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Cazadores de Sombras: El heredero de sangre. (Simon e Isabelle fanfic) — capítulo 6

Capítulo 5: Eidolon.

— ¡Cuanta tragedia! — Exclamó Magnus elevando los brazos mientras liberaba purpurina — Pasadle un vaso de agua a la pelirrojita.

Magnus le paso un vaso de agua a Clary a través de una flama azulada

— Clary — Musitó Jace buscando una respuesta en su mirada, no quería creer lo que oía. No era capaz de asimilarlo, nunca… no podría.

— No puede ser verdad. — Terminó Jocelyn — Clary, debes estar de broma.

Pero los ojos de su hija le dijeron otra cosas "Es real"

Los ojos de Clary pasaron de su madre a Jace y de Jace a su madre, luego miró a Luke, a Alec, a Magnus, incluso a Tessa. Necesitaba alguien que le diera respaldo.

— Clarissa ¿Cómo pudo pasar esto?

Magnus abrió la boca

— Bueno cuando dos jovencitos se ponen más que cachondos se van a una habitación y olvidan usar el condón. — Jocelyn lo reprochó con su mirada. "No quiero detalles"

— Creí…— Clary por fin pudo tomar la palabra. — Que les alegraría la noticia.

Luke la miró con sus intensos ojos azules, al menos para ella le daba tranquilidad, él estaba de su lado. Magnus intentaba encontrar un lado divertido, mientras Alec sabía que ahora los demonios irían tras ella para matar a su bebé.

Y Tessa. Tessa tenía que soportar como todos los descendientes que le quedan iban a morir en algún minuto.

— ¿Creíste? — La voz de Jace se elevó tan alto que parecía un grito, casi un reproche, con tanta impotencia que asustó a Clary. — ¿Eres idiota o acaso crees que los demonios Hydra vendrán a cantarle a tu hijo antes de dormir?

— No le hables así — Intervino Luke. — Clary no tiene la culpa.

Jace ni siquiera se digno a mirarla otra vez. A Clary le recordaba a los viejos chismes de su escuela mundana, cuando al lado de Simon escuchaba los ruegos de una chica embarazada hacia su novio, y como este huía al poco tiempo, negando ser padre. Clary muchas veces lo lamentó por todas aquellas chicas, incluso lo lamentó más ahora, porque ella misma lo estaba viviendo.

Jace estaba buscando un pretexto para huir.

— Clary pensó que esto te alegraría Jace — Le decía Luke, pero Jace no lo miraba, tenía sus brazos cruzados y miraba furioso hacia un punto fijo. — Estaban comprometidos, se supone que cuando se casasen esto pasaría de todos modos. El punto es que, es un mal momento.

— Lo sé. — Musitó Clary.

— ¿Y que harás al respecto? — Le espetó Jace con más rabia, él mataba demonios, no criaba niños. Además el poco concepto que tenía de familia y crianza venía de Valentine, cosa que a Jace no le orgullecía demasiado. Para Clary, esa pregunta sonaba a esas veces que les decían a las chicas embarazadas que huyeran y se deshicieran del bebé.

Clary tragó duro, haciendo que consiguiera sacar más fuerza. Ella iba a criar sola a su bebé, y si Jace quería verlo, tendrían una seria conversación.

Si su madre pudo criarla lejos de Valentine, ella criaría a su hijo lejos del ataque de demonios.

— ¡Eres un asno, Jace! — Gruñó Clary — ¡No te me acerques si no quieres! Criaré a mi hijo, sola. No dejaré que nadie le lastime ni un demonio, ni tú.

— ¿No estás entendiendo, Clary? — Jace la tomó por los hombros. — Deja que ellos me ataquen a mí.

— Deja de hacerte el héroe, Jonathan.

Listo, fue como una bofetada. Jonathan, tal como su hermano muerto, tal como Valentine los había criado a ambos, haciéndolos uno. Ya no era más Jace, ahora era tan cruel como Jonathan.

— Después no vengas a lloriquear cuando veas todo tu hogar destruido. De todos modos — Jace se volvió orgulloso — Es solo un crío, y puedo asegurar que no es mi hijo. No voy a tener hijos, que te quede claro. Dile a los Hermanos Silenciosos que te lo quiten y se deshagan de él antes que los Hydra, lo hagan.

