infierno.
Sí, Jem estaba en el infierno. Para ser precisos en los reinos de Edom, atado de sus pies en una cadena siendo el prisionero de Lilith y de paso, de la ex Reina Seelie. Jem respiraba entrecortadamente, miraba las llagas de sus brazos y sus muñecas, aún estaban lo suficientemente abiertas y le costaban cicatrizar. Necesitaba una iratze, pero no tenía ni una estela, y ni siquiera su bastón de jade para defenderse.
Llevaba ahí casi un par de semanas, y era sorprendente que siguiera vivo con poco alimento y poca agua. Las experiencias que le dio la hermandad le sirvió como método de supervivencia temporal, aún así se sentía débil.
Extrañaba el aire fresco de Alicante, el suburbio y los recuerdos de Londres, extrañaba a William Herondale - su parabatai fallecido hace más de unas décadas- y a Tessa, su esposa. Y extrañaba mucho a sus dos hijos, a Sia y al pequeño Will, el bebé de apenas un año.
Se sentía mal por dejarlos solos, por abandonarlos. Pero no tuvo alternativa, los demonios habían sido enviados a su departamento con el fin de acabar con su linaje, partiendo por asesinar a sus dos hijos, y eso no lo iba a permitir, así como tampoco se iba permitir que alguien intentara asesinar al linaje de los Herondales. En cierto modo, la protección del embarazo de Clarissa Fairchild estaba en su responsabilidad también.
Sin embargo, no puede hacer nada estando atado de los pies con unas pesadas cadenas.
Los pasos le quitaron de los pensamientos de su familia y de sus amigos para mirar a la esbelta y alta figura de la reina del Edom, Lilith vestida de negro, piel pálida y labios tan violáceos como la muerte se acercaba a paso seguro hacia su prisión. Jem la detestaba, había intentado comprender su modo de actuar e incluso se dedicó a entablar una conversación con ella, pero fue imposible. Lilith era un demonio - tanto literal como en el modo figurativo-.
— ¿Cómo ha sido tu despertar, James Carstairs?— Preguntó la mujer demonio acercándose, y acariciando con sus esqueléticos y largos dedos las rejillas de la jaula de Jem.
El cabello oscuro de Jem cayó por sus ojos para no dejarle ver bien a la demonia, Lilith se acercó aún más, y con magia atrajo hacia las orillas de la reja para tocarle.
Lilith colocó deseosa una mano en su pecho.
— ¿Me vas a dejar hablando sola? — Preguntó Lilith recorriendo su pecho con sus dedos — Querido…
— No saco nada con decirte cómo está mi vida — declaró Jem — No va a importarte.
Lilith soltó una sonora carcajada.
— Me encanta tu sutil sentido del humor — susurró ella — Pero me encantaría más que lo compartieras conmigo...en privado
— No gracias.
— Oh querido, no te arrepentirás. Hace mucho tiempo, los cazadores de sombras como tú se involucraron con personas como nosotros.
— No sé qué consigues teniendo relaciones sexuales con submundos u otros cazadores de sombras, jamás podrás quedar embarazada — dijo Jem — Estás maldita. — lo dijo sin tapujos y tomando el aire suficiente — Y tampoco conseguirás nada conmigo, prefiero morir encerrado que contagiarme de la viruela demoníaca gracias a tí.
Cada palabra que fue sacada de la boca de Jem fue como una especie de bofetadas para Lilith, ella no estaba acostumbrada al rechazo, y ¿qué rayos era eso de la viruela que? ¿qué cosa? Eso la hacía enojar mucho más.
— La viruela demoníaca no existe — Espetó Lilith dándole un empujón y haciendo tropezar a Jem en el suelo, casi sin poder ponerse en equilibrio. —
—Oh, mujer de poca fé. — Dijo Jem con una sonrisa ladeada, media cómplice, como si recordara algo de hace mucho tiempo.
Los ojos de Lilith se achicaron para igualar a los de una pitón, su piel pálida brilló en medio de la oscuridad y sus huesudas manos se aferraron a los barrotes de la celda.
Ella sonrió malévolamente.
— Sé que tienes hijos, James Carstairs. No puedes engañarme, ya envié de mi gente a buscarles, los encontraré a ambos y les mataré en frente de tus ojos de forma lenta y dolorosa, y juntaré sus cadáveres con el del bebé Herondale y los últimos Lightwoods.
Jem intentó levantarse, intentó tratar de arrancarle los ojos con sus manos, quería evitar que destruyera a las personas que él más quería en el mundo.
— Los mataré, uno por uno frente a tus ojos. — Lilith río. — No podrás hacer nada, ni tú ni tus amigos Cazadores de Sombras para evitarlo.
