Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← No me llames Nymphadora · de

No me llames Nymphadora — capítulo 5

Charlie tenía seis hermanos, eso era complicado (para él), o al menos eso era lo que yo pensaba ¿Cómo podía saber el nombre de todos y no morir en el intento? Además no había nada que pudiera distinguirlos porque eran todos pelirrojos, y qué decir de los gemelos, la única distinguible era la niña pequeña, precisamente porque era la única niña, todo eso me ayudó a entender la razón por la cual Charlie parecía tener un aire de locura seria; yo también me hubiera vuelto loca con tantas personas en casa… aunque, por otro lado, me hubiera gustado tener un poco de compañía, lo cual me llevó a pasar mi segundo año preguntándome muy seguido ¿Y si Charlie me regalaba la mitad de sus hermanos? Así habría equilibrio en el universo y yo no estaría tan sola en casa. Pero no…

                —Son odiosos pero aun así no te los regalaré, Tonks.

                —Vamos, sólo a Ginny, quiero una hermana.

                —No te daré a nadie, afronta tu eterna soledad.

                Realmente, esa discusión no llevó a nada porque Charlie en verdad quería a sus hermanos, así que terminé pidiéndole una hermana a mis padres y me dijeron que no, pero que tal vez podrían comprarme un gato, les respondí que prefería una liebre y contestaron algo como "No puedes llevar liebres a Hogwarts, Nymphadora", pero yo quería una liebre, debía tener una liebre, así que les escribí una carta con título.

Razones por las que deben comprarme una liebre

-La quiero y esa debería ser razón suficiente ¿Saben? Se supone que los padres deben velar por la felicidad de sus hijos, en especial si son niñas metamorfomagas con nombres raros.

-Son hermosas, divertidas y muy inteligentes ¿Cada cuanto ven esa gran combinación?

-Charlie tiene seis hermanos, una liebre es equivalente.

-Recuperando el primer punto ¿Quieren mi felicidad o no?

-Tal vez una liebre me cuide, creo que son grades guardianas aunque bastante incomprendidas y subestimadas.

-En serio: Una liebre me haría muy feliz.

-Las liebres tienen muchos hijos, podría tener una granja de liebres y cobrar por la entrada ¡Se acabarían todos los problemas financieros!

Agradezco su comprensión y espero mi liebre.

Los quiere, Dora Tonks

(su única hija y a la que le deben dar una liebre felicidad)

P.D. No es chantaje, pero si no me compran una liebre creo que iré a buscarla al bosque prohibido ¿Verdad que no quieren eso?

—Di lo que quieras, pero me sonó a chantaje —dijo Charlie una vez que terminó de leer—. Me haces dudar de la naturaleza de los Hufflepuff, se supone que es la casa de los justos y trabajadores, pero ahora pienso que es de los testarudos y bipolares.

                —¡Es justo que tenga una liebre! Estoy trabajando por ello, Charlie, es muy Hufflepuff —respondí arrebatándole la carta para poder enviarla—. Es trabajo, no testarudez.

                —Pero no puedes negarme lo de bipolar; hasta hace una semana lo único que querías era una hermana, no una liebre.

                —Será mi hermana liebre… pero con un nombre bonito.

                La respuesta de mis padres llegó al día siguiente, sin saludo, sin tacto y sobre todo: sin liebre.

No te compraremos una libre.

Sí velamos por tu felicidad, pero eso no debe depender de nada ni nadie más que de ti misma, lo cual no incluye a ninguna liebre, por lo que decidimos tampoco comprarte un gato, además tu nombre no es raro. No incluyas a Charlie o tal vez nos veamos obligados a prohibirte hablarle por ser mala influencia de forma indirecta. Te puedes cuidar perfectamente bien tú sola y una granja de liebres sería mucha responsabilidad, concéntrate en tus estudios.

Respecto a tu no-chantaje: si pones un pie en el bosque prohibido pasarás el resto de tu vida haciéndola de elfina domestica sobreexplotada… si sobrevives.

—Que amorosos… Pero es cierto, sería demasiado trabajo para ti tantas mini liebres, Tonks.

                —Tienen muchos hijos —dije aparentando indiferencia y luego añadí sonriendo—. Charlie, tu casa es como una particular y enorme granja de liebres, creo que…

                —Cállate, Nymphadora.

                —¡Te nombraré como mi liebre oficial, Charlie!