Jocelyn que estaba al lado de Jace, le dio una sonora bofetada cuando Clary ahogo un gritito.

— ¡Bastardo! ¡Eres peor que Valentine! — Gruñó como una mamá osa cuando atacan a su cachorro — No quiero verte cerca de mi hija, tú solo la lastimas.

Jonathan Herondale, salió hecho una fiera de la habitación. Tessa lo miró con sus ojos vidriosos, al chico se le había pasado la mano.

Sin embargo ella lo entendía, era un Herondale. Y los Herondale alejaban a quienes amaban siendo crueles para mantenerlos a salvo, eso hacía Jace. Quería mantener a salvo a Clary y a su hijo.

Tessa era la única que podía comprenderlo, así que intentó ir a hablar con él, pero Alec Lightwood la detuvo. Era su parabatai, y a veces había que dejarle que su furia se calmara.

Clary soltó un suspiro, le ardían los ojos pero no quería llorar, no enfrente de todos.

— ¡Está decidido Magnus. Nos vamos todos a tu casa! — Exclamó Jocelyn

— ¡¿TODOS?! — Exclamó Magnus — ¿A cuantas personas te refieres con "todos"? ¡No pienso alojar a todo Idris en mi hogar. Soy el Gran Brujo de Brooklyn, no la Gran Niñera de Brooklyn.

— Magnus Bane. —Gruñó Jocelyn. — La decisión está tomada. Clary, Sia, Tessa y yo, nos iremos a tu departamento. La vida de Sia, Clary y mi engendrado nieto están en riesgo de morir. O nos vamos a tu hogar, o Clary y yo nos devolvemos a Brooklyn.

Clary abrió los ojos como platos, cualquier cosa menos que se metieran en su cabeza y borraran sus recuerdos, la pelirroja miró a Magnus esperando una respuesta.

— Agh.

— Magnus. — Alec Lightwood lo miró con sus brillantes ojos azules a su novio, le rogaba con la mirada*. "Vamos, por favor"*

Magnus no podía decirle que no a Alec.

— Agh, esta bien. Solo porque mi garbancito me lo pide. — Al decir esto Alec se atragantó con un vaso de agua y su rostro enrojeció como una berenjena.

Mientras tanto Jace estaba en el invernadero contemplando la pequeña piedra mágica que le había dado a Clary en su cumpleaños n° 16, recordó como espero hasta la medianoche y como de improviso la había besado por primera vez.

Fue cuando supo que estaba enamorado de esa chica bajita, pelirroja y con mal genio. Ahora las cosas estaban cambiadas, con un compromiso y pensando en fecha para un matrimonio, con demonios intentando fastidiar sus planes, salió algo que no esperaba.

Un bebé.

¿Qué se suponía que debía hacer ahora? Cuando siempre tenía un plan en mente.

— Asumiendo tu responsabilidad, Jace Herondale. — La voz burlona de proveniente de Sia Carstairs le puso la sangre caliente, él sabía que ella lo detestaba, pero a veces la mocosa se pasa del límite haciendo que deseara enviarla a una horda de patos asesinos, si encontrara una horda de patos asesinos. — ¿No me digas que vienes aquí a invocar tu perdido fuego celestial?

Jace tomó aire. La niñita no se iba a salir con la suya esta vez.

— Asumamos al hecho de que eres un PDI, Sia Carstairs.

— ¿Qué soy una qué? — Preguntó Sia elevando su tono de voz hacia Jace — Dilo. ¿Qué es un PDI?

— Pequeño Demonio Infantil. — Sonrió Jace triunfante.

Sia Carstairs lo fulminó con la mirada.

— Yo no soy nada demoníaco. —Farfulló la niña. —Tú eres un detestable, una vergüenza para los nefilims.

— Lástima, niñita. La Clave no piensa lo contrario, es más cree que soy uno de los mejores, soy maravilloso.

— Púdrete Herondale.

— Vete a tu casita a jugar con muñecas, niñita.

Sia apretó la mandíbula enfurecida, el mismo Jace había mandado a la mierda todo su tratamiento con el yoga y su feng shui. Ahora estaba invocando a su demonio interior.

¿Con qué contraatacar? Ataque y contra ataque.

