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Crepúsculo la saga: Eclipse de fuego — capítulo 12
Ya estábamos en la 101 cuando Jake empezó a acelerar. Al principio estaba conduciendo a un paso peor que el de los ancianos al volante, pero parecía que la paciencia se le había acabado.
— De todas formas —comentó—, aunque vayamos a paso humano no lograremos quitarnos los cardenales a tiempo.
— Lo siento. —murmuré. No tenía muchos ánimos de conversación. Al instante miré de vuelta a su pierna, que empezaba a trazar una delgada línea carmesí en su pantalón. Sentí una renovada ola de culpabilidad, ya que estaba peor que mi pierna entumecida, la cual me había pateado él.
— Ya mejor olvidémoslo, Seth —murmuró sin apartar la vista del camino—. Lo bueno de esto es que ambos hemos descargado algo de la tensión que sentíamos.
— No debería ser así —le dije, intentando hacer que me volteara a ver, pero mis esfuerzos eran muy en vano. No desviaba su mirada para nada—. Como ya te dije, estamos en una situación tóxica.
— Entonces… ¿deberíamos terminar?
— Jamás he dicho eso y jamás me oirás decirlo.
— Entonces explícate. Yo no soy el chupasangre.
Sé perfectamente quién eres, Jacob, pensé.
— A lo que me quiero referir es que estás pensando mucho en la idea del feto ese, Jake. ¿No podríamos dejar de pensar que esa cosa podría matarla? ¿Pensar que Bella sí podría ser salvada al final, como ella cree?
— A estas alturas sólo puedo pensar que ese monstruo la asesinará. Tengo mucho mi… —se frenó al instante. ¿Miedo? ¿Eso iba a decir?
— No lo tengas —le susurré—. Leah y yo estamos contigo para apoyarte en lo que necesites, pero no tengas miedo.
— Trataré de no tenerlo, chico, pero me es algo complicado…
— Lo sé. —repuse al fin.
El resto del viaje transcurrió nuevamente en silencio, no porque hubiera tensión o porque no hubiera nada más sobre lo cual hablar, sino que cada quien iba absorto en sus pensamientos. Al menos eso podía ver reflejado en los ojos de Jake cuando me giré hacia la ventana, en donde o también empecé a dejarme ir entre las imágenes que me ofrecía la mente. Nosotros en la secundaria de la reservación, nerviosos porque ambos estábamos afuera de nuestras respectivas clases por haber llegado tarde y haber sido sacados de las mismas. Él estaba en primero y yo en tercero, equivalentes al séptimo y noveno grado en la escuela elemental de Forks, según tenía enterado. Aquélla vez nos habíamos puesto a conversar sobre lo primero que se nos había ocurrido. De eso hace ya dos años, y desde entonces sabía que yo estaba muy cómodo con el muchacho.
También recordé una vez hacía más de un año, cuando mi padre, el suyo y Charlie (que todavía vivía sin Bella en ese entonces) se habían reunido para pescar. Mamá estaba ocupada y Leah estaba, en esos días, con Sam. Sam… qué lejanos se me antojaban esos días. Bueno, el punto era que a Jake se le asignó la tarea de pasar el día conmigo en mi casa, y como no había mucho por hacer, nos habíamos desviado a First Beach a, según él, observar el oleaje y algunas chicas. Debía reconocer que era un poco idiota en ese entonces, y desde entonces a mí no me interesaba mirarlas para nada, pero no sabía qué era lo que lo entorpecía.
Tan inocente que era en esos días.
Pero no fueron los únicos recuerdos que me vinieron a la mente, y desde luego, no sólo con Jake. De inmediato me puse a pensar en Bella y en su bebé por nacer, y me pregunté si esa cosa realmente la mataría, aunque fuese por accidente. Eso me llevó a recordar otro momento crítico…
Ella estaba en el porche, echa un ovillo y con la cara enterrada en ambas manos. Sollozaba como jamás había sollozado, ni siquiera cuando Sam había tenido el descaro de terminar con ella. Mamá estaba igual o peor en el interior de la casa. La tarde, de por sí nublada, ahora auguraba un peor ánimo. Casi esperé que lloviera.
