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Cazadores de Sombras: El heredero de sangre. (Simon e Isabelle fanfic) — capítulo 3
Cincuenta sombras de Bane
La ropa desaparece
Y quedas vulnerable ante mí,
Ante mi deseo extasiado
Por dominar tus caderas enardecidas;
De tus glúteos apoderarme con mis manos
Y guiarte al infinito de mi ser;
Toma con tu boca mi piel,
Tierna flor de primavera,
Que quiero vencer al tiempo,
A la disputa del amor y lo correcto,
Que sólo hay una vida
Y la mía se pierde en tu cuerpo.
El estar atado con unos fuertes lazos a los barrotes de la cama, no era algo que a Alec, le gustase demasiado, estar atado no era para nada placentero para él, a no ser de que el estar en esas condiciones fuesen obra del Gran Brujo de Brooklyn, ahí, la situación era diferente.
Su respiración subía y bajaba, sentía el ardor de sus tetillas, cuando los dientes de su brujo mordían con suavidad cada uno de ellos, reclamando su dominación por sobre él. De vez en cuando las manos de Magnus Bane lo recorrían de la cabeza a los pies, acariciando y quizás dando unos golpecitos sobre su cuerpo hasta dejarlo un tanto enrojecido.
Técnicamente, Alec no veía nada, ya que según Magnus sería más excitante para él, el que solo se dedicara a sentir las sensaciones de una noche de amor pasional.
— Tranquilo, todo está bien — La voz ronroneante de gatito salvaje de Magnus penetraba en la voz de Alec mientras las tarántulas de sus manos se dignaban a recorrer, lo que antes le había estado prohibido —Ahora, ¿En qué estábamos?
Le bajó los bóxers con mucho cuidado, y con las mejillas un tanto ruborizadas por la bebida de hada, el éxtasis y el ver el miembro viril de su novio, lo hizo casi delirar.
— Magnus — Gimió Alec
—Lightwood — Dijo Magnus — Yo voy a tener la última palabra esta vez…
— Magnus, por favor… — Imploró el cazador de sombras, que ya no podía seguir aguantando tantos deseos contenidos.
— No, no, no — Rio por lo bajo, el brujo — Este es tu castigo, por haberte negado a hacerlo conmigo en aquel pasillo
— ¡Era la boda de Isabelle! — Gimió él intentando soltarse de sus amarras —Magnus, por favor, deten…
Pero Magnus Bane no iba a dejar su brazo a torcer, ni menos en frente de Alec Lightwood, es más, estaba técnicamente tocando su miembro masturbándolo, Alec no lo veía con la venda en sus ojos, pero si podía sentir el tacto de la mano de su novio sobre su intimidad, subía y bajaba, acariciando de un lado a otro, como si el mismo Magnus intentara crear una clásica escultura de arcilla, de una arcilla que a cada tacto se mantenía erguida como el obelisco en la capital de Argentina, y duro como una roca.
"Maldita sea" pensó Alec, ya que jamás pensó que Magnus fuese tan dominante en el sexo, después de beber, algo de las hadas. "La culpa es de Jace" volvió a pensar mientras la mano de Magnus seguía moviéndose constantemente sobre su miembro erecto. Jace tuvo la grandiosa idea de dejar bebida de hadas, de casi todos los sabores y potencias, durante la fiesta de bodas de Simon e Isabelle, solo para ver como los invitados corrían desnudos por las calles de Idris con cornamentas de ciervos, y gritando que eran los mejores cazadores de sombras del mundo.
Obviamente muchos cazadores de sombras quedaron más borrachos y lacios que hojas que caen de los árboles en otoño, sin embargo, la teoría de Jace no ocurrió, más bien, parecía haberle ocurrido solo esa experiencia a él mismo.
Magnus, para poco fortuna del mismo Alec, bebió demasiados bebidas de hada, provocándole otro tipo de sensaciones que en los nefilims jamás ocurriría, es más, en los brujos tenía un efecto afrodisiaco personal, o en algunos casos, de viagra.