— Y tú empieza a aprender a cambiar pañales, Jonathan. — Le dijo ella antes de irse, Jace apretó los puños, la pequeña hija de Jem le había sacado en cara el embarazo de Clary. Pensó en ella, y quizás en lo mal que debía ella estarlo pasando.

Un niño suyo. Un hijo.

Intentó visualizarse con un bebé en sus brazos, sin embargo no lo conseguía, solo se veía a si mismo, matando y cazando demonios, cargando los cuerpos de los submundos muertos y cosas por el estilo, pero jamás cargando a un bebé.

El miedo comenzó a correr por su cuerpo, cuando rara vez lo sentía. ¿Qué iba a hacer él con Clary? ¿Qué harían con ese niño que ella esperaba?

"Tienes que asumirlo, Jace" le había dicho Alec "Pase lo que pase es tu hijo. Somos nefilims, cuidamos con nuestras vidas a los que no pueden defenderse"

Pero él no esperaba defender a un bebé que aún no nacía. Él esperaba morir en aquella guerra con esos demonios que buscaban venganza, sin embargo sus planes se habían cambiado.

Todo iba mal.

Cuando Emma Carstairs pasaba por Nueva York acompañada de Julian, visitaban frecuentemente a su tío lejano Jem, sobre todo porque le encantaba sus conciertos personalizados con el violín y la segunda razón era porque se había convertido en la mentora de Sia, su hija.

Emma y Sia se llevaban increíbles, conversaban sobre cacería de demonios y monstruos, viejas leyendas, hechizos y muchas cosas más en el lugar favorito de Sia, el tejado donde cada tarde subía con Jem a mirar el atardecer.

Sia estaba al lado de Emma hablándole de cómo su madre no la comprendía, y de cómo había escuchado a los adultos hablar del plan de homicidio a ciertos nefilims, que las incluía a ellas. A veces Emma le recordaba ciertos movimientos que le había enseñado cuando estaban en Los Angeles, ya que la entrenaba en secreto al lado de Cristina Rosales y Tiberius Blackthorn.

Mientras hablaban la piel de Emma Carstairs se tensó por completo, sus ojos se dilataron y sus labios se abrieron, calló a Sia de golpe, unos gritos horrorosos de un hombre le quitaron el aliento.

— ¡JULES! ¡JULES! — Gritaba Emma levantándose en el tejado de la casa de Sia — ¡Julian! ¡¿Jules dónde estás?! ¡JU -LIAN!

— Emma, no es él. — Le gritaba Sia mirándola directamente. — ¡No es, Jules! ¡Es tu parabatai…!

— ¡JULIAN! ¡JULIAN!

— ¡ARRRGGGGGGHHH! ¡EMMA! — La voz de Julian Blackthorn se oía entre medio de unos callejones oscuros alejados del Instituto de Nueva York. — ¡AYUDA!

Emma tomó se inmediato un cuchillo serafín que había dejado oculto entre medio de las tejas del techo, sus manos temblaban al intentar tomarlo mientras su prima Sia, intentaba calmarla diciéndole que no era él.

— ¡Em! — Exclamó Sia — ¡Si fuese Julian, lo sentirías de inmediato! ¡Son parabatai! Si no sientes esa conexión debe ser una trampa.

Los ojos azules de Emma estaban tan cristalinos como el agua pura de un manantial, Sia en su vida jamás había visto algo tan bello, sin embargo sabía que estaban así de cristalizados por el terror, una característica que ella rara vez enfrentaba, porque para Sia Carstairs, Emma era una de las Cazadoras de Sombras que más admiraba, era su ídolo y su mentora, su mejor amiga y modelo a seguir.

— Emma… — Sia le tomó la mano e intentó calmarla pero ella se la soltó, los gritos de Julian la estaban dejando mentalmente fuera de combate.

— Tranquila Sia — Emma sacó su estela plateada de su bolsillo y se la entregó a la pequeña — Usa esto en tu defensa si es necesario, ya te he enseñado todas las runas que Clary ha creado. Si se acerca un demonio, atácalo con esto, es efectivo.

— Pero Emma… estoy segura que él…

— Iré a ver a Jules, entiendo tu teoría, pero si en realidad fuera él no podría vivir tranquila sabiendo que algo le había pasado a mi… mi… — La cazadora ya estaba echando pasos hacia atrás— Te veré luego Sia… lo prometo. Jules y yo jamás te dejaremos sola. Palabra de Nefilim.