— No vas a encontrarlos. A nadie. — Bramó Jem — La Clave sabrá protegerlos muy bien.
— Te equivocas — dijo ella — Siempre te has equivocado.Te traje aquí porque eres la carnada perfecta para atraerlos a todos, a tus hijos, a tu mujer, a tus amigos…. todos ustedes morirán aquí cuando mi heredero ascienda. Y es una lástima que su adorado ángel creador no baje a ayudarlos. Que pena.
Con esa sonrisa cruel, con pasos agigantados, Lilith la Reina del Infierno de Edom dejó a Jem solo, con una sensación en su pecho llena de terror.
Tú eres la carnada, Jem Carstairs. Recuérdalo y vive con ello.
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Jace Herondale tenía dos cuchillos serafines entre sus manos, uno en cada una, vigilando en medio de la noche de Alicante, a una figura con una capucha gris que deambulaba cerca de la Mansión Herondale.
Su respiración iba en una constante aceleración, sentía el latir de su corazón casi en su garganta ya que podía presentir que era esa extraña figura. No era un demonio. Los demonios ya no pudieron entrar desde que la Gran Guerra contra Valentine fue derrotada por Clary, y la Clave se encargó de fortalecer la seguridad de las torres de Alicante. Aún con la Guerra contra Sebastian Morgenstern, los demonios no pudieron ingresar, el Laberinto Espiral había mandado las suficientes armas para retener al ejército de hadas, y a los cazadores oscuros.
Jace había pensado que al lanzar la copa infernal al círculo de runas en Edom, hace años atrás, había destruido a todo el ejército de cazadores de sombras oscuros de Sebastian. Sin embargo, se había equivocado. Al refugio habían llegado dos cazadores oscuros y se habían llevado a Jem Carstairs - ex hermano Zachariah-, y Jace se sentía mal por no haber hecho nada para ayudar. Tampoco pudo hacer nada para salvar a Emma Carstairs de las garras de la muerte, y tuvo que soportar el dolor de Julian Blackthorn al ver como quemaban su cuerpo en su funeral.
Los Herondale le deben a los Carstairs.
Jace sentía que aún le debía demasiado a esa familia que aún estaba por conocer. Pensó que ayudando a la Emma de doce años, e incluso de diecisiete podría terminar con el círculo, pero no pudo con la Emma de más de veinte años…
Incluso con Jem, y sus hijos. Jace tenía esa responsabilidad de estar pendiente de los pequeños niños Carstairs que quedaban, de ir a visitar a Tessa y brindarle apoyo, mientras de poco la Clave, los clanes de lobos, los vampiros y el laberinto espiral buscaban cómo recuperar con vida a Jem.
La capucha gris de la figura que pasaba cerca de la mansión Herondale levantó un ligero polvo que casi le hizo estornudar, Jace tuvo el suficiente cuidado para que no cayeran sus armas. Caminó con mucho sigilo mientras pensaba en cómo un pequeño grupo, no más de diez ex- cazadores oscuros que fueron asesinados, habían vuelto a la vida. Alguien había revivido a los oscurecidos. No eran todos, claro estaba. Jace sabía, al igual que Clary, que quien habría reactivado las vidas de los oscuros tenga enormes poderes demoníacos. Simon supuso que fue Lilith, Reina de Edom, quien al ver morir a sus hijos tras destruir la copa juró venganza y traer todo el mal de vuelta.
O al menos, esa última parte surgieron en sus propias pesadillas. Ya no importaba, había suficientes problemas justo ahora. Un grupo de cazadores de sombras revividos en estado casi zombie, demonios sueltos por el mundo y la cacería de la especie híbrida - las criaturas con errores en su nacimiento - y la pérdida del lazo parabatai con Alec…
— Jace. — La voz de Alec retumbaba en la cabeza del cazador de sombras. El hombre de cabello oscuro y profundos ojos azules estaba justo detrás de él. — Puede que hayamos perdido el lazo de parabatai, pero eso no significa que vayas a enfrentarte al peligro tú solo. Deja de intentar ser un héroe.
Jace apretó más sus puños sobre sus armas, le era difícil ahora recuperar su relación con Alec ahora que su runa parabatai se había desvanecido. La culpa era totalmente de Asmodeus por cambiar la naturaleza nefilim de Alec a convertirlo en un brujo.
— No me hago el héroe — masculló Jace y dirigió sus dorados ojos a su amigo de infancia — Sólo estoy siguiendo a esa criatura con capucha.
— Bueno — anunció Alec y con el movimiento de su mano derecha encendió las luces de forma automática. Las luces blancas iluminaron todo el camino hacia la Mansión Herondale, la figura caminaba cabizbaja hacia entrar en ella.
