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Cazadores de Sombras: El heredero de sangre. (Simon e Isabelle fanfic) — capítulo 8

**Capítulo 7:**Polvo eres y a polvo volverás.

*"*Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que vuelvas al suelo,

Porque de él fuiste tomado.

Porque polvo eres y a polvo volverás".

(Génesis 3:19)

— No necesariamente puede estar muerta. — La voz de Helen Blackthorn sonaba conciliadora en medio de la fría sala de armas del Instituto de Londres — Probablemente pueda haberse convertido en una subterránea.

Julian y Sia se miraron entre si con desgano, luego miraron a Helen intentando creerle. Julian Blackthorn no había dormido aquella noche desde que sintió sangrar su runa parabatai. Había pedido a gritos a su familia que lo dejaran solo y él iría en busca de Emma Carstairs, pero Mark y Helen se encargaron de detenerlo.

Desde entonces, sólo se dedicó a fumar como un loco adicto, en su propia habitación haciendo que Sia se pusiera toser de vez en cuando.

¿Podría Emma ser una subterránea? ¿Era eso posible?

Jocelyn, la madre de Clarissa Fray, argumentaba en ese momento que Luke Garroway dejó de ser parabatai de su ex marido, Valentine el psicópata que quiso destruir a todos los nefilims y submundos Morgenstern, cuando Luke se convirtió en hombre lobo. Incluso el padre de Sia, Jem Carstairs, dejó a su parabatai cuando se unió a la hermandad y la runa de su parabatai sufrió los mismos síntomas que la de Julian.

Pero era probable que Emma, su mejor amiga, compañera y la luz de su vida, fuese una subterránea. Intento visualizarla como una chica loba, como los chicos del clan de Luke, o incluso como un vampiro, como Simon Lewis. No consiguió nada, salvo más angustia. Él sabía que Emma era más cazadora de sombras que otra cosa, ella jamás rechazaría sus orígenes, a no ser, de que la hayan transformado en contra de su voluntad.

— Tranquilo hermanito — Helen se posicionó en frente de él — Jocelyn dice que Luke y su manada están buscándola por si la encuentran, incluso Jordan Kyle y los praetor están rastreando si acaso es una novata a estas alturas. No hay que perder las esperanzas, ella debe estar con vida.

Julian bajó la mirada, estaba demasiado distraído y conmocionado como para entender esta situación. Para su suerte, tenía al lado a Sia Carstairs, la pequeña jovencita que le sostenía el brazo y se apoyaba en él de vez en cuando. La chica estaba tan afligida como él.

Pero por lo menos, la angustia era compartida.

— Explíquenme de nuevo — Quien habló esta vez fue Clary — ¿Cómo pasó todo esto? ¿Cómo se dieron cuenta de lo que le pasó a Julian?

El mismo Julian, cabizbajo volvió a hablar, mientras la cabeza de Sia daba vuelta en regaños de su madre tras descubrir que había huido de la casa de Magnus para andar de parrandas con su amigo Tiberius. "¡Podrías haber muerto! ¡¿Cómo no te das cuenta de lo riesgoso que es esto para ti?! Me has decepcionado" A Sia le dolían los ojos, pero no quería llorar. Una Carstairs nunca lloraba, los Carstairs no eran la clase de personas que andaban lamentándose por la vida. Era una guerrera y debía salir airoso de todo esto.

En medio de una discusión sobre como proteger a los "niños" de los ataques y de misiones de detectives sherlockianos, el joven Tiberius Blackthorn presintió la llegada de Luke y su manada, entre ellos cargaban algo, no era nada bueno, tenía miedo.

— Luke… — Jocelyn se acercó a él y le dio un fuerte abrazo, le preguntó como estaba, lo que había pasado e incluso le dio un beso, que Clary rodeó sus ojos confirmando que estaban "asquerosamente enamorados". Jocelyn se enteró de lo que Luke descubrió junto a los praetor lupus, e instintivamente miraron a los Blackthorn.

