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Cazadores de Sombras: El heredero de sangre. (Simon e Isabelle fanfic) — capítulo 7

**Capítulo 6:**Ave Atque Vale.

*"Muchas naciones crucé y muchos mares, hermano mío,*para venir a dedicarte estos infelices ritos fúnebres, como último tributo a la muerte, y como intento de hablar con estas mudas cenizas. Desde que la Fortuna tan injustamente nos separó, me privó, ¡ay de mí!, de la alegría de verte Pueda al menos yo, ahora, fiel a nuestros ancestros que han conservado el deber de estos tristes ritos funerarios depositar sobre tu tumba estas lágrimas como ofrenda, y en la eternidad, hermano, saludarte y despedirme."

Poema de Catulo

— ¿Clary? — Preguntó Jocelyn asomando su cabeza por la enorme puerta del Instituto de Nueva York — ¿Podemos hablar?

Clary que estaba sentada contemplando el horizonte a la salida del Instituto no dijo absolutamente nada, solo atinó a voltearla y verla, con su cabello rojo en ondas cayendo por los hombros haciendo contraste con su traje negro de cazadora, se veía tan mortífera y fuerte, y a la vez tan segura y hermosa. Que Clary una vez más deseó ser como ella.

Con su mirada le indicó que se acercara, aunque ya tenía previsto que como toda madre decepcionada de su hija joven se molestaría. Agachó la cabeza y por un momento pensó en que sería de ella, y del bebé que esperaba de Jace.

—No es un buen momento para regaños. — Anunció Clary poniéndose los brazos sobre sus rodillas — Asumo mi responsabilidad en todo esto, y no tienes que verte implicada en lo que no desees, mamá.

—No vine a hablar, sobre tu irresponsabilidad y la de Jace en no haberse cuidado como debían para evitar este tipo de situaciones. — Dijo Jocelyn — Vine a hablar, técnicamente sobre como van a enfrentar esto.

—Él no quiere nada conmigo. Debí haberlo previsto, me ama, pero no lo suficiente como para tener un niño conmigo. — D   ijo la pelirroja con ardor en los ojos, y deseó que su madre no la viera llorar por amor.

—Sé que te ama. Me lo dijo una vez y me costó creerle. — Jocelyn, con su traje de cazadora se sentó en las orillas de la escalera de piedra, a unos peldaños de Clary, y ambas miraban como los mundanos de Nueva York no se percataban de su existencia, ni la del Instituto. — Pero es cierto. Así como también es cierto que está huyendo de esta responsabilidad.

Clary se quedó ahí mirando como un par de gatos iban detrás de la rata de un basurero, en medio de los basureros de los suburbios neoyorkinos, al ver a la rata, le vino la repentina imagen de Simon. Lo extrañaba y deseaba en este momento poder verlo y charlar con él. Quizás él le hubiese dado un puñetazo en la cara a Jace por haberla tratado mal de haber quedado embarazada o tal vez Isabelle tomaría medidas duras al respecto.

Pero Simon estaba con Isabelle, en su luna de miel. Seguramente disfrutando de su felicidad y no lamentándose con dramas ni tragedias, se decía Clary. Pero al menos se sintió tranquila de que al menos alguien de a quien ella quería, fuese feliz.

—Creo que sería bueno que Jace y tú hablarán. — Dijo Jocelyn después de un rato de silencio — Luke y yo creemos que debes hacerle entender que todo ira bien. Y que es maravilloso tener familia con alguien que amas.

Clary se imaginó durante algunos momentos como su madre debía haber estado feliz después de enterarse que sería madre por primera vez, cuando Granville Fairchild II y Adele Nightshade le entregaban todas las bendiciones a su hija, que en ese entonces era la esposa enamorada de Valentine.

Sonrió para si misma de haberlo imaginado esa feliz, pero la reprimió al pensar en Jonathan, su hermano y en lo que Valentine, lo convirtió, un monstruo, un niño demonio. Y desde entonces Jocelyn se había ido a criarla sola, y cada año lloraba sobre una pequeña cajita con las letras grabadas de "J.C." Llorando por el hijo que pudo haber tenido, al niño cazador de sombras del cual ella se sentiría orgullosa de tener, el hermano al que Valentine le había arrebatado a Clary.

— O incluso si no lo amases del todo — Continuó Jocelyn, quizás teniendo los mismos pensamientos que ella — o si eso se volviese en odio. Por naturaleza la vida te da una fuerza para seguir adelante y criar tu hijo. Porque al fin y al cabo es tuyo, solo tuyo, y ningún niño con alma pura es un error.

Jonathan Christopher Morgenstern Fairchild, no era un alma pura cuando nació. Su hermano fue un demonio.