— ¿Tenías que haber hecho eso? — gruñó Jace afirmando con fuerza sus cuchillos serafínes — Podrías haber hecho que se diera cuenta de nuestra presencia y haber huido. — Luego agregó apuntando a sus manos — Eso que hiciste…
— Eso… ¿qué? — cuestionó Alec ocultando sus manos en los bolsillos de su capa negra
— Eso es algo que Magnus haría, es curioso que Asmodeos haya mezclado sus poderes con los de Tessa para dartelos a ti.
— ¿Quién?
— Magnus. — Dijo Jace un poco irritado, como si con eso intentase obli|garle a recordar — Un brujo. Un brujo que solías conocer muy bien.
— No recuerdo haber conocido a ningún brujo.
— Su nombre es Magnus Bane y tú… y él…
— ¿Qué?
La pregunta quedó hecha en el aire… y la mente de Alec dirigió sus pensamientos hacia los pasos de Jace. Mencionó el nombre de Gabriel y Miguel a sus respectivos cuchillos y corrió tan veloz como un guepardo a embestir a la figura.
— ¡Jace! — gritó Alec siguiéndole los pasos a su amigo. Jace había saltado sobre la figura con capucha cayendo dentro del jardín de la casa solariega de los Herondale en Alicante. La figura también tenía un arma y la usó para defenderse.
Jace blandió sus cuchillos con rapidez, mientras Alec descubría que la figura femenina era una mujer y que portaba runas. Era una cazadora de sombras y no una de las buenas. Era una cazadora de sombras oscura.
Su piel era lo suficientemente pálida, con cicatrices bastantes feas que parecía a la lepra…
Era como una cazadora oscura en su versión zombie, pero aún así seguía siendo veloz y un tanto fuerte para mantener su pelea con Jace. Jace con furia liberó parte del fuego celestial hacia ambos cuchillos y con ellos perforó el vientre de la cazadora haciendo caer su capucha, ella cerró los ojos y gritó agudamente.
Su piel comenzaba a brillar por el fuego celestial, le ardía por completo y ella cayó de rodillas sollozante.
— ¿Qué hacías afuera de la casa solariega de mi familia? — preguntó Jace
Fue Alec quien se acercó para calmar la situación, con su mano izquierda levantó el rostro adolorido de la cazadora oscura, su cabello castaño se fue hacia atrás y le miró con sus claros ojos a ambos hombres.
— ¿Amatis? — La pregunta quedó dando vueltas — Tú debías estar muer...
— Tienes que ayudarme — gimió ella retorciéndose — Si eres un verdadero buen cazador de sombras vas a ayudarme. Acaba con mi sufrimiento y mi maldición de ser una errante sin corazón. ¡Ayúdame! — Su cabello cayó por su rostro y sus ojos azules grisáceos brillaron en intensas lágrimas. Ella tomó con fuerza las piernas de Jace y miró hacia arriba entre súplicas — Por favor. No me dejes sola… Por favor, no me abandones… si lo haces, ya nada tendrá sentido.
— Jace — La voz de Alec le distrajo de la horrible imagen que estaba viendo — Creo que revivieron el lado humano de los cazadores de sombras antes de ser oscurecidos por la copa infernal. Lilith los debió haber traído en sus cuerpos de muertos, putrefactos… y probablemente tienen problemas de personalidad. No están oscurecidos completamente
— ¿Dices que posiblemente Amatis esté consciente de lo que hace? ¿Qué no sea malvada?
— Tienes que ayudarme… ella se ha vuelto loca, ha jurado venganza… nos ha despertado pensando que vamos a servirle de por vida y nos hemos negado… nos ha maldito a recordar y alucinar con nuestro pasado… no hice las cosas bien, si le hubiese hecho caso yo…
— Amatis, tienes que estar tranquila — dijo Alec arrodillándose y chocando su mirada con la de la mujer — Jace y yo te ayudaremos.
Los sollozos de Amatis le recordaron a la vieja leyenda mundana de La Llorona, la mujer que lloraba entre los cementerios porque perdió a sus hijos.
Amatis sostuvo con más fuerza a Jace.
— Ella busca tener hijos… no va a cansarse hasta conseguir seguidores… él le está apoyando en su búsqueda. Él empezó buscando entre uniones se submundos y nefilims al bebé necesario para tener el poder de su reino, su poder de dominación…
— Por favor — Jace quería tratar de ayudarla — Amatis, tienes que estar tranquila.