Emma Carstairs dio un salto desde el tejado al suelo, Sia en secreto la observó desvanecerse entre la oscuridad, de todos modos no podía detenerla, Emma amaba tanto a Julian que su vida dependía de ello, eran una sola persona, tan unidos como hermanos.

"El amor es extraño" pensó Sia, imaginándose como lo harían ambos para tener una vida juntos, si las leyes de La Clave les permitían casarse aun siendo parabatai.

— ¡Danielle! — Exclamó Isabelle al ver como Simon la había derribado de un solo golpe y la nefilim lo había lanzado al suelo y lo amenazó con un cuchillo. — ¡Por el Ángel!

Danielle Lightwood no se dejaba fiar por muchos submundos, solo unos pocos lograron a ser sus amigos, pero desde que vio a Simon caminar sin problemas bajo la luz del sol de Idris, supo que era un arma peligrosa.

Ella había tramado su propia herida para tenderla una trampa. Si pudiera lo enviaría a la Clave para que buscaran de alguna manera, de que modo consiguió ser más poderoso que el resto de los vampiros.

Su prima lejana, Isabelle le enrolló el brazo con el cuchillo en su látigo y la lanzó contra las puertas de la Sala de Los Acuerdos.

Sonó un estruendo que hizo que todos los miembros se levantaran anonadados, entre medio estaba el Inquisidor: Robert Lightwood.

— ¿Pero qué en el nombre de Raziel?

— Deja en paz a mi esposo. — Gruñó Izzy desenrollando el látigo, luego arregló a Simon y lo tomó ligeramente a su lado.

Danielle se limpió la sangre de la boca cuando soltó un grito de terror, tres demonios mayores entraron a la Sala de los Acuerdos matando nefilims importantes, Evanna corría buscando con desesperación a David en las afueras del Consejo.

— Demonios. — Gruñó Simon con sus dientes sobresalidos. — No dejan disfrutar de mi luna de miel.

— Acostúmbrate, arruinan todo — Dijo Isabelle.

— Sra. Lewis ¿Me concedería esta pieza para matar demonios?

La propuesta de Simon hizo que ella sonriera como nunca, juntos entraron en defensa de la raza de cazadores de sombras, en medio de la batalla se resbalaban con sangre de nefilims e icor demoníaco.

Isabelle usaba velozmente su látigo lanzándole cosas a los demonios mayores para despistarlos, mientras otros nefilims les tiraban flechas y atacaban con cuchillos serafines, otros se hacían iratzes y otros huían despavoridos.

Danielle y Evanna habían escapado.

— Traicioneras. — Masculló Simon, luego tropezó sobre el cuerpo de alguien, que descubrió que había rodado desde unos pisos más arriba.

Sus labios dejaron escapar un sonido ahogado cuando dio vuelta al nefilim y se dio cuenta de que era el cuerpo sin vida del actual inquisidor.

Sia Carstairs quedó preocupada por Emma. Justo en aquel momento había llegado su padre para calmar sus nervios, aunque ella seguía pensando en que el grito de Julian, no era Julian.

Sia creía que podría ser un demonio eidolon.

Su padre caminaba por en medio de la casa de una manera extraña, que ni ella entendía. Ella conocía a Jem Carstairs, que dudaba de que reaccionará de un modo tan impulsivo y violento sin raro.

¿Sería realmente él?

Una llamada interrumpió sus dudas.

— ¿Aló?

— Wo de bao bei.

Okay. Era lo que menos esperaba escuchar en aquel momento.

— ¿Papá? — El escuchar su voz a través del teléfono le hizo girarse rotundamente hacia la cocina en donde estaba Jem.

— Si, xiao bao bei. — Respondió él — Llamaba para decirte que ya vuelvo a casa, estaba terminando algo con los Lightwood. Para que no te desesperes. ¿Emma se ha ido?

— S…sí.

— ¿Estás bien? — Sí, era su padre. — Te llevo bizcochos de chocolate y algunos con pasitas, como a ti tanto te gustan.

— Bueno.

— Adiós, mi pequeño dragón.

— Adiós. Papi.