—Sé qué estás pensando en él. — Jocelyn susurró en voz baja —  Estaba enamorada de Valentine Morgenstern y jamás supe la clase de persona que era, de haberlo sabido. Jamás me habría casado con él. Pero quiero que sepas Clarissa, que aunque él sea tu padre, tú no eres un error para mí. El tenerte fue una de las cosas más hermosas que me ha sucedido, me ha devuelto la esperanza y me has enseñado mucho.  — Las manos de Jocelyn tomaron los hombros de su hija — De no haber sido por lo que Valentine le hizo a Jonathan, lo hubiese amado también. Le amo aún, pero no al Jonathan que conociste como Sebastián Verlac, sino al pequeño bebé que tenía en mi vientre y que creía que era puro. Es a ese Jonathan es al que extraño, al que después de tantos años yo le lloraba cuando eras pequeña. A la verdadera esencia de tu hermano, no al demonio que Valentine convirtió. Los amo a los dos, a ti y a Jonathan. A ese Jonathan de mis recuerdos. No a Sebastián. No a…

—Entiendo…

—Y bueno solo quería decirte a que seas fuerte, y que entiendas a Jace. A pesar de su enojo está en un fuerte estado de shock.

—¿Lo estás defendiendo ahora mamá? — Cuestionó Clary aun más sorprendida por escuchar los argumentos de su madre, siendo que casi siempre esperaba encontrar una falla en él. ¿Qué había cambiado ahora? ¿Acaso Jocelyn sería capaz de juntarlos solo por el bien de su nieto en gestación?

—No. — Dijo categóricamente — Pero he hablado esto con Tessa Carstairs y ambas pensamos que Jace está asustado.

Clary la miró sin comprender. Jace Herondale es un cazador de sombras, jamás tenía miedo.

—¿Por qué asustado?

—Va a ser padre primerizo y no sabe como enfrentarlo. — Habló Jocelyn poniendo una mano en el hombro de su hija, Clary que extrañaba esos momentos de consuelo maternal cuando era una niña, se acunó en su regazo. — Ha matado demonios y ha enfrentado la muerte en varias ocasiones, es irónico.

—Demasiado — Musitó Clary

—Pero Jace no sabe con exactitud lo que es una familia. Stephen Herondale amaba a la hermana de Luke, cuando se separó por culpa de Valentine quedó devastado por dentro, y todo ese odio interno lo descargó en la pobre de Celine. La amaba y la odiaba, creo que más bien le tenía lástima y Celine era demasiado ingenua y confiaba en todos. Cuando Stephen murió… ella se suicidó, bueno eso ya lo sabías. El punto es que Valentine les arruinó la vida, mató de pena a la madre de Jace con todo lo que sucedió y se quedó con el niño a su cargo. Lo hizo pasar por el hijo de otro... Si Stephen hubiese vivido habría cuidado de Jace de la forma en que un padre lo hubiese hecho o Celine…

—¿Por qué se suicidó? Si ella hubiese vivido, Valentine jamás hubiese tenido a…

—No creas… Valentine la hubiese persuadido de ayudar a criar de Jace y ella habría confiado en él. Pero creo que no tendría el efecto que alguien como Valentine Morgenstern esperaba. Celine Herondale le valía más muerta que viva, Clary. Creo que él mató a Stephen para acabar con Celine y quedarse con el niño que convirtió en su experimento.

—También lo hizo con Jonathan… mi… hermano.

Clary se levantó del regazo de Jocelyn y la miró a los ojos, aquel verde brillante estaba cubierto de lágrimas que se negaban a salir. Valentine era un monstruo. Destruyó la vida de todos, la de su madre, la de Luke, la de Jace, la de los Lightwood… incluso la suya.

—Jace no sabe lo que es un padre — Jocelyn continuó — Es evidente que tampoco sabe como serlo y tiene miedo. Tiene miedo porque te ama. He querido admitir que solo es pasajero, pero él no lo siente así. Tessa lo sabe, él te quiere, pero no sabe como enfrentar este asunto. ¿Cómo podemos pretender que reaccione de forma correcta cuando el que creía su padre era un…

—Mamá… Valentine, trató muy mal a Jace cuando era un niño. Él me lo contó una vez.

—Lo sé. Con Stephen muerto, Valentine criándolo como una máquina de guerra y con Robert Lightwood creyendo que era el hijo de su parabatai. Es difícil que él supiera su identidad. Jace solo sabe de armas y peleas, no de arrullos ni canciones de cuna de niños.

Clary cerró los ojos y vio a un pequeño niño rubio llorando por un halcón muerto en el suelo mientras su padre lo obligaba a hacerse más fuerte.

"Amar es destruir y ser amado es ser destruido"

¿Y si Jace no querría hacerle daño? ¿Y si él creía que no sería un buen padre para su hijo y se alejase para evitar el dolor de ser alguien violento?