— Ella y él actúan como matrimonio. Un matrimonio infernal. Ella tiene un heredero, alguien que comparte su misma sangre y ascenderá al trono de Edom con alguien que fue bendecida por él, alguien quien tiene los dones de controlar las fuerzas del infierno. Son sus herederos directos, su heredero de sangre y su heredera de corazón. Y lideran a los híbridos… los adefesios naturales, esos monstruos… hay que matarlos a todos… ellos… ellos llevaran a la destrucción a los submundos y a los nefilims.
— Amatis
Ella gritó
— Por favor no me dejes — bramó aferrándose más a él, perdiendo el sentido, sus ojos miraban más allá de él como si saliera de su transe — ¡Por favor Stephen, ayudáme! Stephen, no me abandones. Stephen, te amo. Stephen… por favor...ayúdame. Stephen….
Alec colocó su mano pálida en la frente de Amatis, él cerró los ojos recitando algo en un idioma que ni Jace sabía que Alec conociera, y entre medio de los gritos y lágrimas de la mujer, Amatis cerró sus ojos y se fue en blanco, cayendo en medio del pasto.
Stephen, no me abandones. Stephen, te amo. Stephen… por favor...ayúdame.
La última frase quedó dando vuelta en la cabeza del rubio natural. Sintió como su
— Hay que llevarla a la Clave — dijo Jace con el nudo en la garganta, con cuidado tomó el cuerpo de Amatis entre sus brazos para cargarla. — Quizás puedan ayudarla y darnos más pistas, quizás puedan hacer que viva.
— Jace… no tienes que hacer esto. El que haya mencionado a tu verdadero padre.
— Mi padre cometió muchos errores, así como el tuyo, y como Valentine. Pero mi padre abandonó a la mujer que amaba por seguir los planes de Valentine, y se casó con mi madre. Amatis siempre creyó que mi padre volvería, mi padre no fue lo suficientemente valiente para tomar y hacer lo correcto… al menos yo pienso hacerlo. — dijo — Quiero curar la herida de Amatis, quiero que realmente pueda descansar en paz. Sé que no podré hacer que retrocedamos el tiempo y ella pudiera seguir casada con mi padre, o que mi padre no la hubiese abandonado para casarse con mi madre y tenerme a mí, pero al menos puedo ofrecer las disculpas de los daños que le hizo la familia Herondale a ella. Sólo quiero hacer lo correcto por ella, por Luke que no soportaría verla sufrir más, y por Clary.
Alec no dijo nada, Jace tenía razón.
— La llevaremos a la Clave — dijo con determinación y comenzó a caminar en hacia la mansión — Hay un portal ahí que nos llevará al Gard. Y llamarás a Magnus, quizás necesitemos su ayuda.
Jace avanzó hacia la entrada de la casa solariega de su familia biológica. Su caminata se vio interrumpida por la singular voz de pregunta de Alec Lightwood.
— ¿Quién es Magnus?
Habían más problemas de los que se imaginaba.
— Te has dado vuelta más de siete veces en toda la sala de espera del Basilias — comentó Clary sentada en un pequeño sofá junto a su madre mirando a Simon Lewis caminando por la sala de espera del Hospital de los Cazadores de Sombras. Era aquellos días en que un hermano silencioso y una bruja iban a examinar a Isabelle para ver el estado de su embarazo. — Podrías calmarte, no van a lastimarla.
Simon soltó un suspiro y se sentó al lado de su amiga Clary, él observó como ella acariciaba su enorme panza de mujer embarazada, mientras sus cabellos rojizos caían por sus hombros dando una hermosa visión. Al otro lado de Clary, estaba Jocelyn, que ya comenzaba a dejar esos cabellos rojos para darle paso a uno que otros mechones blancos llamados canas, aún así lucía fuerte, poderosa y muy hermosa.
Y hablando de mujeres poderosas y hermosas, Simon pensaba en Isabelle - su esposa- que llevaba más de hora y media en revisiones "médicas" para saber el estado de salud en su embarazo.
— Es fácil para ti decirlo, eres mujer, sabes de este tipo de cosas.
— Y olvidaste el hecho de que está enormemente embarazada — agregó Jocelyn tomando su cabello en un desordenado moño
— ¡No estoy tan enorme! — Protestó la pequeña pelirroja — No es mi culpa que mi futura bebé esté creciendo más de lo normal.
Simon alzó los brazos en forma de disculpa.
— Bueno, bueno. —dijo Jocelyn — Lo bueno es que queda poco para que nazca mi nieta.
Clary le dirigió una dulce sonrisa.
— Priscilla estará lista para conocerte, mamá. A ti y a Luke.
— ¿A mi no? — Preguntó Simon ofendido.