—Es mi culpa—dijo mi hermana, al borde de la histeria. Yo la abrazaba como podía, pero tenía miedo de que le entrara otra conversión como la de hacía una media hora—, todo mi culpa. No debí… papá está muerto por mi maldita culpa.
—Claro que no, Leah—intenté consolarla, cosa que fracasó rotundamente gracias a que yo también estaba llorando—. No podíamos saber que eso te podía pasar. Digo, como Sam nos explicó, sólo estaba registrado que pasara en hombres…
—¡Soy un maldito fenómeno, Seth! La única mujer loba de la historia, y para colmo, asesina de mi propio padre…
— Pero tú nunca lo tocaste. Ya viste cómo quedó el sillón… ya viste lo que realmente le pasó a Emily.
— ¡Y un cuerno, pues! No intentes hacerme sentir mejor, hermano, porque no servirá. Sé qué soy en verdad: una asesina. Papá… ¡papá, no, por favor!—alzó la vista, con los ojos llorosos, rojizos e inflamados, miró directamente hacia el cielo—. ¡Lo lamento mucho, padre! ¡Lo siento!...
Sacudí la cabeza. Aún después de seis meses de aquél evento, todavía dolía pensar en ello.
Vaya, sólo seis meses desde entonces. A mí me había parecido como una vida entera. Y seguramente así debía haber sido, porque nadie sufre tanto en escasos seis meses.
— Oh. Sam y Jared. —comentó Jake de manera distraída. Intenté verlos en alguna parte, pero mi vista se había vuelto nubosa. Parpadeé un poco y noté que mis ojos se habían humedecido.
Quince minutos después, Jake viró hacia el conocido camino de tierra, que daba a la casa de los Cullen. Yo ya no tenía ganas de pensar ni ver nada; esto último auxiliado por las lágrimas que me empañaban los ojos. Hacía un tiempo que no pensaba abiertamente en aquella tarde en que mi padre había fallecido accidentalmente, y, para ser sincero, no había sido la mejor idea para "distraerme" de los problemas acaecidos por nuestra problemática y disfuncional relación.
Porque, para ser sincero, eso era lo que Jake y yo teníamos. Empezamos con el pie izquierdo, demasiado rápido; ni siquiera nos habíamos permitido una cita propiamente dicha en algún lado. Todo sucedía en La Push, rara vez en el bosque, lejos de las miradas curiosas. Y en los últimos días, semanas incluso, todo estaba patas arriba con respecto a la protección asignada a Bella.
Vaya manera de sobrellevar tu primera relación, la que se supone que es la más significativa. Vas y te ofreces abiertamente, saltándote varios pasos.
Bueno, si hubiéramos seguido así, seguramente nuestro amor se hubiera hecho digno de ser representado en alguna melosa película adolescente, mezclada con la ciencia ficción, posiblemente mágica. "El corazón del lobo", "Arena y chocolate", "Dos amigos, dos amores". Bufé por lo bajo. Lo nuestro era algo más complejo que eso, con eso de que Bella había intervenido una vez, con eso de que Jake no se podía decidir entre el fuego del amor y el fuego de la furia. Esto era un enredoso y ridículo eclipse, un eclipse de fuego. No era algo contra lo que estaba preparado para combatir, aunque ya me lo debía esperar.
Y sí, todavía tenía mis dudas con respecto a la supuesta resignación de Jake con respecto a Bella. Algo me decía que no ha había olvidado por completo, lo que le causaba un enorme conflicto interno. ¿Realmente estaba empeñándose en olvidarla o me mentía para no romperme el corazón?
Ya estaba oscureciendo cuando estábamos acercándonos al garaje donde, inusualmente, estaba Edward, parado y observándonos con un semblante inescrutable, difícil de leer. Pero en algo estaba seguro: se le veía tranquilo.