— ¿Qué pasó? — Julian alzó la voz — ¿Dónde está? ¿Dónde está Emma?

— Jules… —

— Ella… ella, está…

— Lo lamento.

Sia se levantó de improviso abrazando a Julian, el muchacho se zafó de la niña y se acercó a quienes tenían a esa carga que Tiberius había percibido. El segundo al mando del grupo de Luke, le mostró a Julian a quien cargaba, era Emma.

Ella con su cuerpo helado y quieto. Con restos de sangre, y suciedad, con un olor de putrefacción insoportable por Clary que tuvo que salir a vomitar al baño. Sia no pudo mirar porque Tessa se lo prohibió, una imagen, de un cadáver en estado terminal no era bueno, para una niña, porque eso era lo que Luke traía, un cadáver.

Emma Carstairs fue brutalmente asesinada, con heridas en su cuello, cara, muñecas y el estomago, su cuerpo estaba sucio debido a que intentaron sepultarla para ocultar el crimen. -Julian berreaba y daba alaridos dolorosos mientras sujetaba el cuerpo de la persona que tanto había significado para él y que le había arrebato la vida.

El llanto y el dolor, se hizo casi colectivo, el muchacho se aferraba aquel cuerpo sin vida, a aquellos ojos azules quietos mirando hacia el techo, como si buscara una salida a un problema en que la nefilim se había metido. Sin embargo pese a todo el dolor de su parabatai y su runa desaparecida, no había nada que pudiera volver la situación atrás.

Era tarde. Lamentablemente ya era demasiado tarde.

Dos días después.

El olor de las cenizas recién surgidas invadió la fina nariz de Isabelle Lightwood, la cazadora de sombras estaba de pie enfrente del proceso de cremación, el humo decoraba toda la solemnidad de la ceremonia. Vestida de blanco, Isabelle parecía una figura de yeso, fría y rígida al mismo tiempo, a su lado estaba su hermano Alec, y Jace, ambos fueron informados por Simon sobre el asesinato de Robert Lightwood. Alec se había acercado y abrazado fuertemente a Isabelle que lloraba contándole lo sucedido.

La luna de miel de Simon e Isabelle se había arruinado.

Maryse, la fuerte y sofisticada Maryse Lightwood, iba de blanco, de chaqueta blanca y larguísima, como una capa, llevaba su cabello amarrado en un poderoso moño. Iba de taco alto, pero su expresión era triste. Tantos recuerdos vividos al lado de Robert, en el círculo, casados y criando a sus primeros hijos, tantos errores y reconciliaciones. Si bien el amor de pareja no había durado lo suficiente, ambos habían acordado ser buenos aliados y ser cordiales por sus hijos. Ahora, Maryse se estaba quedando sola, sin su hijo pequeño y ahora sin su marido y compañero. ¿Qué podría pasar ahora? Temió por Alec e Isabelle, y mientras el funeral proseguía juró en nombre del ángel dar su vida por el resto de familia que le quedaba.

Los hermanos se habían encargado del cortejo fúnebre, y luego usarían sus cenizas para reforzar la ciudad silenciosa.

Simon observó como una hermana de hierro trazaba en una lápida donde se guardarían las cenizas, el nombre del guerrero caído.

Robert Ethan Lightwood

**(1966

  • 2015)**

Isabelle se quería morir en aquel momento, Simon no estaba cerca para sostenerla, salvo Alec pero no era suficiente. Ya no tenía a Max, ahora perdió a su padre… sentía poco a poco que le quitaban sus razones de vida.

Unas fuertes nauseas la invadieron, y la cazadora de sombras salió huyendo fuera del salón. Encontró una cubeta vacía y vomitó.