Clary río, y le dio un ligero codazo
— A tí también tontuelo. Serás su padrino.
Los ojos de Simon se abrieron de par en par.
— ¿Hablas en serio?
— ¿Por qué nadie toma en serio lo que digo? — se quejó Clary.
Ni Simon ni Jocelyn pudieron decir nada, ya que una vocecita surgió entre los muros.
— Sr. Skywalker. — La enfermera del Basilias salió en su pulcro traje blanco con una lista como los doctores mundanos, recordó Clary. Ella se iba apurar a decir algo.
— No hay nadie llamado Sky..
— Aquí estoy — dijo Simon — ¿Cómo está…
Isabelle iba saliendo detrás de la enfermera y a su lado estaba el Hermano Enoch. Isabelle le dirigió una serena mirada a Simon, eso solo podría significar que todo iba bien. Simon se acercó a Isabelle y le dio un abrazo.
— Nuevamente felicidades Sr. y Sra. Skywalker, sus hijos están en buen desarrollo fetal. Dentro de un par de meses será su nacimiento.
Simon casi se sintió desvanecerse en el mismo pasillo de no ser porque estaba agarrado entre los brazos cubiertos de runas de su esposa. No se estaba acostumbrado todavía a ser padre, le tenía feliz y nervioso al mismo tiempo.
— Ya vienen — dijo Isabelle
— Por favor, no me digas eso hasta que realmente vengan y hasta que no hagamos un plan de emergencia para su llegada.
Isabelle le besó en los labios.
— Tranquilo Simon — habló Jocelyn, acercándose al joven matrimonio — Estaremos ahí y no será tan escandaloso como imaginas. Será un momento…
— Maravilloso — exclamó Clary levantándose y mirando a la enfermera y al hermano Enoch. — Tan sólo imagina que Priscilla sea muy amiga de…
— Leia y… ¿Luke? — Preguntó Isabelle a Simon con una risita
Jocelyn y Clary se miraron.
— ¿Les pondrás a tus hijos los nombres de los personajes de Star Wars?
— No veo que haya algo malo en ello, Izzy no está molesta con la idea.
— Por el angel, Simon. No puedes…
— Siempre he pensado, que mis hijos van a tener que acostumbrarse a la idea de ser llamados como mis personajes favoritos. Es mi momento de decidir. — Simon comentó aun abrazando a Isabelle y ella le sonríe —
— ¡No puedes llamarles así!
— No van a llamarse así — Declaró él — Se llamarán Leia y Anakin Skywalker.
Jocelyn sólo se reía con esta pequeña y ligera discusión-
— No son malas elecciones. — dijo la cazadora de sombras — Felicidades Izzy, Simon.
— ¡Skywalker! — chilló Clary — Eso no es un apellido de cazador de sombras. No creo que…
— El día que ascendí, y que por cierto tú no estabas presente, le dije a Jia que tomaría el apellido de Skywalker. A nadie en la Clave le molestó, así que me registraron con ese apellido. Seré el primer cazador de sombras con ese apellido.
— No hasta que se enteren de que era el apellido de Darth Vader cuando fue humano.
— Ni siquiera van a saber eso — masculló Simon — Y no te preocupes por el anillo, las hermanas de hierro ya tienen pensado en un diseño. Además Skywalker significa "caminante del cielo",no suena tan mal.
— Al menos es mucho mejor que Bloodstick o Daylighter — comentó Isabelle — A Simon no le hubiese gustado tener una referencia de vampiro.
— Ustedes dos son insufribles — exclamó Clary. Luego se levantó poniendo su mano izquierda sobre su panza y acompañada de su madre entraron a la habitación a los exámenes habituales de su parte final del embarazo. Con la pequeña discusión retraso los estudios que haría el Hermano Enoch y la enfermera con la bebé en gestación de Clary.
— Mandale saludos a la pequeña Pepper — dijo Simon al ver entrar a la pelirroja.
— ¡Se llamará Priscilla! — chilló Clary desde la habitación.
Isabelle se seguía riendo. Fue en medio de esas sonrisas que Simon se dio cuenta que su esposa tenía otras runas tatuadas en su cuerpo, eran nuevas, él lo sabía, hechas por Clary y usadas por la enfermera. El punto era mantener de energía y nutrientes sanguíneos a Isabelle, por consejos de Magnus se temía que los bebés de Isabelle y Simon fueses mitad vampiro y comenzasen a consumir sangre estando en el útero materno.
Simon e Isabelle estaban conscientes de las situaciones que la Clave estaba enfrentando. Con el regreso de ellos desde el mismo infierno - con los cambios de roles y poderes incluidos -, y constantes estudios, les tenía agotados. Además se presentaban las presencias de demonios revividos en el mundo de los mortales, y la aparición de viejos cazadores oscuros que estaban de regreso en estado de muertos vivientes.