Jake apagó el motor, y Edward no esperó ni medio segundo para hablar.
— Debemos hablar un par de cosas, Jacob. —le dijo a mi novio.
Jake se empezó a tensar ligeramente al lado de mí. ¿Qué había pasado, entonces, si Edward se veía perfectamente bien?
Mi acompañante tardó un buen minuto antes de salir del vehículo. Lo vi bajar, me sequé las lágrimas del rostro, e intenté bajar yo también, aún con mi cuerpo protestándome por todos los cardenales. Finalmente lo logré. Jake iba cojeando hacia el vampiro. Le lanzo las llaves del vehículo.
— Gracias por el préstamo —contestó con cierta dificultad. No lo culpaba, considerando lo mal que se sentía hacía unas horas—. ¿Qué quieres ahora?
El tono de Jake había sido cordial, reservado, formal. Me apoyé en el vehículo; mi pierna seguía algo lenta de reflejos.
— En primer lugar, sé cuánto te molesta importe tu autoridad en la manada, pero…
— ¿Qué? —se sorprendió Jake. No fue el único. Miré desconcertado a Edward, quien ni siquiera me prestó atención.
— Si no quieres o no puedes controlar a Leah, entonces yo…
— ¿Leah? ¿Qué pasó?
¿Leah? ¿Ahora qué hizo ella?
— Vino a la casa para averiguar por qué te habías ido tan de repente, y por qué te habías ido con Seth. Intenté explicárselo. Supongo que no tenía caso.
— ¿Qué hizo?
— Cambió de fase y se convirtió en mujer para…
— ¿De veras? —mi novio estaba sorprendido en verdad. Inclusive yo lo estaba, mi hermana, en la casa de los Cullen, en forma humana… Aquello no tenía ni pies ni cabeza, porque es algo que Leah jamás haría.
— Quería hablar con… Bella.
— ¿Con Bella?
— No permitiré que vuelva a desquiciarla —el tono de Edward rápidamente cambió, como si la serenidad de antes hubiera sido una máscara total. Ahora estaba encolerizado, aunque se esforzaba por contenerse—. Me da igual que ella crea que tiene miles de razones. No le hice daño, por supuesto, pero la expulsaré de la casa si esto vuelve a suceder. Pienso tirarla de cabeza al río…
— Espera —murmuró Jake—. ¿Qué dijo?
— Leah empleó un tono de innecesaria crueldad. No voy a fingir que comprendo las razones por las que Bella no te deja ir, pero sé que no se comporta de ese modo con el fin de hacerte daño. Ella sufre por el dolor que nos inflige a ti y a mí al pedirte que te quedes; eres su mejor amigo, lo sé. Las recriminaciones de Leah estaban fuera de lugar y de tono, y Bella se echó a llorar…
— Espera un momento, ¿me estás diciendo que Leah se puso a gritarle a Bella por mí?
— Tienes una defensora muy vehemente.
— Yo no se lo pedí.
— Lo sé.
No entendía lo que había pasado. Leah no haría eso, no expresamente por Jake. No entendía a mi hermana. Aunque quizá le estaría agradecida por no haberla enviado de vuelta a con Sam, no imaginaba a mi hermana con las intenciones de defender a Jake.
Apenas y puse atención a lo que ellos siguieron tratando. Mencionaron algo acerca de que Jake hablaría con Leah; no era necesario, Leah podía ser tan honesta y a la vez despreciable en una sola sesión. No era como esos dentistas que te hacían ir para realizar un progreso realmente minúsculo en cada sesión. Yo mismo tuve que soportar un poco de la medicina de mi hermana, cuando tenía once años y accidentalmente le había roto una botella carísima de un raro perfume, regalo de Emily.
Otro detalle que no se me había escapado era que el bebé estaba mentalmente desarrollado. Como dijo Jake cuando salíamos de aquí, el bebé ya amaba a Bella, e intentaba hacerle el menor daño posible. ¿De verdad un no nato podía hacer eso?