Jace quizás, no querría que su hijo viviese con halcones y armas siendo un infante. De seguro, Jace no querría ser una versión nueva de Valentine.

—Si tan solo le dijese…que él no será como Valentine, que él será un buen padre. — Musitó Clary esperanzada

—Será mejor que lo descubra él solo, cariño. Le tomará tiempo y debe perder el miedo.

—Entiendo.

—Además con la amenaza de los demonios Hydra… Hay que tomar medidas de seguridad más severa.

—¿Y el irnos a la casa de Magnus cuenta como tu medida de seguridad severa? — Río ella

—No dudes de mis ideas, soy tu madre y sé lo que hago — dijo Jocelyn levantándose —Además, Magnus Bane me ha ayudado muchísimo.

—Lo sé, y estoy en deuda con él.

—Estamos en deuda con él.

Clary se levantó de las escaleras y se dirigió a entrar al Instituto cuando se volteó y se detuvo.

— ¿No estás enojada conmigo?

Jocelyn la miró confundida

— Por quedar embarazada antes del matrimonio.

—El sexo prematrimonial no estaba dentro de nuestros antiguos principios, pero debo admitir que yo te tuve a ti más joven, tomando en cuenta que me casé con solo dieciocho años. Pero esperaba que tu futuro fuera diferente, que hicieras las cosas correctamente y con la persona indicada, siempre he querido que fueras feliz. No puedo estar enojada contigo ahora, menos ahora. Necesitas apoyo y protección y ese niño no va a criarse solo, no es un error, el ser madre. — Jocelyn solo sonrió— Iba a haber un minuto en el que te iba a exigir nietos, pero se me adelantó unos cuantos años.

Clary Fray sonrió a su madre y de forma instintiva miró hacia su vientre hablando— el bebé se sentirá orgulloso de tener una abuela tan fuerte como tú. Te quiero mami.

—Yo te amo, Clary. Y no me digas abuela, soy joven todavía.

Clary rió entrando al Instituto — Iré a ver a Sia al departamento con Tessa. ¿Vienes?

— Ahora no, tengo que hablar con Magnus y Maryse, tengo que poner paños fríos sobre que van a hacer con Alec.

Clary solo sonrió, y entró al instituto cerrando la puerta con cuidado, tocó su vientre con ambas manos y le habló a su bebé en voz bajita.

"Ella te ama, tu abuela te ama y mucho"

Pero Clary no se encontró con Sia en camino al departamento, a pesar de estar viviendo ahí, se quedó dormida en el sofá cama con Presidente Miau, en sus pies, escuchando la historia de Tessa, aquella historia de cómo había conocido al gallardo Will Herondale. De cómo se hacía amiga de sus ancestros de Henry y Charlotte Fairchild, del cabello rojo de este y sus inventos, de los patos de Hyde Park y la viruela demoníaca, de Sophie y Gideon, de Cecy y Gabriel, y por supuesto de Jem.

Clary había estado muy interesada en escuchar sobre la historia de Tessa que hasta deseaba viajar en el tiempo para vivir lo que ella, de tanto escucharla se quedó dormida, y la tatara tatara tarata abuela de Jace, la cubrió con una manta aterciopelada de Magnus.

Tessa se quedó observándola como dormía durante algunos segundos. Y recordó con nostalgia a Henry y Charlotte, el ver a sus hijos y nietos, y a toda la generación Fairchild hasta conocer a Jocelyn.

Se quedó pensando en Will, en Londres, en la nieve y en diciembre, donde sus recuerdos estaban casi tan intactos, un tanto polvorientos, salvo el color azul de sus ojos, hacía tantos años que no los veía que había olvidado como eran, hasta que vio llegar a Alec Lightwood junto a Magnus y su corazón dio un brinco desenfrenado.

Lucía de forma similar a Will, a su Will.

Pero Alec no se parecía en nada internamente a un Herondale, en cambio de Jace, que si lo era, y por donde se le mirara era un Herondale. Alardeaba como Will, huía de los patos como él y tenía una leve sonrisa parecida a su suegro Edmund, pero sus ojos, le trajeron el leve recuerdo del dorado ambarino de Jamie. Cuando lo conoció Tessa lo estudió delicadamente, mirando sus facetas y sus actos, Magnus se lo había contado, pero no lo creía. No podía creer que el hijo de Stephen Herondale estuviese vivo después de lo que ocurrió con su segunda esposa.

Tessa sabía por parte de Maryse Lightwood, que los ojos de Jace son exactamente a los de su madre, Celine Monteclaire. Incluso ella les mostró unas fotografías de la joven con Stephen. Era increíble el similar dorado de los ojos de la chica con los de su primer hijo.