Todo eso ponía en jaque las situaciones pacíficas en Alicante. Las reuniones iban y venían, y gracias a Raziel no había hasta entonces grandes ataques ni guerras masivas. Sólo un grupo se había dedicado a matar demonios, otro iba en captura por los oscurecidos que deambulaban, y el resto (en dónde Luke Garroway) en busca de la especie híbrida.
— Todo está bien, Simon — dijo ella — Nuestros hijos nacerán sanos y salvos.
— Lo sé, seremos fuertes juntos, tú y yo, nuestros hijos. — besó su frente — como una familia.
Simon cerró sus ojos cuando besó la frente de Isabelle, las células de su cuerpo le expresaban una rara sensación de angustia e incertidumbre. Luke estaba condenado a cumplir la misión de Asmodeus, buscar a la especie híbrida, y tanto él como Luke, como Tessa, y como Magnus sabían que los híbridos son los hijos de cazadores de sombras con submundos, nacidos con poderes especiales o con "errores de nacimientos" como eran nombrados por el resto de la comunidad nefilim. Simon sabía de Luke y su grupo debían encontrar a esa especie antes de que la Clave intentase experimentar con ellos, sabía que debían entregarlos a Asmodeus en el mismo infierno. Pero también sabía que él había dejado embarazada a Isabelle siendo aún un vampiro diurno, y eso haría de sus hijos, unas especies híbridas también.
Mitad vampiro. Mitad cazador de sombras.
Isabelle también lo sabía, lo que no sabía es que su destino o era morir siendo ratas de laboratorio nefilim, o morir a manos del príncipe de todos los demonios.
Sus hijos aún no nacidos ya estaban destinados a morir.
¡Por el ángel! Todo era un desastre.
Si Tessa Gray no hubiese llegado a tiempo a intentar arreglar su departamento, probablemente se hubiese vuelto un viejo loco con el mal del diógenes. Gracias al cielo, la ayuda doméstica de Tessa hacía que al menos Presidente Miau pudiera recostarse en els sofá, que días atrás estaba cubierto de un montón de cachivaches.
"No puedes ser tan desordenado" Le había dicho ella mientras quitaba una pila de sillas rotas y pedazos de revistas del suelo. "Un día serás derribado por un montón de basura"
La broma, al parecer, había sido graciosa para el pequeño Will. El pequeño niño de ojos grises y cabello negro lacio se reía mientras miraba a su madre ordenar el cachureo.Tessa lo trajo consigo a visitarlo, no podía dejarlo solo y Magnus lo entendía.
En menos de dos semanas Tessa había perdido a la mitad de su nueva familia. Y la Clave estaba tardando casi un mes en buscar pistas para encontrar a Jem y a Sia Carstairs. El primero era el esposo de Tessa - que fue secuestrado - y la segunda era su hija mayor - que huyó furiosa a una misión de rescate suicida con Tiberius Blackthorn-.
"Magnus deja de lado esas botellas. Tienes pedazos de sushi, pizza napolitana, nachos… y ¿ese era un trozo de pastel?" Le reclamó Tessa "Si sigues deprimiendome y comportándote de esta forma…. Ah! ¡Eres un imán para los problemas! ¡Eres como un rey de las penas, Magnus!" . Él no escuchó su comentario, sólo la miró e interrumpió sus labores.
— ¿Cómo puedes estar tan compuesta? — preguntó Magnus recostándose abatido en su sofá dejando un espacio a su gato.
— ¿De qué hablas? — Tessa dejó el tacho de la basura y se acercó a él.
— Ya sabes… naciste hace más de ciento y tantos años. No tienes a tus padres, perdiste a tu tía y a tu "hermano", luego te casaste y tuviste hijos, con el tiempo la muerte te quitó a tus amigos y tus demás familiares, a tus hijos y a Will. Aún así te volviste a casar… y a tener hijos otra vez… — Él se puso tenso — Capturaron a tu segundo marido y no sabes si está vivo o muerto, tu hija huyó a un rumbo desconocido sin haberse preparado para la guerra y el dolor lo suficiente para aguantarlo, y acá estás, con tu pequeño bebé en un coche viniendo a visitarme y apoyarme. ¿De dónde sacas tanto coraje? Perdiste tanto… y estás en riesgo de perderlo todo también… y a todos a quienes conocías… y sigues ahí de pie… fuerte, luchando, ayudando a otros.