Claro, estábamos hablando de un bebé vampiro. No sabíamos si su ritmo de desarrollo podía ser diferente, y así lo era.
Alice y Jasper ya habían regresado. No había entendido aquello, pero Edward fue tan amable al decirme que todos, salvo Rosalie y él, se habían ido de caza y a comprar más sangre para Bella. Qué buena idea era esa. Si los planes de Sam no habían cambiado, pronto podría haber una batalla en base al bebé. Edward también añadió la urgencia por el nacimiento del bebé, mencionando algo acerca de que Carlisle se lo sacara en cuanto volviera. Para saber qué tan fuete se había vuelto el feto para que Edward nos dijera eso…
Entonces, llegó el momento que no esperábamos: Edward pidiendo permiso expreso a Jake para convertir a Bella. Al principio no entendí por qué se la pedía a él y no a Sam.
— Sam ostenta una autoridad usurpada —contestó el vampiro, no sabía si para mí o para algo que Jake le había dicho en la mente—. La tuya es auténtica. Nunca se la arrebatarás, lo sé, pero sólo tú puedes concederme lo que te estoy pidiendo.
Jake se la pensó un poco. Luego, alzó la vista por su hombro derecho y se concentró en mí. Me miró como si se hubiera olvidado de que yo estaba aquí, o siquiera de que había vuelto con él.
— Vuelve al bosque. En seguida te lo explico con detalle. —ordenó, aunque su orden parecía más una sugerencia, dócil, pero una orden de todas formas. Y no podía desobedecer una orden de mi Alfa, de manera que me di la vuelta y empecé a caminar hacia los límites del bosque.
— Tiene una de las mentes más puras y sinceras que he leído jamás —dijo Edward, claramente refiriéndose a mí. Me ruboricé mientras me deshacía de la camisa a botones, del pantalón y de los zapatos. Entré en fase y me encaminé hacia adelante, en donde presentía a mi hermana.
¿Se puede saber a qué se debió esa abrupta huida de parte de ustedes? ¡No saben lo mal que me han puesto!, mi hermana despotricaba de manera realmente encolerizada.
Tranquila, Leah. Ya hemos llegado. Todo ha ido bien, contesté automáticamente, concentrándome sólo en ella y en la forma en que Jake se había comportado al recogerme con el automóvil.
Sí, me lo imaginaba.
Lo que hiciste estuvo mal, hermana, le dije sin rodeos. Simplemente no tenías derecho alguno para hacerlo.
Alguien tenía que entrar ahí a defender a Jacob. Como tú, el novio, no estabas para ello…
Ay, cállate ya, resoplé, prestando una renovada atención a mis patas, que amasaban la tierra donde la pisaba.
En serio, Seth, no podía soportar al malhumorado de tu novio. Espero que hayas podido tranquilizarlo un poco cuando se fugaron.
Sé que pasó algo hoy, Leah. Ya no te mortifiques por el asunto.
De acuerdo.
Seguí corriendo a la velocidad del viento mientras dejaba mi mente en blanco, evitando pensar en los problemas que ya teníamos todos juntos. A la vez que trataba de no pensar, me concentraba en todo lo que pudiera escuchar y oler, coas que no debieran estar ahí. No notaba efluvio alguno que fuera ajeno a nosotros, menos mal. La noche empezaba a cubrir todo a su paso; las sombras azuladas empezaban a cubrir todos los lugares posibles del bosque conforme el crepúsculo se desarrollaba, dándole la bienvenida a la noche.
Espero que la hayan pasado bien, por lo menos, murmuró Leah de pronto, sacándome de mi apreciación a la naturaleza.
¿Qué dijiste?
Oh, nada. Pensé que ustedes… ya sabes.
Eso no es algo que pueda interesarte mucho, Leah. Créeme. No te veo como de esas chicas a las que les emociona mucho saber de este tipo de cosas.