Tragó duramente intentando olvidar su pasado para que no perturbara su presente.

Ahora tenía a Jem. Su Jem Carstairs, que después de un siglo y años había encontrado una cura, y que seguía viéndolo cada año en el puente de Londres. Ambos se unieron y juraron protegerse el uno al otro, incluso también Jem le había contado la historia de Jace, Clary y los Lightwood, y Tessa se había sentido orgullosa y a la vez melancólica sobre sus descendientes y los de sus recordados amigos.

Ahora estaba con él. Teniendo el colgante de jade en su cuello al igual que su brazalete de aniversario de bodas, como muestra de dos de los grandes amores que había tenido en su vida. Ella y Jem a veces se quedaban hablando horas sobre Will y recordando sus aventuras, a veces lloraban juntos, después de tantos años, su pérdida seguía siendo dolorosa, tanto para ella como para él.

En Blackfrias Bridge, Jem le pidió por segunda vez en su vida, que aceptase casarse con él, con una pequeña sortija de compromiso con una piedra de amatista como regalo, como lo hacían las personas normales. Tessa no pudo decirle que no.

Lo amaba casi de la misma forma en que amaba a Will. Y por primera vez se dio cuenta de que la vida le daba la oportunidad de amar de nuevo, y que no quería dejarlo ir por ningún motivo. De todos modos, Will se hubiese sentido tranquilo de saber que ella y Jem se quedaron juntos para cuidarse el uno al otro, quizás él ya lo hubiese sabido unos meses, antes de morir, de que Tessa viviría para siempre y que Jem viviría años como hermano silencioso.

Amaba a Jem, tanto como aquella vez en que admiraba las melodías de sus violines, y como aquella vez en que observaba su cabello plateado resplandecer a la luz de la luna, la primera noche en que la llevo de paseo por aquel mismo puente.

Se casó con él. Una boda sencilla y con amigos conocidos, con Magnus, los Lightwood, Jocelyn, Lucian Graymark, Jace y Clary estaban ahí, también Simon, Maia y otros subterráneos amigos de ambos.

La llegada de Sia, no estaba en los planes de Tessa desde el principio, pues dudaba que su cuerpo fuese capaz de engendrar vida de nuevo, después de Jamie y Lucie. Estaba asustada cuando vio el test de embarazo que Clary le hizo usar como aparato mundano, pensaba en ver la bebé crecer, desarrollarse y luego morir, tal como lo había hecho anteriormente, ser madre, abuela y bisabuela otra vez, y Tessa no estaba seguro de querer tener otra pérdida.

Pero la expresión de felicidad de Jem, le hizo cambiar la idea, él jamás se había hecho la idea de formar una familia y ahora eso se veía posible. Y la felicidad de él aumentó cuando la tuvo en sus brazos cuando nació.

Aquella noche toda estaba oscuro, era un invierno terrible a mediados de invierno en Los Ángeles, junto con Helen Blackthorn y Magnus habían ayudado a Tessa con las labores de su tercer parto, y nació la pequeña, en medio de aquella temporada de terror y oscuridad, de frío incalculable en el Instituto. Cuando Jem la tomó en sus brazos toda la oscuridad de la noche pasó a desaparecer y comenzó a salir el sol, y el frío no era tan frío, y la nieve era suficientemente amigable como las noches de Navidad.

La pequeña con sus ojos negros como la noche, resplandecía en medio de todo. Quizás, según Magnus, por haber nacido en más parte de submundo, como bruja, que como nefilim.

"Sia Alena" Jem la había nombrado, la luz fría, o la luz de invierno.

Tessa aterrizó a la actualidad y fue a ver a la habitación que Magnus les había designado a ellas para ir a ver a su hija, al abrir la puerta se dio cuenta que la cama de ella estaba vacía.

Tiberius se había dedicado a leer las novelas de Arthur Conan Doyle antes de dormirse, las aventuras de Sherlock Holmes y el doctor Watson lo intrigaban hasta sumergirse dentro de las amarillentas páginas del viejo libro. Mientras sus demás hermanos se dedicaban a juguetear a las escondidas en el Instituto de Nueva York, o a contar historias de monstruos y demonios, él simplemente leía.

Cuando estaba en la parte más emocionante de la trama en medio de la resolución de un caso de bebé vampiro, un ruidito en su ventana lo interrumpió bruscamente. Enojado, se había jurado a sí derribar con su cuchillo serafín a quien lo molestaba cuando estaba ocupado.

Sin embargo sus expresiones se suavizaron al ver a una chica de cabello castaño en coleta y unos profundos ojos negros. Tiberius, sin opción alguna abrió la ventana de su habitación y le habló:

— Sia Alena Carstairs Gray, ¿Qué se supone que haces en el Instituto de los Lightwood y no en la casa del brujo Bane?