— Magnus…
— ¿Có-cómo es que haces eso — su voz se quebró y su aliento olía a alcohol — mientras que yo… estoy acá...borracho… deprimido… sin nada.. ni nadie…
— No digas eso... tienes amigos…
— Ragnor está muerto. Catarina está muerta. Malcolm está lejos… no tengo familia y los cazadores de sombras van a morir algún día. Todos lo hacen.
— Me tienes a mí.
— Pero tú ya tienes a alguien más. Y aunque Jem no esté sigues fuerte por sacar adelante a tu hijo… y yo… — tragó duramente — admiro eso.
— El trago te hace mal, debes dejar de beber cuando estés deprimido, El alcohol no soluciona tus problemas
— ¿Crees que algo lo hará? ¡Nadie lo hará! ¿Acaso alguien traerá de vuelta a nuestro seres queridos? ¿A mi madre? ¿A mis amigos? ¿A Will, a James o a Lucie? — las lágrimas caían por sus ojos — ¿Crees que alguien traeráde vuelta a Alec...mi Alec?
Tessa se puso de rodillas frente a él, y tomó sus manos para juntarlas y le miró a los ojos entendiendo su pena. Magnus había pasado por tantas cosas solo, mientras que ella siempre había tenido un apoyo, un hombro para llorar en cada pérdida.
— Nadie lo hará Magnus, lo sé — Ella habló con voz suave — Pero al menos Alec, está vivo.
— Desearía que no lo estuviera — El gruñó entre sus lágrimas.
— Eso es ser demasiado egoísta —
— Si estuviera muerto podría recordarlo, llorarle… y lamentar la mortalidad de las personas, pero lo superaría. Lo haría porque a él no le gustaría que yo sufriese… y saldría adelante. ¿Y ahora? Me mira y no me reconoce. ¡No sabe quien soy yo! ¿Sabes lo que es encontrarte con el hombre que amas y que no te recuerde? ¿Qué tu padre te castigue quitándote lo que amas? Mi padre me castigó matándo al Alec que conocía, lo cambió… le borró sus recuerdos… no todos… sólo borró todos los recuerdos que tuvimos, nuestra historia, se hizo polvo… se… se…
— Magnus tienes miedo, lo sé. Yo también tengo miedo — La voz de Tessa tembló — Tengo miedo de verte caer y no poderte ayudar, tengo miedo de perder a mi hija y no encontrarla a salvo, de recuperar a Jem, de ver al hijo de Clary y Jace vivo y feliz. Tengo miedo de perder a los Herondale, los Lightwood, los Fairchild y los Blackthorn. Tampoco quiero perderte, no quiero perder a nadie, y tengo miedo de eso. Porque son mi familia y lo que menos quiero es perder a toda mi familia. — Ella buscó su mirada para apaciguar la tristeza de Magnus — Pero sé que demostrando mi miedo y mi dolor no conseguiremos nada, hay que salir adelante y dar la pelea. Por eso sigo de pie y compuesta, porque no hay que perder la esperanza.
— Tessa…
— Hace ciento treinta años me dijiste que podría buscarte y que estarías para mí cuando lo necesitase. Jamás pensé que ese día llegaría hasta que me recibiste en tu apartamento en París luego de que Will muriera y me recibiste, mediste apoyo y me protegiste. Toma esto como una vuelta de mano, voy a estar aquí para tí cuando me necesites, y tú ahora me necesitas. Y no pienso dejarte solo aunque me lo pidas a gritos, eres mi amigo, y jamás abandonaré a quienes quiero.
— Tu pequeño mocoso es mucho más tranquilo de los que fue James — Magnus dijo mirando como el pequeño bebé sonría y acariciaba a Presidente Miau — Creo que se debe a los genes paternos, Jem es mucho más tranquilo que Will.
Tessa quedó sorprendida con lo rápido que Magnus cambió de tema, quizás, pensó ella se debía a la locura post traumática de su pena de amor. Ella sólo le dedicó a una sonrisa compasiva, de todos modos el pequeño Will Carstairs- o Bill o Billy como su hermana mayor suele llamarlo - es más calmado que lo que alguna vez fue James Herondale. Y Sia Carstairs, bueno… ella era mucho más terca de lo que alguna vez fue Lucie Herondale. Todos sus hijos eran diferentes y especiales, los amaba por ello.
El timbre sonó en el departamento del Gran Brujo de Brooklyn, era bastante de noche para que alguien pudiera
— Espera, yo abro — dijo Magnus sin ánimos de nada, se acomodó bien la bata y de mala gana abrió la puerta, sin embargo tuvo que afirmarse bien fuerte de esta misma para no desvanecerse de dolor ante su visita. Una punzada lastimera había dañado su corazón en un segundo.