Me conoces bien. Sólo quería sacar algo de plática, no me interesa saber nada. Sería demasiado perturbador imaginarte en esas cosas.
Haces bien en no querer involucrarte.
Bueno, menos mal que ahora estás de vuelta y así me ayudarás a cubrir lo que haga falta. Espero que Jacob se una pronto para que puedas descansar, no me gusta que trasnoches.
Estoy bien, le dije. Estaba más que despierto, a pesar de haber corrido doce horas, dormido una y vagabundeado en Seattle otras dos horas.
¡Caray! ¿Hasta Seattle? ¿Tan molesto estaba el chico?
Ya cierra el pico, Leah.
Mira nada más, mi hermanito callándome. Qué enternecedor.
Le gruñí a modo de respuesta.
En eso pude percibir un aroma poco común desde mi izquierda. No había tenido registro de él en estos días, pero el aroma no era reciente.
Era extrañamente familiar, pero a la vez era nuevo. Un olor a vampiro, pero a la vez humano. Un dulzón aroma mezclado con la calidez que sólo un humano podía ofrecer.
Y venía de la casa de los Cullen.
¿Qué era?
Yo tampoco lo sé, dijo Leah*, pero es un aroma fuerte.*
Quiero ir a ver qué es, le dije, dándome la media vuelta, pero al hacerlo apareció otro aroma.
Más familiar, pero a la vez más peligroso. Era un aroma que no había experimentado en varios días, un aroma que no podía significar absolutamente nada bueno.
El aroma del próximo verdugo de los Cullen.
Me apresuré en el paso hacia la casa mientras aullaba para alertarlos. Leah también viró en su dirección y se encaminó al mismo objetivo que yo.
¡Mierda! ¡Maldita, maldita sea! ¡Corre, Seth!, me apremió como si no lo estuviera haciendo en estos instantes. Metí más fuerza en mis patas, forzándome a creer que el efluvio de Sam todavía no se acercaba a la casa.
En eso detecté más aromas. Otros seis, en realidad.
Paul. Jared. Embry. Quil. Collin. Brady.
Todos habían venido a acompañar a Sam.
¡Muévete!, ahora fui yo el que apresuraba a Leah. Corríamos como nunca, ella determinada y yo asustado. ¿Qué iba a suceder en el momento en el que tuviéramos que ponerles un alto? ¿Quién iba a salir peor parado: ellos o nosotros? ¿Los Cullen que estaban en la casa se unirían a nosotros?
¡Usa el flanco derecho, Seth!, me gritó Leah, mientras ella abarcaba una buna posición del izquierdo. Por ahí debes sentir el aroma de los demás. Por aquí sólo siento el aroma de Paul y ese chico, Brady.
¡Ya lo veo! ¡Por acá pasaron Quil, Embry y Collin!
No tengas miedo, Seth. Nos estábamos preparando para esto.
*Lo sé. Déjame a Sam,*murmuré.
¡Bromeas! ¡Te matará!
Tú no podrías, Leah. Todavía lo amas.
Bien, pero no esperes que…, se detuvo en seco. Apareció a dos metros de mí, con el rostro trastornado por la rabia. A varios metros de nosotros vimos que los lobos de Sam estaban frente a la casa de los Cullen, gruñendo, correteando, abalanzándose…
Pasamos a unos metros de la casa, por la pared de vidrio, lo que me hizo voltear por simple curiosidad. Edward y Jake estaban ahí adentro, éste último con ambas manos en el aire, ofreciendo paz. El vampiro se acercó a él y lo golpeó en el pecho, con lo que Jake salió despedido hasta la pared del fondo y se dio contra un cuadro, cayendo violentamente junto con él. ¿¡Qué estaba pasando!?
Por un instante pensé en dirigirme a la casa y pedirle una explicación a Leah, pero ella me llamó la atención.
¡Concéntrate, hermano!, me dijo, y entonces viramos para ir a la parte delantera de la casa.
Lo que vi al instante era bastante caótico.