— Tú no quieres que yo pare. ¿O sí? — Preguntó Magnus demasiado cerquita de su piel pélvica, Alec sentía su respiración cerca de su pene, estaba cruzando el límite, a Magnus, de vez en cuando le gustaba experimentar el riesgo en este tipo de cosas. — ¿Paro?
Alec estaba en una encrucijada. ¿Qué era lo que quería realmente?
— Yo… yo…
— ¿Sí o no?
El cazador de sombras no supo que responder, solo de su boca soltó un gemido que incentivó al submundo a seguir con su ritual tocador, definitivamente la respuesta para él, era que sí.
Pasaron tan solo unos segundos para que de la mano pasara a los labios, transformándose en el mejor sexo oral que Alec pudo haber recibido.
— Ma- Magnus — Masculló Alec intentando quitar su venda de los ojos, pero le era imposible. — Oh Magnus — Gimió Alec, mientras su novio utilizaba la lengua para darle placer en su debilidad.
— Shh… — Dijo el brujo — No te está pasando nada malo.
¡Evidentemente no era nada malo! Al menos para Magnus, quien era el más feliz con todo esto, y quizás también el mismo Alec, si es que aclara de una vez por todo, que una de sus actividades favoritas para hacer con su novio era tener sexo duro.
— Sabes lo que significa cuando yo quiero que ocurra… ¿Oh no, Alexander? —preguntó Magnus mientras sus dedos recorrían sus muslos — No sabes decirme que no, no puedes decirme que no, y… no DEBES decirme que "no"
— No, Magnus, no —Le había dicho el nefilim, y el brujo más caliente aun, comenzó a besar su miembro de una manera que podría ser casi celestial, Alec se estaba volviendo loco, sus manos que estaban atadas, se aferraban a la cuerda o a los barrotes de la cama para poder lidiar con esto, gritaba su nombre, porque una parte de sí, no se sentía satisfecho con esto.
Alec Lightwood quería más.
Siempre quiere más.
Así estuvo durante una buena cantidad de tiempo, hasta que su brujo decidió liberarlo temporalmente de su castigo, quitándole la venda, solo para ver como destellaban esos enormes ojos azules.
"Lo mejor, siempre queda para el final" pensó Magnus, cuando decidió comenzar la ropa de la forma más erótica que Alec pudo haber visto en su persona, él era suyo, solo suyo, aunque haya tenido su extenso pasado, pero no importaba, ahora él era de Magnus, y Magnus era suyo, y quien osase ponerle un dedo encima a su brujo, sería una criatura rostizada por el fuego celestial, sin antes ser perforada por los cuchillos serafines.
— Por favor Magnus — Rogó Alec suavemente — Aquí no.
Magnus rió por lo bajo, mientras besaba fehacientemente su cuello, para luego besar su manzana de Adán y morder pasionalmente la boca de su muchacho de ojos azules: — Tú no sabes decirme que no, Alexander Lightwood — Dijo Magnus — Además nadie nos ve…
¡Por el ángel! Alec siempre terminaba en la cama con Magnus después de todo, sin duda la época de estabilidad que estaban pasando los nefilims después de la guerra y los pocos pedidos que le hacían a los submundos, provocaban que Magnus tuviera más tiempo para su romance, y para fortalecer su relación dentro del "ring de cuatro perillas"
Magnus acomodaba su boca para sentir al miembro de Alec dentro de ella, disfrutando de cada momento, una vez agotado decidió dar su golpe letal.