Cuando cortó el teléfono se acercó lentamente hacia la cocina, donde supuestamente estaba su padre, pero ella estaba insegura ¿Quién era el verdadero Jem? ¿El de la cocina o el de la llamada?

— ¿Pasa algo, cariño? — Preguntó Jem cuando dejo su chamarra en una silla, era idéntica a la que había salido, sin embargo su hija seguía confundida.

— Na-da — Balbuceó Sia.

— No mientas, querida. — Le dijo él acercándose y tomándole la cara entre sus manos. — Estás un tanto asustadita. ¿Sucedió algo? ¿Es tu prima?

Ella negó.

— ¿O es Julian Blackthorn?

— No le ha pasado nada a Jules.

Los ojos negros se contrastaron con los suyos y Sia pudo ver que de pronto tomaron otra tonalidad.

— Espero que Emma no haya caído en una trampa después de que huyera del tejado a ver a Blackthorn. — Dijo Jem mirando a Sia directamente.

La niña quedó helada. Nunca le había dicho nada sobre que había invitado a su prima lejana a que estuviera en el techo, tampoco le contó lo de Julian. ¿Cómo lo habría sabido?

Su cabeza dio un giro muy brusco. Su padre no había llegado, y aquel que estaba en frente a ella… era un…

— ¡Dime la verdad! — Una bofetada llegó a su mejilla haciendo que Sia callera al suelo de forma inmediata. Ella sabía que su padre jamás le haría algo así.

— ¡Maldito impostor! — Una punzada le indicó que le había rasguñado la cara. — ¿Mi padre? ¡¿Qué le hiciste a mi padre?!

— Yo soy tu padre, Sia.

La chica inmediatamente se levantó del suelo y cogió un uslero de la cocina, cuando el falso Jem intentó acercarse, ella lo golpeó en plena cara y salió huyendo.

"Papá, no eras tú. ¿Dónde estás? ¿Eras tú el de la llamada?"

El pecho de Sia, subía y bajada a una velocidad increíble mientras veía como el hombre golpeado tomaba la forma extraña y viscosa, larga, con garras, dientes afilados. Un demonio.

No era cualquier demonio, era un eidolon. Un eidolon que tomó la forma humana de la persona que ella más amaba en el mundo.

Pudo haberla matado en menos de unos segundos, sin embargo ella pudo defenderse con un simple instrumento de cocina, mientras corría en busca de una escoba para seguir golpeándolo, el demonio la alcanzó.

Se maldijo a si misma por no ser una Cazadora de Sombras como Emma.

Sia era mestiza, su madre no había querido que la marcaran porque no resistía mucho a las runas, además porque Magnus Bane decía que ella salió más submundo que nefilim, aun así, tampoco estaba entrenada para defenderse como una submundo, o una semi bruja.

Sia calló de espaldas en medio del armario debajo de las escaleras, haciendo que las puertas se abrieran de golpe y le azotaran las sienes. Al intentar incorporarse visualizó algo que les trajo bellos recuerdos.

"Wo ai ni, Sia." La voz amable de su padre cada noche antes de dejarla en su cuna le vino a su cabeza, una vez depositada en ella, Jem tomaba el violín y tocaba todo lo que sentía por ella, en como amaba a su madre y como ella, su propia hija, era la luz de su vida, su cura y razón por la cual seguía siendo fuerte.

Ella recordaba las dulces melodías del violín que contaban su historia, de cómo estaba atado a una caja de yin fen, de cómo había amado a dos personas que aun siguen en su vida, de cómo fue un Hermano Silencioso, y como la vida de guerrero centenario hacía que ella lo amara más que a nadie en el mundo aun siendo bebé.

"Wo quan shen xin de ai ni, Sia".

Las melodías reflejaban los secretos mejor guardados de su padre, escuchaba melodías que le recordaba a su infancia en China, y desde entonces Sia soñaba con llegar hasta Shangai. Se imaginaba a la Gran Muralla y los grandes templos, la majestuosidad del Instituto. Y nefilims usando las artes del kung fu con armas para acabar con demonios.

El demonio eidolon se avalanzó sobre Sia, mientras ella en un acto reflejo lo golpeó en la cabeza con el violín. Se lamentó así misma haber usado algo tan preciado como arma, cuando tenía la estela de Emma, intentó buscarla entre sus bolsillos pero se dio cuenta que debió haberla perdido afuera de casa.