—Tiberius Blackthorn. No soy una niña pequeña y sé cuidarme bien de mi misma,. Y quería ver a Julian.

—¿Julian?

—Sí. Quiero saber si ha visto a Emma.

—No parece convincente. ¿Podrías haberlo llamado por teléfono? ¿Por qué no usar un mensaje de fuego?

Sia frunció el ceño.

—Esta bien, vine a ver a Jules, pero también te vine a ver a ti. Hay cosas que aun me faltan por tranzar con usted, Sr. Blackthorn.

—Soy todo oído, Srta. Carstairs.

—Podrías haber sido mi parabatai — Dijo Sia desde la ventana de su habitación, su voz era bastante melancólica, una de las cosas que más deseaba era que Tiberius Blackthorn fuese su compañero de guerra. — Pero rechazaste mi oferta.

Tiberius la miró expectante, se afirmó del respaldo de la ventana, sentándose al borde de la cornisa de esta. Se relamió el labio y dirigió sus ojos hacia los negros de su amiga.

—Aun estás a tiempo  — Sonrió ella tomándole la mano y atrayéndolo hacia la rama del árbol para que estuviera con ella. Tiberius se sujetó fuertemente de su mano y se sentó a su lado en la gruesa rama que daba justo en frente de la ventana de su habitación. Sia Carstairs le afirmó aún más fuerte la mano parta darle confianza de que la rama no se partiría en dos y los mataría por el golpe, o aún peor que su hermano Mark los descubriera y los condenara a limpiar todas las habitaciones del Instituto. — Puedes ser mi parabatai.

—Sia…  — La voz de Tiberius se tensó, luego negó con la cabeza. — No puedo… no quiero… Sia… — La mirada de su amiga se volvió lagrimosa, no quería lastimarla por eso debía encontrar las palabras correctas.

—Pero Tibbs…

—Hablé sobre esto con Jules… él sabía que tú querías que yo fuera tu parabatai, sin embargo me dijo que debería pensarlo mejor. — Tiberius la miró buscando un poco de alivio en su mirada, solo se encontró con dudas, y más dudas. — Que me sintiera seguro…

—¿Seguro de qué? — Espetó la muchacha  — ¡No tienes que pensarlo demasiado!

—De que me sintiera seguro con mis sentimientos. — Finalizó ocultando su mirada con miedo de lo que él acababa de decir.

Sia Carstairs intentó analizar cada palabra, luego de ello tomó la palabra.

—¿No te sientes preparado, para tener un parabatai?

—Sia. — El sonido de la boca del chico Blackthorn sonaba entre un suspiro y un lamento. — No quiero… solo… déjame pensarlo mejor. Aunque preferiría que escogieses a Livia o a Drusilla como compañera de batalla…

—¡Yo no quiero ni a Livia ni a Drusilla! ¡TE QUIERO A TI! — Gimió ella. — ¿Por qué no quieres escogerme para cuidar de tus espaldas mientras luchamos? Seremos como hermanos.

—¡POR ESO, YO NO QUIERO SER TU HERMANO! — Gritó — Es suficiente siendo tu amigo y no creo que pueda aguantarlo más.

—Pues si querías decirme que yo te estorbaba ya lo has hecho. — La chica comenzaba a descender del árbol muy enojada, rama por rama.

—¡SIA!

—Me has hecho enfurecer Tiberius Blackthorn. Creí que me querías…

—¡Te quiero! — Gritó él. — ¡Claro que te quiero! Y por eso me niego a ser tu parabatai, porque si yo llegara a quererte más me arrepentiría de todo…

La muchacha escuchó todo completamente anonadada, y aturdida comenzó a bajar del árbol, cuando llegó lo más cerca que pudo del suelo, tocó con uno de sus pies una rama frágil que se quebró haciendo que ella perdiera el equilibrio y cayera de espaldas al suelo.

Tiberius asustado bajó de un solo salto para ver a su amigo, si bien no era el mejor cazador de sombras de sus hermanos, era bastante astuto y un "detective" innato.

—¡¿Estás bien?! — El muchacho se acercó a ella que estaba tendida en el suelo para ayudar a levantarse, sin embargo la chica era demasiado terca para verse ayudada por un hombre.

—Suéltame, estoy bien.

—Sia… — Le rogó él.

—Ya me has dicho demasiado por hoy, debo irme, si mi mamá se entera que no estoy en el departamento de Magnus Bane a esta hora, me matará.

—Sólo Jules quería que no cometiera su error. — Tiberius la ayudo a levantarse — Él quiere a Emma… pero la quiere mucho más que un hermano o un amigo, y ella también lo quiere, de la manera en que lo hace una pareja. Y las leyes de los cazadores de sombras no van a cambiar para que dos parabatai sean pareja. ¿Me entiendes ahora?