Los funerales para los cazadores de sombras son diferentes a los de los mundanos, el blanco impera por sobre el negro y el entierro del cuerpo se debe más a la quema de este para volver a ser parte de la Ciudad de Hueso, debido a que los restos de los nefilims tienen capacidades protectoras para este lugar.

Jem Carstairs, mítico cazador de sombras, entendía de funerales de los hijos del ángel, pero jamás imaginó que volvería a tener uno tan cerca de su presencia y de su familia como en aquel momento, en que su hija, la jovencilla Sia Alena, entraba con la mirada cabizbaja y sollozante, tenía el corazón roto y eso se le notaba a leguas.

— ¿Sia? — Le conmovió la mirada llorosa de su hija, rara vez la pequeña lloraba, y cuando lo hacía sólo conseguía romperle el corazón. — Cariño… ¿Qué te pasó?

Sia no pudo contenerse y corrió a echarse en sus brazos a llorar sin consuelo alguno. Iba con un pequeño vestido blanco, almidonado y bien bonito. Parecía una muñequita de porcelana, pero por muy bonita que fuera, sabía que estaba rota, y el color blanco no significaba nada bueno. Se preocupó.

Jem no entendía nada en absoluto se limitó a aferrar a su niña en su pecho, cerró los ojos y recordó las veces que se despertaba en medio de la noche al lado de Tessa, mientras esta lloraba sin poder conciliar el sueño por Will, porque después de muchos años pasados aun le costaba superar esa muerte.

Le costaba incluso a él mismo.

Después de Will, ya nada quedaba para él, salvo jurarse a si mismo proteger a cada descendiente de su parabatai y mantener aquel linaje intacto, para que nadie osara con destruir aquella familia que él había querido tanto. Cuando vio a Jace por primera vez, vio a Will reencarnado otra vez, y cuando Jace pudo curarlo, se dio cuenta de que el círculo no se cerraría jamás, hasta que él y Will se reencontraran en la otra vida.

Sin embargo cuando dejó de ser un hermano silencioso se sintió humano, libre y sano, y su corazón dio un brinco cuando recordó que volvería a ver a Tessa, su Tessa Gray, en el puente Blackfriars, como lo hacía cada año. Pero esta vez, sería diferente…. El volvía a ser humano, un cazador de sombras otra vez… sin embargo. ¿Qué haría de su vida? ¿Cómo viviría? ¿Y Tessa?

¿Lo volvería a querer después de tantos años al lado de Will? ¿Lo haría?

Estuvieron por casarse una vez… ¿Podrían hacerlo de nuevo? ¿Y tener hijos? Niños corriendo por los prados de Idris, leyendo libros y cantando a viva voz. ¿Serían capaces de formar una familia? ¿Tessa lo amaba lo suficiente para empezar una nueva vida con él?

Las dudas lo mataban, sin embargo no estaba dispuesto a poner bajo presión a la mujer que amaba. Él esperó más de cien años por ella, sería capaz de esperar lo suficiente y permanecer a su lado solo como su amigo si ella así lo decidía. Jamás la dejaría sola, era ser su compañero o morir.

Después de Will, Sophie, Charlotte, Henry Los Lightwood, la propia familia Carstairs, todos sus amigos muertos, sólo le quedaba Tessa, sólo ella.

Tessa Gray. Su amiga, su prometida, su esposa, y ahora la madre de su preciosa niña.

Su niña, que en este momento lloraba sin remedio alguno, que se aferraba a su cuerpo buscando consuelo, como en los momentos que se sentía sola y berreaba cuando era una bebé, y él la arrullaba en sus brazos con firmeza y delicadeza como a uno de sus violines cantándole algunas canciones en chino, y su bebé cesaba su llanto para mirarlo a los ojos con detención.

— Cariño — Susurró Jem — ¿Qué ha pasado?

Su hija levantó la vista, sus ojos negros se hicieron chiquititos del llanto e intentó calmarse.

— Emma… — musitó y volvió a llorar. — Em…emma… Emma.

— ¿Qué le pasó a Emma?