Sólo Edward, Jasper y Alice se defendían como podían. El rubio controla emociones estaba forcejeando contra Paul y Collin, quienes trataban de despedazarlo. Edward estaba combatiendo abiertamente con Sam, mientras que la pequeña Alice estaba en el suelo, alejando a toda costa los filosos colmillos de Embry.
Leah salió disparada primero, dirigiéndose hacia Sam. Yo me quedé pasmado un momento de más, en el que pude ver cómo Alice estaba a punto de perder.
No me la pensé más antes de correr y abalanzarme contra Embry. El lobo gris de manchas oscuras ni siquiera se percató de mi proximidad hasta que abrí las fauces y le enterré la mordida en el costado, logrando quitárselo de encima a Alice. Él y yo rodamos incontroladamente hasta topar con un árbol, en donde él rápidamente tomó ventaja. Se puso en pie y me empezó a morder una de las patas traseras, con lo que aullé de dolor. Me moví como pude para devolverle el favor y regresar a proteger a todos.
Al instante, me flexioné como pude y me puse en cuatro patas para enfrentármelo. Ambos nos mostrábamos nuestros colmillos, y en ese momento supe lo que debía hacer. Aunque en algún tiempo debíamos de haber sido buenos camaradas de manada, me invadió un poderoso sentimiento, y la determinación de matar a Embry empezaba a ocupar cada célula de mis pensamientos.
¿Pero realmente podría con ello?
Sólo hazlo y ya, maldita sea, me regañó Leah, quien ahora estaba forcejeando con Sam y Paul al mismo tiempo. ¡Cobardes! ¡Malditos cobardes!
Le gruñí nuevamente a Embry, quien empezaba a arrinconarme contra el árbol, lo que me irritó bastante. Sin pensarlo dos veces, me abalancé contra él y logré hincarle los dientes en la cabeza, lo que lo desconcertó un poco pero a la vez hizo que se apartara de mi camino. Empecé a correr hacia mi hermana, pero dos lobos, uno marrón oscuro y el otro marrón rojizo, se abalanzaron hacia mí por mi derecha, empujándome hasta casi tocar los escalones de la casa. Apenas tuve tiempo de procesar ello cuando dos mordidas me hicieron aullar de verdad. Intenté por todos los medios pararme para enfrentarme a Collin y Brady, los novatos, pero al parecer habían conseguido un riguroso entrenamiento en estos días. En un nuevo intento para pararme, uno de ellos me mordió de verdad, con lo que gemí.
Era horrendo. Una presión en mi piel. Totalmente inesperado y violento.
No pude moverme mucho. El dolor me estaba paralizando. ¡Qué patético era esto, ser derrotado por los dos malditos novatos!
Y entonces, como si nada, el dolor cesó de pronto. Los dos lobos ya no estaban encima de mí, lo que me desconcertó. ¿A dónde se habían ido?
Alcé la vista y noté que los dos novatos habían salido despedidos por una empuje descomunal. Me paré y noté que Emmett tomaba la iniciativa.
¡Emmett! ¡Eso implicaba que los demás habían llegado!
Y, en efecto, noté que Carlisle y Esme también estaban en la lucha. No me la pensé más antes de unirme a Esme, quien tenía problemas con Jared y Embry. Me abalancé hacia el primero, pues sería el más problemático para la mamá vampiro.
Le mordí detrás de la cabeza mientras sentía que él me mordía la pata derecha delantera. Era algo verdaderamente molesto y doloroso pensar que en estos momentos bien podríamos luchar hasta la muerte.
La adrenalina estaba tomando posesión de cada una de mis células, y lo supe. De nuevo estaban esas intenciones asesinas. Mordí con verdadera fuerza al enemigo. Él gimió y yo probé el sabor de la sangre.
Su sangre.
Jared se levantó en dos patas, empujándome hacia atrás de tal manera que caí sobre mi lomo. Me enderecé a tiempo para ver que Esme retrocedía para asistirme, pero consideraba que eso no era necesario. Lo importante era concentrarse en el enemigo para librarnos de ellos de una buena vez.