—Tibbs…

—Te quiero Sia. — Susurró — Y te seguiré queriendo siempre y cada vez más, cada día, y no quiero que nada le ponga límite a quererte por el resto de mis días en diferente forma. Haciéndome tu parabatai sólo harás que me arrepienta de no poder quererte más. Como Jules y Emma...

—Entonces… eso es un no

—Un sí y un no a la vez. Sí a quererte y no a condenarme.

Sia guardó silencio por tan solo ese instante, y quiso congelarlo para siempre dentro de sus recuerdos.

¾ Tibbs… no puedo pensar en eso ahora… yo…

¾ No te presiono. ¾ Dijo él. ¾ Te quiero, y serás mi mejor amiga siempre.

Se acercó a ella, tomándola por los hombros con delicadeza, y luego besó suavemente su frente. Sia cerró los ojos, sintiéndose en las nubes y deseando jamás ser bajada de ahí.

¾ También te quiero, Tiberius Blackthorn.

Su tranquilidad se vio interrumpida por un grito adolorido, era casi similar al que Sia escuchó junto a Emma en el tejado hace dos noches. Pero esta vez, era más fuerte y más angustiante. A ella se le puso la piel chinita y trataba de algún modo de decirse a sí misma que no era real. Pero Tiberius que se separó de ella bruscamente miró hacia dentro del Instituto tan alarmado como ella, eso significaba que alguien gritaba torturantemente.

¾ ¿Tibbs qué pasa? ¾ Preguntó la niña alarmada tras el grito.

¾ Sia tienes que irte, yo veré que le pasa a Julian

¾ ¡¿Julian?! Tengo que ir a verlo ¾ Sia estaba entrando al Instituto ¾ Es mi amigo también y parabatai de Emma

¾ Sia, detente. ¡Es mi hermano!

¾  Tibbs…

Ambos fueron corriendo en medio de los pasillos del Instituto de Nueva York en dónde los Blackthorn se quedaban ahí para las reuniones con Maryse Lightwood, los Penhallow, con Jocelyn y Luke Garroway. 

Tiberius en medio de la carrera despavorida le recordaba a su amiga, que si su madre no la encontraba en el departamento de Magnus Bane al despertar, la convertiría en renacuajo y la iría dejar al lago del Hyde Park.

¾ ¡Jules! ¾ Mark Blackthorn gritó al entrar a la habitación de su hermano, lo encontró tendido en el suelo y gimiendo de dolor ¾ ¡¿Jules, qué pasa?!

¾ Julian ¾ Exclamó Tiberius cuando entró a su habitación, él y Mark ayudaron a levantarlo un poco.

¾ ¿Qué pasa? ¾ Tiberius se lamentó no haber atado al árbol a Sia Carstairs antes de que se entrometiera en asuntos que no le correspondían, ahora Mark estaba furioso y después lo molestaría diciéndole que trae algo entre manos al ver a su amiga por las noches.

¾ ¿Sia? ¾ Preguntó Mark muy confundido ¾ ¡¿Por qué en el nombre de Raziel estás aquí?! ¾ Fulminó con la mirada a su hermano menor que estaba mucho más angustiado que nadie ¾ ¿Acaso, acordaron dormir juntos?

¾ No. ¾ Dijeron ambos al mismo tiempo. Mientras Olivia, Drusilla y Octavian se agolpaban entre medio de la puerta a ver a Julian, entre medio de gritos Mark insistía en que nada le pasaba a su hermano y que se fueran a la cama, pero los gritos de Sia hicieron que Helen Blackthorn saltara de la cama con la pequeña Ariadne en brazos.

Nada estaba saliendo bien.

¾ Jules… ¾ Preguntó Tiberius mientras lo ayudaba a sentarse en su cama en medio del escándalo. ¾ Tranquilo, debió ser una pesadilla… o un ataque de nervios. Suele suceder esas cosas cuando estás muy preocupado por algo. Todos sabemos que ahora hay que estar con más seguridad que nunca porque hay un montón de demonios sueltos, pero todo está bien. Emma… ella…

Los ojos de Julian se dilataron primero de miedo y luego de un dolor intenso. Los ojos azules miraron con preocupación a los ojos grises de su hermano menor, Tiberius pareció entender.

¾ Emma… ella… ¿Hace cuánto que Emma no viene a verte? ¾ Julian estaba por levantarse pero Tiberius lo detuvo junto a Mark, mientras el resto de los hermanos Blackthorn y Sia lo miraban con la misma preocupación.

¾ Tranquilos, no siempre está aquí ¾ Advirtió Livia ¾ A lo mejor fue a pasar tiempo con Cristina, son muy amigas.