— ¡Por el A- Ángel! — Alec no podía hacer mucho pues Magnus ya estaba dentro de él… las embestidas eran profundas haciendo gemir a Alec con locura, incluso hasta exigir más, así estuvo sintiendo la dureza del miembro de Magnus, dentro de él, el éxtasis hacia que gritara, no aguantaba estar así, amarrado, él quería tocar a Magnus, ser partícipe de este ritual…
—Alexander… Oh…Oh…Ahhhhh— Las caderas del brujo bailaron en fuertes vaivenes durante unos cuantos minutos, hasta que se dio cuenta que estaba agotado, incluyendo su cazador de sombras con la runa de la resistencia, quien había llegado hasta su orgasmo. — Ay… Oh Alec… eso ha sido… — No tenía palabras para describirlo, el brujo simplemente le solto las ataduras de sus manos, dejando a su hombre libre, y Alec no perdió el tiempo, y giró a Magnus para apoyarlo sobre la cama y tocarlo, besarlo y penetrarlo con la pasión desbordante de una pareja amante. — Excitante…
Simon Lewis había despertado hace tan solo unos minutos en la casa ancestral de la familia Lightwood, una de las más honrosas familias de cazadores de sombras, estaban en Chiswick en Londres, y de ves en cuando a Simon, le costaba creer que ahora estaba casado.
Casado con Isabelle.
Habían pasado su primera noche juntos, claro que antes habían pasado muchas otras, tan solo durmiendo, o dedicando algunas mordidas de vampiro, y a veces para compartir noches de pasión, sin embargo esta era su primera noche de luna de miel, su primera noche de marido y mujer.
No quiso preocuparse si los cazadores de sombras más antiguos pensaban que quizás no era correcto los enlaces entre los hijos de los ángeles con algún submundo, aun cuando estaban dictados en la leyes de la Clave, Simon sabía, que a los más antiguos, les iba a costar cambiar esas ideas, sin embargo todo parecía funcionar con normalidad.
Isabelle ahora dormía profundamente a su lado, estando de espaldas dejando ver algunas runas tatuadas en la piel, cerca de su cuello se veía la nueva runa que había agregado, la runa del amor, algo que a ella durante muchos años le costó creer.
El vampiro revolvió su cabello con su mano izquierda sintiendo el roce del anillo que tenía, observó detenidamente su dedo anular, la plateada sortija de la familia Lightwood, resplandecía sobre su pálida piel, pensó como una vez Isabelle le había dicho que sí o sí, terminaría enlazada con un submundo, ya que, según una leyenda antigua, los Lightwood tienen una cierta debilidad por los demonios, y que uno de ellos, se había contagiado de viruela demoníaca, una enfermedad que a Simon le parecía absurda.
Recordó su primera noche de boda, el como su ahora esposa se había puesto un sexy babydoll dorado, y como le había pedido que la mordiera primero, antes de hacer el amor.
Simon había clavado sus colmillos que ya estaban sobresalientes, en su cuello, sintiendo el dulce sabor de su sangre, mientras se decía a sí mismo que debía dejar estas prácticas o iba a resecar a su esposa.
— No me muestres el cuello de ese modo, Sra. Lewis — Le había dicho graciosamente Simon mientras le tomaba la cintura antes de haberla mordido aquella noche, a lo que hizo que ella corriera más su cabello y estirara más su cuello, tentándolo. — No lo hagas, porque me darán ganas de morderlo.
— ¿Acaso no quiere morderlo, Sr. Lewis? — Preguntó Isabelle de la forma más sensual posible. "Rayos" pensó él "Me tiene vuelto loco" — ¿No se atreve?
Y ahí, la había mordido.
Y luego se habían dedicado a hacer el amor de la forma más sensual, romántica y pasional, él acariciaba sus curvas y besaba delicadamente sus labios, sin duda, a Isabelle le encantaban sus besos, y a él le encantaba la forma en que ella tomaba la situación.
Le tocaba sus suaves piernas, y observaba con detención esas bellas cicatrices de guerrera, para luego quitarle la ropa, fundiéndose con ella en la cama, pasando de todos los niveles, ya no importaba nada, estaban juntos, la cama se movía en ciertos vaivenes, las uñas de la nefilim se enterraban en la espalda del Daylighter, pero no importaba, ni los demonios, ni los ángeles, ni los cazadores, ni los submundos, era solo ellos, Isabelle y Simon, era lo único que importaba.