Pero aparentemente eso no pasaría. A mis lados pude ver que tantos los Cullen como mi hermana estaban retrocediendo, protegiendo el umbral pero a la vez sin atreverse a dar algún paso más. Los siete lobos nos estaban rodeando, e íbamos a morir.
Y yo sin poder haberme despedido de Jake. O mamá. O Leah.
Aquí estoy, niño, me dijo ella, realmente sacada de quicio. No. No sólo era eso, estaba aterrada. Si así lo dices, sí, concluyó.
Te quiero, Leah.
Entonces, ¿ésta es la despedida?
Supongo.
Bueno, ya qué. Y yo te quiero a ti, Seth. Gracias por haber sido un gran hermano.
Nos veremos en el otro lado, respondí con las lágrimas obstruyéndome la vista una vez más, con un nudo estorbando en la garganta y mi corazón latiendo violentamente hacia su último ejercicio.
Nos vemos, concluyó mi hermana mientras los siete lobos venían hacia nosotros.
Cerré los ojos, contando mis últimos latidos.
En eso, un par de pasos humanos resonaron en los escalones altos, se despegaron de ellos por unos segundos y aterrizaron en la tierra, al lado de mí. Abrí los ojos, sorprendido, y miré a Jake, con los ojos humedecidos, sin lesiones aparentes. Menos mal que Edward no le había hecho nada.
— ¡Basta! —le espetó al lobo negro—. ¡Se acabó!
Sam, haciendo caso omiso de su respuesta, intentó abalanzarse, pero Jake se le interpuso aún en su forma humana. ¿Cómo se atrevía a no entrar en fase para enfrentarlo?
— ¡Si la matan me matarán a mí! —le espetó mi novio, sin dejarse la amenaza por debajo de ninguna frase. Directo y frío. Al menos sabía que protegería a Bella hasta que el feto pudiera nacer.
Sam se adelantó e intentó morder a Jake, quien saltó, giró sobre sí mismo y entró en fase justo a la mitad del aire, colocándose en sus cuatro patas con excelente coordinación.
¡Ni te atrevas a tocarla, Sam!, le dijo Jake, acercándose al interpelado con las fauces abiertas y los ojos encolerizados. Ella es mía y no la vas a tocar.
Oh, oh. "Ella".
No había olvidado a Bella, no señor.
Por segunda vez en el día me golpearon los celos, tanto que apenas me di cuenta del intercambio de palabras que estaba sucediendo entre Sam y Jake. ¡Entre Sam y Jake! ¿No se supone que no debería escucharlo, por ser de diferentes manadas?
Miré a Edward, esperando que él me diera una respuesta. En el momento en el que lo vi me sentí mal. Su camisa estaba casi cubierta de sangre, la cual olía humana. ¿Bella había derramado la copa del día de hoy? O…
Entonces olfateé un poco más. El efluvio venía de la planta baja. Era el aroma dulzón con toques más humanos. Era un aroma que me recordaba a Edward y Bella al mismo tiempo…
— Jacob se ha imprimado. —anunció Edward, sacándome de mis conjeturas. Esas cuatro palabras llegaron al interior de mi cerebro como si fuesen alguna especie de ondas malignas cancerígenas, embotándome los sentimientos y privándome de mi capacidad de procesar todo esto de la manera más lógica.
Al instante, mi corazón empezó a maquinar en una secuencia extraña, como jamás había sentido. Pero, a la vez, el movimiento parecía ser familiar. Sí, ya lo había sentido antes, pero no en esta magnitud. Era como si me faltara el aire, o mejor dicho, la capacidad para seguir respirando.
Dolor. Desastre. Un desgarre en mi pecho. Una agonía total. Perdición. Caída por el precipicio más alto del mundo, sin nadie que me detenga. Mi cuerpo sintiendo el vértigo de la caída. Ahora era un simple ser humano, y la caída sería mortal para mí.