¾ No… la… siento… ¾ Musitó Julian negando con la cabeza, miró a Sia intentando que ella lo ayudara a comprender lo que sucedía.

A Sia se le hizo un nudo en la garganta, ella sabía cómo funcionaba el sistema de los parabatai y sabía perfectamente que cuando no lo sentías, era porque el vínculo se cortaba, pero era tan fuerte que solo con la muerte o que el otro se convierta en un submundo. ¿Qué pudo haber pasado con Emma Carstairs?

Sia ni siquiera quiso pensarlo pues Julian avanzó hacia un espejo que estaba en aquella habitación y observó su cuerpo, en el cuello rodeado por algunas de gotas de sangre estaba oscurecida la runa de parabatai. Poco a poco, iba perdiendo el color, volviéndose blanquecina y transparente, casi a punto de desaparecer.

Livia, Drusilla y Octavian no entendían que pasaba, Helen sostenía a una llorosa Ariadne, mientras intentaba decir algo contraproducente. Mark se quedó congelado en tiempo y espacio viendo la runa que ya no estaba. Tiberius y Sia miraron del brazo sin runa de Julian, a Julian, a sus ojos azules con miedo y a como caía de rodillas abatido por un inmenso dolor inexplicable, gritando y rogando a Raziel que le trajeran a Emma.

Tiberius lo sabía, ¿No era ese su mayor miedo? ¿Perder algún día e intentar vivir sin la persona que amaba? ¿Y si un día fuese el mismo que viese desaparecer su runa al indicar que Sia ya no estaría para hacerle compañía?

Los lazos parabatai eran más fuertes que cualquier otra cosa que Tiberius conocía en el mundo, y frente a ellos también se asumía los más grandes riesgos, como aquel, como Julia que pedía a gritos mientras sus hermanos corrían despertando a Maryse, a Jace y Alec, y a Luke para que vinieran en ayuda, mientras Drusilla tomaba el teléfono y llamaba llorosa a Cristina, y Cristina no sabía nada. Los mensajes de fuego no funcionaban y los hermanos silenciosos no servirían de ayuda. Y de haber cambiado a submundo, Luke lo sabría. Y Julian seguía llamando a Emma. Pero ella jamás vendría.

Sia se quedó se pie al lado de Tiberius mirando con consternación a Julian, no lograba procesar la información… Cuando lo hizo miró a Jules con mucha angustia, corrió hacía él y se arrodilló a llorar a su lado mirando su brazo sin runa, sin parabatai, sin Emma. Sin ella.

Emma Carstairs había muerto.

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Danielle Lightwood los había engañado.

Isabelle se sentía una estúpida por haber confiado en ella y en su llorona hermana Evanna y el mundano de su novio, lo más probable es que ellos hayan soltado a los demonios en medio de la Sala de los Acuerdos mientras ellos entraban.

¿Con qué motivo?

Ni siquiera Isabelle Lightwood lo sabía, solo atinó a ponerse de pie, luego de que un demonio mayor la lanzara lejos contra unos muebles, mientras iba detrás de miembros del consejo. Ella solo cerró los ojos en ese momento ya sin fuerzas, y deseó que el ángel Raziel protegiera a Simon, que no sabía a dónde estaba.

Ahora se afirmaba de sus altos tacones de aguja, y desenrollaba su látigo mientras en su otra mano, sostenía un cuchillo serafín. Caminó por en medio de los pasillos observando las baldosas rotas y todas sucias. Su pecho se aceleró. No veía a Simon Lewis por ningún lado.

Isabelle estaba angustiada si no encontraba a su marido vivo, iría en busca de Danielle a degollarla lentamente con su daga o tomaría al mundano David y le trazaría runas en frente de Evanna. Total, un repudiado más no le haría mal al mundo.

Pese a aquello, le extrañaba el ingreso de los demonios a la Ciudad de Cristal, otra vez.

Sebastián…Jonathan Morgenstern…Max…

Los recuerdos la invadieron haciendo que tuviera que afirmarse en unos pilares para no caer, ella sentía muy dentro de sí, que nuevamente perdería a alguien a quien ella amaba.

Max…

Aquella mañana, cuando lo encontró muerto e intentó reanimarlo, cuando vio a sus padres llegar después de los ataques, y ella llorando abrazó a su madre, mientras su padre y Alec sostenían al pequeño dormido. Las runas, el blanco, la muerte, el dolor.

No había sido fácil para Isabelle, el recuperarse de la pérdida de su hermano menor.

Simon le había servido de ayuda para superarlo, pero aun así, el fantasma de Max aparecía de vez en cuando en sus sueños. Ni siquiera con vengarlo podía sanarlo. Pero Simon siempre estaba ahí para reconfortarla con sus abrazos, sus historias, y sus besos, con sus cuentos dónde Luke Skywalker ganaba contra las fuerzas de Darth Vader. Cuando el bien triunfaba sobre el mal.