Pero no era necesario seguir preguntando. Julian había entrado al mismo salón, con la chaqueta favorita de su hija en la mano, el muchacho iba de blanco, blanco brillante entero, con runas de luto de color rojo en los puños. Y una runa de luto marcada en el pecho que se le veía de la camisa, y con las mangas subidas se pudo ver la runa parabatai desvanecida.

Sólo había unos puntos que la trazaban, contando una triste historia.

Cuenta la leyenda que desde hace más de ciento cuarenta años, un cazador de sombras después de una pelea de lobos cerca de terrenos galeses, sintió desvanecer y sangrar su runa, su parabatai se había muerto. Pero a pesar de que él destino los mantuvo separados, su compañero de guerra siempre estuvo en su corazón y a raíz de ello, había puntos que dejaron huella del amor más fuerte.

Años más tarde, esos puntos de su parabatai vivo se trazaban otra vez, dejando la misma huella, de un recuerdo bello y doloroso, y a la vez triste al sentir el último calor que brindaba aquella mano que afirmó en su lecho de despedida.

Esa misma marca, la tenía Julian Blackthorn. Jem sabía lo que eso significaba, por eso su hija lloraba sin consuelo, y por eso el muchacho lucía como si le hubiese arrancado el corazón sin piedad. Emma Carstairs estaba muerta, efectivamente muerta.

— ¿Julian?

— Está muerta. Su cara estaba destrozada y tenía muchas heridas, perdió sangre. Los hermanos silenciosos la limpiaron, pero ella ya se había ido. Y ahora la volvieron polvo.

— No es… nada más que un montón de cenizas, tío Jem. — Julian se quebró en un llanto desgarrador — Alguien la mató y luego se encargaron de que se volviera cenizas… no es nada más que polvo… polvo eres y polvo serás… ella no volverá. Jamás va a regañarme por morderme las uñas o hacer jirones mi ropa, o cuando sus ojos brillaban cada vez que se le ocurría una nueva aventura de caza, o cuando sonreía como una niña cada vez que hablaba de lo lindo que le parecía pasar tiempo a tu lado o con Sia… ella ya no está, me la quitaron y no le pude decir lo que sentía… me la quitaron… está muerta… y con ello me mataron a mí.

— Julian, tienes que…

— ¡ESTÁ MUERTA! ¡MUERTA, MUERTA Y MÁS QUE MUERTA! ¡YO LA AMABA Y YA NO ESTÁ… YA NO ESTÁ!

Iglesia, el gato enorme persa y aplomado, paseaba por el lado. Desde que Jem regresó, volvió a su lado y se lo llevó a vivir con su familia haciendo de él un gato muy feliz. Reconocía su hogar a diestra y siniestra, observó a Jem abrazando a una afligida Sia, y luego miro a Julian, Iglesia conocía a Julian, y siempre le maullaba cuando Emma llegaba. Porque Iglesia sabía quien era de la familia Carstairs y los reconocía, y era más dócil con ellos que con nadie. Esta vez volvió a maullarle a Julian, preguntándole por Emma y dónde estaba.

Julian colapsó casi dándole una patada.

— ¡NO PREGUNTES POR ELLA! - Gruñó endemoniado — ¡Está muerta! ¡Ella está muerta, gato estúpido! ¡No va volver, ella esta muerta!

Iglesia le gruñó y luego soltó un maullido lastimero, refugiándose en los brazos de Sia, y mirando a Julian con reproche.

— No regañes a Iglesia. — Protestó la niña enjugándose las lágrimas — Siente tanto dolor como tú. También le duele no volver a verla….

Y Sia arrodillada junto a su gato, volvió a llorar.Jem en tanto se acercó a su hija, y al rodeó con sus brazos dándole consuelos, mientras alentaba a Julian a que se acercara a él. Siempre lo había querido como a un hijo, incluso él y Emma cuidaba de Sia cuando era una pequeña que jugueteaba en medio de la casa botando cosas.