Un vacío abarcando mi pecho. Algo me faltaba.
Agonía. Fuego negro. Hielo negro. Todo me atrofiaba.
Los lobos enemigos empezaron a retirarse como si nada. Edward había explicado lo de la máxima ley de los licántropos: jamás podríamos matar al objeto de impronta de otro lobo. El dolor sufrido por el imprimado sería tan grande que nadie lo soportaría, y los lobos implicados lucharían hasta la muerte.
Un dolor insoportable…
Mi dolor, multiplicado por mil.
O su dolor, multiplicado por mil para asemejarse al mío, y ni el mismo Marte podría prever la terrible guerra que se desataría.
Jake estaba tan absorto en sus pensamientos que ni siquiera se puso a registrarme la memoria, evitando así entrar en el torbellino de malas ideas que me estaban cruzando por la mente.
De pronto yo quise hacerle daño a la niña. Entrar, enfrentarme a Rosalie arrancarle la maldita cabeza y luego perecer tanto a manos de los Cullen como de Jacob, fuese quien fuese el que me llegara a tocar primero.
Pero aún así, con todo el coraje, no podía evitar seguir cayendo por el precipicio.
Seth…, me llamó mi hermana, pero no le hice caso. Salí de fase en el momento en el que empezaba a sollozar. Miré directamente a Jacob, quien me miraba con un arrepentimiento auténtico en el rostro; lo ignoré. No le creería, no esta vez.
Tanto que predicaba ser el que asesinaría al feto, y ahora resultaba que no lo haría. ¿Y quién lo haría, entonces?
— Seth —empezó Edward—, todos en la familia te queremos mucho, pero si te atreves a ponerle un dedo encima a mi hija, me veré obligado a hacerte daño.
Entonces crucé la mirada con el vampiro. Mis ojos volvieron a empañarse, y ésta vez no me preocupé por dejar correr las lágrimas por mi rostro. Por unos instantes pensé en arrancarle la cabeza a él, pero no tenía fuerzas para nada.
Quería desaparecer.
Finalmente entendía lo que Jake pensaba cuando se había ido en junio. Desesperación. Pérdida. Dolor. Algo más que no reconocía.
Por poco y me olvidaba que estaba desnudo frente a seis vampiros, pero eso no me importó ahora. Ya había perdido la dignidad al haber perdido a mi Jacob en el momento en el que se imprimó de la asquerosa niña, y la estaba perdiendo ahora al quedarme parado como idiota, mirando al padre de la mutante esa, llorando.
— Vete. —dijo este en un susurro digno de un padre que ha reconocido que ha decepcionado a su hijo. Asentí sólo una vez y me di la media vuelta para adentrarme en el bosque. Iba a paso lento, fúnebre, y ni siquiera me molesté en entrar en fase o en siquiera vestirme. No encontraba la motivación para ello, y no podía siquiera concebir algo por lo cual poder vivir un día más.
Obviamente, me limitaría a seguir existiendo como una unidad biológica modelo: comería, haría mis cosas, iría a la escuela, la preparatoria de La Push, que tanto me esperaba con los brazos abiertos por ser de nuevo ingreso. Todo eso podría hacerlo, yo lo sabía.
¿Pero para mí mismo, o para guardar las apariencias?
Sabía lo que estaba por delante, y sinceramente no podía mirar algo positivo en ello.
Todo perdió el sentido con esas cuatro palabras, que me condenaron para siempre.
Me adentré en los bosques, despotricando contra mí mismo y sollozando una última vez antes de arrodillarme y llorar, llorar de verdad. Hundí las manos en la tierra y dejé que todo mi dolor se manifestara, aún con seis vampiros y dos lobos mirándome.
Y no me molesté en detener la caída. Golpe contra el suelo. Rebote. Herida. Sangre. Inmovilidad.
El público solloza ante la tragedia.
Sinfonía lúgubre.
Telón final.
Y el tiempo empezó a carecer de sentido.