Aun así, rastros de oscuridad habrían en medio de ese "final feliz"

¾  ¡SIMON! ¾  Gritó ella a todo pulmón corriendo mientras observaba caras conocidas dentro de los muertos del Consejo.  ¾  ¡SIMON!

Nada.

Eso era mucho peor que encontrarlo con o sin vida.

¾ ¡SIMON! ¾ Isabelle corrió aún más rápido hacia llegar al gran salón, en medio de una esquina, casi oculto pudo reconocer esa mata de cabello castaño totalmente despeinado, con esa camiseta a rayas hecho jirones y su chaqueta de cuero en el suelo. Para su alivio, estaba vivo.

Suspiró.

Pero luego lo vio al lado de un cuerpo y se aterró. Se acercó cuidadosamente a él, y le dirigió una mirada de horror, algo muy malo había pasado. Pero al menos, Isabelle era una buena cazadora de sombras y ella salió ilesa.

¾ ¿Simon? ¾ La voz de Isabelle se escuchó trémula en medio de la sala de los Acuerdos ¾ ¿Quién ha muerto?

¾ Iz… ¾ Él no se atrevió a responder ¾ ¿Quién…era…el…actual…Inquisidor?

¾ Mi padre, claro. Después de que el psicótico hermano de Clary matara a la inquisidora anterior, y entonces la Cónsul Jia Penhallow, le dio la opción de que él tomará el puesto.

¾ Isabelle…. ¾ La voz de Simon era digna de un cortejo fúnebre, él aún seguía arrodillado al lado del cuerpo del cazador de sombras. ¾ Los demonios, ellos… lo mataron…

La nefilim de inmediato se puso al lado de su marido y al ver el cuerpo del inquisidor, sintió su corazón detenerse.

¾ ¡¿Papá?! ¾ Exclamó intentando quitarle la capa y ver las heridas. ¾ Lo ha mordido uno de esos demonios

¾ Isabelle…. ¾ Simon no sabía que decir.

¾ ¡Ve por ayuda por favor! ¾ Gritó ella mientras sostenía a su padre entre sus brazos, tomó su estela y comenzó a trazar algunas iraztes, esperaba tan solo a que funcionaran. ¾ ¡Ve por Jia Penhallow! ¡O algún hermano silencioso! ¡Simon, por favor!

El vampiro se quedó al lado de Isabelle mientras esperaba  a que ella se diera cuenta de que todo era tarde, cuando encontró aquel cuerpo, ya estaba muerto.

¾ Dile a Magnus por mensaje de fuego que venga…. El curó a Alec una vez… de seguro podrá curar a nuestro padre. ¡¿Simon?! Simon…

¾ ¡ISABELLE! ¾ Exclamó él tomándola por los hombros ¾ Ya está muerto. Míralo, cuando lo encontré ya estaba muerto. Lasiraztes no van a surgir efecto en un cadáver, ni siquiera Clary puede devolver con sus runas a alguien a la vida.

¾ No…no… papá…

Simon notó el dolor en los ojos de su mujer, la aferró a su cuerpo con fuerza en un abrazo mientras esta lloraba a mares sobre su hombro. Primero Max… ahora Robert Lightwood. Ni siquiera él se lo podía creer.  A pesar del desprecio que él sintiese por los submundos consiguió ganar el aprecio de Simon al permitirle salir con su hija, y por ser él mismo quien les dio la bendición en nombre de Raziel para casarse.

Al fin y al cabo, Robert Lightwood varias veces arriesgó su vida por intentar salvarle su vida vampira. 

Isabelle seguía llorando cada vez más fuerte y por primera vez en mucho tiempo, Simon pensó que no ocurrirían cosas buenas de aquí en adelante. De seguro era tiempo de volver, a casa, para no seguir viviendo esta fatídica luna de miel.

Al alzar la vista, el vampiro vio como los Cazadores de Sombras sobrevivientes llegaban a rodearlos con condolencias que ni Isabelle escuchaba. Jia Penhallow se arrodilló en frente a ellos con los ojos lagrimosos y susurró unas palabras:

Multas per gentes et multa per aequora vectus**advenio has miseras, frater, ad inferias, ut te postremo donarem munere mortis et mutam nequiquam alloquerer cinerem. Quandoquidem fortuna mihi tete abstulit ipsum. Heu miser indigne frater adempte mihi, nunc tamen interea haec, prisco quae more parentum tradita sunt tristi munere ad inferias, accipe fraterno multum manantia fletu, atque in perpetuum, frater, ave atque vale.

¾  Robert Lightwood. Puedes ir en paz.

Era demasiado tarde para que la situación pudiera revertirse. Ya estaba más que muerto.