Jem, Julian, Sia e Iglesia se mantuvieron aferrados de rodillas en el suelo, intentando superar la pérdida familiar.

Acarició su vientre mientras miraba por el balcón, no tenía muchos meses de embarazo, pero ya se le notaba su pansa crecida. A sus veinte y algo años, no se imaginaba siendo madre, se imaginaba… la verdad que desde hace mucho tiempo que no se visualizaba en su futuro.

Clarissa Fray se detuvo a mirar Brooklyn por el departamento de cazadores de sombras descarriados que Magnus había montado. Ella solía estar ahí para tomar aire fresco y dibujar, como solía hacerlo antes.

Había dejado su croquis y sus lápices a un lado para sentir como una pequeña criaturita de se movía en su interior, por un momento sintió algunas patadas y sonrió. Esperaba que fuera una niña, esperaba que creciera con sus rubiales cabellos y ojos verdosos, o quizás ojos ambarinos… en realidad esperaba que su bebé pudiera salir con vida. Con tantos demonios dando vueltas, la vida de su hijo y ella estaban en peligro.

Clary suspiró, en medio de la agotada noche vio una sombra en medio del jardín del departamento y se alteró. Tomó con rapidez a su cuchillo serafín, no estaba dispuesta a que le arrancaran a su hijo de su vientre.

Pero sólo vio subir a Jace, agotada y abatido. ¿Jace? ¿Podría ser él?

Era él, vestido de blanco, con runas rojas, ojos perdidos y cuerpo debilitado. Nada bueno había pasado.

— ¿Jace? ¿Jace, qué pasa?

Jace se acercó como a ella como un depredador dispuesto a cazar a su presa, la tomó desprevenida y satisfecho, se dispuso a devorar su boca con violencia. Él le robó el aliento en un segundo mientras se poseía de ella: mordía, lambía y estrujaba todo lo que alcanzan sus manos. La obligó a recibir su brusca lengua y a seguir un desesperado ritmo, el cual no resistió. Atacó su cuello de manera erótica y desenfrenada, mientras en alaridas rogaba su perdón absoluto, se estaba portando como un cabrón con ella y una vez más le había roto el corazón.

— ¿Pero qué…Jace…?

— Perdóname.

La sangre subió a las mejillas de ella. Estaba enfurecida.

— Me juras amor eterno, tienes sexo conmigo, quedo embarazada, te doy la noticia y luego me insultas, me dejas, me tratas como una condenada irresponsable y vienes acá a lloriquear a medida de besos para aceptar tu perdón por tu poca hombría. ¿Qué clase de táctica de romanticismo es esta Jace?

— Clary, yo… no quise, lastimarte. — Musitó — No deberías estar cerca de mi te hago daño.

— Yo no me he acercado a ti, tú has llegado y me has besado de forma desesperada.

Silencio. Solo un puto y horroroso silencio para él. Ella se cruzó de brazos y le inspeccionó.

— ¿Qué está pasando? ¿Estás borracho? ¿Por qué usas traje de luto? ¿Jace, quién ha...

Pero Clarissa Fray no pudo terminar la frase, un ruido estruendoso se escuchó como una explosión en el departamento del brujo.

— ¡Clary, corre! — El alarido de Jace fue en reversa hacia ella, empujándola hacia su habitación y casi dejándola encerrada.

Enfurecida abrió la puerta y lo siguió por el pasillo.

— ¡Jace! ¡¿Jace qué mier…

Una bestia se había metido en la casa de Magnus destrozándolo todo, era un demonio enorme y horroroso, era como un pulpo, o un calamar gigante.

El demonio pulpo tomó por uno de sus tentáculos a Magnus y comenzó a asfixiarlo, Jocelyn estaba con su frente sangrando dificultándole sus movimientos de guerrera, Clary intentó acercarse pero fue difícil.