"Estoy muerta" pensó Sia cuando vio al eidolon tomar más fuerza y rompía la mesita de centro. "Bueno, no todavía"

Limpió el violín del poco icor demoníaco que había sacado de aquel cuerpo, cuando una idea fortuita cruzó su cabeza. Las notas musicales de Bach.

Emma le había enseñado mientras la visitaba en casa o ella iba a Los Ángeles, las notas de cómo controlar a los demonios y matarnos con facilidad, era el cebo perfecto. Sia hizo un esfuerzo por recordar las notas aprendidas que su prima le enseñó en un viejo violín en una playa de Santa Mónica.

Con el instrumento entre sus manos, retrocedió unos pasos para luego acomodarlo con su cuerpo, del mismo modo en que veía a su padre hacerlo, tomó el bastoncillo y lo pasó delicadamente por las cuerdas. Sonó algo un poco brusco al principio, pero luego continuó con aquella melodía hipnotizante, Sia vio como el demonio la miraba fijamente, de una forma tranquila que hasta ella misma le aterraba.

El eidolon no hizo nada en absoluto solo se quedó quieto unos segundos escuchando la delicada melodía que Sia expresaba.

"Sia Carstairs, domadora de demonios" se imaginó así misma con una trémula sonrisa. Se preguntó que pasaría cuando comenzará a tocar las notas reales.

Cuando lo hizo, el demonio chilló y comenzó a atacar todas las cosas de su hogar, Sia estaba asustada. ¿Qué haría ahora?

"Ahora sí, estoy muerta".

Sin embargo lo que sucedió después fue algo increíble, con tan solo mirar el violín y desear que siguiera tocando solo, pudo hacer que este flotara y se dirigiera en frente del demonio, este hipnotizado la siguió hasta la entrada de la casa.

Sia no creía que ella misma podría haber hecho levitar el instrumento.

Sin embargo fuera lo que fuese, le daba tiempo para ir a buscar algún arma que le diera ventaja.

Sia corrió sigilosamente hacia el fondo de la casa y estaba pendiente del que el violín siguiera tocando, reviso un viejo mueble que su padre tenía al lado de un estante de los libros favoritos de Tessa.

Buscaba algo que le sirviera.

¡Grack! De repente Sia se dio cuenta de que la melodía dejó de sonar y que unos pasos detrás de ella, el eidolon habría su enorme hocico y afilaba sus garras para darle la estocada final.

Estaba perdida, sin embargo decidió dar su última pelea, no iba a realizar el papel de la doncella en peligro, o se salvaba ella o nadie venía. Entonces Sia tomó lo primero que encontró en el cajón. Corrió en dirección al demonio mientras este se acercaba velozmente a ella, puso el arma punzante en frente de ella y en un grito doloroso, le atravesó el cuerpo. El demonio se evaporó de inmediato y el arma quedó incrustada en la pared.

La puerta de la Familia Carstairs se había abierto, y Sia contuvo la respiración, un poco de sangre salió de sus labios, finalmente cayó boca abajo al suelo.

— ¡No! — Tessa había gritado mientras corría por del pasillo hacia llegar a Sia. — ¡Hija, hija! ¡Despierta!

Magnus, Jocelyn, Alec y Clary miraban como el pequeño cuerpo de la muchachita del cabello castaño y negros ojos, no se movía.

— Tessa… — Iba a hablar Clary. — Tu hija… se pondrá bien

— ¿Hija? ¿Lucie? — Tessa habló dulcemente… pero la niña no respondía. — ¿Cariño? ¿Lucie?

— ¿Lucie? — Preguntó Alec. Pero Magnus lo calló, el pasado de Tessa la atormentaba aun en su nueva vida.

"Lucie" Ese no era su nombre, Sia entreabrió sus ojos y soltó una leve lágrima, sabía por su padre quien era Lucie, era la hija de Tessa, la hija que tuvo con William Herondale y hermana de James.

James y Lucie eran en cierta medida sus medios hermanos, que crecieron, se casaron, tuvieron hijos y murieron. Y cien años después ella había nacido.

Sia sufría porque aunque Tessa no quisiera admitirlo, su antigua vida y su amor por su historia con William Herondale eran más importantes que su padre y ella misma.

Sia Carstairs realmente deseaba haber muerto.