La amaba, jamás pudo imaginarse el amar a otra mujer, después de declararse enamorado de Clary. Pero con Isabelle era diferente, se dio cuenta de que ella era la mujer de su vida, quizás de su eterna vida, si es que él, quería seguir siendo eterno.
Entonces los dos consumaron su amor aquella noche de bodas, disfrutando del uno al otro en esa casona en Chiswick, y al amanecer, Simon quitó su mirada del anillo de los Lightwood, observando de nuevo a su esposa.
— Isabelle — Susurró suavemente el vampiro — ¿Isabelle?
Pero su Princesa Leia aun estaba dormida.
Con delicadeza, se aproximó a ella, rodeándola en un abrazo apegado a su cuerpo, colocó sus labios en las cicatrices de las mordidas, dándole un ligero beso, y luego dándole otro besito en la mejilla.
— Me haces muy feliz, Isabelle — Susurró Simon, cerrando los ojos, para hacerle compañía a Iz en sus sueños.
Alexander Lightwood había abiertos los ojos, se percató de que sus manos ya no estaban atadas, se giró para apoyar su espalda sobre su cama, y vio los ojos verdes amarillos de gato de Magnus, sin duda alguna, a pesar de todo, había sido una increíble noche, solo que él no quería admitirlo, ya que había organizado otros planes.
—Buenos días — Susurró Magnus dedicándole un beso en la mejilla, luego lo quedó mirando como si hubiese visto algo extraño — ¿Qué te pasó?
— Debí haber llamado a Iz — Musitó Alec despierto, mirando todo a su alrededor, sintiendo como su cuerpo estaba más debilitado por pasar la noche con Magnus que por pelear con grandes demonios — Lo olvidé, quería saludarla y hablar con Simon, para asegurarme que estén, bueno confió en ellos, pero… solo es…quería saber que hacían…
— No te preocupes, duraznito — dijo Magnus — A estas alturas, debieron haber hecho algo parecido a lo que hicimos nosotros
"Lo dudo" pensó Alec con los ojos entrecerrados, nadie era tan sexualmente adictivo como Magnus Bane.
— Además déjalos en paz, un momento — Dijo Magnus pasando su mano por el abdomen de su hombre cazador de sombras — No arruines su luna de miel — Luego le dio un beso en medio de su pecho, y lo miró con ojos resplandecientes —Ahora volvamos a lo nuestro
— No Magnus, por favor — Rogó Alec, tomándole la cara con sus manos — Quiero descansar un poco, tú también lo necesitas.
"Nada de descansos" pensó Magnus. "Ofertas de este tipo no ser repetirán dos veces"
El brujo comenzó a besarlo en el cuello, sacándole leves gemidos, sin embargo Alec lo alejó de él.
— Magnus — Le dijo él secamente — Ya sabes que por eso, no me agrada que bebas, tragos de hadas.
El brujo de Brooklyn se sintió ofendido, pero sin embargo estaba tan ganoso de placer, que solo salió desnudo de la cama y caminó hacia su refrigerador donde le quedaba un frasco de la bebida que había negociado en uno que otro lugar, en frente de Alec, de manera desafiante bebió el resto de frasquito, y de manera gatuna se acercó a él, gateando en su cama, posicionándose al lado de él.
—Será mejor que lo disfrutes ahora, Alexander Lightwood porque te daré, como nunca antes de he dado —Le sugirió el brujo en su oído — Y no me reclames después cuando ya no te ponga un dedo encima.
Y las manos de Magnus volvieron a recorrer a Alec, sacándole todo el placer que aun le quedaba guardado en su alma, y preparándolo para que gozara de lo mejor.
FIN