Alexander Lightwood.
Los ojos azules del hombre le miraron de vuelta,pero esta vez eran distantes e inquietos. Alec seguía siendo el mismo de siempre para todo, pero con él las cosas eran diferentes.Las palabras se atoraron en la boca de Magnus, no tenía la suficiente fuerza para salir adelante y decirle que le había extrañado, que le seguía amando, y que esperaba que el viaje a Edom fuese una pesadilla.
—¿Está aquí Magnus Bane? Jace, mi amigo, me dijo que aquí encontraría a un tipo llamado Magnus Ba-
— Lo soy. Ese tipo soy yo.
Su respuesta fue cortante. Alec le observó extrañado. ¿Había hecho algo mal? Quizás haber llegado pidiendo ayuda en vez de entrar y saludar de forma cordial.
Magnus por su parte, no podía seguir manteniendo contacto con él. Alec ya no le reconocía, le miraba como si fuese un extraño, no peor, le veía como un subterráneo.
— ¿Qué quieres? — Preguntó cruzándose de brazos fingiendo indiferencia — No tengo todo el día
— Necesitamos ayuda, necesito tu ayuda — dijo Alec mirando a ambos, a Magnus y Tessa.
— No estoy para ayudar a cazadores de sombras
—Magnus — habló Tessa intentando calmar la tensión.
Magnus le dirigió una mirada seria. No podía seguir sobreviviendo a la idea de que Alec no le reconociera. El ex-cazador de sombras recordaba a sus padres, a su hermana, a su ex- parabatai, incluso a Tessa. Recordaba el viaje ala tierra de las hadas y los cambios de Asmodeos, pero no lo recordaba a él.
—Por favor, Magnus — dijo Alec siguiendo los dichos de Tessa — Te necesito, te necesitamos.
"No, por favor, basta"
Alec no iba a recordarlo, era como una computadora a la que formateaba cuando tenía algún problema, y luego de eso no volvía a recuperar la información. Asmodeos le hizo lo mismo a Alec, le borró la memoria que tenía sobre él, todos sus recuerdos, sus tarde escuchando discos viejos, las noches de pasión en su cama, no, no iba a recordar nada.
— ¿Qué sucede? — Preguntó Tessa dejando a su bebé dormido en el cochecito.
— Tessa… Magnus Bane — comenzó Alec — tenemos que ir al gard Jace encontró a Amatis Graymark afuera de la Mansión Herondale. Estaba en un transe y contó todos los planes de Lilith.
Tessa Gray miró a Magnus, las cosas se estaban tornando más oscuras que antes.
— Amatis fue llevada al Gard, y dijo que Lilith tiene un heredero. — Él tomó aire — Es un híbrido y… es su legítimo heredero de sangre.
— Eso es imposible — dijo Magnus alejándose — Lilith está maldita, las leyendas lo cuentan ella no puede tener hijos, es por eso que empezó a envenenar bebés en gestación haciendo que nazcan medios demonios pero ninguno ha sobrevivido. Sus seguidores son demonios y al mezclarse con humanos nacen los brujos… es por eso que nos llaman hijos de Lilith, somos lo único más cercano a un hijo que ella puede llegar a aspirar.
— Tienes razón Magnus… pero Alec quiere decir otra cosa — dijo Tessa — Hay cosas que no son tan imposibles… hace muchos años decían que no pueden nacer hijos vivos de demonios y cazadores de sombras, así como tampoco los brujos pueden tener hijos. — Ella le miró — Tú y yo sabemos que hubo una excepción a esos casos. Lo que Alec quiere decir es que Lilith si tiene herederos.
— Ella dió su sangre a Valentine para que envenenaran a Jonathan Morgenstern cuando estaban en gestación. — Dijo Alec — Eso creó a Sebastian, cuando peleamos en el Burren, él se reconoció como hijo de Lilith porquellevaba su sangre.
— Pero él está muerto — gruñó Magnus — Lilith no puede tener herederos, tu amigo Simon la destruyó cuando era poseedor de la marca de caían.
— ¿Cómo sabes eso?
Se quedó callado, Tessa puso una mano en su hombro y Magnus se tensó. "Siempre he estado ahí, siempre he estado ahí Alec. ¿Cómo no puedes darte cuenta?" Era tarde para admitir su triste realidad.
— Olvídalo — dijo Magnus —
Alec hizo como que no escuchó la última conversación y le habló aTessa.
— Deben creerme, Lilith tiene un heredero y no es un cazador de sombras, tampoco un subterráneo, es una mezcla de ambos. Es un híbrido. El heredero de sangre de Lilith para el reino de Edom es un híbrido, y él destruirá el mundo.