Esto iba de mal en peor, el demonio vino por ella, por su hijo para matarlos, y de paso estaba intentando acabar con la inmortalidad de Magnus Bane.

Una flecha en fracción de segundo se clavó directamente en el tentáculo que estrangulaba el cuello del brujo, de acto reflejo el demonio se giró y vio como un cazador de sombras le había dado justo en el blanco.

Alexander Lightwood, fiero y letal con su arco y sus flechas cargadas otra vez, se dispuso a intentar matar al demonio mientras Magnus se zafaba e intentaba recuperar el aliento estrangulado. Su novio le había salvado la vida, y verlo de una manera tan decidida luchando le provocó una sensación de orgullo, excitación y amor, pero no era tiempo de pensar en ello, él debía sacar a Clary Fray del departamento.

Magnus corrió intentando tomar a Clary, el monstruo se giró botando a Alec contra una silla, a su paso se unieron Maryse e Isabelle, que Clary no pudo saber como habían llegado desde Londres.

Isabelle iba de blanco, la pelirroja presintió algo malo, mientras su parabatai tomaba su látigo y comenzaba a atacar al monstruo con ferocidad. Maryse sacaba cuchillos serafines del departamento de Magnus y junto a su hija, con un repuesto Alec intentaban destruirlo.

Jace fue de emboscada hacia el demonio pulpo, intentó quebrarle la cabeza con ambas manos pero no consiguió nada, salvo que uno de una de sus ventosas se le pegoteó en la cara dejándolo lleno de baba y tinta negra. Fue lanzado al suelo a punto de ser devorado por unas ventosas que tenía la boca del demonio.

Nadie se imaginaba que había demonios caníbales.

Los destrozos hicieron que Jocelyn, Maryse e Isabelle en una santa tríada acuchillaran por diversos lados a su enemigo, Jace en tanto le urgía que Clary huyera de ahí, si bien la pelirroja quería crear una runa destructora, fue impedido ya que en medio del proceso Magnus cayó sobre su estela quebrándola.

El demonio pulpo, estaba ganando la batalla, Maryse estaba abatida en el suelo con una Jocelyn Garroway intentando tallarle iratzes, mientras el látigo de Izzy quedaba atascado en cualquier parte, Magnus y Alec, se acribillaron para matarlo, pero el demonio fue más ágil, arrojándolo a ambos casi al borde de el refrigerador.

Clarissa intentó buscar a alguien con la mirada, ella sabía que faltaba alguien. Faltaba su mejor amigo de toda la vida y no lo encontraba.

El demonio azotó a Jace, dejándolo con un golpe en la cabeza en medio del puesto. Clary estaba sin defensa y embarazada. El demonio se lanzó por sobre Clary, pero alguien se puso entre medio y los tres cuerpos cayeron en medio de los cristales quebrados de la ventana, del balcón hacia abajo en picada. Haciendo un estruendo ¡CRASH!

El cuerpo de Clary fue salvado por unos tentáculos que estaban bajo ella, al incorporarse se dio cuenta de que el demonio estaba muerto con un cuchillo serafín atravesándolo, pero debajo de él, un cuerpo inmóvil yacía tras su sacrificio.

El terror inundó el alma de Clary, gateó para apartar el cadáver del demonio y temió encontrar otro cadáver, una punzada en su pecho se imaginó a Jace muerto, o a Magnus o incluso a su propia madre, quien siempre se sacrificaba por ella.

Pero no era ni su madre, ni Jace, ni Magnus. El cuerpo era flacucho, con sus ropas desgarradas y camisetas de letras idiotas, su piel estaba destrozada y tenía múltiples heridas, y en uno de los brazos del cuerpo estaba una mordida mortal del demonio, cualquier criatura que recibiese una mordida de aquellas, terminaría muerto.

Entre lágrimas y horror, Clary gritó:

— ¡NO, SIMON, NO!