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Te necesito, Granger... — capítulo 2
2
La cita en las mazmorras
Hermione, se había pasado casi toda la mañana pensando en una chica de Slytherin. Y no en cualquier chica, sino en Pansy Parkinson.
Y la razón por la cual había estado esa morena metida en su cabeza varias horas era que, esta, no había parado de comportarse de un modo bastante extraño desde que había comenzado el desayuno.
En el Gran Comedor, ella estaba acostumbrada a servirse la comida los sábados mientras leía un libro sobre Runas. Nada la hubiera despistado de su lectura, de no ser por Ronald Weasley hubiera aparecido de repente. No pudo evitar soltar esa sonrisa boba que le aparecía cuando su novio estaba cerca. Pero él, ni siquiera la había mirado; nada mas sentarse había sonreído a la comida que había en la mesa, contento de que pudiera comer por fin.
Hermione hizo un sonido extraño en su boca, esperando que así su amado respondiera. Pero nada. Este siguió igual de ilusionado por comer.
-¿Ronald?-llamó.
-¿Si, Hermione?-preguntó este alcanzando la fuente de salchichas.-¿Me alcanzas las salchichas?
Hermione lo miró enfadada, pero aun así agarró la fuente y se la tendió.
-¿Y bien, no me vas a decir nada?
-Gracias.
-No, Ronald. Me refiero a que no vas a decirme buenos días, o incluso darme beso.-Ronald la miró confuso mientras volvía a dejar la fuente en su sitio. Se sentó despacio, pensativo y miro a Harry con señal de ayuda. Este, en cambio, trataba de esconder su sonrisa detrás del plato. No parecía que iba a ayudarle.
-¿B-b-buenos días, Hermione?-tartamudeó
-Así me gusta, ves que no es tan difícil ser cortés unos pocos segundos antes de comer.
Hermione volvió a su libro. Casi todos los días era lo mismo con él, era muy poco detallista.
-Lo siento.-acto seguido Ron le dio un beso y comenzó a desayunar contento.
Hermione sonrió de nuevo, a pesar de que a veces era descuidado, no le importaba porqué luego solía recompensarse lo.
Hermione iba a volver la vista a su libro, cuando de repente se dio cuenta de la mirada de una Slytherin. Parkinson la observaba como si fuera la peste. Y en cierta manera, eso significaba para ella. Aunque la guerra hubiera terminado, y el Señor Oscuro había sido derrotado, aun habían algunos slytherin que pensaban que los nacidos de muggles no tenían sitio en este colegio.
Y una de esas personas era Parkinson.
Eso explicaba el hecho de que la mirara de esa manera, pero no comprendía por que no había parado de mirarla en todo el desayuno.
Cada vez que levantaba la mirada del plato, la encontraba a ella mirándola con odio. Y hasta que no salió del comedor no pudo sentirse a salvo.
Hermione caminaba por los pasillos en dirección de la biblioteca cuando entonces se percató de una figura que la seguía a lo lejos. Quiso no darle importancia, pero cada vez escuchaba los pasos mas fuertes y mas cerca. Dobló en tantos pasillos como le fue posible para comprobar que no era seguida e incluso me fue mas rápido. Pero no conseguía perder lo.
En un momento momento fugaz incluso se atrevió a girarse para mirar a la persona que la seguía. Y en cuanto se volteo un segundo, la vio a ella. Fue muy rápido, pero sabía quien era. Pansy Parkinson caminaba detrás de ella con mucha energía. Y no parecía que fuera a detenerse.
¿La estaría siguiendo desde el comedor? Lo mas seguro.
Aunque sabía que probablemente no fuera buena idea enfrentarse a ella en medio de un pasillo a solas, lo hizo. Dio un giro repentino hacía uno de los pasillo y se ocultó en la primera escultura que encontró. Parkinson paso de largo. Y de repente, vio como se paro de golpe. Se cruzó de brazos en medio del pasillo.
-¿Donde diablos se ha metido la sangre sucia...?-preguntó en voz alta Pansy, Hermione aguardó un segundo detrás de ella para calmarse. En cuanto había escuchado lo que había dicho Parkinson, la rabia la había inundado por completo; en otras palabras, no estaba en su sano juicio.
-¿Me buscabas Parkinson?
Pansy se giró con un movimiento brusco. La había sorprendido que estuviera esperándola detrás.
-Granger...-murmuró con una sonrisa malévola.-Que desagradable sorpresa.
-No creo yo que te fuera desagradable, puesto que me estabas siguiendo.
-Yo no te seguía, sangre sucia.-respondió cruzándose de brazos, y se había asegurado de que las dos ultimas palabras fueran pronunciadas con claridad.
-Entonces, ¿se puede saber que quieres de mi?
-El profesor Slughorn ha dicho que quiere verte en dos horas en su despacho.-le dijo con enfado.
-Lo he visto en la mesa de profesores hace un rato, ¿por que en vez de decírmelo a mi personalmente te lo ha pedido a ti?
-Pregúntaselo a él, Granger. Yo no soy la criada de nadie.
Acto seguido, Parkinson había pasado por su lado dándole un empujón con el hombro.
La vio marcharse en dirección de la que había venido, y algo confusa, se había ido a la biblioteca. Es posible que el profesor Slughorn se lo hubiera dicho, ya que sabía de sobra que Parkinson era prefecta de Slytherin.
Volvió sus pasos a la biblioteca y estuvo allí hasta que llego la hora de acudir su cita con el profesor. Aun se preguntaba por que quería verla, cuando se cruzo con Ron.
-¿Adonde vas?-preguntó curioso este.
-Tengo que ir a las mazmorras a ver Sahornan.
-De acuerdo.
Se despidieron y cada uno siguió su camino. Hermione tardó en llegar a las mazmorras, ya que estaban en la otra punta del colegio y en los pisos mas profundos del castillo. Ese lugar era como un subsótano bajo un montón de subsótanos. Estaba lleno de humedad y aunque fuera de día debían utilizar antorchas para iluminar el camino.
Bajo por las escaleras hasta llegar a la ultima puerta. Allí era donde se daban las clases de Pociones. Entro y buscó con la mirada al profesor.
No había nadie. El aula estaba completamente vacía.
-¿Hola? ¿Profesor Slughorn?-llamó con la voz tremolosa. No le gustaba la situación de encontrarse en un lugar sola, y mucho menos sabiendo que la sala común de Slytherin estaba cerca.
-El profesor no esta.-respondió una segunda voz. Hermione se dio la vuelta y miró con odio a su enemiga.
-¡Parkinson!